TURN BACK THE TIME, BABE. VIII CAPÍTULO XXVIII #2
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CAPÍTULO XXVIII #2

—No lo sé, Freddie. No soy alguien apto para hablar de relaciones sentimentales precisamente pero lo que sí sé es que hay un hombre ahí fuera con un corazón enorme esperando a amarte.

—¿Y qué hago con Winnie? Que yo sepa no hemos roto.

—Deberás asegurarte de no herir sus sentimientos y hacerte con su amistad. Winnie es un buen hombre pero no creo que sea el hombre adecuado para ti. Yo si fuera tú lucharía por algo fiable en tu vida. Lucharía por no perder a Jim.

—Voy a estar a 18.500 kilómetros de él en una semana.

—Antes de irte de gira deberías verle de nuevo. ¿No te parece?

—No sé si es buena idea.

JIM

No podía dejar de pensar en él. Pero al final acabé por deducir que había pasado a engrosar la lista de amantes no logrados de Freddie Mercury.

Y no estaba seguro de sentirme orgulloso de eso.

Recordaba nuestra última cita. Había sido tan especial y tan bizarra en cierto sentido.

¿Cómo se podía describir cuando en vez de sexo apasionado había acabado leyendo un cuento a su hijo para que se durmiera?

¿Alguien se podría creer algo más extraño?

Y sin embargo después de aquello el silencio más absoluto.

Imaginaba que se encontraría en Múnich. De hecho su residencia estaba allí a pesar de que iba y venía a Londres de continuo.

Algo me decía que él no era libre. No solo por su obvia situación de persona casada sino por muchas otras cosas.

En cierto modo tenía un montón de cadenas en torno a él y no me veía capacitado para liberarle de todas ellas.

Solo era un sencillo peluquero irlandés que ganaba setenta libras a la semana.

Y él era una estrella mundial con una vida a todas luces bastante complicada.

No quería enamorarme de él. La última vez que robaron mi corazón lo pasé bastante mal cuando decidí que no podía seguir con la relación.

Me juré a mí mismo que no me embarcaría de nuevo en una relación seria que volviera a destrozarme.

Nos las habíamos apañado John Alexander y yo para no fastidiar nuestra amistad pero recordaba muy bien mi sensación de fracaso cuando afronté el hecho de que no podíamos seguir siendo pareja.

Porque yo me veía compartiendo el resto de mis días con él, al menos el primer año y medio de relación. No quería pasar por algo parecido.

Freddie me gustaba mucho y creía sinceramente que nos podíamos llevar bastante bien. Había cierto ritmo natural entre ambos. Cuando hablábamos, cuando reíamos, cuando nos tocábamos. ¿En eso consistía la química? ¿Había futuro para lo que hasta el momento había surgido entre nosotros?

Cuando me llamó para reunirnos en su casa y descubrí que no había ninguno de sus amigos que pudieran distraerle aquella noche pensé que quizás quisiera de verdad conocerme mejor.

Fue algo inesperado por completo. Pero luego apareció su hijo y entonces comprendí que quizás Freddie quisiera mandarme un mensaje subliminal.

Puede que quisiera recordarme que no era un hombre libre, que no solo estaba casado sino que tenía un hijo.

Estaba seguro que la aparición del niño no había sido fortuita. ¿Y si yo estaba yendo muy deprisa?

Eran muchas dudas las que me asaltaban cuando recibí aquella llamada inesperada.

Al otro lado la voz calmada de Peter me ofrecía una invitación, un plan para pasar la noche del lunes.

Me estaba comunicando que Freddie me invitaba a acudir al rodaje de su video clip en los estudios Limehouse.

Fue una sensación extraña, una mezcla de sentimientos.

Por un lado me alegraba de oír la voz de Peter, pero por otro me hubiera encantado que fuera el propio Freddie quien me hubiera llamado.

Poder oír su maravilloso acento refinado acariciando mis oídos y no delegar esa labor en otros.

Sin embargo la invitación estaba ahí y no me podía plantear rechazarla porque deseaba tanto volver a verle. Y siempre tenía que ser en sus propios términos porque él era la parte poderosa, conocida, adorada aunque enseguida me percataría que también odiada.

Lo cierto es que acudí a esa cita muy nervioso. Más que la primera vez incluso. No era el entorno más romántico que podía existir pero también me parecía un extraño privilegio poder tener la suerte de ver un video clip desde detrás de las cámaras.

Los estudios Limehouse eran un complejo de edificios situado en el almacén número diez, la nave treinta concretamente del muelle de importaciones.

En principio parecía el sitio menos romántico del mundo para reencontrarnos pero aquí al parecer era el sitio donde se encontraba trabajando.

Llame al portero automático de aquella puerta de almacén enorme y dije lo que Peter me dijo que dijera.

Era una suerte de contraseña para cerciorarse que no era un fan loco o algo por el estilo.

Al parecer en los últimos tiempos habían tenido problemas muy serios con una descerebrada de Birmingham y no podían permitirse riesgos.

Había a su alrededor una gran seguridad.

—Persa presumido —pronuncié.

Ni siquiera sabía lo que significaba aquello pero era una contraseña de seguridad. Para cerciorarse que yo era quien decía ser.

La puerta se elevó pesadamente, plegándose y un hombre rubio de ojos claros tras unas gafas me recibió con lo que adiviné tensa educación.

—¿Eres el nuevo hombre de Freddie?

Esa pregunta de bienvenida no era en modo alguna cortes. Más bien era hostil.

—Soy Jim Hutton —quise despachar sin querer entrar en polémicas.

—Sé quién eres —dijo mirándome de arriba abajo haciéndome sentir bastante incómodo.

Yo también sabía quién era. Le recordaba de nuestra vez en Heaven y luego en su casa. Parecía alguien que siempre estaba cerca de él y no me daba buenas vibraciones.

—Hola, Jim.

De pronto apareció Farrokh, el hijo de Freddie y pareció transformarse la luz alrededor. De tenebrosa y amenazante a brillante y positiva.

—Hola, cariño. ¿Qué tal estás? —le dije tomándole en brazos.

—Bien.

—Qué guapo estás. ¿Quién te ha pintado así la cara?

El niño tenía el rostro totalmente maquillado como si fuera un integrante más de Kiss. Era gracioso verle.

—Carol —respondió el niño alegremente.

—No hace falta que nos guíes, Prenter. No nos perderemos hasta el plato.

De pronto también apareció junto al niño aquella chica francesa que se ocupaba de él. No recordaba su nombre bien. Prenter la miró con evidente odio y ella le devolvió la mirada.

—¿Vas a decirme cómo hacer mi trabajo? —arremetió Paul con cierta rabia, apretando los dientes.

Había tal tensión en el ambiente en esos momentos que me acerqué con el niño en brazos y me posicioné entre ambos. Parecía que de un momento a otro iba a estallar una bomba ahí mismo.

—Jim Hutton no es tu trabajo —dijo entonces la francesa.

—Todo lo que concierne a Freddie es mi trabajo.

—Él no —volvió a afirmar muy seria.

Paul posó de nuevo su mirada miope ciertamente iracunda en la chica y tras mirarme con desprecio, la giró de nuevo a ella.

—Freddie sabrá de esto, te lo puedo asegurar. Estás extralimitándote en tus funciones de ridícula niñera.

—No me amenaces, Prenter. Sabes que estás en la cuerda floja con Freddie. Lo sabes muy bien.