Turn me on 8 Connor Alex
61%

8 Connor Alex

Connor + Alex

—Bien, pero hemos decidido seguir solo como amigos, creo que no era nuestro momento —le respondo pasándole la llave Allen.

—Oh… ¿y cómo estás? —, esta vez se gira hacia mí, su mirada compasiva me revuelve el estómago.

—No, estoy bien, de verdad. Creo que funcionamos mejor como amigos, además creo que ella está conociendo a alguien más, y me alegro —digo con toda sinceridad—. ¿Y tú? Me dijiste que habías conocido a alguien…

¡Pam!

—Auch… —murmura, llevándose una mano a la cabeza tras darse de lleno con el capó—. Eh… no, no. Nada que contar.

El ruido de la campana indicando que alguien ha entrado en el garaje salva, literalmente, a Kai de las mil preguntas que estaban a punto de caerle encima.

El muy cabrón, se apresura hacia la puerta con la excusa, clientes, esta noche no se va a casa sin responder unas cuantas.

Me dispongo a recoger el desastre que ha dejado cuando oigo a un Kai más excitado de lo normal.

—¡Joder! Alex Laurent…tío, yo no soy de esos que van por ahí declarándose fan, pero ¡joder! Eres la hostia…tu último combate contra El Chico fue increíble. Ganaste el título, ¿verdad? Eres el jodido Rey del MMA…

Siento una bofetada en la cara cuando escucho ese nombre.

—Wow, gracias, sí, sí, gané el título… —su voz es más ronca y grave, pero imposible no reconocerla.

El corazón me late como el motor de una moto de carreras. ¿Cómo es posible? Siento su mirada clavada en mi espalda, sus pasos retumban en mis oídos según se acercan.

—Hey Connor… —no hay sorpresa en su tono, sabía que me encontraría aquí.

Me giro lentamente, sabiendo perfectamente que todo mi mundo está a punto de desmoronarse.

—Hey Ren…

Mierda.

Connor. 19 años. 4 años atrás El sudor en mis ojos me nubla la vista, escuece, pero yo no freno.

Respiro profundo y dejo que el cuerpo haga lo suyo: guardia alta, jab, directo, gancho.

El saco se balancea solo lo necesario, los brazos al otro lado lo mantienen exactamente donde tiene que estar.

Giro la cadera soltando un low kick que hace vibrar la lona.

El impacto es seco y preciso. Los nudillos me arden, los antebrazos tensos, core sólido.

Todo está como tiene que estar, excepto…

excepto el puto nudo en el estómago cada vez que levanto la vista y miro al otro lado del saco…

—Bajas la guardia medio segundo después del gancho —dice Ren, manos aún en posición—. Pero tienes un instinto que no se entrena. Eso… no lo pierdas.

Un cosquilleo en mi pecho me hace sonreír mientras asiento, el sudor cae de mi pelo empapado.

—¡Laurent! Tu chica está aquí —grita Dominic desde el otro lado del gimnasio.

Ese nudo en mi estómago se cierra aún más y sube hacia mi pecho. El aire ha cambiado de densidad y, por un momento, me cuesta respirar.

—¡Voy! —dice Ren sin apartarme la mirada—. ¿Te veo esta noche en casa?

—Sí, sí, tu hermano pasa luego a buscarme —las palabras pesan al salir de mi boca.

Sin más, Ren se gira y corre hacia la puerta. Yo lo observo alejarse. Es el momento en que siento un dolor en la mandíbula que me doy cuenta lo apretados que tengo los dientes. El puñetazo que lanzo al saco retumba en todo el gimnasio…

—No sólo conoces a Alex Laurent, sino que entrenaste con él y… ¿no se te ha ocurrido nunca decírmelo? —dice Kai gesticulando como cuando me explica una de sus teorías científicas que solo él entiende.

—No salió nunca el tema…— digo alzando los hombros.

—Oh, lo siento, pensé que cuando alguien tiene un póster tamaño real de un campeón de MMA en su cuarto, eso activaba automáticamente la conversación.

—Es el hermano del que fue mi mejor amigo por un tiempo, no lo consideré importante —digo, mis intentos por mantener un tono neutral parecen estar funcionando.

—Pero, ¿erais también amigos-amigos? ¿Dejaste de verlo cuando te mudaste aquí? Él vive en Londres ahora, ¿no? —Kai en modo cotilla es algo que no me esperaba.

—Joder tío, de una en una —le digo, intentando llevar la sonrisa a mis ojos—.

No es que fuéramos súper amigos, pero pasamos mucho tiempo juntos.

Y sí, él vive en Londres ahora. Dejé de verlo cuando le ofrecieron entrenar en un camp profesional de MMA allí y ya sabes, la fama llegó y no supe más de él.

Al poco tiempo mi familia se mudó aquí así que perdí el contacto con mi amigo —el vacío que siento al revivir la historia me deja la boca seca.

—Soy yo tu mejor amigo ahora, ¿verdad?

—Sí, Kai, tú eres mi mejor amigo —digo con una sonrisa, esta vez genuina.

—Bien, bueno… si Alex Laurent quiere formar parte de nuestro círculo de amigos, que sepas que yo no pongo ninguna objeción.

—Es rico, famoso y tiene treinta años, ¿crees de verdad que querría entrar en ese círculo de dos niñatos de veintitrés? —Kai me mira exageradamente ofendido.

—Él se lo pierde…

—Sí claro, él se lo pierde —digo con una carcajada.

Horas después, la misma campana que trajo mis fantasmas del pasado vuelve a sonar. Todos los músculos de mi cuerpo se tensan cuando siento a quien está en el rellano de la puerta.

—No está listo aún —digo lo suficientemente alto, con la esperanza de que me oiga y se quede donde está… lo más lejos posible. Yo no aparto mi vista del motor.

—Ah, ok, se me olvidó preguntaros cuándo lo estaría…

—¿Por qué? —corto a Ren bruscamente.

—Dicen que sois los mejores.

—Kai es el mejor, yo solo le ayudo —intento enmascarar con dureza la tristeza de mis palabras.

—Parece una buena persona —su tono de voz es tranquilo, como si… nada.

—Lo es —sigo trabajando el motor como si fuera una cuestión de vida o muerte, mi cuerpo no se atreve a girarse y mirarle a la cara.

—Tengo un combate aquí cerca en unos días.

—Ok —como si no lo supiera…

—Será el último —su voz se rompe ligeramente.

Yo no me giro, sigo dando vueltas a la misma tuerca una y otra vez, un nudo en mi garganta me impide articular palabra alguna.

—Me gustaría que estuvieras.

El sonido de la llave inglesa cayendo al suelo rompe cualquier esperanza de fingir que esas cuatro palabras no acaban de joderme la vida.

Connor. 19 años. 4 años atrás Los ronquidos de Miles se mezclan con el sonido bajo de la película, haciendo imposible seguir la trama.

A los diecinueve años, tener un amigo que vive con su hermano mayor es un privilegio: sofá grande, nevera siempre llena y la sensación de estar en un lugar que no es del todo tu casa, pero casi.

Paso más tiempo aquí que en la mía. No sé si son los ronquidos, la película o el latido desbocado en mi pecho lo que me tiene en tensión constante.

Ren está recostado a mi lado, con las piernas estiradas en la parte larga del sofá en L.

Su rodilla está demasiado cerca de la mía.

Y hay algo que no va. Es como si hubiera una energía tirando de mí, como si mi cuerpo buscara una excusa para sentir el calor de su piel, como si ese mínimo contacto pudiera calmar algo que no sé nombrar.

No puedo evitar mirarlo de reojo, tiene una postura relajada, con el brazo sobre la cabeza.

La nuez en su cuello se mueve cada vez que traga saliva.

Las luces de la televisión sobre sus ojos marrón claro crean un contraste que me deja clavado.

Bajo la mirada por su torso desnudo, siguiendo las líneas de cada músculo marcado, expuesto sin ningún pudor.

Llevo años dejándome la piel en el gimnasio, persiguiendo un cuerpo así, preguntándome si cuando tenga veintiséis mi reflejo se parecerá, aunque sea un poco, al suyo.

El estómago me da un vuelco cuando al subir de nuevo la mirada me encuentro con sus ojos fijos en los míos.

Yo vuelvo a mirar la televisión apresuradamente carraspeando.

Pero Ren no dice nada. Ni siquiera cuando en la película, los protagonistas empiezan a desnudarse apresuradamente, ella besando el pecho de él, arrodillándose con las intenciones más que claras.

Me remuevo en el sofá e intento no apartar la mirada de la televisión, puedo sentir los ojos de Ren clavados en mí, pero no quiero…

no puedo, mirarlo. Mi cabeza actúa por su cuenta y se gira lenta y ligeramente.

Sus intensos ojos me atraviesan, bajando el foco hasta mi boca, y a mí me va a dar algo, joder.

Entonces su lengua roza sutilmente su labio inferior, casi imperceptible, pero yo lo veo… lo siento.

El pulso me palpita en las sienes cuando veo que su mano se empieza a mover, acercándose a la mía sobre el sofá.

El ruido de la televisión, de la nevera, los ronquidos de Miles…

todo desaparece, yo puedo solo escuchar mi corazón taladrándome el pecho.

Entonces se detiene. Su mano, no solo se detiene, sino que se retira.

Lo que siento es una mezcla entre puñalada y alivio cuando veo a Ren alzarse.

Un susurrado pero claro: —No… no puedo —se escapa de su boca mientras se dirige a paso seguro hacia el baño.

Yo suelto un suspiro entrecortado mientras mi mano se arrastra donde hasta hace unos segundos estaba la suya… el sofá aún caliente.

Me gustaría que estuvieras. Cuatro palabras que se han repetido en mi cabeza durante toda la noche sin parar.

Palabras que se funden con recuerdos que creía tener enterrados, pero que en realidad eran parte de una realidad cotidiana de la que no era consciente.

Acudo al único sitio que me ayuda a cancelar cualquier tipo de pensamiento, donde tengo un solo objetivo: apagar todo el ruido de mi alrededor.

Cuando el murmullo del gimnasio cambia de tono, sé quien acaba de entrar por la puerta. El pulso se me dispara y descargo toda esa electricidad contra el saco, golpeándolo más fuerte de lo necesario, intentando sacar de dentro de mí todo esto a base de puñetazos.

—Sigues bajando la guardia después del gancho… —su voz resuena en mis oídos como un golpe bajo— pero el instinto sigue intacto.

—Ya no soy un crío de diecinueve años —sigo golpeando sin pararme—, no necesito consejos.

—Lo sé, lo veo —su tono de voz se vuelve casi un susurro.