Turn me on 5 Nora Brice #3
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5 Nora Brice #3

—Me voy a correr…

—Claro, cielo… déjate llevar…

Me introduce los dedos mientras sigue chupándome, y en el instante en que tocan las paredes de mi interior, exploto.

Aprieto mis piernas en su espalda porque siento que me caigo por un precipicio.

Un grito ahogado sale de mi garganta con su nombre en los labios, y noto cómo sonríe pegado a mí.

Solo cuando mi cuerpo deja de temblar, saca los dedos de mi interior, me da un último beso y me mira intensamente, cargado de deseo.

—Te quiero dentro de mí —susurro, todavía con la respiración entrecortada—. Ven…

Le cojo la mano y lo llevo al dormitorio. Cuando entramos, me vuelve a besar y, al romper el beso, me lleva hasta el borde de la cama y me empuja suavemente para que me siente…

—No te muevas —me dice sonriente—, vuelvo ahora mismo.

Siento cómo se marcha y ardo en deseo por la expectación. Un instante después, lo veo entrar de nuevo, ha ido a por un condón y ya lo tiene perfectamente colocado en esa polla absolutamente preciosa.

—¿Quieres tumbarte boca abajo? —me dice, sin dejar de acariciarme en ningún momento.

Lo hago. Entonces, con suavidad, coge mis caderas y las eleva un poco. Me acomodo con el pecho lo más pegado al colchón que mi cuerpo permite.

—Nora… qué imagen más increíble…

Se acerca por detrás y me lame con intensidad, me recorre con la lengua, me prepara para él… y justo después, me penetra… gimo sin pudor, me arqueo pidiendo más fricción. Él me sujeta firmemente por las caderas mientras se sigue enterrando en mí. Lento. Constante. Profundo.

—Estás preciosa… joder… he soñado tantas veces contigo… entrando en ti… tan perfecta, tan húmeda, tan diseñada para mí…

Sus palabras se cuelan por todos mis poros, soy incapaz de responder coherentemente.

—Tócate, cielo… tócate mientras te follo… —me pide entre jadeos.

Deslizo una mano por mi entrepierna y empiezo a acariciarme.

El placer se multiplica por diez al primer roce.

Quiero más, froto mi clítoris con intensidad, mi cuerpo se tensa, mi respiración se acelera, mi mano aumenta el ritmo.

Cada embestida estoy un paso más cerca, siento una electricidad creciente en mi columna, no puedo manejar tantas sensaciones y, en el siguiente movimiento, cuando noto su cadera pegada a mí, su cuerpo en lo más profundo de mi ser, me pierdo por completo.

Tengo el orgasmo más intenso de mi vida.

Mis extremidades pierden el control y gimo sin ninguna medida, él me sujeta con todas sus fuerzas y da un último empujón, encontrando su propio alivio mientras gime suavemente a mi espalda.

Se apoya sobre mí, me cubre con sus brazos sin salir, me aparta el pelo y me besa el cuello y la espalda.

¿Cómo le explicas a alguien que estoy completamente enamorada de este chico al que acabo de conocer?

Las siguientes horas son un sueño. Nos quedamos abrazados en la cama, sin hablar apenas, solo sintiendo la piel del otro.

Luego pedimos comida a domicilio y pasamos la tarde enredados: follando, besándonos, riéndonos y hablando de libros.

Me cuenta sobre sus sagas favoritas y yo le hablo de todos los hombres ficticios de los que me he enamorado.

A última hora, se despide con una disculpa, tiene un compromiso familiar.

Pero no tiene ninguna gana de irse, lo sé, lo noto.

Y yo, directamente, le pediría que se mudara aquí hoy mismo si no fuera porque parecería loca de remate.

Nos despedimos con un beso largo, cálido, que me devuelve al instante que viví en esta misma entrada hace solo unas horas y cierro finalmente la puerta sintiéndome como en una nube.

Exhausta, pongo mi peli favorita y ceno las sobras.

Cuando los créditos del final de la película llegan, apenas son las diez de la noche, pero necesito recargar pilas.

Abro el móvil y le escribo un mensaje de buenas noches.

Nora: Gracias por hoy. Buenas noches.

El pitido de su respuesta llega al instante.

Brice: ¿Y si mañana seguimos? Próxima parada: Mercado Central.

Sonrío y me muero un poco. ¿Quiere que repitamos? Otra notificación.

Brice: Las puertas se abrirán automáticamente.

Parpadeo. ¿Qué? Me siento un poco confundida. ¿Qué ha querido decir?

Nora: ¿Puertas…? ¿Es una metáfora? Porque si lo es, me estoy perdiendo...

Brice: Próxima parada: Mercado Central. Coincidente con líneas 3, 17 y 42.

Mi cuerpo se tensa. Otro pitido. Uno muy real.

Y no viene del móvil. Escucho cómo se abren unas puertas.

El aire cambia. La luz también. Vuelvo en mí.

Estoy sentada en un asiento acolchado. Rígido.

Gris. Estoy en el mismo autobús de siempre.

Y allí está él, tres filas por detrás de mí, inmerso en su libro.

Es su parada. Cierra el libro y mira el móvil. Justo levanta la cabeza y nuestras miradas se cruzan, me sonríe ligeramente, a modo de saludo, con el reconocimiento de alguien con quien coincides cada día. Y acto seguido se aleja por su camino habitual. Empieza mi viernes.