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1 Eva Noah
Eva + Noah
Voy escuchando el audio de Ivy mientras giro la esquina hacia el gimnasio.
🎧 Ivy: Tías… acabo de salir del curro, me paro en un semáforo y el de la moto de al lado me mira. Chaqueta de cuero, guantes, casco integral… TOTAL LOOK. Y yo, ovulando… en plan: me caso.
Me parto de risa sin poder evitarlo.
Así es cualquier día en este grupo. Una colección de pensamientos, stickers subidos de tono, días buenos, momentos malos y bastantes burradas, pero todas sabemos que este es el sitio seguro donde todo se puede decir.
Hay días que hablamos de la vida y otros, muchos, que acabamos enviándonos reels de maromos perfectos…
motoristas, mecánicos, leñadores, cowboys…
cuando de hombres guapos se trata no tenemos filtro.
Tess responde al audio con un gif de un tío bajándose de la moto en cámara lenta.
Diana añade:
🎧 Diana: Casco integral y empotrada horizontal. Lo apruebo.
Yo ya estoy cruzando la puerta, pero no puedo resistirme a responder.
🎧 Eva: Mmmmm… yummy señor motorista… yo entrando al gimnasio… a ver si consigo sacar la foto del entrenador buenorro del que os he hablado y os la paso…
Pulso enviar justo cuando entro en la sala.
Y ahí está. Noah.
La sala a reventar y todas están colocadas como si el lugar en la sala definiera quién se va a acostar con él primero.
Es como una coreografía, el show de cada tarde.
Y yo me voy para el fondo, como siempre.
Lleva una camiseta negra de un tejido técnico que se le ajusta a los hombros y a los pectorales de forma obscena, como si se empeñara en marcar cada centímetro de músculo.
Brazos venosos, tensos, con esa definición que no se consigue por genética sino tras muchas horas sudando.
El pantalón, gris oscuro, no ayuda. De esos que no disimulan nada.
Se le clava en los muslos como una segunda piel y le recoge el culo con descaro.
Redondo, duro, alto. Cada vez que se agacha, la sala respira distinto.
Tiene el pelo oscuro, corto en los laterales, más largo arriba, peinado hacia atrás sin esfuerzo.
Las cejas, densas, negras, enmarcando unos ojos…
ay, los ojos. Verdes, también marrones… serios, intensos, profundos.
Y unos labios gruesos que se humedece a veces sin querer y, ciertamente, es de las cosas más sexys que he visto nunca.
Una barba de tres días perfila su mandíbula y realza el corte natural de su cara.
Masculina y realmente atractiva. Se mueve como si todo y todas en esta sala le pertenecieran.
Y de hecho así es… esto es un desfile de tías tratando de impresionarle…
¿será gay? A ver… podría ser perfectamente…
porque aquí hay tías que están realmente buenas y no son particularmente sutiles en lo que a mostrar su interés e intenciones hacia él se refiere.
Es, de lejos, la clase más difícil de reservar.
Siempre están las plazas llenas… suerte que Sunny, una amiga de mi hermana, trabaja aquí y siempre me reserva el hueco, no porque tenga el mismo interés que ellas, aunque obviamente no le iba a decir que no si surgiese la oportunidad, sino porque es la única hora a la que puedo venir.
Yo llevo mis mallas largas, calcetines altos por encima, camiseta ancha, nada que enseñar…
Y aun así, cuando levanta la vista, pasa por toda la ristra de pechos y culos embutidos y siento que se detiene un instante más en mí.
Me pongo nerviosa y me estiro la camiseta sin darme ni cuenta. Y empieza la clase…
Llevamos veinte minutos y estoy pagando caro los casi dos meses que llevo sin venir regularmente.
Madre mía… no puedo con mi cuerpo. A mí esto, hace no tanto, se me daba bien.
Mientras trato de seguir el ritmo del resto, noto que Noah se acerca por mi izquierda.
Se mueve por la sala silencioso, eficiente y técnico; corrige posturas con dos dedos, lanza indicaciones precisas y tiene a todas admirándole como si fuera un semidiós.
—Cadera un poco más arriba, Eva —dice ahora, pasando a mi lado.
¿Más?, pienso… no llego…
Se acerca un poco más al notar mi dificultad.
—¿Puedo tocarte la pelvis para corregir?
Asiento sin mirarlo. Estoy en plancha lateral, apoyada sobre una mano y el borde externo del pie.
El cuerpo en línea recta, el abdomen en tensión, el brazo extendido hacia el techo como si intentara alcanzar algo que no existe…
parezco una estrella de mar… borracha. Siento el esfuerzo en los oblicuos, en la muñeca que aguanta todo mi peso, en la cadera que me tira hacia abajo…
Parece simple. No lo es. Él se coloca a mi lado, se agacha y coloca una mano firme sobre mí para estabilizarme.
—Eso es. Aprieta el core. Mira un punto fijo —dice, con esa voz suya, grave y firme.
Intento reajustar el peso, me tiembla el pie y pierdo el equilibrio.
Me sujeta con reflejos perfectos, pero caigo encima de él y voy a parar a tocarle la puñetera entrepierna.
Y… está excitado. Duro e inconfundible. La ligera tela de sus pantalones y la de mis leggings no dejan lugar a dudas.
Una erección bien marcada a través del tejido.
Él se aparta enseguida, como si se hubiera quemado.
—Perdón —dice, sin mirarme.
—No, no… perdona tú —respondo rápidamente.
Y se aleja. Yo me quedo con los músculos tensos y la entrepierna palpitando.
No sé qué ha sido eso. Bueno, sí lo sé, pero no sé por qué.
¿Estaba ya así? ¿Me lo he imaginado? Recoloco mi postura y trato de volver a concentrarme, pero tengo los sentidos disparados y me noto el pulso por todo el cuerpo.
¿Ha sido una reacción normal? ¿Y si le gusto?
¿Soy idiota por siquiera pensarlo? Siento su movimiento detrás de mí.
Pasa a corregir a otra chica y no me vuelve a hablar ni a mirar.
Se aproxima el final de la clase y, cuando nos levantamos para estirar…
lo pillo. Por un segundo me lanza una mirada fugaz, llena de vergüenza y deseo comprimidos en un instante.
Se gira como si no hubiera pasado, pero…
no me lo he inventado. Ni de coña. Salgo de la sala sintiéndome…
¿especial? No es que haya pasado nada… en realidad, no me ha tocado de forma indebida, no ha sido nada abierto, ni directo, ni sexual…
pero… ese roce, esa mirada… Mi sistema nervioso entero lo ha notado.
Voy pasillo abajo con las piernas blandas por el esfuerzo de hoy y saco el móvil, no puedo esperar a llegar a casa… esto tengo que contárselo a las chicas ahora. Abro el grupo y voy escribiendo mientras camino. Sería mejor grabar un audio, pero como me escuche alguien, me detienen en recepción.
Eva: Chicas, no os lo vais a creer. Acabo de salir de la clase del buenorro, ¿vale?
… estaba haciendo una postura muy difícil y se acerca a corregirme, muy profesional, muy correcto, pero he perdido el equilibrio y, al sujetarme, he ido a tocarle justo…
SÍ, EFECTIVAMENTE, LA POLLA… y he sentido algo MUY real rozándome, muy duro y muy presente.
Lo envío y automáticamente empiezan todas a escribir… me río anticipando sus respuestas y empiezan a aparecer un montón de emojis y exclamaciones…
Tess: NO!!!!! 😳😳😳
Diana: Eso no es una corrección, ES UNA SEÑAL. 🫠🔥
Maia: Tíaaaa 😍😍😍😍😍 fóllatelooooooooooo
Liv: ¿Confirmamos pollón? 🍆💦
Gabby: WTF!!!! Cuenta más
Voy partiéndome de risa con sus respuestas y giro hacia el vestuario, empujo la puerta con la cadera y entro. Me sorprende el fuerte olor a desinfectante y ¿a café…? Es entonces cuando levanto la vista del móvil… y me quedo congelada. Él. Noah.
De pie, con los pantalones bajados hasta los tobillos y la polla firme entre sus manos, gruesa, jodidamente perfecta…
El cuello hacia atrás. La mandíbula apretada.
Está masturbándose. Desnudo de cintura para abajo.
Bello, animal e irresistible. Me mira y tarda un segundo en procesarlo, en darse cuenta de que la puerta se ha abierto y de que estoy dentro observando toda la escena.
—¡Mierda! —da un grito ahogado mientras intenta cubrirse con una mano y estirando su camiseta. Mira hacia la puerta y maldice entre dientes… Creo que pensaba que había echado el cerrojo… pero… no.
Yo no digo nada, estoy entre avergonzada y…
sí… me acabo de poner a mil por hora. No puedo moverme, no puedo dejar de mirarlo.
Él tampoco se mueve y algo en su mirada cambia…
se ha dado cuenta de la corriente de deseo que me ha inundado de golpe y de que aún no he cerrado la boca desde que he entrado.
Porque se me ha hecho agua. Y no tengo ni idea de cómo hemos acabado aquí, pero tengo bastante claro que no quiero salir.
—Perdón —murmura, mientras se agacha a coger los pantalones. Está totalmente avergonzado—. Yo… pensé que había cerrado. De verdad, lo siento.
—Espera —me oigo decir sin ni siquiera haberlo pensado…
Él se detiene y me mira. Me tiemblan los muslos, la voz… pero no me voy a echar atrás. Todo lo que ha pasado hoy, el deseo entre ambos, no es cosa mía, lo sé, y no me voy a ir sin comprobarlo.
—No lo hagas, no te tapes.
Se le tensan los músculos de la mandíbula. Cambia el gesto, bastante confundido, mientras me ve avanzar un paso… otro… y no se retira. Estoy frente a él, tan cerca que puedo ver cómo se le contrae el pecho al respirar.
—¿Puedo… tocarte? Ya sabes… para corregir… —bromeo, intentando romper la tensión.
Sus ojos se oscurecen, asiente y entonces lo toco.
Le agarro con una mano temblorosa y noto cómo vibra en respuesta a mi tacto como si tuviera vida propia.
Él se queda inmóvil, pero noto cómo su respiración se acelera…
Empiezo a acariciarle suavemente desde la base hasta la punta…
está guapísimo… me deleito con cada movimiento, con la forma en la que el placer le transforma la cara.
—Joder, Eva… —susurra.