CAPÍTULO XXXVII #2
¿Qué iba a hacer con Winnie? No solo llevaba aún su anillo puesto sino que también le llevaba en mi corazón. Nuestra relación era muy complicada y ya no parecía dar más de sí pero seguía aferrándome a ella. Necesitaba lo que él me daba, fuera de la naturaleza que fuera.
Barbara me fue a recoger al aeropuerto y como siempre se encargó de hacerme sentir como un príncipe pero era la persona más chismosa e indiscreta del planeta tierra.
Me confesó que Winnie no quería saber nada de mí y que había vendido el Mercedes Cabrio que le había regalado.
Aquello me hirió profundamente, como si acabaran de traspasar mi corazón con un cuchillo afilado.
¿Podía haber algo más feo que alguien vendiera un regalo que habías hecho con todo el amor del mundo?
La pregunté por qué había hecho eso pero Barbara solo se encogió de hombros con expresión inocente.
Mi intención era pedirle explicaciones y aprovechar para mandarle a la mierda pero mi ira solo me llevaría a consumirme a mí mismo.
Necesitaba hacerle daño como él me lo había hecho.
El método que se me ocurrió no era muy ortodoxo, lo admito.
—Hola.
—¿Freddie?
Al otro lado de la línea me llegó esa voz tan masculina, grave y suave al mismo tiempo y un escalofrío me recorrió todo el cuerpo. Acababa de marcar el número de Jim Hutton y ya no había vuelta atrás.
—Me has reconocido al instante —comenté henchido de vanidad.
—¿Ocurre algo?
—Sí, que me encuentro fatal desde nuestra última conversación juntos y que necesito hablar con alguien. Necesito hablar contigo.
—Siento haberme ido de ese modo pero es que...
—Shhhh. No se te ocurra disculparte. Hiciste lo que cualquiera hubiera hecho. Pero que me vaya a morir no significa que podamos ser amigos, ¿no te parece?
Al otro lado un silencio bastante elocuente. No me gustaba hablar de mi propia muerte pero con él me parecía algo tan natural que volví a sentir un escalofrío.
—Tienes toda la razón —concluyó por fin.
—¿Entonces vas a hacerme una visita?
—¿Ahora?
—Sí. Vístete rápido y coge lo indispensable. Te irá a recoger un coche a casa hasta el aeropuerto.
—¿Aeropuerto? ¿Dónde demonios estás?
—Múnich. Quiero pasar el fin de semana contigo. No trabajarás, ¿verdad?
—No, pero...
—Ya habías hecho planes.
—Freddie, es una locura. Lo siento, no soy tan rico como para poder permitirme gastarme casi mi sueldo mensual en un vuelo para estar en Alemania dos días...
—Olvídate del dinero. Eso es cosa mía. Tú solo trae aquí tu presencia. No te preocupes de más.
WISHFUL-THINKING∞
La persecución de la prensa seguía sin darme tregua.
Así que Freddie decidió que me quedara en Londres y no le acompañara a Múnich.
No sé si esa era la mejor idea porque nuestra obsesión era que no volvieran a captar una foto de ambos juntos y yo trabajaba para él así que la situación era complicada.
El nivel de curiosidad en torno a mi persona no había decrecido con las semanas y salir a la calle seguía significando encontrarme a dos o tres reporteros pidiéndome alguna declaración.
Y las preguntas más discretas podían ser: "¿Es cierto que os casasteis por el rito balinés en Rio de Janeiro? ". Ese era el nivel.
Rio de Janeiro fue el escenario delirante de todas las fantasías de la maldita Cheryl Burgess.
Hasta habíamos llegado a romper una cama extra grande con dosel en uno de nuestros apasionados ejercicios acrobáticos.
Varios empleados del hotel habían corroborado ese delirante extremo.
Al principio de leer semejantes sandeces solía esbozar una mueca sarcástica sin poderlo remediar pero aquello se estaba convirtiendo en un completo disparate.
Y pocas veces había puesto en práctica tanto autocontrol como cuando prácticamente me golpeaban con los micros en plena cara.
Cheryl Burgess seguía explotando su gallina de los huevos de oro y el Daily Mail había sobrepasado en ventas a el Daily Mirror, algo que nunca jamás había pasado.
Ya era por derecho propio "la reina de las mentiras" por encima de su antagonista y ex amante Tracy Cabañero. La había derrotado de forma flagrante.
Hacía mucho que había dejado de descalificar al hombre y/o mujer promedio consumidores de esa porquería.
Hubo un tiempo en que pensé que todos los seguidores fervientes de Cheryl tenían encefalogramas planos pero ni siquiera ese era el caso.
Probablemente hubiera entre sus adeptos gente cualificada y con buenos cerebros sobre sus hombros pero lo que pasaba es que la gente necesitaba evadirse con esas porquerías.
Daba igual la magnitud de la gilipollez que se le ocurriera escribir, al final solo era un remedio contra los problemas cotidianos de la gente.
Un modo de despejarse de sus miserias para introducirse en otros universos paralelos.
No se cuestionaban si lo que leían eran exageraciones, burdas mentiras o manipulaciones de la verdad.
Cheryl les daba lo que querían leer y lo hacía de un modo asombrosamente certero.
Podía imaginar cómo se encontraría el ego de aquella deslenguada en aquellos momentos y mis manos agarraban su tarjeta, inquietas pensando el mejor modo de bajar a patadas su inflada autoestima.
En esas estaba cuando recibí la llamada de Freddie desde Múnich pidiéndome un favor. Tenía que encargarme de recoger a un amigo en Sutton y llevarle al aeropuerto y pagarle el vuelo, por supuesto. Me ofreció la dirección que apunté cuidadosamente y por fin su nombre.
—Se llama Jim Hutton.
Nunca pensé que la primera interacción que existiría entre Jim y yo sería a través de un encargo de Freddie. La misión seguía dándome sorpresas desagradables.
Ahí estaba el mayor enemigo de Elideth en el corazón de Freddie. Y todos los enemigos de Eli eran mis enemigos. ¿O no?
Al igual que tenía las riendas de aquel volante también tenía las riendas para hacerle desaparecer. No me ensañaría mucho. Trataría de que fuera una muerte rápida. Y se acabaría un gran problema. Podría ser tan fácil.
CONTINUARÁ…