5 Nora Brice #2
Paso a la siguiente. Una que ha hecho él sin que me dé cuenta.
Estoy mirando libros con cara de concentración absoluta, nunca me había gustado tanto una foto en la que salgo yo…
pero imaginarme a él haciéndola hace que me encante y vuelvo a suspirar sin remedio…
todavía no proceso las últimas veinticuatro horas.
¿Será demasiado pronto para escribirle? ¿Demasiado intenso pedirle otra cita?
¿Espero al lunes y a ver qué pasa en el autobús?
El timbre de mi puerta me saca del bucle de ansiedad y voy a atender distraída y, al abrir, me encuentro con Brice.
—Perdona —dice, con una sonrisa tímida que no le había visto antes—. Necesitaba…
Trato de mejorar mi aspecto, no sé muy bien cómo… esto no me puede estar pasando… en pijama y con el pelo recogido con menos cuidado imposible… las palabras me salen entre balbuceos absurdos, fruto del momento más vergonzoso que he vivido en mucho tiempo.
—¿El qué? ¿Qué necesitas?
Levanta la mirada, y sin responder, me besa.
Me besa como quien ya no puede contenerse.
Su boca encuentra la mía con una mezcla de necesidad y ternura que me arrasa.
Me rodea la cintura tocando mi piel bajo la camiseta y yo me aferro a su pelo, suave y sedoso.
Su aroma me inunda por completo y todo lo demás desaparece.
Cierro la puerta a ciegas mientras siento cómo sonríe entre mis labios.
Mis dedos se cuelan bajo su jersey, noto su piel caliente, su pecho firme y suave.
Sus manos empiezan a acariciarme la espalda, lentamente, sin romper el beso, y de pronto topamos contra el sofá.
Me río en su cuello porque con el golpe hemos chocado los dientes.
—¿Estás bien? —murmuro.
—Perfectamente —responde él, y me besa el hombro con tanta calma que me olvido del mundo.
Me quita la camiseta como si tuviera todo el tiempo del universo y se retira un instante para mirarme…
me siento tan deseada que solo puedo sonreír como una boba.
Yo le ayudo a quitarse el jersey y me encuentro con el torso perfecto de sus fotos, pero esta vez está entre mis manos…
caliente, vivo y real. Me besa sin parar tras la oreja, en el cuello, en la clavícula…
y sus manos se deslizan dentro de mi pijama mientras su mirada encuentra la mía, buscando mi aprobación.
Le respondo asintiendo levemente, porque claro que muero porque me toque.
Entonces su mano se cuela en mi ropa interior y escucho un leve gruñido cuando descubre mi humedad…
—Joder, Nora, me vas a volver loco.
Puedo sentir su excitación tan claramente que un gemido se escapa de mi garganta sin ni siquiera darme cuenta…
me está tocando tan deliciosamente… trazando un camino de subida y bajada, de mi centro a mi entrada, con una lentitud que me incendia.
Arriba y abajo en un trazo perfecto mientras cubre mi pecho con su otra mano y me succiona el pezón…
y entonces introduce un primer dedo en mí y siento la urgencia por tenerle en mis manos, en mi boca.
—Quiero tocarte —susurro. Las palabras escapan de mí como un hilo de voz.
Se aparta para desabrocharse los vaqueros, se los quita y se queda mirándome.
Le indico que se acomode sentado en el sofá y me inclino, le beso el abdomen, el pecho.
Él estira el cuello para darme mejor acceso y empiezo a acariciarle suavemente por encima de los calzoncillos.
Sus dedos se hunden en mi pelo con tanta suavidad que todo mi cuerpo se estremece.
Bajo mi boca con lentitud y empiezo a besarle encima de su ropa, dejando que mi aliento atraviese la tela.
Noto cómo se arquea, cómo sus caderas se tensan...
mientras sus manos siguen acariciando mi cabeza y siento cómo su expectación aumenta.
Libero su sexo y empiezo a besarlo lentamente, succionando su punta con calma, saboreándole.
—Me encanta… —le escucho decir con la voz entrecortada por la excitación.
Mi chico del autobús sentado en mi sofá, desnudo y en mi boca. Ni en mis mejores sueños... Brice gime mientras le lamo la base, le acaricio toda la extensión con la lengua, con las manos, y mi entrepierna cobra vida solo por el deseo satisfecho de complacerle.
—Yo también quiero probarte —me dice incorporándose levemente.
Le lamo profundamente una última vez y me siento a horcajadas sobre él.
Me atrae con calma y me besa… cada beso es una caricia a mi sistema nervioso.
Vuelve a tocarme con esas manos hechas por dioses mientras me rozo con él y me aferro a su tacto rodeando su cintura con mis piernas.
Entonces se levanta, conmigo agarrada, y se gira para colocarme a mí en el lugar que hasta ahora ocupaba él, dejándome sentada y dispuesta para él.
Y se arrodilla. Empieza a besarme el interior de los muslos.
Me huele, me roza con la nariz… y un instante después succiona mi centro con tal precisión que siento cómo me rompo en mil pedazos.
Empieza a lamerme de arriba abajo con maestría, parándose de vez en cuando a succionar intensamente mi clítoris.