CAPÍTULO XXVII #3
—¿Fui una inconsciente al ofrecer algo que no se si estoy en disposición de entregar?
—Ya le has entregado algo muy preciado para ti. Creo que puedes arriesgarte a intentar una amistad con él.
Volví a enrojecer sin remedio a pesar de que Wish había sido en extremo delicada y elegante al aludir a la pérdida de mi virginidad. Yo misma lo había magnificado en exceso dotándolo de un matiz casi sagrado.
No podía considerarme alguien desafortunado a pesar de todo.
Le había entregado mi virginidad a la persona que yo había escogido para ello y nunca podría arrepentirme de haberlo hecho.
Pero lo que a todas luces podría haber sido la puerta de entrada para algo importante, algo lleno de proyectos en común como cualquier otra pareja normal, en nosotros solo supuso el aldabonazo definitivo.
Me entregué en cuerpo y alma a él para dejarle atrás con la misma rotundidad.
Lo que menos podría imaginarme era que al subir al jet aparte de la agradable compañía añadida de David Wigg, al que Freddie no consintió que fuera en vuelo regular, también se encontraría en la tripulación el señor Dolezal.
Ya no había sitio en el cual esconderme y eche un vistazo distraído y angustiado a Wish. Ella probablemente supiera que se iba a volver a Londres con nosotros pero quise creer que lo oculto para no angustiarme.
Durante la primera parte del vuelo, Rudi, Freddie y Hannes estuvieron muy ocupados discutiendo sus cosas y eso me libero de algún modo. Pero eso no duraría eternamente.
Se acercó al asiento que compartía con Wish y a la pelirroja le faltó tiempo para anunciar que debía ir al baño.
Rudi se sentó sonriente a mi lado.
—¿Qué tal te encuentras?
—Bien. Teniendo en cuenta que estoy metida en un avión.
—La última vez que te vi te acababan de quitar los apósitos. Ha sido mucho tiempo.
—No tanto.
Si lo había sido, efectivamente. Me daba cuenta que no era capaz de adoptar un tono de normalidad en la conversación.
Las palabras me salían forzadas porque todas las palabras que se me venían a la mente eran inadecuadas.
Si solo hubiera hecho caso a mi loco corazón, el borbotón de palabras hubiera salido en desbandada diciendo toda suerte de estupideces.
Y si no podía decirlas, mi elocuencia era nula.
—Pareces cansada.
—No he dormido muy bien.
—¿Por tener que coger el avión?
—Sí, algo así.
Coger aviones de continuo había sido mi terapia de choque aunque aún lo pasaba mal porque intentaba no tomar ninguna pastilla para calmarme. Él no podía saber que mi insomnio se debía a él. Y eso que no tenía ni idea de que me le iba a tropezar de nuevo tan pronto.
—¿Venís a Londres por negocios o por placer? —esta vez fui yo la que abrió fuego, haciendo un esfuerzo.
—Supongo que por negocios. Freddie nos ha encargado rodar el vídeo de su primer single en solitario.
—¿I Was Born To Love You?
—Sí, creo que esa es la canción.
Lo había rodado originalmente David Mallet.
La historia seguía cambiando implacable sin ningún freno y Turn back the Time parecía decirme a gritos que dejara de luchar contra el viento.
Que no tenía sentido evitar los cambios cuando estos una y otra vez se sucedían sin oportunidad ni de reaccionar.
Rudi siempre aparecía unido a un nuevo cambio.
El suponía el mayor y más peligroso cambio para mí.
El modo en que la app, que era lo mismo que decir la vida, me ponía pruebas para tentarme, para comprobar si había madurado a través del sufrimiento.
—Freddie parece confiar mucho en ti.
—Me gusta pensar así.
—¿Es que te vas a convertir en el director de todos sus videos?
—Parece que eso no te gusta nada.
Opté por no contestar. El no gustarme los cambios era una cosa y la sensación acuciante de que no había modo de controlarlos era otra aún peor.
—¿Cuándo empezaría el rodaje del video?
—Primero tenemos que darle forma a la idea de Freddie y eso lleva bastante tiempo.
—Cada vez que vosotros dos os juntáis se podría organizar una exposición en la National Gallery con vuestras tormentas de ideas.
—Sí, nos venimos muy arriba.
—Sois dos artistas muy expresivos.
—Aún conservo el dibujo que hiciste aquella noche. ¿Tú conservas el mío?
—La verdad es que no. Lo rompí en mil pedazos.
Rudi ni siquiera respondió a eso. Solo me miró algo aturdido pero con un ligero toque cómico en sus labios.
—¿No vas a preguntarme por qué?
—Tendrías tus razones.
Recordaba ese momento Amandine rabieta en el cual me convertía en un tifón, un huracán, un terremoto, una fuerza bestial sin posibilidad de canalización.
Solo porque Greta había aparecido. Esa era la Amandine celosa.
Inconscientemente tenía los puños apretados pensando en ello y de pronto Rudi se fijó al instante.
Me los cogió y destenso uno a uno mis dedos entre los suyos, fuertes y largos.
—Cada uno de los trozos están guardados.
—¿De verdad?
Asentí. Y tragué saliva con dificultad.
—Entonces creo que deberíamos intentar recomponer ese puzzle en algún momento.
—Es algo muy difícil. Casi imposible.
—Nunca me han asustado los retos.