Turn me on 3 Gabriela Jace #2
18%

3 Gabriela Jace #2

—No sé si me pones más así, desprevenida… o cuando me llevas la contraria.

La forma en que me mira, sin saber si correr o lanzarse encima de mí, me enciende aún más… Doy un paso, luego otro… me apoyo en la encimera, bloqueándola sin llegar a tocarla.

—¿Sabes cuántas veces te has mordido el labio hoy mientras me llevabas la contraria?

—¿Qué?

No puede disimular y me encanta… Me odia por esto, pero me desea igualmente.

—Doce. Solo hoy.

—¿De verdad te dedicas a contar cada vez que me pongo nerviosa? No es difícil hacerlo cuando alguien te acorrala así, y está siempre pendiente de cualquier paso en falso. ¡Aparta!

—No. Me dedico a imaginar qué pasaría si te lo muerdo yo la próxima vez.

—¿Qué coño haces? —me lanza, envuelta en esa mezcla de desafío, miedo y excitación.

Esa mirada… esa boquita malhablada… Me acerco más sin decir nada, lento, midiendo cada paso según su reacción. La noto respirar más rápido, duda si retroceder, pero no lo hace, no se mueve.

—Estás temblando —digo, tan cerca que casi no necesito hablar—. ¿Te da miedo lo que pase aquí?

—Estás delirando.

Sus pupilas se dilatan y sus dedos aprietan la encimera.

Podría apartarme o girarse, no la estoy sujetando en absoluto y si intenta marcharse no haré nada por evitarlo.

Levanto la mano despacio y la apoyo en el hueco entre su mandíbula y su cuello, siento el calor de su piel y el latido acelerado, me acerco más.

—¿Quieres que me vaya?

Silencio. Solo un leve temblor cuando mi pulgar roza la comisura de sus labios.

—Eso pensaba —murmuro, acercándome a su cuello; dejo que mi aliento haga reaccionar a su piel esperando el permiso final y un leve gemido sordo me da la señal que necesito… y entonces suelto el freno de golpe.

La tomo por la nuca y la beso con un hambre que me desborda.

No hay pausa, ni aire, ni cordura, solo la presión de mi boca contra la suya, cruda, urgente, salvaje.

Meses de tensión estallan en un solo roce.

Me besa de vuelta con una fuerza que me arde en los labios, con el mismo deseo silencioso que me lleva al límite desde hace semanas, me agarra de la camisa, sus dedos crispados, desesperados por más, me muerde, me tira del labio con ansia, un gesto lleno de rabia y desafío.

La estrecho por la cintura y la pego a mí de un tirón. Sus dedos se enredan en mi nuca con una urgencia que me atraviesa, jadea tan cerca de mi oído que siento cómo su aliento me recorre por dentro y yo tengo que concentrarme para no correrme en ese mismo instante.

Sonidos ahogados se le escapan de la garganta, y los memorizo todos, aferrándome a su cuerpo mientras siento cómo se arquea, cómo sus pezones me anhelan, cómo su centro late contra mí.

—No sabes cuántas veces he imaginado esto con la mano en mi polla —le susurro al oído, rozándole su piel ardiente.

Gabriela. 1.59 am No me da tiempo a reaccionar. Me atrapa en un beso brutal y violento, me arrastra con un solo movimiento mientras sus labios me devoran y sus manos se clavan en mi cintura, sujetándome como para que no me pueda escapar, pero… tampoco quiero hacerlo.

Todo mi cuerpo le responde antes que mi cerebro, el pulso me ruge en las sienes y el deseo me anula por completo. Muerdo su labio inferior con una mezcla de rabia y deseo, él me gruñe en respuesta, atrapándome con más fuerza y siento perfectamente cómo esa rendición lo enciende aún más.

—No sabes cuántas veces he imaginado esto con la mano en mi polla —ronronea dulcemente en mi oído.

—Cuántas veces he querido metértela en esa boca rebelde —sigue—, pero antes… quiero que te toques para mí.

El pulso entre mis muslos se vuelve casi insoportable .

—Hazlo ahora… métete la mano en ese delicioso tanga, quiero ver cómo te hundes los dedos.

Trago saliva. Su mano me acaricia el vientre, bajo la camiseta, se queda ahí, expectante, firme, dominándome sin necesidad de moverse.

Y mis dedos responden, temblorosos. Apenas rozo mi clítoris y jadeo.

Estoy empapada, tan excitada que cada caricia es una descarga directa, como si me tocara por primera vez, como si cada roce despertara una versión nueva de mí.

Él me mira, me clava los ojos con una intensidad que me quema, sin perder detalle.

Y quiero darle más, quiero que me desee, que anhele lo que solo mis dedos están probando, quiero enfadarle y quiero correrme solo para mí.

Dejarle con hambre, frustrado y maldecirle por esto, por todo.

Entonces me agarra del culo y me eleva hasta sentarme en la encimera…

levanta mi camiseta y sus dedos empiezan a trazar círculos incendiarios en mis pezones mientras me observa con aprobación, orgulloso, posesivo.

Mi cuerpo no me pertenece, mi mente no me obedece, todo mi ser le responde solo a él; cada roce me lleva más cerca del abismo.

Sus manos en mi piel, ásperas y decididas, mientras succiona mis pezones tan lentamente que cada sensación recorre toda mi columna, su erección contra mi muslo, empujando por salir…

mi mano resbalando por toda mi humedad, absorbiendo cada momento, dejándose llevar por un instinto que ya no me pertenece, mis dedos entrando y saliendo de mi interior en un movimiento que me mece y me consume.

—Sigue así, no pares hasta que te lo diga. Fóllate, Gabby…

Cierro los ojos y me dejo llevar por su voz, que me atraviesa, me quiebra, hace que mi respiración se vuelva errática mientras sus manos me sostienen y ensalzan cada una de mis caricias, me agarra un pecho y me deja al borde del dolor, sigue con el otro dejándome vacía al perder su tacto, sus dedos pellizcan mis pezones y los gemidos brotan de mi garganta sin permiso.

Estoy totalmente desesperada por sentir más, por probar esa boca que me busca, me lame, saborea mi cuello, enciende mi alma…

está poseyendo todo mi cuerpo sin haberme tocado apenas y yo solo quiero deshacerme en él.

Mis lágrimas escapan de mis ojos y mis manos abandonan mi placer para sujetarle el pelo y hacerle sentir todo lo que explota en mi interior, cada discusión, cada palabra contenida, la ira saliendo de mi cuerpo y queriendo ser yo quien le domina y le devuelve toda la frustración que acompaña siempre su presencia.

Le beso con fiereza y su lengua responde ocupando el lugar que le pertenece.

Interrumpe el beso con una sonrisa ladeada, divertida y vuelve a centrarse en mí.

—Así me gusta, entregada —susurra, tan cerca que lo siento vibrar dentro del pecho—. Sigue, sé que estabas a punto.

Y yo ya no existo fuera de esto, solo existe su voz, sus órdenes, y mis dedos, sumisos, volviendo a hundirse dentro de mí.

—Me encantas así. —Se inclina y me quita el pantalón y el tanga en un solo movimiento. Me abre las piernas y me lame una sola vez de abajo a arriba, lento, provocador, me siento totalmente expuesta… y jodidamente excitada.

—Deliciosa… —murmura mientras se relame—. ¿Quieres más?

Asiento. Lo deseo con cada fibra, quiero que su boca vuelva justo ahí, que no pare.

—Claro que sí… —sonríe, el muy cabrón sabe perfectamente lo que provoca—. Pero antes, tócate de nuevo, más fuerte.

Y lo hago.

Aumento el ritmo, jadeando, mis caderas se mueven solas, desesperadas, buscando más, mis dedos resbalan sin control, el placer y la necesidad de que sea él quien me toca me ahogan.

Me penetro con fuerza mientras mi otra mano estimula mi sexo, estoy tan cerca…

Y justo entonces aparta mis dedos y me devora con la boca.

Mis piernas se rinden, abriéndose solas, mientras su voz me atraviesa la piel: —Este coño es mío. Lo voy a marcar, me voy a hundir en él de todas las formas posibles.

Sus manos me sujetan firmes, su lengua no se detiene y el fuego sigue creciendo dentro de mí.

Me lame, me folla con la boca como si jamás hubiera deseado algo más intensamente, estoy desarmada y solo quiero rendirme del todo, abrirme más a él.

Un gemido largo y profundo se escapa cuando, a la vez, me penetra con sus dedos, justo donde le necesitaba, adueñándose de mi interior, quiero más, mi cuerpo se sacude en espasmos deliciosos, la electricidad que siento por todo mi cuerpo me consume.

Nunca había sentido algo tan intenso, he perdido el sentido del tiempo y el espacio.

—¿Te quieres correr, Gabby?