CAPÍTULO XXX
THOSE ENDLESS GAMES
PRENTER
¿QUIEN ES LA PELIRROJA?
Hubiera preferido "Sexo y traición en Rio de Janeiro" pero tenía que reconocer que este titular tenía el toque Burgess y parte de la envolvente narrativa en su escueto pero sorprendente artículo.
Por supuesto sería portada del Daily Mail al día siguiente y yo estaba solo acariciando entre mis manos la hoja impresa que Cheryl me había mandado por fax hasta Auckland, Nueva Zelanda. Como un delicioso anticipo.
Acabábamos de llegar para nuestra gira que transcurriría por Nueva Zelanda, Australia y Japón.
Originalmente iban a tocar otros dos conciertos el 11 de abril en Hawks Bay en Tamoana y el 14 de abril en Queen Elizabeth II Park en Christchurch.
Pero en este show de Auckland no se agotaron las entradas y se decidió no hacer otros dos igualmente poco nutridos.
Se había planeado tocar en Western Springs Stadium pero al final lo iban a hacer en Mount Smart Stadium.
Mi ansia por hundir de una sola estocada a aquellas dos víboras que solo habían complicado la vida de Freddie, no me dejaba ver el posible sufrimiento que acarrearía para el cantante cuando viera el titular.
Había veces que para conseguir un fin debías hacer daño a tus seres queridos. Inevitablemente.
Estábamos a muchos kilómetros de distancia del titular.
El Daily Mail agotaba ejemplares como si fuera pan caliente en cada kiosco del país.
No se hablaba de otra cosa que de la misteriosa amante pelirroja de Freddie Mercury.
Yo tenía toda la información fresca de Cheryl y Dom vía telefónica pero trascurrirían aún algunos días hasta que el periódico llegara a manos de Freddie.
No me hubiera importado que la gira hubiera trascurrido sin que él se enterara de nada.
Después de todo estábamos muy alejados del bullicio venenoso de Londres.
La decisión de publicarlo cuando Freddie estuviera muy lejos de allí fue mía.
Íbamos a tardar un mes en regresar a Gran Bretaña y cuando volviéramos ya la noticia habría casi caducado.
Solo me interesaba que la maldita Elideth supiera de ella y saliera de su escondite, espoleada por los celos, el despecho y la certeza de que su mejor amiga era una zorra de la peor calaña tirándose a su marido. Jugaba a caballo ganador.
Pero siempre había daños colaterales en cada una de nuestras acciones. Freddie fue informado por alguien de la prensa de nuestro artículo.
FREDDIE
Estaba acostumbrado a todo tipo de cosas por parte de la asquerosa prensa británica desde hacía muchos años.
Desde meterse con mi sexualidad, hasta criticarme la barriga.
Decir que toda esa mierda no me afectaba era mentir pero con los años la rabia se había ido transformando en sarcasmo.
Que se metieran conmigo era una cosa, que atacaran a la gente que me importaba era diferente.
Aún no había visto el artículo pero me lo habían descrito tan detalladamente que no me hacía falta verle. Sin embargo quería tenerlo en mis manos así que encargué que me lo mandaran. Tardaría en llegar.
En la rueda de prensa nadie sacó el tema porque sencillamente no había aún llegado el eco hasta aquí y fue de agradecer. No estaba preparado para contestar aquello, aún no lo había asimilado del todo.
El día del concierto todo fue yendo de mal en peor.
Tras la prueba de sonido me reuní a tomar algo con Tony Hadley de Spandau Ballet en el bar del hotel y antes de enterarnos nos habíamos bebido toda la botella de Stolichnaya a palo seco.
Tony era una compañía para conversar deliciosa y esa tarde necesitaba hablar para quitarme todas esas preocupaciones que tenía en la cabeza.
—Ven a mi habitación, cariño. Tengo una botella de oporto gran reserva espectacular —le ofrecí.
Entre traguito y traguito al delicioso vino maduramos la idea de que participaría en el show de aquella noche.
Al principio Tony se mostraba un poco reacio pero le tranquilicé diciéndole que llamaría al resto para consultárselo y nos lo pasaríamos de maravilla.
No hubo problema para Roger y John pero Brian solía ser más reacio a dejar aparecer gente ajena.
Pero mi forma diplomática de persuadirle era un arte que había ido desarrollando con el paso de los años y fue pan comido el convencerle.
Habíamos decidido que tocaría con nosotros Jailhouse Rock pero caímos en la cuenta que ninguno de los dos nos sabíamos muy bien la letra.
Para entonces ya teníamos una cogorza impresionante.
Tanto que para cuando el concierto iba a empezar, seguía con evidentes muestras de embriaguez en mi organismo.
Ya se podía escuchar la introducción (un arreglo de Machines) y Tony Williams, uno de los ayudantes de vestuario y Joe me ayudaban a toda prisa a meterme en mis mallas.
Mis zapatillas de boxeo Adidas no se ponían en un santiamén, tenían unos cordones kilométricos que se anudaban bastante arriba.
Pero eran lo más cómodo para correr y saltar por el escenario y no podía vivir sin ellas.
Me tumbaron en uno de los sofás para poder vestirme porque me costaba bastante mantener el equilibrio.
—¡Estúpidos, me habéis puesto las mallas del revés! —chillé a la mitad del procedimiento.
El tiempo nos estaba mordiendo el culo. De pronto me encontraba en el suelo de nuevo como un escarabajo con mis largas piernas en el aire mientras Tony y Joe procedían a desatarme los interminables cordones de mis deportivas y me pusieron las mallas adecuadamente.
Llegué al escenario a tiempo pero ya sudando y resollando como un anciano.
El escenario ya estaba lleno de humo y llegué milagrosamente en sincronía. Sabía que iba a ser una mierda de concierto cuando tras la segunda canción grité al público:
—¡Hola, Nueva Zelanda! Vamos a pasarlo de puta madre.
Empecé Somebody to Love, la primera canción que dediqué a Eli, la primera de toda una serie de canciones descorazonadoras que solo ella podía inspirarme.
No la elegí al azar, había sido retirada del repertorio durante unos cuantos conciertos pero en realidad funcionaba muy bien en directo y la gente solía pedirla.
No había dejado de pensar en ella desde que supe de aquella asquerosa noticia falsa.
No quería ni imaginarme lo que eso supondría para ella.
Arlene era prácticamente como su hermana y seguro que aquella maldita hija de puta se las había arreglado para hacer la noticia lo más creíble.
A mitad de la canción me olvidé por completo de lo que estaba cantando, me encontraba en trance.
La primera media hora fue un completo infierno.
No solo para mí sino para mis tres compañeros que estaban intentando desesperadamente enmendar mis deficiencias y que se notara lo menos posible mi embriaguez.
Yo lo único que hacía era improvisar, inventarme cosas y cantar como el culo.
El público no fue ni de lejos como los demás durante la interpretación de Love of My Life que siempre solía ser un chute de vitaminas para mí.
Tony Hadley se unió al grupo para cantar Jailhouse Rock pero acabó cantando Tutti Frutti.
En fin, todo fue un desastre. No recordaba cuándo fue la última vez que había salido al escenario borracho.
El público no había sido el mejor que habíamos tenido pero eso no me eximía de la culpa. Ellos no tenían la culpa de mis putos problemas y debí escoger otro momento para ahogar mi rabia que justo después de la prueba de sonido. ¿En qué cojones estaba pensando?
WISHFUL-THINKING∞
Freddie no se calmaba y empezaba a ser preocupante. Alguna vez le había visto alterado y hasta violento, pero en esta ocasión decidí que era mi obligación estar ahí para evitar que se hiciera daño. Recuerdo que pensé justamente eso. Que se iba a lastimar y no sabía muy bien por qué.
Lo corroboré enseguida cuando entré a su habitación y le encontré dándose golpes contra el radiador con la frente.
—Freddie, ¿qué demonios estás haciendo? Para de una vez.
—Papi, ¿qué te pasa?
Farrokh, como una ardilla había salido de la nada y me volví de inmediato a Amandine, que venía corriendo detrás de él. Freddie levantó el rostro que tenía completamente cubierto de sangre. No era una maldita buena idea que su hijo le viera así.
—Amandine, llévate a Farrokh ahora mismo. Ahora.
Cerré la puerta y durante unos minutos solo hubo silencio. El radiador tenía dos regueros de sangre y el rostro de Freddie estaba completamente rojo.
—No hay nada que puedas hacer para cambiar lo que ha pasado encima de ese escenario. ¿Qué piensas hacer machacándote la cara?
Solo me puse a darle la charla cuando supe que ya toda la ira había pasado y solo quedaba ese poso amargo del arrepentimiento. Solo cuando sabía que estaba serenado.
—Quería borrar mi puta cara y desfigurarme de tal modo que nadie supiera más quien soy.
—Oh, por favor. Vamos, me ocuparé de esa carnicería que has hecho en tu cara. No vuelvas a hacer esa salvajada.
Se había machacado de mala manera la zona central de la frente y parte del puente de la nariz pero nada que no se pudiera arreglar con un buen lavado con agua y jabón y una pomada antibacteriana.
—Siento que mi hijo me viera así.
—Freddie, ¿quieres quedarte quieto solo unos minutos? No voy a tardar mucho más.
—Vale.
—Gracias.
Milagrosamente me hizo caso. No se movió, no habló, casi ni respiró.
En mis planes no estaba preguntarle a qué había venido aquel irracional arranque de ira contra sí mismo.
Sabía que cuando consideraba que había hecho un mal concierto por la razón que fuera, se subía por las paredes.
Como solía suceder con él, no todo era producto de una única cosa.
No todo se podía explicar con unas pocas palabras.
—No te quedará marca —le dije con media sonrisa—. ¿Vas a estar tranquilo o tengo que quedarme vigilándote?