TURN BACK THE TIME, BABE. VIII CAPÍTULO XXXIV #3
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CAPÍTULO XXXIV #3

Lo cierto es que no sabía cómo aquel irlandés me había salvado la noche.

Había venido a Garden Lodge porque siempre representaba una fuente tanto de satisfacciones como de problemas cuando se habían hecho las cosas de un modo que no me agradaba.

Así que les mandaba que remodelaran esto o lo otro y al final venir aquí me mantenía la cabeza ocupada.

A pesar de que Elideth apareciera en cada rincón de mi mente.

Tener a Jim conmigo hizo mejorar mi ánimo, me serenó en gran medida.

—Siento haberte explotado para que me hicieras la cena. Phoebe vendrá enseguida pero no podía esperar.

—No podías esperar... eres como un niño, ¿eh? En fin, ahora ya sabes que la cocina no es lo mío.

—¿Por qué lo dices? Estaba todo riquísimo.

—Si apenas has pinchado dos veces el tenedor en tu plato.

—Olvídate de eso, yo como así. No lo has hecho nada mal.

—¿Y ahora que planeas hacer conmigo?

Su pregunta me sorprendió mucho, no supe como tomármela aunque Jim sonreía ligeramente y no pensaba que hubiera nada recriminatorio ahí.

Extendí mis palmas boca arriba sobre la mesa tras retirar los platos a un lado y le conminé a que pusiera las suyas sobre las mías.

Me echó un vistazo inseguro con sus ojos oscuros y las colocó con docilidad.

Enredé con cuidado sus dedos con los míos.

Las tenía suaves y eran fuertes. Estaban muy calientes y las mías muy frías.

Pensé ridículamente que eso en sí ya era perfecto.

—Querías que habláramos, ¿no?

—Solo si tú quieres que hablemos, Freddie. No quiero pedirte explicaciones de nada...

—¿Tienes preguntas que hacerme?

—Unas cuantas.

—Pues dispara.

—¿Estás teniendo una aventura con la mejor amiga de tu mujer y miembro de tu seguridad?

—NO. ¿Te has creído toda esa mierda?

—¿Y por qué no iba a creérmelo? Parece ser que ahora que tu mujer se ha separado de ti, la relación con Arlene se ha transformado en otra cosa...

—Oh, por favor. ¿Quieres dejar de hablar por boca de toda esa pandilla de canallas que solo me quieren hundir? Estoy aquí, Jim. Te estoy ofreciendo una explicación.

—¿Y por qué no se la ofreces a ellos? Así se acallarían esos rumores que no tienen fundamento.

—Así no funcionan las cosas en este mundillo. Yo no voy a justificar que pueda abrazarme con una mujer en un banco porque lo estábamos necesitando y lo hicimos, y lo volvería a hacer un millón de veces más aunque fuera esta la maldita consecuencia.

—Entonces es cierto. Tienes un romance con ella.

—¿Qué te acabo de decir?

—Pero al parecer se dice mucho eso de que hay verdadero fuego entre vosotros dos.

—Por supuesto que lo hay. Y también hay fuego entre Bri y yo y eso no significa que nos acostemos. Lo que hay entre Arlene y yo es solo cosa nuestra pero te aseguro que no tiene nada que ver con lo que está escribiendo la guarra de Cheryl Burgess.

—Deberías querellarte contra ella si todo es una mentira.

—No pienso hacer eso.

—¿Qué opina tu mujer de todo este follón?

—No lo sé. Ni se ha pronunciado ni me ha pedido ningún tipo de explicación.

—Eso te duele, ¿no?

—Pues sí, me duele bastante.

—Querrías que apareciera ahora mismo aquí y la emprendiera a golpes contigo por haberte acostado con su mejor amiga y empleada.

—Lo preferiría a este silencio, sí.

—Creo que de repente ya hemos hablado todo lo que me interesaba hablar. Ya es hora de volver a mi casa.

—Jim, ¿qué haces? ¿qué he dicho?

—No has dicho nada, Freddie. Y lo has dicho todo, maldita sea.

Aún amas demasiado a tu mujer y yo no quiero meterme en tu maraña de afectos.

No quiero ilusionarme contigo para que luego ella regrese cuando le apetezca y se apropie de ti.

Lo pasé muy mal después de mi ruptura con Alexander y aún esta muy reciente.

—No te vayas. No me dejes solo.

—Creo que no te das cuenta de lo mucho que me gustas.

—Y tú a mí también, cariño. Te necesito.

—No me necesitas. Regresaste de tu gira y ni siquiera me llamaste para decirme que era mejor no vernos.

—He pensado mucho en ti, te lo puedo asegurar. Pero no te llamé porque no quería introducirte en esta locura de vida que tengo. No quiero perjudicarte. Si empiezan a vernos juntos la prensa empezará a acosarte.

—No me has llamado porque querías protegerme.

—Sí, eso es. ¿No te lo crees?

—No sé, Freddie.

—No confías en mí.

—No es exactamente eso. De todos modos no nos conocemos y...

—¿Y no quieres conocer al Freddie Mercury real y no el que les interesa a los periódicos reflejar?

—Sí, por supuesto que quiero. Pero supongo que el Freddie Mercury real ahora no me puede ofrecer lo que yo necesito.

—¿Por qué? He dicho que te protegeré.

—No necesito tu protección. Me importa una mierda toda esa gente de la prensa...

—Eso lo dices ahora, cariño. Tú no estás acostumbrado a ese acoso.

—No me hace falta que me protejas, lo que necesito es que tengas las cosas claras con respecto a mí. No quiero ser la persona a la que te aferras porque la que quieres de verdad no te hace caso. No quiero competir con tu mujer, Freddie.

—No me dejes solo esta noche.

—¿Esa es la mejor respuesta que tienes para darme?

—Por favor...