Turn me on 6 Daphne Raf #3
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6 Daphne Raf #3

Cuando mis dedos alcanzan su clítoris, siento el cambio, como si recuperara algo de terreno.

Se estremece, gimiendo contra mis labios.

Mi sonrisa solo la vuelve más salvaje, frotándose con más fuerza contra mi polla hinchada.

Y no me detengo. Deslizo un dedo dentro de ella mientras con otro rodeo su clítoris con movimientos lentos y constantes.

Cada embestida precisa la eleva hasta que siento que se aprieta a mi alrededor; su orgasmo estalla mientras grita, alto y agudo contra mi boca. La puta gloria.

—Me estás matando, Daphne —gruño contra sus labios, besándola como si fuera lo último que haría en mi vida—. No lo ves, ¿verdad? Lo perfecta que eres. Cuánto te necesito. Lo cerca que estoy de perder la cabeza por ti, piccola mia. Mi fai impazzire, cazzo.

Daphne. 07.35 pm Agua hirviendo me corre por la piel, pero mi mente está en otro lugar…

en ese callejón, hace solo veinticuatro horas.

Ese beso. Ese beso con Raf… brutal, de los que te dejan sin aliento y hacen que te fallen las piernas.

Una brisa fresca que anunciaba el final del verano recorría mi cuerpo, mis mejillas, mi pelo, mis brazos descubiertos, mientras él me sostenía como si fuera algo frágil.

La forma en que su pelo bailaba al ritmo de la brisa.

Las palabras que susurró justo antes de dejarme en el suelo.

Cada detalle. Perfecto. Ni en el mejor de mis sueños podría haber imaginado algo así.

Y ahora… Un solo mensaje ha hecho que todo se acabe.

La puerta del baño al abrirse me sobresalta; estoy segura de que cerré la habitación con llave, pero claro, Paolo tiene la suya…

Mi corazón late con fuerza cuando me doy la vuelta y veo a Raf allí de pie, tras el cristal de la ducha, camuflado por el vapor.

Empieza a quitarse el auricular, luego la chaqueta…

Niego con la cabeza y un susurrado «no» sale de mis labios.

Lágrimas empiezan a caer y me cubro la cara.

Mis piernas ceden y caigo lentamente al suelo de la ducha.

Raf abre la puerta de cristal y entra. Totalmente vestido.

Se sienta a mi lado; su camiseta y sus pantalones se empapan al instante bajo el agua.

Unos brazos fuertes me llevan hacia su regazo y me envuelve, como si perteneciera allí, como si fuera el único lugar donde debería estar.

Entierro la cara en su cuello e inhalo. Ámbar y especias inundan mis sentidos, un aroma que se ha vuelto familiar.

Mi hogar. Él. Y lloro. Lloro por el tiempo que hemos tenido y el tiempo que nos están robando.

Lloro por lo que podríamos ser, pero nunca seremos.

Raf me toma la cara entre las manos, mirándome fijamente.

Abro la boca para hablar, pero él niega con la cabeza y me besa.

Lucho. Lucho contra él. Pero la fuerza invisible que nos une es más fuerte que mi voluntad.

No puedo resistirme... y no quiero. Así que dejo que me devore.

Y yo lo devoro a él. Siento cómo el agua golpea mi espalda, cómo sus manos recorren cada centímetro de mi piel ardiente.

No hay sutileza, no hay calma: me come a besos, mordiendo mis labios, rozando mi paladar con la lengua, chupando con una fuerza desgarradora.

El gruñido ahogado que se le escapa contra mi boca hace que todos los músculos de mi cuerpo se tensen.

Pero no pierdo tiempo, lo aprieto contra las baldosas, mis manos desesperadas acarician su pecho, su cintura, queriendo memorizarlo todo en un segundo.

Sus labios bajan hasta mi mandíbula, mi cuello, succionando, marcando, y vuelven a mis labios con más hambre, más furia.

Es un beso que sabe a deseo puro, un deseo que ha estado reprimido por un eterno mes.

Mis manos desesperadas agarran fuertemente su camiseta; la necesidad de tenerlo desnudo es abrumadora, pero no quiero romper el beso.

Raf se ríe, echa la cabeza hacia atrás y, muy despacio, alza una mano por detrás de su espalda quitándose fácilmente la camiseta empapada.

Su cuerpo es una obra de arte, todo músculo y líneas marcadas decoradas con tatuajes que no puedo evitar rozar con los dedos, con asombro.

Cuando llego a su cinturón, lo miro con ojos que suplican: «Quítate esto, ya».

Con un brazo alrededor de mis piernas y el otro alrededor de mi cintura, se levanta conmigo en brazos como si fuera más ligera que el aire, sale de la ducha y me deja sobre el frío mármol del lavabo.

Acorralada entre sus brazos, Raf deja un rastro de besos, lametones y mordiscos desde mi cuello hasta mi pecho.

Puedo ver cómo pone los ojos en blanco en cuanto su boca encuentra mi pezón.

—Después de ese cerebro tan bonito que tienes, estas tetas son mi cosa favorita —dice mientras me agarra el pecho con las manos y me chupa con una pasión abrumadora—. Podría quedarme así todo el día, saboreándote, comiéndote. Sei fotutamente bella, Daphne.

Espalda arqueada, la cabeza hacia atrás, piernas abiertas, este hombre va a ser mi ruina.

La forma en que me toca, temblorosa pero segura.

Sus manos grandes y ásperas exploran mi cuerpo y soy yo la que tiembla ahora mientras me provoca con dedos juguetones alrededor de la parte interna de mis muslos.

—P-por favor, Raf, te necesito.

Puedo sentir su sonrisa formándose mientras me besa.

—Tengo muchas ganas de estar dentro de ti, tesoro mio —dice mientras me llena de besitos suaves alrededor de la boca y la barbilla—. Pero llevo un mes esperando esto, y estoy disfrutando al máximo de todo lo que me das.

Me sujeta ambos pechos con las manos, alternando su boca de uno a otro.

Necesito poner las manos sobre la superficie de mármol o me desmayaré.

Mientras estoy ligeramente acostada, su boca empieza a descender por mi vientre, mi centro palpita con anticipación.

Cuando sus labios chocan con mi clítoris, un leve «mmmm» de satisfacción envía vibraciones por todo mi cuerpo y no puedo soportarlo más, exploto, frotándome contra su boca.

Ondas eléctricas se deslizan por todo mi cuerpo, haciéndome temblar y apoyando mis pies contra su ancha espalda.

Aún temblando lo atraigo hacia mí, necesitando su beso más que nunca.

El sonido del cinturón desabrochándose es música para mis oídos.

—Quiero verte —le digo mientras lo empujo hacia atrás, mi cuerpo ya lo extraña.

Sin dudarlo ni un segundo, hace lo que le digo y empieza a quitarse los pantalones con una sonrisa tímida. No puedo evitar morderme el labio inferior cuando lo veo gloriosamente desnudo frente a mí. Levanto la mano y giro el dedo de manera juguetona.

—Todo, bello mio.

Sonrojándose, levanta los brazos a media altura y da un giro de 360 grados.

—¿Contenta con la mercancía?