CAPÍTULO XXXVII
IN THE PALM OF MY HAND I
WISHFUL-THINKING∞
Nunca entendí esas palabras tan directas y escuetas de Freddie resumiendo aquella experiencia catártica que era muy difícil que se volviera a repetir.
Pero antes de llegar ahí habían pasado algunas otras cosas...
FREDDIE
Tocaba reunión con Miami para hacer un balance de los últimos meses.
Teníamos razones para estar contentos porque nuestras giras habían ido muy bien pero aún nos quedaba la espinita de Estados Unidos.
Era un mercado enorme que al parecer aún tenía un montón de fans incondicionales pero habíamos decidido no bajarnos del burro y si nos consideraban tan poco rockeros solo porque nos hubiéramos echado unas risas dentro de un video clip, no merecían ser nuestros fans.
Seguiríamos castigándolos con nuestra indiferencia y eso se traducía en no pisar suelo americano con otra gira.
Eso seguía siendo tema de debate. No todos pensábamos lo mismo de esa decisión basada en aquel varapalo que nos habían dado.
Miami insistía en que debíamos dejar atrás nuestros rencores porque estábamos hablando de un mercado de muchísimos dólares de ganancia.
Nos gustaba el dinero como al que más pero en este caso no era nuestra máxima pretensión volverle a hincar el diente al sabroso filete que suponía el territorio americano.
Milagrosamente seguía habiendo unanimidad en el grupo en relación a nuestro rechazo por hacer gira por Estados Unidos.
Aunque nuestro resquemor ante las mentes puritanas de cierto sector del público americano, que por otra parte era una porción ciertamente importante de gente, se había diluido en gran medida.
Esa herida ya había quedado cerrada. Los vapuleos recibidos ya habían ido a reunirse con el resto de vapuleos que la prensa británica acostumbraba a darnos.
Yo, en concreto, tenía una visión muy clara de por qué no nos tomábamos el interés suficiente para intentar reconquistar esa parte del mundo.
Ciertamente no nos encontrábamos en nuestro mejor momento como grupo.
Habíamos pasado otros baches antes. El más significativo cuando se gestó Hot Space.
Pero en esta ocasión habíamos reemplazado las peleas, las lenguas viperinas, el afán por dañarnos por una suerte de tranquila y fatal desidia.
Habíamos hecho un disco del que nos sentíamos orgullosos, había tenido ventas bastante más significativas que Hot Space así que la discográfica y nosotros podíamos estar tranquilos, la gira larga e intermitente en términos generales fue todo un éxito incluso por parte de la crítica.
Y además mi disco en solitario, exceptuando el single I Was Born to Love You, que había sido un pequeño éxito, había pasado sin pena ni gloria.
Así que no había posibilidad de batallas de egos entre nosotros.
Sin embargo desde nuestra desafortunada participación en los conciertos de Sudáfrica, el boicot al que nos sometió el sindicato de músicos y el modo clarísimo en que nuestros colegas de profesión nos ignoraron al no incluirnos en Band Aid, nos había dejado un tanto desanimados con respecto al futuro. Nuestra herida aún supuraba.
Ciertamente éramos un grupo singular y en ningún modo clasificable.
Teníamos ingentes cantidades de fans, éramos un grupo vendedor pero nos daba la sensación de que no éramos lo suficientemente respetados.
Y no nos referíamos a la prensa sino a nuestros colegas de profesión.
¿Por qué sino nos habían dejado apartados de ese proyecto caritativo?
Forjar una banda era algo increíblemente duro.
Nadie ajeno a este mundo podía imaginarse lo jodidos que habíamos llegado a estar, las penurias pasadas.
De cara a la galería siempre habíamos sido un grupo en gran modo trasgresor porque nos negábamos a colgar una etiqueta a nuestra música.
Jugábamos al despiste. Defender nuestro arte había sido una tarea hercúlea de confianza en nosotros mismos y la música que nos nacía del corazón.
Y habíamos dejado el consabido reguero de sangre a nuestro paso por ser fieles a nosotros mismos.
No podíamos cambiar, era parte de nuestra esencia como grupo.
Y ahora que habíamos llegado a una relativa madurez, que nos conocíamos de arriba abajo unos a los otros, que trabajar en equipo no suponía ningún misterio y no había fisuras, de repente nos sentíamos un poco perdidos.
La pregunta era ¿y ahora qué? Y nadie teníamos una respuesta clara para esa pregunta.
Yo, en concreto, me encontraba excepcionalmente cansado después de la gira y había manifestado mi deseo de descansar.
Pero no una semana o dos, sino unos cuantos meses.
Mi vida personal era un puto y absoluto caos y necesitaba pasar más tiempo con Farrokh.
Así que mis planes a corto plazo eran recargar las pilas junto a mi hijo y ejercer de padre muchas más horas de las que lo estaba haciendo.
Mi forma de entender la vida debía a la fuerza cambiar después de mi diagnóstico.
Poco podíamos imaginar que esta reunión habitual con Miami nos iba suponer un nuevo renacer para la banda.
Bob Geldof, el instigador junto a Midge Ure de Band Aid acababa de anunciar que pretendía organizar un concierto benéfico en Wembley Stadium para verano.
Hubo enseguida rumores de los músicos con los que se había puesto en contacto para participar.
Nosotros no aparecíamos en las quinielas, como no.
Llevaba desde marzo oyendo ecos de esa idea dentro de este mundillo nuestro.
Al final éramos todos unas cotillas redomadas y cualquier secreto se acababa sabiendo.
Nosotros nos mantuvimos al margen de ello porque una vez más pensamos que no nos tendrían en cuenta para tamaña empresa.
Pero lo cierto es que Bob, según siempre sus palabras y yo no tenía por qué dudar, sí nos había tenido en mente para el "villancico" pero al final todo se complicó.
Éramos adultos, no iba a dudar de su palabra y sin duda sería así pero el caso es que habíamos quedado fuera de ese proyecto. Y al parecer se habría enterado de nuestro enfado y esta vez no iba a permitir que estuviéramos excluidos de su mastodóntico proyecto.
Lo que sucedió es que el primer intento que hizo de hablar con nosotros fue contactando con Spike Edney, el teclista y guitarra rítmica que nos acompañaba en la gira.
Spike nos dijo que Bob le pidió que nos preguntara si estaríamos interesados en unirnos y eso tampoco nos gustó en exceso.
Lo más acertado sería comunicarse de forma directa con el grupo.
Pero lo cierto es que Geldof temía que le rechazáramos.
Aducir que Queen no era una banda política tampoco era una buena excusa para decir No a la propuesta de Geldof.
Bob me caía bien, solo alguien como él podía tener una idea tan maravillosa y al mismo tiempo alocada.
No le dimos un SI pero tampoco un NO rotundo.
En cierto modo fuimos un poco rencorosos por el desaire sufrido previamente.
Bob no se dio por vencido y se las arregló para cazar a Miami en el pequeño resort costero donde se quedaba.
Le telefoneó hablándole del concierto y la cantidad de grupos importantes que habían dado su conformidad.
Jim Beach, como siempre educado y correcto acabó siendo abducido por el entusiasmo del irlandés y le prometió que se reuniría con el grupo para estudiar el tema.
—Está desesperado, ¿eh? —sonreí entrecruzando los dedos sobre mi regazo, muy complacido.
—Me ha dicho que va a ser un evento como nadie jamás ha conocido en Reino Unido y pretende que también se haga en Filadelfia a un mismo tiempo. Lo cierto es que se está apuntando todo el mundo.
—¿Qué es lo que le dijiste exactamente?
—Solo que estabas un poco susceptible después del anterior desaire.
—A mí me parece interesante y podemos aportar nuestro granito de arena —opinó Brian.
—Estás deseando tocar, ¿eh, cabronazo?
—Lo que no entiendo es por qué tú no, Freddie. Es una oportunidad de oro para sentirnos útiles con nuestra música y además nos lo están pidiendo casi de rodillas —alegó Roger.
—¿Deaky? —me faltaba la opinión de John y la necesitaba.
—Yo no quiero perderme algo tan grande. Solo quedas tú por decidirte. Nosotros ya lo estamos.
—Creo que no eres consciente del evento del que estamos hablando, Freddie.
No solamente tendréis como público la gente que acuda a Wembley, va a retransmitirse a nivel mundial.
Se estima que la cantidad de gente que va a ver ese concierto es de unos dos billones.
El mundo va a ser vuestro público. ¿Eso no te tienta?
—Está bien. Haz que Geldof hablé directamente conmigo. Solo entonces tomaré una decisión.
El gusanillo estaba ahí, por supuesto. Cualquier artista se habría visto incapaz de resistirse a esa propuesta.
Y cuando Bob me pegó un telefonazo sin acabar el día, igual que un maldito político en campaña con ese ímpetu y esas ganas, asegurándome que el escenario que se montaría en Wembley estaba construido para mí.
¿Qué podía decirle? Era un maldito encantador de serpientes, por supuesto, pero me enterneció.
Al final le respondí algo como "Oh, tienes razón, señor Geldof".
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Regresé a Múnich con muchas ganas de reencontrarme con mis amigos, con Barbara, con Winnie.
Pero el caso es que me llevé conmigo las fresias amarillas de Jim.
Jamás había hecho algo parecido. Toda aquella esperanza que había depositado en una relación con aquel hombre se había hecho trizas aunque secretamente la confesión sobre mi enfermedad, había ido dirigida a eso.
A dejarle claro cuales eran mis perspectivas de futuro para cortar todo de raíz.
Y eso justamente era lo que había conseguido.
No tenía derecho a sentir nostalgia de él.