8 Connor Alex #3
A pesar del golpe, el sudor, la sangre, su cara sigue siendo la misma de siempre. Un dolor en ella que no lo abandona nunca.
—Creo que los dos lo sabemos —mis pies actúan por su cuenta y comienzan a acercarse hacia él.
Ren niega con la cabeza, pero yo lo interrumpo.
—¡No! Déjame decir lo que tengo que decir.
Su pecho se acelera según me acerco a él.
Tiene… ¿Miedo de mí? Solo el ruido de nuestras respiraciones se puede oír en todo el camerino, la suya es demasiado acelerada.
Necesito hacer algo para calmarlo. Me coloco delante de él, con el banquillo como única barrera.
Y entonces alargo la mano hacia su mejilla, como hizo él en esa cocina hace cuatro largos años.
Misma electricidad estática explota entre mi mano y su cara.
Ren cierra los ojos rápidamente y con fuerza, como si la oscuridad cancelara todo lo que está pasando a nuestro alrededor.
—No sé qué es lo que quieres de mí —digo mientras mi pulgar roza su fuerte mandíbula—, pero te lo daría, sin pensarlo un segundo.
Cuando veo la primera lágrima de sus ojos, aparto la mano con brusquedad. Porque si hay algo que sé, es que no es una lágrima de felicidad… Ren se aleja de mí, apoyando la espalda contra las taquillas, el ruido de su cuerpo enorme chocando contra ellas hace que sus ojos se abran al instante.
—¿Ren? ¿Qué…qué te pasa? ¿Qué estoy haciendo mal? —mi voz se rompe en la última frase.
Él niega.
—No, tú no. No estás haciendo nada malo, Connor.
—¿Entonces qué es? —digo con un murmuro rasgado— ¿Qué puedo hacer, Ren? Por favor dímelo. No quiero… no puedo perderte otra vez.
—Soy yo… no hay nada malo en ti…
Siento que baja su defensa un segundo y entonces aprovecho y cruzo la barrera que crea el banquillo, acercándome de nuevo a él.
Mi instinto empujándome, pero ese mismo instinto diciéndome que no debo tocarlo.
Y no lo hago. Rompo la distancia entre nosotros lentamente, dejando un espacio que duele…
pero que él necesita. Hay un silencio que dura una eternidad, pero yo no aparto mis ojos de Ren.
Como si pudiera leer lo que se esconde detrás de esa cara que tan bien creía conocer.
—Hay cosas que no puedo explicar… todavía no.
Sus palabras me noquean por completo. Mi mirada cae al suelo, buscando una explicación que sé que no llegará. Cuando siento sus dedos sobre mi barbilla, forzándome a mirarlo de nuevo, veo mi oportunidad para seguir luchando.
—¿Qué… qué puedo hacer Ren? —repito con una voz que grita desesperación, pero me importa una mierda parecer desesperado, porque lo estoy.
Su mirada se suaviza, pero la tristeza sigue estando ahí.
Con una mano aparta un mechón de mi frente, sus dedos rozando mi piel un segundo más de la cuenta.
Ese mero gesto, hace que algo dentro de mí encaje.
Él no tiene problemas para tocarme… él no.
Levanto ambas manos como en un signo de rendición, ambas temblando como si la temperatura hubiera bajado veinte grados.
Entonces muy lentamente las apoyo en las taquillas, a ambos lados de su cara. Mis ojos suplican comprensión.
Su respiración se entrecorta, y sé que me ha entendido.
Agarra con sus fuertes dedos mi sudadera, sus manos ensangrentadas dejan una mancha que no limpiaré nunca.
Despacio, muy despacio, me acerca hacia él.
Espero a que sea él quien apoya su frente contra la mía y me quedo inmóvil, sin respirar y sin apartar la mirada.
Veo como una expresión de rabia y dolor en su cara se transforma en una que me dice todo lo contrario.
Una luz que no veía desde aquella noche en el sofá, frente a la televisión.
Entonces sus manos se sitúan en mi cara, su nariz roza la mía en un movimiento desgarradoramente suave.
Siento su sudor mezclarse con el mío, nuestras respiraciones pasan a ser una sola.
En el momento en que sus labios se unen a los míos, el nudo de mi estómago explota, convirtiéndose en un torbellino que mi cuerpo no sabe cómo controlar.
El beso es lento y sus labios son tan suaves como recordaba.
Su lengua caliente roza mi boca pidiendo un permiso para entrar que yo concedo inmediatamente, dejándola jugar con la mía.
Aprieto mis manos contra las taquillas y mantengo mi cuerpo rígido.
Las manos de Ren dejan mi cara para bajar por mi pecho, estómago, pasando alrededor de mi cintura, atrayéndome hacia él.
Le dejo explorar todo lo necesario, pero mis manos duelen ante el frío metal, anhelando su piel.
Cuando la intensidad del beso comienza a aumentar, Ren agarra con las manos el borde de mi sudadera.
Yo alzo los brazos, ayudándolo a quitármela para después pasar a mi camiseta.
Mi piel arde en contraste con el frío aire del lugar.
Con mi pecho al descubierto, veo que Ren no se mueve, dándome cuenta, apoyo de nuevo las manos en las taquillas.
Él lanza las suyas a mis bíceps, masajeándolos de adelante hacia atrás.
El placer me inunda y tengo que cerrar los ojos para poder respirar.
Sus manos pasan a rozar mis hombros y cuando llegan a mi pecho noto cada una de las heridas en estas, la sensación manda una descarga directa a mi polla que está desesperada por un roce, un toque, lo que sea.
Pero no me muevo, no cuando todo está en juego.
En un segundo sus labios chocan de nuevo con los míos, pero esta vez la fuerza me hace temblar.
Ren también lo siente porque su agarre se vuelve aún más fuerte, atrayéndome hasta que nuestros pechos colisionan el uno contra el otro.
La sensación de su pecho contra el mío me desborda y debo hacer un esfuerzo sobrehumano para mantener las manos en su sitio.
Cuando las suyas bajan por mi espalda hasta agarrar mi culo no puedo reprimir un gemido que es consumido por su boca.
Ren aprieta con fuerza clavándome sus uñas.
En el momento en que me atrae de nuevo hacia él y nuestras pollas se unen, siento que me podría desmayar en ese puto momento.
Una mezcla entre dolor y placer sale en forma de siseo de los labios de Ren.
El gesto jodidamente sexy, hace que todo mi cuerpo se contraiga, mis manos se cierran hasta formar dos puños contra el metal. La voz de Ren me relaja.
—Quiero tocarte.
No es una pregunta, pero yo asiento igualmente sobre su boca, no siendo capaz de pronunciar ni una sola palabra. Mete una mano entre nosotros y comienza a masajearme por encima de la tela del pantalón. Mi respiración se entrecorta y él se para por un segundo.
—Sigue por favor… no pares, Ren —logro por fin decir.
Entonces desabrocha el nudo de mi chándal introduciendo una mano en mis calzoncillos.
Yo gimo de nuevo, pero es callado por un beso tan intenso que me hace flaquear las piernas.
Su mano comienza a subir y bajar por toda mi longitud mientras con la otra me baja los pantalones hasta mitad de mis muslos.
Yo no quiero moverme, el miedo a asustarle y perderle por completo es superior a todas las sensaciones que estoy viviendo en estos momentos.
Rompiendo el beso por un instante, Ren acerca la mano hasta su boca, escupiendo en ella.
La nueva sensación de su mano fuerte y áspera, con las vendas y su saliva me mandan a otro planeta.
Yo siento la necesidad de moverme contra su mano, así que empiezo a empujar mis caderas contra él —Eso es Connor, enséñame lo que te gusta.
Su voz tan masculina y fuerte sobre mi boca me sobresalta.
—Oh, joder Ren…
—No te corras todavía, por favor.
—Ok… ok. Baja el ritmo entonces o no voy a poder cumplir con mi palabra.
Su mano deja mi polla para lanzar ambas al mismo tiempo contra mi trasero. Mi piel sensible contra estas hace que todo mi cuerpo tiemble. Ren me acerca hacia él mientras aparta mis nalgas. Yo separo mi boca de la suya para morderme el labio y reprimir un gemido.
—No te los guardes, nadie puede oírnos aquí —me dice entre besos alrededor de mi mandíbula.