Turn me on 1 Eva Noah #2
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1 Eva Noah #2

Su voz me desarma y decido que necesito más… me arrodillo despacio sin apartar mis ojos de los suyos, mientras paso las manos por su torso definido, por sus muslos musculosos y firmes que se tensan bajo mi contacto y voy sintiendo cómo se estremece anticipando mis intenciones.

Acaricio su pubis ya totalmente de rodillas ante él y abro la boca acercándome a él para que sienta mi aliento… enrosco entonces mi lengua besándole con fervor la parte superior de su preciosa polla… gime y noto su voz vibrar por todas mis fibras, directa a mi centro.

Me lo llevo más profundo, lo saboreo mientras lo escucho deshacerse, recogiendo cada uno de sus sonidos, cada gota que escapa de su placer. Coloca su mano en mi cabeza y me sujeta el pelo con dulzura, sin dirigirme, dejándome hacer… Después me coge la barbilla suavemente para obligarme a mirarle.

—Llevo meses imaginándote así —dice, con voz rota—. Ven aquí… —me incita a levantarme.

Cuando me separo, tengo la boca mojada, la cara enrojecida, y él me mira como si no pudiera creerse que estoy aquí. Me ayuda a incorporarme y me besa sin permiso y con una violencia contenida, su lengua invade mi boca explorando cada espacio, con hambre.

Mi deseo escapa en forma de sonidos guturales mientras me aprieta el culo con firmeza y yo empiezo a pensar en que me encantaría que me lo azotase con esas manos musculosas… Una mano ágil se cuela entre mis mallas y se me escapa un gemido cuando roza mi clítoris…

—Me toca a mí ahora —dice… y me indica que me tumbe en el suelo.

—Eh… ¿deberíamos echar el cerrojo esta vez?

Se ríe, y le veo quitarse los pantalones y después ir hacia la puerta mientras se quita también la camiseta para quedar totalmente desnudo y demasiado perfecto… O sea… ESTOY FLIPANDO…

Vuelve y se arrodilla entre mis piernas.

Me quita las zapatillas, las mallas y el tanga con todo el cuidado del mundo, sin dejar de mirarme.

Se acerca a mí y vuelve a besarme, esta vez suavemente, mientras su cuerpo está tenso sobre mí y tan cerca de mi entrada…

Comienza a bajar y dedica su atención a mis pezones; los muerde sobre la camiseta antes de ayudarme a quitármela.

Me desabrocha el sujetador y finalmente me tiene desnuda, expuesta, solo para él.

Se aleja un poco y se queda de rodillas entre mis piernas… mirándome, absorto. Las ganas de tenerle dentro empiezan a ser imposibles de sostener.

—Fóllame… —le suplico.

Se levanta, rebusca en una taquilla y saca un condón.

Se lo coloca con un gesto ágil y vuelve a su posición, arrodillado entre mis piernas, mirándome con fervor.

Y cuando creo que al fin me va a follar…

se agacha y estampa sus labios contra mi coño.

Su boca succionando de una manera tan perfecta…

Me lame lento de arriba abajo, deteniéndose en el punto exacto donde lo necesito.

Me arqueo, creo que me voy a correr más rápido que en toda mi vida, no puedo parar de moverme.

Entonces me agarra fuerte y aumenta el ritmo y la presión de la succión.

Estoy a punto, muy a punto. Mi cuerpo entero es un nudo de electricidad. Aparta sus labios de mí y vuelve a mirarme encendido; no puedo más, necesito tenerlo dentro, necesito sentirlo en lo más profundo de mi ser…

—Quiero que me folles, Noah… —mi voz entrecortada suplicando por su atención.

Él sonríe maliciosamente… es lo más excitante que me ha ocurrido en toda mi existencia.

Sus fuertes brazos se colocan a los lados de mi cabeza mientras empieza a mover su pelvis, frotándola contra mi sexo y aprovechando toda la humedad que escapa de mí…

sube y baja, resbala y se acerca más a mi entrada, pero sin llegar a dar el paso…

y yo no puedo más… necesito tenerle dentro…

—Hazlo, Noah… —susurro desesperada mientras sujeto su culo para detener el movimiento… entonces acerca su boca y me susurra: —Me gusta cómo me ruegas… —y me embiste de golpe.

Me abre, me llena, me parte en dos, y sé que todo lo que quería era esto.

Con su primera entrada veo el cielo, las estrellas, y sin más me corro…

Un choque de energía me recorre la columna, mis dedos se retuercen, mis piernas se enredan en él, me sacudo entre embestidas, gimiendo su nombre.

Cuando mi cuerpo cede a la ola de placer, puedo centrarme en su mirada de satisfacción mientras me pregunta: —¿Te has corrido, nena?

—Sí… —susurro aún jadeando, con los labios entreabiertos y las piernas temblorosas—. Joder, sí…

—Preciosa… —susurra contra mi boca—, pero no te creas que hemos terminado.

Sale de mí lentamente y me deja con un vacío que no había sentido en mi vida. Se incorpora y me ayuda a levantarme cogiéndome de la mano.

—Ven aquí… —me lleva hacia un potro vintage que hay al fondo de la sala—. Apóyate ahí boca abajo y agárrate fuerte a los lados.

Obedezco.

—Mírate… joder, mírate. Con ese culo me va a resultar muy difícil ser suave contigo.

—No lo seas —respondo sin dudarlo.

Le oigo reír sutilmente detrás de mí mientras se agacha y me abre las piernas.

Empieza a lamerme desde la entrada mientras me sujeta las nalgas con fuerza y me folla con su lengua.

Estoy tan excitada… tan inmersa en él, en lo que me hace sentir, que no puedo pensar con claridad.

Se incorpora y lo siento prepararse detrás de mí.

Masajea mi espalda con sus manos grandes, me acaricia el cuero cabelludo, se detiene unos instantes en mi cuello, lo sujeta con firmeza…

y entonces baja al culo y me azota. OH. SÍ. Eso era exactamente lo que necesitaba.

Los gemidos escapan sin permiso; él desliza una mano por mi cuerpo y lo siguiente que siento es que está llenándome otra vez.

Me agarra de la cadera con una mano y con la otra se apoya en mi espalda para impedir que me mueva.

Entra y sale lentamente. Me acerca a él de un tirón firme para separar mi pelvis del potro y empieza también a trabajar en mi clítoris.

Le siento palpitando dentro mientras un cosquilleo vuelve a acumularse al final de mi espalda.

Me está follando como si me conociera desde dentro y sé que otro orgasmo se acerca.

Y justo cuando creo que nada puede mejorar, me agarra con más fuerza y empieza a aumentar el ritmo y la dureza, embestida tras embestida, hasta que exploto.

El segundo orgasmo me atraviesa con una fuerza que me dobla.

Me arqueo, me agarro al potro como si fuera a despegar, siento que lloro, que grito, no soy capaz de sostenerme, me tiemblan las piernas, los brazos; todo mi cuerpo se rinde.

Y, en medio de toda esta marea de sensaciones, noto cómo me llena cuando él también encuentra su alivio y se desploma sobre mi espalda, jadeando.

—Eva… joder… muy bien, nena —susurra.

Y entonces su reloj inteligente rompe el momento…

—Mierda, ¡es Sunny! —dice—. Me están esperando en clase desde hace 15 minutos…

Se separa de mí y comienza a vestirse deprisa.

Se quita el condón con un gesto rápido y se sube los pantalones mientras trata de arreglar un poco su aspecto, aunque la verdad…

no hay mucho que arreglar porque está sencillamente guapísimo…

espero un instante, porque parece que me va a decir algo, pero no lo hace…

Me da un beso fugaz en los labios y se marcha sin más, dejándome ahí, desarmada y aún temblando.

Me visto y salgo de la sala intentando recomponerme…

las piernas no me responden, tengo el pulso por las nubes y la piel caliente como si me hubiera pegado a una estufa industrial.

Me arreglo el pelo con las manos mientras camino por el pasillo intentando no parecer una tía que acaba de echar el mejor polvo de su vida encima de un potro olvidado.

Me meto, ahora sí, en el vestuario correcto y me encierro en la ducha, dejando que el agua me resbale por el cuerpo mientras repaso cada maldito segundo de lo que acaba de pasar.

Cómo me miraba, cómo me tocaba, cómo me ha follado…

Cómo se ha ido tan… rápido. Cierro los ojos.

Me doy cuenta de que estoy sonriendo, pero también frunciendo el ceño.

Ha sido increíble y, la verdad, no veo el momento de repetir, pero…

estas locuras solo pasan una vez. Tampoco me ha dicho nada.

Ni un «me ha encantado», ni un «hablamos luego», ni un «nos vemos mañana».

Ha salido corriendo sin mirar atrás. Vale que tenía clase, pero joder… esto ha sido cero aftercare.

Salgo del vestuario con el pelo mojado, el cuerpo más relajado y la cabeza hecha un lío; se me ha quedado el cerebro como medio colgado, esperando una señal, una palabra, una pista de qué acaba de pasar entre nosotros.

Cruzo la puerta de salida, ya con la mochila al hombro, y justo cuando salgo…

me vibra el móvil. Lo saco pensando que serán las chicas reaccionando a mi desaparición en mitad del clímax narrativo, pero no… es un número desconocido.

Desconocido: Perdona el momento stalker, le he pedido tu número a Sunny.

D: Necesitaba ponerte un mensaje. Lo de antes… ha sido increíble, y no solo por el sexo.

D: Me ha encantado. Me encantas. Desde hace tiempo.

D: Ahora, si te parece, empecemos por el principio…

D: ¿Cenamos esta noche? Termino las clases a las 21:00.

Me quedo plantada delante del gimnasio, sonriendo como una idiota. Cierro su mensaje. Abro el grupo.

Eva: TÍAS!!