7 Ava Julian
Ava + Julian
—Si yo fuera Gabriela no sé si podría mantener así la compostura. Que alguien les preste una de las habitaciones del hotel, no tengo duda de que le darían muy buen uso. —La voz masculina que habla detrás de mí recorre mi espalda como un escalofrío.
Se coloca a mi lado en la barra, manteniendo las distancias, pero lo bastante cerca para que no tenga duda alguna de que la voz que acabo de escuchar es la suya.
La luz tenue del local se desliza por su piel morena cuando gira ligeramente hacia mí, y sus ojos marrones intensos, cargados de demasiadas emociones al encontrarse con los míos, son los mismos en los que tantas veces me he perdido.
La multitud arranca en una carcajada y ambos devolvemos la atención al escenario.
—Míralos —dice, sin apartar la vista de ellos—. Esos dos quieren irse a algún rincón oscuro y olvidarse del mundo un rato.
Noto un nudo en la garganta. No sé cómo no caí en la cuenta de que esto podía pasar…
—Y yo —añade, girándose de nuevo hacia mí —llevo un rato pensando en la última vez que tú y yo también estuvimos a oscuras.
Julian. 2 años antes Ava mira la pantalla de las salidas nerviosa.
Ya han anunciado la puerta de embarque y nos queda poco más de media hora para que llegue el momento que los dos estamos evitando.
No para de colocarse el pelo tras las orejas, como siempre que está nerviosa, y se ha colgado la mochila del portátil de un hombro, anunciando que está a punto de emprender el camino de despedida.
Atención, pasajeros del vuelo 347 con destino a Estocolmo: iniciamos el embarque por la puerta 3, comenzando por los grupos prioritarios.
La megafonía me corta la respiración. Yo tengo un discurso preparado.
Lo he repetido mentalmente tantas veces que podría recitarlo de memoria.
Se basa en tres ideas: te quiero, no soporto la idea de separarme de ti, pero no quiero atarte y que pierdas nada por estar a mi lado.
Parece altruista, pero la realidad es que sí deseo con todas mis fuerzas atarla a mí…
antes de que le ofrecieran ese jodido ascenso estaba a punto de pedirle que se viniera a vivir conmigo…
pero ¿cómo narices voy a hacer algo que impida que cumpla uno de sus mayores sueños profesionales?
—Tengo que irme —dice ella, dándose al fin la vuelta.
Me acerco, le cojo la cara entre las manos y le doy un último beso cargado de todas las palabras que quiero decirle y que tengo totalmente atascadas en la garganta. Nunca un beso había dolido así.
—Vas a hacerlo increíble allí —murmuro.
Pero no digo nada más: ni «me aterra que me olvides», ni «lo dejaría todo y me iría allí contigo», ni tan siquiera «estoy totalmente enamorado de ti».
—Podríamos intentarlo a distancia —dice ella, muy bajo.
He pensado en eso durante semanas. No puedo vivir esto a más de seis mil kilómetros de distancia y pasarme meses de videollamadas que sé que acabarán en reproches.
No puedo fingir que puedo amar a alguien sin tocarla, sin olerla, viéndola tres veces al año durante, al menos, los próximos dos años…
es imposible. No voy a ser capaz de soportar esa distancia y me vuelvo loco de pensar que quizá conocerá a otra persona y yo tendré que soportar una ruptura a distancia también.
En vez de decirle la verdad, que me da miedo no estar a la altura, voy con la versión más razonable de mí mismo que puedo sostener.
—No quiero que nuestra relación sea una pantalla y un calendario —respondo—. Te mereces poder vivir lo que te están ofreciendo allí sin estar pendiente de mí.
Veo el golpe directo en sus ojos, y termino de hundirlo del todo con la frase equivocada: —Si tiene que ser… será.
La odio en cuanto sale por mi boca. Ella asiente, aprieta los labios y noto cómo las lágrimas empiezan a inundar esos preciosos ojos marrones, pero antes de que empiece a llorar, la megafonía anuncia la última llamada.
Y sin más la dejo ir… y sé que se marcha pensando que no he luchado lo suficiente, pero espero que este agujero que siento en el pecho ahora mismo vaya volviéndose más llevadero a medida que los kilómetros y los días hagan lo suyo y el tiempo me dé la razón.
Ava. 08:52 pm El discurso acaba, la sala se funde en un aplauso y la música y el alcohol se apoderan del espacio. Apuro mi bebida para evitar tener que pronunciar nada más y, con una sonrisa incómoda, me dirijo a la pista de baile para recuperar un poco de espacio y oxígeno.
Julian me sigue a cierta distancia; noto perfectamente su presencia detrás de mí, su mirada clavada en mi espalda, y a mí me llegan unas ganas incontrolables de girarme, encontrarme con él de nuevo y hacerle las mil preguntas que están inundando ahora mismo mi cabeza…
¿Qué has hecho estos dos años? ¿Cómo puede ser que nunca volvieras a llamarme?
¿Estás con alguien? ¿Eres feliz? Cuando, de la nada, un compañero me arrastra a un corrillo y me devuelve a la realidad.
Trato de unirme a la fiesta; sigo el brindis que alguien propone, bailo con una compañera que me insiste, me dejo llevar, sonrío cuando toca…
pero cada vez que giro la cabeza, ahí está, apoyado en una columna, con la corbata más floja, la mirada fija en mí, intentando ser discreto sin lograrlo, y a mí el corazón está a punto de salírseme por la boca, porque me siento exactamente igual que la última vez que lo vi y porque, por difícil que me parezca, estos dos años solo han conseguido volverlo todavía más guapo, si es que eso es posible.
De reojo veo que coge su teléfono, parece algo urgente, y veo cómo sale de la habitación para atender lo que, supongo, será una llamada. ¿Su novia quizá? Y de repente un recuerdo de hace año y medio se cuela en mi mente sin permiso.
Tengo el abrigo abierto, las mejillas calientes por el alcohol y un vacío insoportable justo debajo del esternón. Pulso grabar audio, la voz me tiembla un poco; no sé si por el frío o porque estoy diciéndole lo que llevo semanas tragándome.
🎧 Ava: Jules… te echo de menos. Te echo de menos en todas las formas posibles, llevo días sin poder parar de pensar en ti y…
echo de menos cómo me tocabas, cómo me mirabas…
joder, echo de menos todo. No he estado con nadie, ¿sabes?
No puedo, porque solo puedo pensar en ti y en la forma en la que tú me follabas y acabo de intentar enrollarme con un tío y he tenido que irme corriendo, como una gilipollas, llorando porque lo único que quiero es que seas tú quien me toque…
me has jodido pero bien, y no sé cómo coño voy a superar esto.
Suelto el botón. El corazón me late en las sienes. El taxi llega y me voy a casa. El móvil vibra antes de que arranquemos.
🎧 Julian: ¿Aves? ¿Estás bien? ¿Dónde estás? Por favor… vete a casa y envíame un mensaje cuando llegues. En serio.
Contesto mientras el coche arranca.
Ava: Sí, sí… ya voy para casa.
Ya en el portal, cumplo lo que me pide y desconecto el teléfono. No quiero que me llame, no quiero hablar con él.
Ava: Ya estoy en casa. Buenas noches.
Al día siguiente me despierta una luz deslumbrante que entra por la ventana, una resaca interesante y la sensación de que hice algo que no debería.
Cojo el móvil y me encuentro tres llamadas perdidas de Julian y un audio.
🎧 Julian: Aves… no puedo hacer esto. No puedo escucharte así y fingir que estoy bien con esta distancia. No puedo quererte a medias ni volver a abrir algo que ninguno de los dos puede sostener ahora mismo. Te lo pido por favor, no nos hagamos más daño… y cuídate, ¿vale?
Fin del audio.
Sentí entonces lo mismo que siento ahora al recordarlo: la certeza de que lo había perdido de verdad.
Ava. 08:54 pm Mi bolso empieza a vibrar y me saca de la ensoñación.
Casi dos años y todo mi cuerpo responde a su recuerdo, a él, con la misma intensidad y como si no hubieran pasado ni siquiera unas horas.
Aún no puedo entender cómo dejó escapar lo que teníamos, cómo no me pidió que me quedara, porque lo habría hecho, aunque eso supusiera estar en otro lugar ahora mismo, pero joder… ni siquiera lo intentó.
Saco el teléfono y tengo que apoyar mi espalda contra la pared para no perder el equilibrio cuando leo el mensaje.
Julian. 08:52 pm Necesito aire. Llevo toda la puta noche intentando comportarme como un adulto funcional, fingiendo que puedo mirar a Ava sin que se me incendie el pecho…
pero cada vez que un tío se acerca a ella me pongo tenso; como descubra que está con alguno de los idiotas con trajes baratos de esta fiesta, no sé si voy a poder aguantarme.
Joder… cómo coño he sobrevivido dos años sin verla.
Me escapo de la sala antes de que mi cara me delate; el ruido de la música me persigue hasta el pasillo y su imagen bailando me arrasa: la curva de su cuello, la apertura de la espalda de su vestido, sus manos moviéndose al ritmo de la música… dios… estoy hecho polvo. El móvil vibra en mi bolsillo.
Jace: Subimos a la azotea, que abajo ya solo quedan los de ventas, que son todos medio gilipollas. Vente cuando puedas, Gabby ha robado dos botellas de vodka y Mike está a punto de saltar sobre Liam, el de contabilidad. Esto promete.
Normalmente me reiría, pero ahora mismo me da exactamente igual la fiesta entera, Jace, la azotea y el puto Santa Claus.
Me apoyo en la pared, cierro los ojos un segundo…
y una certeza me inunda: no puedo seguir haciendo como que Ava no existe.
Abro WhatsApp, nuestra conversación congelada desde hace año y medio; siento el estómago separarse de mi cuerpo como la última vez que hablé con ella para despedirme.
Julian: No puedo mirarte más sin decirte lo mucho que te he echado de menos. Llevo toda la noche observándote de lejos y deshaciéndome como un idiota… ¿Hablamos a solas un rato? Estoy fuera, en el pasillo. Ven si quieres.
Y, en cuanto veo el doble check, siento la misma mezcla que sentí al verla entrar esta noche: pánico, deseo, alivio…