CAPÍTULO XXVIII #3
Ese hombre parecía en extremo mezquino, había algo en sus ojos que destilaba podredumbre de espíritu. Me di cuenta la noche que recalamos en el apartamento de Freddie y adonde echaras la vista, ahí estaba él. Siempre muy cerca de él.
Me dio la sensación de que hubieran seguido discutiendo pero yo delante de ellos resulté ser un inconveniente. Así que el rubio se alejó a paso ligero y nos volvió a dejar solos.
—Perdona la escena bochornosa. Prenter no es la persona que yo elegiría para que me guíe a ningún lado.
—¿Tú eres Jacqueline?
—Amandine.
—Oh, perdona. Soy muy malo con los nombres.
—Perdonado. Farrokh, me parece que puedes ir caminando, ¿no? No molestes a Jim, ya pesas mucho.
—No me molesta en absoluto. Está cansado quizás.
—Sí, llevamos unas cuantas horas por aquí y te aseguro que es como una central eléctrica.
Tiene demasiada energía —dijo cargándole ella misma en brazos para liberarme—.
Mira, le has llenado de pintura la cara —señaló el manchurrón negro que me había dejado en la punta de la barbilla.
Farrokh se rió malévolamente—. No te rías, diablillo.
—Debe ser un trabajo duro el de niñera.
—Creo que los hay peores —sonrió—. No, es un trabajo maravilloso. Farrokh es un huracán que me deja extenuada pero es un niño especial. Creo que soy mejor desde que le conozco.
—Didi, quiero irme a la cama.
—Enseguida, mon petit. ¿Vamos a enseñarle a Jim las cosas y a despedirnos de papi?
Por supuesto era la primera vez que veía cómo era un video clip desde detrás de las cámaras.
Amandine me enseñó una plataforma circular alrededor de unos espejos donde Freddie acababa de rodar algunas escenas y al parecer casi se había abrasado el pelo.
Había un montón de gente pululando. Una cantidad de mujeres ataviadas con unos bodis y medias negras y unos atavíos en las cabezas. Había al menos cincuenta.
Al parecer me explicó que iban a preparar una escena con todas aquellas actrices ataviadas de ese modo peculiar, como si fueran coristas haciendo una especie de desfile de las SS.
—Explicado así suena un poco raro —se apresuró a aclararme Amandine—. Pero créeme, está quedando muy bonito. Estéticamente es muy chocante y colorido. Muy original.
Al final llegamos hasta el camerino donde se encontraba Freddie tomándose un descanso antes de comenzar a rodar.
Estaba muy nervioso por volver a encontrarme con él pero durante unos minutos lo único que captó su atención fue su hijo que se estaba despidiendo de él para irse a dormir.
En cierto modo agradecí el modo tan natural que Farrokh tenía de absorber su atención.
Parecían depender mucho uno del otro. Eso me hacía pensar una y otra vez en cual sería la naturaleza de su relación con su mujer y cómo podía haber dejado a su hijo atrás.
—Hola —avancé unos pasos hacia él finalmente cuando Amandine y Farrokh se hubieron ido.
—Hola.
Freddie estaba descalzo, sus pies eran preciosos. Grandes y largos pero increíblemente estéticos. Llevaba puesto un pantalón blanco ajustado y encima un albornoz amarillo.
—Tu hijo te ha manchado el cuello de pintura.
—Lo sé, Carol me va a matar.
—No creo que te mate.
—Bueno, ¿qué te parece?
—He visto algunas tomas de esas chicas desfilando. No sé, es un poco raro.
—Necesitamos acabar el video. No saldré de aquí hasta que quede terminado.
—Son las nueve de la noche.
—¿Vas a quedarte conmigo hasta que termine?
—Mañana tengo que madrugar.
—Puede que nos saltemos lo de dormir esta noche. Pero prometo acompañarte hasta el Savoy y desearte un buen día de trabajo. ¿Te atreves a pasar la noche en vela conmigo?
Mis ojos se fundieron con sus hermosos ojos maquillados, tan bonitos como los de un faraón egipcio.
Tenía la sensación de que Freddie siempre me estaba poniendo pequeñas trampas para comprobar mi resistencia.
Me ofrecía una cena romántica y luego un sitio en la cama junto a su hijo.
Y ahora el plan a todas luces no parecía muy apetecible.
Solo de pensar que no dormiría nada y empalmaría con mi hora de entrada al trabajo.
Pero procuré no parecer demasiado molesto con el plan.
Al fin y al cabo se había acordado de mí para vernos y eso era lo que importaba.
—Vale —fue mi respuesta.
—¿Vale? —sonrió acercándome a él por la cintura—. ¿De verdad no te importa sacrificar tu sueño por mí sin llevarte nada a cambio?
—¿Nada a cambio?
—Me refiero a... ya sabes... un poco de amor por mi parte —su sonrisa pícara me encantó, más que sus palabras de hecho.
—Solo deseaba verte, con eso es suficiente para mí.
—¿Lo dices en serio?
—Freddie, te vas a ir de gira y estarás bastante lejos de mí. Creo que es mejor así. Ser amigos está muy bien.
—Parece que estás rompiendo conmigo antes de siquiera haber empezado nada.
—No, no es eso. Pero necesitamos hablar y aquí no es el mejor de los lugares para ello...
—Vamos a hablar, te lo prometo.
—De acuerdo.
—Y tú tienes que prometerme también algo.
—Si está en mi poder.
—Sigue siendo así de dulce y espérame.