TURN BACK THE TIME, BABE. VIII CAPÍTULO XXVII
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CAPÍTULO XXVII

WE CAN ALL BE FRIENDS

AMANDINE

Conocer a Jim Hutton fue una de las cosas más bonitas que me había aportado esta misión. Verle junto a Freddie con su forma tan natural de moverse, de hablar, de mirar, me conmovió. Y su voz era casi tan bonita como la del cantante.

Había dudado tanto de que este momento fuera a suceder.

Es decir, cuando era solo una sencilla componente de Queen Hotzone y me dedicaba a expresar mis opiniones, estaba convencida de que Elideth acabaría destruyendo todo.

Después de que Minns, Fanelli y Bastin salieran rodando como maltrechas piezas de su ajedrez particular, pensé que Winnie ni siquiera tendría tiempo para posar sus ojos en Freddie y sin embargo no solo habían tenido su romance sino que ahí estaba Jim. No me lo podía creer.

Vine para ser la ortodoxa del tiempo y si, reconozco que la cagué como la que más.

Fui incoherente y me dejé llevar por los sentimientos cuando me empeñé en que Fanelli se atiborrara de antirretrovirales y no estaba claro si eso había servido de algo o era una huída hacia ningún lado.

También me comporté como una adolescente con las hormonas locas al conocer a Rudi y quedarme prendada de sus ojos azules aunque seguía negando que me hubiera enamorado por primera vez.

En fin, también había cometido errores que se cargaban todos mis ideales.

Soy humana. Pero aún tenía tiempo para hacer las cosas bien y si había alguien que podía justificar cada uno de mis movimientos ese era Jim Hutton.

No podía expresar esta gran alegría con Wish delante porque ella tenía ideas diametralmente opuestas a mí y ahora habíamos alcanzado una suerte de extraño equilibrio en nuestra relación laboral.

Era muy difícil que pudiéramos ser grandes amigas pero habíamos derribado muchos muros entre nosotras desde que el diablo de Sally nos unió en esa roulotte y acabamos con ella.

Ya no éramos las mismas, no podíamos serlo.

Yo no la juzgaba tan severamente y viceversa.

Habíamos abandonado esa actitud testaruda rayana en el más puro infantilismo que nos obligaba a insultarnos, mucho más ella que yo, todo había que decirlo.

Si discrepábamos en algo habíamos conseguido discutirlo como dos personas adultas y exponer nuestras diferencias sin callarnos ni uno solo de nuestros razonamientos pero evitando entrar en la provocación fácil.

De modo que se habían suavizado mucho las cosas entre nosotras después de mi secuestro.

Pero si había algo que nos separaba eran nuestras ideas sobre la misión.

Y eso al final era como decir que nos separaba todo.

Cuando Freddie me habló de un plan que requería mi colaboración y la de Farrokh, me sentí al instante intrigada pero nunca imaginé la naturaleza de dicho plan.

Hay personas que jamás evolucionan. Tener convicciones fuertes no siempre se contradecía con tener la capacidad, no de cambiar radicalmente tu punto de vista y por tanto, tu idea, sino de darle un giro distinto a esa idea.

Un claro ejemplo de eso era mi opinión sobre Farrokh.

Nunca vi bien que Elideth y Freddie tuvieran ese empeño por procrear.

Creía que el niño al igual que la madre iban a ser un equipo infalible para llevarse por delante toda la identidad del cantante de Queen.

Elegir ser la niñera de Farrokh como mi labor de espía en Turn back the Time fue arriesgado porque en cierto modo contradecía mis arraigadas ideas sobre lo que consideré un desastre.

Pero en realidad acabó siendo un regalo.

Por tanto, mi idea radical de que Farrokh había sido un error evolucionó.

No podía repetirme ni una sola vez que el era un error cuando Freddie le necesitaba para despejar las dudas que pudiera tener sobre Jim.

Freddie y Jim eran dos personas destinadas a unirse pero curiosamente y debido a su mala experiencia en ese aspecto con Winnie, el cantante necesitaba cerciorarse de que el niño no iba a ser un obstáculo para su relación.

Porque deseaba mucho que se siguieran viendo pero todo dependía de ese encuentro entre Jim y Farrokh.

Y ahí entrábamos nosotros en ese curioso plan.

Y el plan fue un éxito porque la naturalidad y la calidez del irlandés con el niño fueron la clave para que Freddie decidiera continuar conociéndole. Así que, ¿cómo podía considerar a Farrokh un error? Ahora menos que nunca.

Como me ocurriera con Winnie anteriormente, el conocer al irlandés me impactó tanto que me quedé casi sin palabras.

Apenas cruzamos dos sencillas frases. Era un momento demasiado clave para mí y vencer mi gran timidez se demostraba imposible.

Pero justo en ese momento me hice la solemne promesa de que Jim no iba a ser otra de las marionetas de Elideth.

Aquí y ahora mi labor en esta misión adquiriría todo su pleno significado.

FREDDIE

—Jim, ¿vas a venir? —preguntó el niño con suma naturalidad.

Nuestro baño diario era uno de los mejores momentos de mi día y era algo tan nuestro que ni siquiera Eli solía meterse a la bañera con nosotros.

Me impactaron dos cosas. Que Farrokh considerara ya a Jim como alguien de confianza para compartir nuestro baño y la mirada del irlandés observándonos chapotear entre montañas de espuma.

Era la mirada de alguien que entiende sin necesidad de que se le expliquen las cosas.

La mirada de alguien perspicaz y al mismo tiempo de una dulce humildad.

Por eso rechazó con ternura la petición de mi hijo, porque entendió que era una actividad muy nuestra y que no quería cambiar eso.

Aquello fue una pista muy importante para decidir que no quería renunciar a él.

—Ahora sí, me tengo que ir a trabajar —me anunció con una sonrisa dejándose besar una y otra vez su bonito bigote.

—Quiero volver a verte.

—Claro. Dentro de un mes más o menos ¿no? Me dijiste que te ibas de gira al otro lado del mundo.

—¿Ni siquiera te preocupa?

—¿El qué? ¿Qué vayas a hacer lo que más disfrutas?

—Oh, maldita sea. Hay otra cosa con la que disfruto aún más y aún no la hemos probado.

—Me temo que ya no queda tiempo. Tienes que coger un avión para Múnich.

—Lo siento. Tengo compromisos allí pero...

—No te preocupes. Ya nos volveremos a ver.

—Oh, no lo digas así, querido. Parece que no lamentas el que nos tengamos que separar.

—Claro que lo lamento pero no sé, Freddie...

—¿Qué? Dime lo que piensas.

—Pienso que no hemos hablado lo suficiente de cosas muy importantes en tu vida.

—¿Te refieres a Elideth, mi mujer?

—Pues sí... a ella me refiero.

—Freddie, lo siento. Tenemos que irnos ya —anunció Phoebe.

—Sí, claro. Volveré antes de que cuentes tres y hablaremos de todo.

—Uno, dos y tres.

—Mi vida... Eres el hombre perfecto. Sería un completo idiota si te dejara escapar —dije abarcando mi boca con la suya en el mejor beso que se me pudo ocurrir como despedida.

AMANDINE

Parecía que en los primeros compases en la relación entre Freddie y Jim todo iba extrañamente despacio.

No sé si en la historia original fue en realidad así, algo me decía que no.

En la historia original ni Elideth ni Farrokh existían.

Aunque si lo hacía Winnie y supuso un comienzo de relación cuando menos accidentado.

Pero de momento lo único que había era un montón de química, la promesa de un reencuentro no muy lejano y algún intercambio de románticas cartas entre ambos. Yo era feliz aunque temía cuando Winnie se enterara de que alguien había llegado para hacerle sombra.

Todo era susceptible de mi más profunda atención, como fan y sobre todo como espía de Turn back the Time.

Pero nunca tanto como ahora que Jim había llegado, estaba tan emocionada y dichosa.

Sobre todo porque la felicidad al fin asomaba verdaderamente en los ojos de mi cantante favorito y no quería que eso cambiara por nada.

Me había percatado de un hecho singular.

El ritmo dentro de Turn back the Time era habitualmente tan frenético que a veces te extenuaba y sin embargo desde que apareció Jim el ritmo había variado.

Hasta Freddie se había calmado. Bueno, todo lo que Freddie podía calmarse.

Así que acababa de llegar la verdadera fuente de estabilidad para él.

Acababa de llegar la salvación para él. La salvación de Freddie aparentemente tenía que ser Elideth desde el principio pero sin embargo yo ya no creía en eso.

Desde que Freddie, Wish y ella enfermeran, muchos de nuestros tontos sueños románticos se habían hecho trizas.

El leitmotiv de la misión se había hecho añicos.

Nuestro empeño seguía siendo el mismo, que el persa no muriera.

Pero Elideth estaba en 2021 y Freddie iba a enamorarse por primera vez de forma verdadera.

Para mí eso era una señal. Sería tan brillante idea que nuestra "heroína" se quedara en el tiempo presente y dejara de jugar con los sentimientos de Freddie de una vez por todas.

Por de pronto Mercury se encontraba en un momento especialmente ocupado de su vida para poder dedicar tiempo a ese nuevo y significativo amor.

Debía permanecer aún unos días en Múnich.

Tenía grabación de una entrevista para la televisión alemana para promocionar su disco y fletó su jet para David Wigg, para que él se encargara de hacerle menos difícil esa parte de la promoción.

David era una raza distinta de periodista y Freddie solía contarle muchas cosas off the record. Cosas que jamás iba a utilizar. Por eso aún seguía siendo un gran amigo después de tantos años y a él recurría siempre en momentos de especial trascendencia.

—Freddie, ¿alguna vez te has sentido intimidado por tener que cantar frente a ese público tan grande? —preguntó David.

—Oh, no —contestó—. Para mí, cuanto más grande mejor... en todo.