CAPÍTULO XXVII #2
Tras decir esto, Freddie se echó a reír y le dio una palmada muy sonora en la rodilla.
Algo que por otra parte hacía con mucha frecuencia, era un gesto muy suyo.
Entonces el director pidió que cortaran y llevando a David a un lado le pidió que dijera a Freddie que no le volviera a dar una palmada tan sonora porque el sonido echaba a perder la grabación.
Aquello era lo más ridículo que había oído en toda mi vida. No podía haber acabado de decir esa absoluta gilipollez pero al parecer David no lo entendió así porque con mucha gravedad le aseguró que lo haría. Que sería la correa transmisora.
En todo el tiempo que llevaba en la misión y por tanto dentro de este mundo del espectáculo había conocido un montón de gente.
La mayoría pasaban por delante de mis ojos sin que me ofrecieran un solo motivo de interés, tenía que admitirlo.
Era alguien a quien no se me impresionaba con facilidad.
Por contra, los que de verdad me habían impactado, habían dejado una huella imborrable.
Ese mundo daba escalofríos en ocasiones porque alrededor del talento y la brillantez de alguien como Freddie, había mucha gente totalmente desechable.
Y al parecer uno de ellos era aquel mastuerzo que tan solo debería poner su cámara a rodar y dejar que Freddie se ocupara de hablar, reír, gesticular y dar todas las sonoras palmadas que le diera la gana, pour le amour de Dieu.
Sin embargo debía tener bastante respeto al persa para utilizar a Wigg como intermediario para esa bizarra petición.
O sencillamente era un puto cobarde y un indeseable.
Había algo que ese imbécil no sabía y era que nunca nadie le decía al cantante lo que podía o no hacer. Se iba a enterar el mequetrefe.
La filmación comenzó y entonces Freddie inocentemente preguntó a Wigg de esa forma inocente en que él solía hacer.
—¿Qué es lo que no quieren que haga?
Antes de que Wigg le respondiera le dio una palmada aún más fuerte en la pierna. Tan fuerte que se tambaleó. El sillón donde se encontraban se hundió y el periodista cayó al suelo mientras Freddie se descojonaba de la risa.
—Corten —chilló llenó de frustración el director.
Nadie iba a decir a Freddie lo que tenía que hacer. Estaba claro. ¿Había captado el mensaje aquel inútil?
Parecía mentira que una entrevista tan divertida y apasionante como aquella hubiera sido tan accidentada. Nunca lo hubiera imaginado.
Como tampoco podía imaginarme que justo en aquel plató mis ojos se iban a tropezar con la última persona que podía imaginarme justo en aquellos momentos.
A escasos metros de mi pude vislumbrar la figura alta y fuerte de Rudi hablando animadamente con Wish.
Ambos, temperamentales y expresivos, parecían inmersos en una entretenida charla.
Poco después se les unió Hannes, su socio.
Estuve unos instantes sin apartar los ojos de Rudi pero enseguida me vi en la necesidad de huir de allí.
sabía que no debía hacer nada parecido porque eso demostraba cuán débil me sentía aún frente a él.
pero no pude evitarlo. Era una sensación de temor exagerada.
¿Por qué temía tanto que nos volviéramos a ver?
Nuestro último encuentro a pesar de las iniciales tensiones, había terminado bien.
Habíamos acordado ser amigos. ¿Por qué debía huir de mi nuevo amigo?
—¿Cómo te las arreglaste para escabullirte tan rápido? —me preguntó Wish observando mientras hacía mi pequeña maleta una vez más.
Últimamente los viajes Múnich-Londres y viceversa eran tan frecuentes que no merecía la pena ni deshacerla.
—Solo fui con Farrokh a dar un paseo. No me escabullí.
—Sí, te escabulliste. Rudi preguntó por ti.
—¿Y qué le dijiste?
—Pues que te habías escabullido, encanto. ¿Qué otra cosa iba a decirle?
—No será verdad.
—Oh, Amandine. Estás siendo muy dura contigo misma. ¿Por qué no intentas llevarlo con la máxima naturalidad? Al final quedasteis en ser amigos.
—Tú no lo entiendes. Para mí no es fácil crear vínculos de amistad con nadie. Me encuentro perdida e insegura y solo accedí porque no veía una salida clara a todo lo que sentía. No me resulta cómodo comportarme como si nada con él. Siento que no puedo ser su amiga ni podré nunca.
—¿Es que en algún momento vuestra relación dejó de ser platónica?
El rubor encendido de mis mejillas como tantas otras veces que aparecía Rudi en la conversación supongo que la delató. Ahora me percataba de que nuestra noche maravillosa en Garden Lodge, merced a la gente discreta que tenía conocimiento de ello, eran un hermoso secreto.
—Háblame con total confianza. No pasa nada.
La miré unos instantes. Habíamos avanzado mucho en cuanto a confianza se refiere las dos, ahora estábamos bastante unidas pero había cosas de las que me costaba mucho hablar.
—No quiero hablar de eso.
—Si quieres no pronunciaremos la palabra mágica con S pero solo dime si Rudi al final ha acabado siendo tu primer hombre.
Curiosamente en su voz sonaba increíblemente potente y parecía que nunca había reflexionado lo suficiente en ello. En que el austriaco había sido el primer hombre para mí. A todos los niveles.
—Y el último —no pude evitar decir.
Wish sonrió con dulzura y abrió sus brazos para que me colara entre ellos.
Dudé unos instantes pero lo hice, me abracé a ella.
Comprendí por qué Elideth necesitaba sus abrazos con tanta frecuencia en momentos de confusión y zozobra.
Aquellos fuertes y delgados brazos tan diestros y mortíferos a la hora de poder segar una vida, eran igualmente fiables cuando se trataba de hacerte sentir protegida, a salvo.
Era muy extraño. Potentes y cálidos, así eran esos brazos envolviéndote.
Y jamás pensé que fuera a necesitarlos. Sin duda el episodio de la roulotte al final no había sido solo negativo y desgarrador para mí, también había conseguido el milagro de convertir a una "enemiga" en alguien con quien poder forjar una amistad.
A veces aún me costaba hacerme a la idea después de haberla detestado tantísimo.
—¿El último porque crees que nunca te vas a enamorar de ningún otro?
—Aún no estoy convencida de que esté de verdad enamorada de este.
—¿O el último porque después de esta experiencia estás planteándote volverte lesbiana?
—Oh, Arlene. No estoy para bromas.
—No lo hagas, cariño. No te escondas de él. Tarde o temprano volveréis a coincidir y ¿qué vas a hacer? ¿Huir una y otra vez?
—Me gustaría poder ser lo bastante fuerte para llevarlo con naturalidad pero...
—Eres muy fuerte. Has superado cien mil cosas peores que unos ojos azules. Vamos, solo tú y yo lo sabemos.
Era cierto. Solo ella y yo sabíamos lo que era luchar a brazo partido contra una despiadada hidra de destrucción. Pero Wish estaba siendo muy optimista, no estaba tan convencida de haber superado aquella tortura.
—Yo fui quien le propuse amistad para acabar con mi estúpido sueño romántico pero lo curioso es que no me veo capacitada para poder ser su amiga tampoco. Sería lo ideal porque si no puede llegar a ser un infierno pero... aún siento cosas por él.
—No somos máquinas. Uno no puede dejar de amar porque así lo decida.
—Pues yo voy a ser la primera mujer que consiga eso.
—Si Amandine Solís se empeña en hacer algo lo consigue pase lo que pase ¿no?
—La misión aún sigue siendo mi absoluta prioridad y no puedo consentir esta maldita debilidad. Lo superaré.
—No te puedo ayudar en eso, cariño. Pero aquí me tienes para lo que necesites.