CAPÍTULO XXXVI
A SAD SOUL HERE TODAY
AMANDINE
Wish por fin apareció de vuelta en Stafford Terrace y fue un alivio.
Había tenido muy malos presentimientos cuando volví de la peluquería y no la encontré en casa.
Desde que volvimos a Londres de la gira por Nueva Zelanda, Australia y Japón, había obedecido las órdenes de Freddie de no moverse de allí.
Era necesario hasta que la tormenta de todo esto pasara.
Como indefectiblemente pasaría tarde o temprano.
Wish era paciente y disciplinada como buena soldado pero también sabía que no llevaba bien el sentirse ociosa.
Necesitaba continuamente sentir que su labor de espía seguía llevándose a cabo de forma eficaz y ayudar a Joe a marinar salmón no era lo que más la estimulaba.
No hubiera sido fácil para nadie ese encierro, cuanto menos para alguien con tanta energía como la americana.
Había regresado al fin y eso eran buenas noticias pero estaba claro que algo la había pasado. Su rostro denotaba una irreprimible inquietud y cuando abrió la nevera y se bebió sin pestañear medio litro de agua helada, vi que su mano temblaba.
—¿Dónde has ido? Estaba preocupada.
—No ha sido tan grave caminar sola por las calles de Londres. Estoy aquí ¿no? De una pieza.
—Hay sangre reseca en ti ceja.
—Ahora me la limpio.
—Tienes un arañazo en la barbilla. ¿Ha sido Oscar?
—Ya sabes que Oscar me ignora. Los pelirrojos nos entendemos entre nosotros.
—Arlene, deja de rehuirme con la mirada, por favor. Sé que te pasa algo.
—Necesito café. Mucho café.
—¿Crees que es lo más sensato con los nervios que tienes?
—No estoy nerviosa.
—Sí lo estás —dije tomándola la mano entre las mías—. He visto tu mano temblar claramente. Ven, siéntate. Cuéntamelo todo.
—Oh, Amandine. No quiero contarte nada.
—¿Vas a empezar a ocultarme cosas que tienen que ver con la misión? Prometimos contárnoslo todo y apoyarnos una a la otra.
Pensé un poco en lo que acababa de decir y me mordí los labios inconscientemente.
Yo era la primera en ocultarla cosas. ¿Cómo iba a decirla que había movido ficha de forma bastante clara para que Freddie olvidara a Elideth de una vez por todas y empezara a saber lo que era el amor verdadero?
Pensaba que su viaje a 2021 para llevar su embarazo y dar a luz en el futuro había sido una auténtica bendición para la misión que se debía llevar a cabo.
La única misión posible para mí. Freddie con vida, pero el genuino Freddie.
Opté por ocultar aquello. No quería perder lo que al final teníamos.
El vínculo que había nacido en aquella siniestra roulotte en mitad del bosque.
Era bueno para la misión, era bueno para mi corazón.
Ser rival de alguien exigía un montón de energía negativa y eso te acababa extenuando.
Ser su aliada era mucho más productivo y gratificante.
Pero ¿cómo iba a conseguir serlo cuando tenía mis ideas en completa contraposición con respecto a las de ella?
Sabía que era cuestión de tiempo que todo volviera a explosionar entre nosotras y no quería que sucediera esa tremenda fricción que podría ocasionar hasta seísmos.
Eso significaría conflictos, tensiones. Así no podríamos llevar con firmeza el timón de Turn back the Time en ausencia de Elideth.
Y sin embargo qué purificadora me parecía esa ausencia. A pesar de que aún en diferentes franjas de tiempo, tan abismalmente separados, se las arreglaba para seguir dominando el corazón de su marido de una forma tan determinante, no tenerla ahí agilizaba mis avances hacia el binomio Freddie-Jim.
—Primero dime qué son todas esas heridas.
—Ha sido un día extraño —dijo tocándoselo con la uña con aire distraído y cierto aire de fatalista fastidio—. Tenía que salir de aquí. Las paredes se me estaban viniendo abajo.
—¿La prensa te ha seguido?
—En cierto modo sí.
—¿A que te refieres?
—Entré a una tienda a curiosear para quitarme algo de estrés y de repente salieron de la nada una jauría de mujeres que me rodearon, me acosaron y llegaron a golpearme.
—¿En serio? ¿Tanto es el odio que has generado? ¿Te hicieron daño?
—Naaa, solo me tiraron del pelo, me empujaron, me arañaron y me dieron alguna patada cuando me derrumbaron en el suelo.
—Joder, ¿solo? ¿Por qué no las pateaste el culo? ¿Es que eran muchas?
—Hubiera podido con todas esas petardas pero prefería no descargar mis puños contra ellas. Estaba en un sitio público y podrían grabarme o algo así. Mi imagen ya esta bastante degradada frente a la inmensa mayoría de mujeres inglesas.
—Arlene, estamos en 1985. No creo que ninguna de ellas llevara una cámara encima. Te olvidas que aún no ha aparecido el móvil en nuestras vidas y nos ha convertido en reporteros en potencia.
—Da igual. Prefería que el dueño de la tienda se encargara de salvarme. Si me hubiera defendido a mi modo la cosa se habría puesto fea y no era lo recomendable.
—Escoria... ¿cómo es posible que haya gente así?
—Es posible porque detrás de esa jauría de perras enloquecidas estaba ni más ni menos que Cheryl Burgess. Ella las pagó para que hicieran todo eso.
—¿En serio? ¿Cómo lo sabes?
—Porque ella misma me lo confesó. Hemos compartido taxi.
—No me puedo creer que después de todo lo que te ha hecho, se atreva a acercarse a ti. ¿No la dejaste un ojo morado?
—Quería hacerla muchas cosas pero el caso es que no podía. Y ella lo sabía.
—Contratar a un grupo de mujeres para que te acosaran y humillaran. Puta retorcida. Y todavía la dejaste que compartiera tu taxi. Es esa desalmada la que ha hecho que tiemblen tus manos. ¿Qué es lo que te ha dicho?
—En realidad no mucho. No sé si se cree una sola palabra de todas las cosas que han salido de su pluma pero manifiesta que cree firmemente que entre Freddie y yo hay una historia de amor que comenzó justo cuando Elideth desapareció.
—Es una cabrona mentirosa. Ella sabe perfectamente que es un invento. Algo está tramando.
—Sin duda. Y no quisiera perder la oportunidad de machacarla con la misma inquina con la que ella lo está haciendo.
—¿En qué estás pensando, Arlene?
—Quiero aplastar a Prenter con toda mi alma.
—Ya lo has hecho. Has logrado que Freddie le destierre, ¿no ves que eso ya es lo máximo?
—Freddie le ha abandonado y sé perfectamente lo que eso hace sangrar el corazón del irlandés. Sé cuanto le ama. Pero no es suficiente aún...
—Es más que suficiente.
—Aún tiene el respaldo de Cheryl y Dom que seguro tendrán algún otro maquiavélico plan y no voy a dejar que sigan destruyendo nuestras vidas. Le quitaré a Cheryl.
—¿Qué quieres decir con quitarle a Cheryl?
—No le soy indiferente a esa zorra. Sé que le gusto...
—¿No estarás pensando en otro juego parecido al que emprendiste con Nina?
—Tuve un éxito rotundo, ¿no?
—Pero se cobró un precio en ti. Ese tipo de juegos son muy peligrosos y ya tienes esa experiencia previa.
Te arriesgaste muchísimo. Por favor, no te impliques emocionalmente con ella, Arlene.
Puede tener un efecto boomerang y golpearte en la cara con el golpe que quieras propinarla a ella y a Prenter.
—No voy a dejar que sigan manejando los hilos de nuestras vidas.
—Tiene que haber otros medios para mantenerlos a raya.
—¿Quieres que nos quedemos de brazos cruzados a la espera de su siguiente ataque? Yo no voy a hacer eso.
—Oh, claro que no quiero eso. A pesar de que la salida de Prenter del entramado Queen no es algo que aplauda porque es otro cambio radical en la historia, una vez que se ha precipitado todo debemos admitir que eso es el castigo supremo para Paul.
—¿Y qué hace Paul cuando se ve castigado?
Intenta redoblar sus esfuerzos para devolver el castigo.
Está en pleno proceso de venganza y además no solo contra el asesinato de Nina que sabe que Eli perpetró sino contra mí por haber influido en Freddie para pegarle la patada.
Ahora es como un perro salvaje y no voy a dejar que me muerda.
—Y yo no voy a dejar que te expongas con ese demonio de Cheryl. Arlene, Turn back the Time te ha desgastado mucho y en gran medida la culpa la tuvo esa zorra de Nina a la que nunca odiaré bastante. Tú misma me has dicho que la tienes en la cabeza siempre en algún momento del día.
—Si estás insinuando que llegué a enamorarme de ella...
—No, por supuesto que no.
—Fue ella la que se enamoró de mí.
—Nunca compartí esa opinión. Ella no sabía amar, nadie la enseñó a hacerlo. Era una psicópata lasciva y extremadamente peligrosa. Aún no sé cómo puedes seguir cuerda después de aquella experiencia.
—¿Y tú? ¿Cómo sigues cuerda después de la experiencia con Sally?
—Lo mío fue ligeramente distinto. Fue un secuestro y una tortura en la que me vi metida...
—Por tu inoportuno amor por Rudi y tu fiero instinto de protección hacia él.
Bajé la mirada. Aún me sentía avergonzada por lo que había hecho y sin embargo algo dentro de mí me decía, que no había modo de que hubiera actuado de diferente manera una y otra vez. Así mi vida se viera abocada a repetirse en bucle.
—Y solo tú eres capaz de saber todo lo que sentiste el tiempo que te tuvo retenida. Por mucho que me lo hayas relatado tantas veces, siempre habrá esquinas tremendamente oscuras a las que no puedes poner palabras, a las que no quieres volver a acercarte.
Sabía muy bien a lo que se refería Wish. Nunca podría confesarla de un modo claro el modo perverso en que Sally dentro de su delirio me veía. El modo en que me hizo dudar de mí misma. Eso lo guardaba para mí y siempre lo haría. Nunca podría confesárselo a nadie.
—Sé que Cheryl no es como Nina o Sally. No es una psicópata, solo un ser oscuro y manipulador.
—He visto más seres oscuros que seres de luz, créeme. Estoy entrenada para todo eso.
—A pesar de todo ello eres una mujer con un corazón muy grande. Más grande de lo que nunca pude imaginar. Te acabarán pasando factura esos juegos de poder. ¿Es que la experiencia con Nina no te ha servido de nada?
—La periodista me dio su tarjeta por si me apetecía llamarla.
—¿Llamarla? ¿Qué sentido tendría eso? Rómpela. Hazlo, Arlene.