CAPÍTULO XXXVI #2
—No puedo. Quiero saber qué más pasa por su enrevesado cerebro. Estoy segura de que el viaje en taxi era demasiado corto para todo lo que pretendía revelarme.
—¿Qué te puede decir alguien tan dañino?
—Lo que sea necesito saberlo. Necesito viajar dentro de ese corazón oscuro para poder lidiar con todo esto. Y sé que puedo.
—No quiero perderte...
—Cariño...
Me abracé con fuerza a ella, de un modo quizás excesivamente fiero.
A pesar de nuestros difíciles inicios, había acabado significando alguien muy importante en mi vida.
Reconocía que tener un trozo de su corazón me había hecho sentir especial desde aquella dura vivencia privada de libertad, humillada de la forma más salvaje y perversa.
Wish no consiguió barrer todo eso en el momento en que segó sin piedad el cuello de Sally pero sí fue el inicio de nuestro periodo de reconstrucción.
Y lo recordaba como un tesoro muy valioso, en gran medida ella, con su preparación como psicóloga me ayudó enormemente a superarlo.
No sabía si lo habría logrado superar sin su ayuda, pero sin duda el proceso habría sido distinto.
La debía mucho más que mi vida, la debía mi cordura.
Turn back the Time más y más se demostraba una espiral tenebrosa en la cual había que tener un extremo cuidado para no resbalarte por ella y perder el control.
Solo pensar que algo pudiera salir mal con ese empeño loco de Wish por caminar siempre en el filo del abismo, sentía como mi corazón se oprimía de angustia.
—¿No te das cuenta? Eres la única persona que sabe que no pertenezco a esta época. La única con la que tengo ese extraño vínculo, el empeño de que esta misión fructifique, nadie más puede entenderme. ¿Y si te pasa algo que va a ser de mí?
—No me va a pasar nada. Tranquila.
—Por favor, olvídate de Cheryl.
—Ella no se va a olvidar de mí, Amandine.
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Tenía mucho miedo de la caja de los truenos que se podía desatar con las sofisticadas tácticas de manipulación de Wish.
Se había demostrado ser alguien muy habilidoso para manejar las voluntades y si como ella decía Cheryl sentía ese morboso interés por ella, era una puerta de entrada magnífica para intentar devolverla el golpe.
Pero el problema es que nadie sabíamos los verdaderos objetivos de la periodista y teníamos que tener mucho cuidado con cada paso que dábamos. Era tan fácil resbalarse.
Yo tampoco estaba exenta de equivocarme.
Al parecer ese fue el caso aquella noche.
No esperaba que Freddie regresara a Stafford Terrace.
Había organizado el terreno para que al fin pudiera haber un encuentro romántico con Jim y confiaba en que se despertaran juntos con el aroma refrescante de la fresia muy cerca de ellos.
Pero Freddie estaba de vuelta y se había metido directamente en la habitación de Farrokh.
Se oyeron risas, charlas y canturreos, el jolgorio habitual entre ellos y por fin el silencio.
Freddie salió de la habitación de su hijo y bajó hasta el salón para sentarse un rato en el piano.
Yo le aguardaba allí. Quería información sobre los avances Mercury-Hutton.
—Ma petite, no vuelvas a hacer esto más.
—¿El qué? ¿Qué es lo que he hecho?
No estaba preparada justo en aquellos momentos para una bronca mercuriana.
Recordaba aún con mucha nitidez aquella vez con el jarrón hecho añicos frente a mí y la reprimenda que me llevé sin dignarse a escuchar mis razonamientos.
¿Ahora me iba a llevar una bronca por intentar buscar su felicidad?
Porque esto solo podía tratarse de Jim Hutton.
—¿Fue idea tuya que el guapo irlandés se presentara en Garden Lodge con una fresia amarilla?
—¿Es que te lo dijo él?
—No hace falta que me lo diga nadie, cariño. No sé que te ha dado de repente con él y conmigo.
—¿Es que no resultó?
—Sé que opinas que Jim es lo que necesito ahora mismo y hasta yo llegué a creerlo pero...
—Pero, ¿qué? ¿Qué pudo ir mal?
Para mí era increíble que aquello se hubiera truncado. Tenía todos los ingredientes para que la parejita se hubiera encerrado en la habitación durante horas y sin embargo, algo se había torcido en mi plan y no podía imaginar que era.
—Creo que es el hombre perfecto y eso en sí mismo me asusta.
—Él no es perfecto.
—Me refiero a que puedo sentir que es perfecto para mí. El hombre más idóneo para hacerme feliz que he conocido nunca.
—¿Qué ha pasado entonces?
—Le he dicho que estoy enfermo y que lo que tengo no tiene cura.
—¿Por qué le dijiste eso?
—Quizás porque nos estábamos deseando como locos y no había un solo preservativo en Garden Lodge. De cualquier modo tenía que saberlo.
—¿Y qué dijo? ¿Cómo reaccionó?
—Como esperaba que lo hiciera. Huyendo. Ya están todas las cartas sobre la mesa, no tenía sentido ocultarle algo tan emocionalmente importante para mí.
Reflexioné un instante sobre la reacción totalmente coherente de Jim.
Tan diferente de la que aconteció en la historia real cuando Freddie le comunicó que tenía el VIH y le aseguró que nunca le dejaría.
Pero una vez más nuestra historia era diferente a la oficial.
Ya nada podía ser igual y era una quimera intentar que lo fuera.
Cuando Freddie confesó a Jim su enfermedad ya tenían una relación prácticamente consolidada.
Jim y él ya vivían juntos como pareja y aunque no llevaban mucho tiempo, la decisión del irlandés de permanecer con él a pesar de su enfermedad era valiente y generosa pero comprensible.
Sin embargo en esta ocasión la situación era diferente.
Se estaban empezando a conocer, había una inevitable atracción mutua e interés pero si justo en ese proceso de enamoramiento alguien te dice que está enfermo y probablemente muera, ¿qué harías?
Lo mismo que hizo Jim. Huir e intentar no implicarte emocionalmente más para no complicar las cosas.
—Jim está en shock, cualquiera lo hubiera hecho.
—Por supuesto. Y probablemente era eso lo que estaba buscando, cortar algo que era imposible. ¿Quién iba a querer empezar algo con alguien que va a morir?
—Si te sigues negando a tomar la medicación que Joe toma, sin duda pasará eso. Te morirás.
Me costaba decir eso sin que las lágrimas no acudieran a mis ojos pero lo cierto es que ya no sabíamos cómo hacer para convencerle de que se tomara las pastillas que tanto Joe como Wish consumían contra la enfermedad. Y el tiempo seguía corriendo en nuestra contra.
—¿Has visto a Joe recientemente? Cada vez está más delgado. Se cansa con mucha facilidad y apenas come. Ese es el proceso, ¿verdad? Así hasta que me convierta en un anciano de cuarenta y pico convertido en un esqueleto. Eso es lo que me espera.
—¿Por qué eres tan testarudo, Freddie? ¿Crees que cualquiera de nosotros iba a proponerte algo que fuera a dañarte?
—¿De que le está valiendo a Joe tomar esas malditas pastillas? Yo no veo ninguna mejoría. Al contrario, en cuestión de meses ha adelgazado un montón.
—Es la anemia.
—Esa medicación es un veneno que solo acelera el proceso de deterioro. Está muy claro. No me tomaré algo que solo me va perjudicar. Si mi esperanza de vida es de diez años, puede que se vea acortado.
Estaba claro que las cosas en vez de mejorar empeoraban dentro de la misión.
Las peligrosas intenciones de Wish, la imposibilidad aún de que Freddie se sometiera al tratamiento que le salvaría la vida y la casi seguridad de que ya no habría posibilidad de que Mercury y Hutton vivieran su historia de amor. ¿Podían ir peor las cosas?