CAPÍTULO XXXI
I’VE SEEN THROUGH YOUR DISGUISE
AMANDINE
—Has perdido la maldita cabeza, Arlene. ¿Qué es lo que intentabas hacer?
—Solo destrozarle cada uno de sus miembros antes de pegarle un tiro.
Recordaba vívidamente con auténtico pavor la desbocada fuerza física de Wish en varias ocasiones.
Recordaba sus grandes manos cuando intentó estrangularme y también cuando agarró la cabellera de Sally para encontrar el mejor ángulo para degollarla limpiamente.
Era una incuestionable máquina de matar pero ¿qué había sucedido para que perdiera la compostura con Prenter de aquel modo tan violento?
Ella no desplegaba su violencia de un modo tan feroz sin un motivo claro.
Era demasiado fría y calculadora cuando se lo proponía. Debía ser algo en extremo grave.
—Cuéntame qué ha pasado.
Arlene temblaba de indignación y de impotencia y le resultaba casi imposible articular su voz para darme la explicación que la estaba pidiendo. La rabia atenazaba sus cuerdas vocales. Al fin se acercó a un cajón para sacar un periódico que me tendió.
Mis ojos no se podían creer lo que estaban viendo. Sabía que aquel mortífero trío se proponía hundir a Elideth pero no pensaba que su primer objetivo era hundir a Arlene. Aquel artículo era sencillamente asqueroso, muy del estilo de Cheryl. El texto era infame pero la foto...
—Esta foto... ¿sois en realidad vosotros?
—Pues claro que somos nosotros. ¿No se te ocurre otra cosa que decir? —me espetó furiosa.
—Cálmate. No sería la primera vez que esta gente contrata a dobles para hacerse pasar por gente famosa y crear sus falsas exclusivas. La foto está bastante desenfocada.
—He dicho que somos nosotros. Por desgracia no hay truco.
—¿Qué esta pasando ahí en ese banco, Arlene?
—Solo nos estamos abrazando. No es más que un jodido abrazo.
—Y yo te creo. Pero, ¿cómo es posible que os siguieran y no os dierais cuenta de nada?
—Porque esta gente sabe hacer las cosas, tienen mucha práctica. Por eso la foto está desenfocada, porque no podían acercarse más a riesgo de que les descubriéramos.
—Te vuelvo a hacer la pregunta. ¿Qué ha pasado entre vosotros?
—No ha pasado nada. Es una invención de la prensa.
—¿Todo? ¿Lo de Rio también?
—Sexo y traición en Rio de Janeiro. He vomitado leyendo eso, ¿lo sabías?
—¿Qué es lo que pasó allí en realidad? ¿Por qué Cheryl ha fabulado tan bien vuestro "posible" affair?
—Porque es una zorra con una portentosa imaginación y un don para el mal.
—Ya me hago una idea de quien es esa sinvergüenza. Te estoy pidiendo que me des tu versión de los hechos.
—No me he acostado con Freddie ni he traicionado a Elideth. ¿Es que te empiezas a creer todas esas porquerías?
—Estoy segura de eso pero sigues sin decirme lo que te estoy pidiendo.
Había una cosa que tenía muy clara. Había más de lo que parecía detrás de aquella foto sacada de contexto.
Creía firmemente las palabras de Wish. Por supuesto que no había sido desleal a Eli con su marido.
Pero había algo de verdad en las sucias palabras de Cheryl Burgess.
Solo que para la periodista la tensión sexual no resuelta se había acabado resolviendo mientras su pulsera caía rota al suelo.
—Tuvimos un encontronazo desagradable y el hijo de puta de Prenter lo utilizó en su provecho.
—Define eso de encontronazo desagradable.
Sí, sabía que parecía un policía en un interrogatorio pero pensaba que merecía que fuera sincera conmigo. Trabajábamos en equipo y los secretos, por embarazosos que fueran, no tenían cabida.
—Freddie estaba borracho y drogado y en una situación así si decide ser mezquino no hay quien le pare. No debí entrar en su suite pero el caso es que lo hice. Fue un grave error.
—Sigue.
—Ya te dije que anteriormente había intentado sonsacarme el paradero del cuerpo de Nina.
—Sí, me lo dijiste.
—En esta ocasión no era tanto Nina sino el paradero de Elideth. Él sabe que tengo esa información y quiere como sea dar con ella. Le vuelve loco el hecho de que sea imposible dar con ella.
—No le confesarías nada, ¿verdad?
—Decirle el paradero de Elideth es descubrirle toda la verdad. No puedo hacer eso.
—¿Entonces qué ocurrió?
—Solo te diré que Freddie se pasó de la raya conmigo pensando que eso me haría abrir el pico. Sabe de mi lealtad hacia Elideth y también sabe el único modo que hay de doblegarme.
—Espero que entre tú y él...
—No hubo sexo.
Suspiré con alivio. Sabía perfectamente la fuerza magnética que existía entre ellos dos.
Si Wish y Freddie decidieran pasar a la acción uno con el otro, el planeta Tierra reventaría.
Eran tan parecidos. Dios no quisiera que cedieran uno y otro a sus locos deseos o se destruirían irremediablemente.
Y de paso se llevarían por delante Turn back the Time.
—Cuando pensaba que todo estaba perdido para mí, apareció Barbara y curiosamente me salvó de aquella locura.
—¿Barbara? ¿Qué vio exactamente?
—Nada. Estaba al otro lado de la puerta llamando a Freddie. Yo eché a correr despavorida de terror al primer escondite que encontré. Creo que tuve una crisis nerviosa o algo así.
—Estabas metida dentro de la suite de Freddie, ¿no? ¿Cómo saliste de allí?
—Salí en el peor momento posible porque Prenter me pilló agarrando el pomo de la puerta.
—¿Crees que pudo ser testigo de algo?
—Freddie y yo estábamos solos, eso seguro. A pesar de no encontrarse en sus cabales aquel día, nunca hubiera actuado así conmigo si pudiera haber el riesgo de que nos descubrieran.
—Pero cuando decidiste salir, Paul estaba dentro de la suite.
—Debió entrar en algún momento durante mi encierro en el baño. No puedo calcular cuánto estuve allí. Necesitaba calmarme y recomponerme, supongo que el tiempo pasó. Estaba muy alterada.
—¿Él sospechaba que algo había pasado entre vosotros?
—Tenía mi pulsera rota en la mano. Según él no necesitaba más pistas para deducir que me había metido en la cama con Freddie. Además yo no entro habitualmente en su suite, no nos llevábamos especialmente bien entonces.
—A ver si me aclaro. Entonces crees que Prenter utilizó eso para fabular y se lo comunicó a Cheryl para fabricar ese montón de mentiras.
—No sé si sin el incidente en Rio él tenía algo planeado conmigo pero sin duda esa pulsera rota, abrió todas las puertas de su imaginación.
—¿Pero la foto también es de Rio?
—Claro que no. Es de Múnich, el día de la presentación de Mr. Bad Guy. Sin acabar la fiesta saqué de allí a Freddie porque se puso un poco paranoico y empezó a romper cosas.
—¿A romper cosas?
—Ya sabes, los periodistas son gente bastante despreciable a rasgos generales por lo que he podido comprobar todos estos años con él. Le preguntaron demasiadas veces por Elideth.
—Oh, Dios. Freddie... ¿qué vamos a hacer contigo? —dije como para mí misma.
—Solo quería protegerle. Ya sabes que Múnich le ha dado una suerte de impunidad a lo largo de los años. Estuvimos paseando por la calle tranquilamente y al final nos sentamos en un banco.
—Y os abrazasteis.
—¿Qué tiene de malo? ¿Tú no le has abrazado nunca?
—Mis abrazos no tienen nada que ver con los tuyos, Arlene. Es decir...
—No he traicionado a Eli. Jamás la traicionaría.
—Y yo no te estoy acusando de nada parecido.
—Entonces ¿por qué me estás mirando así?
—Te miro así porque sé perfectamente lo que te pasa con Freddie. Ahora puedo entenderlo mucho mejor que antes.
—¿Te refieres a desear a alguien prohibido?
El calor acudió a mis mejillas, hice un ligero asentimiento.
—No ha sucedido nada ni permitiré que suceda. Entre Freddie y yo por suerte solo hay una amistad recuperada y no la quiero volver a perder.
—Pero joder, estabais en plena calle. ¿No pudisteis pensar...?
—Pues no. Lo último que podíamos pensar era que un paparazzi nos fuera a sacar fotos.
—Qué maldita zorra. Al final consiguió la foto comprometedora para complementar esta mierda de artículo. El mal ya está hecho, sin duda. Al menos es una suerte que estéis ambos a muchos kilómetros de distancia de este escándalo.
—Y es una suerte que Elideth también se encuentre a mucha distancia de esto. Sería el fin para nosotras. No puedo pensarlo.
—No suframos por cosas que aún no han pasado. Centrémonos en el aquí y ahora. No es nada recomendable que empieces a ser el codiciado trofeo de los tabloides, Arlene. No necesitamos una gran cantidad de ojos puestos sobre nosotras.
—Lo sé, es una auténtica putada.
—Y tampoco necesitamos que pierdas los nervios e intentes matar a la gente que pretende hundirnos.
—Es cierto. Perdí la cabeza, los nervios. Me cegó la ira. Pero no me arrepiento. De una vez por todas ha probado cómo se las gasta una Arlene enfadada.
—¿No te das cuenta que eso es lo que quiere?
Provocarte. Que pierdas los papeles. Desahogar tu frustración a veces soy consciente de que es necesario porque arrastramos mucha presión y nos exponemos exageradamente pero es una locura.
Él no puede morir asesinado por ti. Él morirá de SIDA, olvidado por todos y cargando con el peso de su conciencia.
—Él no tiene ni tendrá nunca conciencia. ¿Tenemos que dejar que nos hunda la vida sin pagar un precio?
—Le va a pagar. Su odio y su envidia le cavaran su propia tumba. Solo podemos ser testigos de eso. Imagina qué hubiera pasado si decides matarle. ¿Es que quieres acabar encima con tus huesos en la cárcel?
—Tienes toda la razón. He hecho lo que ese hijo de puta quería que hiciera.
No debí dejarme guiar por mi odio. ¿Qué me esta pasando últimamente?
Es como si Turn back the Time se fuera apoderando poco a poco de todo mi auto control.
Necesito recuperar mi disciplina y control mental.
Si no voy a precipitar todo al desastre.
—Nos ayudaremos una a la otra, ¿de acuerdo? No podemos fallar, hay mucho en juego. Tenemos que aprender de nuestros errores.
PRENTER
Tenía el rostro ensangrentado, tumefacto.
Mi nariz y mis dientes sangraban, un ojo le tenía cerrado por los golpes y mis gafas habían quedado en el campo de batalla que aquel diablo pelirrojo había montado.
Por una breve fracción de tiempo llegué a temer por mi vida y pensé que igual no debía haberme arriesgado a provocarla de ese modo.
Quería que perdiera el control pero no tanto como para acabar con mi vida.
Me puse con dificultad las lentillas para ser capaz de ver algo y me apresuré a sacar rentabilidad de mi lastimoso aspecto. Una vez más Freddie era mi única salvación en este asqueroso mundo.
—Pero ¿qué demonios te ha pasado?
—Ese demonio pelirrojo. Estaba fuera de sí y lo pagó conmigo.
—¿Arlene?
—Esa mujer es el mismo diablo. Tienes que deshacerte de ella o en cuanto tenga la oportunidad de matarme lo hará. Dijo que iba a matarme.
—¿Por qué me iba a deshacer de ella? La necesito en mi equipo.
Esas palabras tocaron una fibra sensible en mí.
Me di cuenta que esta vez todo iba a ser más difícil de lo habitual con él.
De algún modo supe que la americana le había conquistado del todo y no podría persuadirle de alejarla de su vida.
¿Era más importante que yo para el cantante? Eso era toda una novedad.
—No la necesitas. Es otra mujer más intentando vivir a tu costa. Probablemente esté compinchada con esa zorra de Cheryl para obtener el éxito mediático que estaba buscando.
¿Qué otra cosa me quedaba por hacer que dar vuelta a la tortilla? Hacerle ver que ella había buscado esa exclusiva y confiaba en que al menos implantara la semilla de la duda en su mente. Siempre le había sabido manejar a la perfección. ¿Por qué ahora no podía ser?
—No es eso lo que tengo entendido, Paul. En realidad eres tú el que estás compinchado con la periodista del Daily Mail.
—¿Por qué iba yo a hacerte algo así a ti?
—Eso es lo que me he estado preguntando todo el rato. ¿Por qué?
—Freddie, sabes perfectamente lo que significas para mí...
Mi corazón estaba sangrando irremediablemente al decir estas palabras.
Recordaba que anteriormente me había dado un aviso que sonó más bien como amenaza pero siempre pensé que bajar de mi trono iba a ser algo imposible.
Había afianzado mi posición con tanta soltura desde el principio.
El poder que sentía cada vez que sus ojos maravillosos me miraban y prestaban atención a cada una de las palabras que escogía decir.
Eso no podía compararse con nada. No podía terminar. Me negaba a ello.
—No puedo creer que me estés haciendo todo esto. Te he tratado como un hermano desde que Reid te trajo a nosotros. Y me lo pagas así.
—Yo no tengo nada que ver con ese artículo.
Piensa. ¿No crees que lo más probable sea que Arlene esté detrás de este escándalo?
Ella siempre te ha mirado como lo hacen todas las mujeres.
Como si fueras una enorme tarta de chocolate en la que ansían hundir sus fauces.
No es alguien de fiar. Estoy seguro que ella montó todo para que el paparazzi os sacara a placer.
—Eres sencillamente asqueroso. ¿A qué vino ese artículo subido de tono sobre nuestro tórrido encuentro en Rio?
—¿Y yo qué sé? ¿Qué es lo que hiciste, Freddie? ¿Te dejaste embaucar por esa furcia americana?
—Tú no puedes saber nada de lo que pasó allí. No estabas allí.
—¿Te refieres a la pulsera rota que recogí del suelo? Tienes razón, no estaba allí. Llegué mas tarde. Pero eso no significa que no pasara nada.
—Nunca pensé que tú me fueras a hacer algo parecido. Lamento tanto haberte conocido, haberte ofrecido mi casa, mi hospitalidad, mi dinero, mi total y absoluta confianza...
—Te repito que yo no he hecho nada. Es ella quien necesita sacar rendimiento a vuestro lío.
—No hay ningún lío entre nosotros. ¿Es que no he sido lo bastante claro?
—Pues házselo entender a ella. Aunque creo que es una psicópata peligrosa y temo por tu seguridad. Igual es mejor...
—Escúchame bien, Paul. Vete al hospital y que te miren, yo costearé todo como siempre. Y cuando lo hagan, cogerás el primer avión de vuelta a Reino Unido y nuestra relación profesional y de amistad se ha acabado aquí y ahora.
—No, Freddie. No hagas eso. Por favor, es todo una manipulación de la americana. Sabes lo mucho que has significado en mi vida. Sabes cosas de mi vida que nadie más sabe.
—Y tú también sabes mucho de la mía. Me pregunto si eso no supondrá un tanque de gasolina y una cerilla para mí en un futuro.
—Somos como hermanos. Jamás te haría daño.
—Pues lo acabas de hacer. No quiero volverte a ver.
—Te necesito. Por favor, recapacita.
Estaba tan seguro de que conseguiría lo que me propusiera que su actitud conmigo me dejó conmocionado. No podía ser que me estuviera despidiendo. En alguna ocasión me había amenazado con prescindir de mis servicios pero todo había vuelto a su cauce normal.
Había sido tan primordial en su vida y aquel animal asesino de pelo rojo había conseguido lo que parecía imposible. Acabar con nuestra inquebrantable amistad.
Ella no había cumplido su promesa de matarme pero puede que yo fuera más rápido que ella. ¿Quién sabe?