CAPÍTULO XXX #2
Intentaba decirlo como si estuviera de broma pero en lo más profundo sentía que Freddie necesitaba vigilancia aquella noche. No se encontraba bien, era bastante obvio.
—Ahora mismo entrará Phoebe. No quiero que te quedes solo esta noche.
—Vamos, no me voy a partir la crisma otra vez contra el radiador para abrirme la cabeza. Respeto el trabajo que has hecho reconstruyendo mi cara.
—Eso espero, ¿vale?
—No te vayas aún.
—¿Qué ocurre ahora?
—Siento en el alma lo que ha pasado. ¿Quién iba a imaginarlo?
—No pienses en eso ahora, Freddie. Ya no hay vuelta atrás. Quizás tendríais que plantearos no volver más a este país pero por lo demás...
—No me refiero a mi vergonzosa borrachera. Esto te concierne, Arlene —dijo cogiendo mi mano con fuerza.
—¿Ha pasado algo?
—Sí, quizás tú también deberías haberte jodido la cara contra el radiador como yo para que nadie te reconociera tampoco.
—Freddie, por favor. Deja de hablar en puta clave.
—Mejor míralo por ti misma. Tienes derecho a saberlo.
Freddie me alargó una hoja que sacó del cajón de su mesita.
Al cogerla intrigada no podía ni siquiera imaginar lo que iba a ver.
Lo primero con lo que se chocaron mis ojos fue ese ridículo titular "Quien es la pelirroja?
" Luego, con el corazón empezando a palpitar a toda velocidad mis ojos se trasladaron a la foto borrosa de ambos abrazándonos en aquel banco.
El zoom estaba metido a tope y la calidad de la imagen era pésima pero eso no evitaba que acababa de ser portada de uno de los tabloides con mayor tirada de ejemplares de Reino Unido.
Y acababa de convertirme de la noche a la mañana en la nueva amante de Freddie Mercury.
Mi mente fue atando cabos a mucha velocidad mientras leía atropelladamente el infame artículo donde aquella fulana de Cheryl Burgess describía de un modo casi novelesco nuestros intensos momentos de pasión en Rio de Janeiro.
Detalle de pulsera rota incluido. Paul Prenter estaba detrás de esto y ¿qué me restaba por hacer si no era arrancarle su maldito corazón?
—Hijo de puta. Le voy a matar.
—¿A quién?
—Al maldito Prenter. Le voy a arrancar las pelotas y se las haré comer.
—¿Paul? ¿Qué tiene que ver él en todo esto?
—Absolutamente todo. El ha orquestado esta farsa con la ayuda inestimable de ese zorrón de Burgess.
—¿Qué pruebas tienes de eso?
—Tú solo recuerdas retazos de aquel día en Rio cuando todo se desmadró. Prenter vio mi pulsera rota en el suelo y a mí saliendo de tu suite. Ni siquiera intenta ser sutil. Ha incluido lo de la pulsera. Con un par.
—¿Por qué iba a meterse Prenter en este berenjenal?
—Para perjudicarme y para hacer daño a Elideth. Cuando se trata de vengarse de alguien, tu amigo irlandés no tiene recato alguno. Aunque también te perjudique a ti.
Habíamos caído como unos auténticos pardillos en aquella trampa mortal pero, ¿quién demonios iba a pensar que un paparazzi a las órdenes de aquel trío mortífero iba a encargarse de perseguirnos aquel día y sacarnos una foto que fuera de contexto totalmente se podía considerar comprometida?
Los dos quedábamos expuestos de un modo terrible.
Él, con la foto, solo venía a confundir más a la gente que opinaba que había abandonado a Elideth porque le gustaban más otras opciones sexuales.
De algún modo ser cogido in fraganti con una mujer en actitud cariñosa era positivo para que dejaran de hablar de su homosexualidad.
Pero en realidad no había nada positivo en aquella maldita treta que nos habían hecho.
Era negativo desde todos los ángulos desde los que lo miraras.
En cuanto a mí, la publicidad abrumadora que me iba a reportar, iba a ser una enorme carga.
Me las había arreglado para mantener un exquisito perfil bajo durante toda mi estancia en el pasado.
Como guardaespaldas de Eli y posteriormente miembro del equipo de seguridad de Freddie.
La señora Mercury era un personaje muy mediático y yo había salido en innumerables fotos junto a ella en calidad de su escolta.
Eso no me había reportado un interés especial por parte de la gente pero sí había salido lo bastante a su lado para que ya fuera alguien familiar en cada salida pública de Elideth.
Tenía el pelo demasiado rojo para pasar desapercibida, como decía Freddie.
Estaba tan ligada a ella como algo más que su leal guardaespaldas que mi foto abrazándome abiertamente con su marido, el marido de mi "jefa" podía considerarse un escándalo mayúsculo.
La clase de escándalos que los ingleses adoraban y consumían con voracidad.
¿Qué hubiera sucedido si esto hubiese acontecido con Eli como jefa de prensa del grupo? No quería ni pensarlo.
Estaba tan llena de ira que lo único que quería era agarrar mi pistola y liarme a tiros con el irlandés, la reina de los tabloides y Dom, la loca y envidiosa mujer herida en su amor propio. Y no me estaba dando cuenta que lo estaba repitiendo como un mantra en voz baja frente a Freddie.
—Es una acusación muy grave, Arlene. ¿Estás absolutamente convencida de que ha sido algo que ha salido de la mente de Prenter?
—Cien por cien. Prenter quiere vengar la muerte de Nina como sea y está empezando a hacerlo. Logrando publicar estas fotos de nosotros no solo me perjudica a mí sino que intenta herir a Elideth. Nos ha estado amenazando abiertamente.
—¿Crees que cuando Eli vea esto, al fin saldrá de su escondite?
—Sinceramente, ahora no puedo pensar en eso.
Sabía que ella estaría ajena a todo este tumulto, esa era mi única garantía. Pero Prenter, como era muy lógico, jugaba con esa posibilidad para que todo se destruyera entre nosotras. Sabía que nuestra ruptura nos hacía más débiles a las dos y ese era uno de sus objetivos.
Que Eli estuviera en el futuro me salvaba de la quema, pero el artículo ya estaba a la disposición de toda la gente en Reino Unido y quedaría en las hemerotecas.
La historia seguía cambiando y cuando Eli regresara, no tardaría en administrársele esa venenosa información. Esa calumnia sobre Freddie y yo.
La sola idea de que entre ella y yo se abriera un abismo me hacía tiritar de pánico. No era fácil dar a entender el vínculo que nos unía y que se había demostrado irrompible.
Yo la empecé a querer desde el momento en que se manchó el vestido de pintura en el Rainbow. No, incluso la quise antes cuando amenazó a Winnie con un cuchillo en Stafford Terrace. Eli consiguió con suma facilidad eso en mí. Una suerte de entendimiento desde el mismo comienzo.