CAPÍTULO XXVI
JUST LIKE ANY OTHER BOY
PRENTER
—Hay que elegir una foto para la portada y otras dos para el reportaje ¿no es así? Todas son magníficas. Han hecho un gran trabajo —comentó Dom con los ojos abiertos de la emoción viéndolas una y otra vez—. Dios, Freddie. Lo siento por ti, de verdad que sí —susurró después.
Dom hacía mucho que había perdido su equilibrio, su paz interior y su sentido común.
Freddie siempre la había demostrado un gran cariño y en cierto modo sentía cierto remordimiento por esta trapisonda.
Pero era más fuerte su deseo de venganza y los dos juntos formábamos un fuerte bastión.
Siempre había víctimas colaterales y en esta ocasión echar por tierra a Elideth y Arlene iba a hacerle daño también a él.
—El zoom estaba a tope para no ser descubiertos y eso altera bastante la imagen pero creo que a pesar de la mala calidad, no hace falta más. La foto habla por sí misma —comenté satisfecho observándolas con detalle.
—Solo se están abrazando —comentó por fin Cheryl con aire indiferente mordisqueando su lapicero.
—El fotógrafo gastó un carrete de treinta y seis fotos solo con este maldito abrazo. Te aseguro que estuvieron mucho tiempo abrazados. Aquí hay más de lo que parece.
—Y ni un solo beso de tornillo.
—Obsérvalo bien. Hay pasión ahí. Te lo dije, esa pelirroja es puro fuego y Freddie se encuentra en un momento especialmente vulnerable. Si no habían follado antes cuando se largaron de la presentación, sin duda follaron después de este emotivo abrazo. Hay mucha información ahí.
Lo pensaba de verdad. Estaba convencido de que en Rio hubo sexo entre ellos y que no iban a quedarse satisfechos solo con eso.
Arlene había estado todo el tiempo como empleada al servicio de Elideth y había sido su gran defensora, observando a Freddie mientras mantenía el deseo a raya.
Ella podía hacer esas cosas con facilidad, era una ex soldado.
Probablemente si Eli hubiera seguido ahí eternamente, ella eternamente se hubiera negado eso que ahora tomaba con tanto frenesí.
Con verdadera hambre atrasada. Una vez que Eli había desaparecido ya no había obstáculos para ambos.
Y ese abrazo no era solo fraternal. Expresaba todo ese deseo retenido.
Estaban envueltos en llamas, por el amor de Dios.
—No sé... —comentó Cheryl torciendo el gesto no muy segura del material obtenido—, pero es lo que tenemos y podemos utilizarlo muy bien.
Lo importante no es si ese abrazo encierra otro significado más tórrido sino lo que nosotros queramos que sea.
Es un complemento idóneo para mi texto sobre Rio. ¿Cómo sabías que...?
—¿Qué iba a tener lo que quería? ¿No es evidente? Entre la americana y Freddie siempre ha habido tensión sexual. Ahora que Elideth ha huido, ¿qué mejor momento que dar rienda suelta a sus más bajos instintos? Trastornó a Nina y pretende hacer lo mismo con él.
—No creo que Freddie se llegue a trastornar. En el momento en que se la ha pasado por la piedra ya habrá dejado de tener atractivo para él —opinó Dom—. Fred solo está enamorado de la zorrita Eli Polley.
—Tampoco está enamorado de ella —repliqué ofendido—. Solo se las arregló para volverle loco.
—¿Estás celoso? —Cheryl apuntó, quitándose las gafas y fijando sus ojos en mí.
—No digas estupideces. Es mi amigo, me fastidia que pierda su tiempo con mujeres. Siempre sale perjudicado.
—En esta ocasión tú eres el que va a perjudicarle, Prenter. No la pelirroja.
—Necesitamos hundir a Elideth por haber matado a nuestra amiga y haremos lo que sea... —aportó Dom.
—Incluso hacer daño al que afirmas que es vuestro amigo.
—¿Tú de parte de quién estás?
—De la mía, siempre de la mía, querida.
—Hay algo entre ellos dos y no puedo perder la oportunidad de explotarlo en mi beneficio. Cuando la rubia se entere de la traición de su queridísima amiga saldrá de su agujero al fin. No va a tardar y entonces te quiero enteramente a mi disposición. No admitiré excusas.
—No me hables en ese tono, Prenter. Yo seré quien marque los tiempos. Soy yo la que trabaja, tú solo eres un gusano traidor y rastrero que se aprovecha de los demás.
—Tú no eres mejor que nosotros, Cheryl. No juegues con nosotros o puede que pidamos los servicios de tu ex. No eres la única en este negocio —se unió Dom—. No seas tan vanidosa.
Fue sorprendente ese giro que dio la francesa, ni siquiera yo me había planteado contactar con su ex y su mayor enemiga. Eso sin duda era un golpe bajo para ella. Para su ambición.
—¿Tracy? Harías un flaco favor a tu causa, ni siquiera sabe hacer la o con un canuto —intentó disimular su repentina preocupación.
—Creo que tú eres mejor escritora, sin duda. Pero ella es mucho mejor que un perro de caza. Ella ya habría dado con el escondite de Elideth —apoyé.
—¿Ah, sí? —pregunto herida en su amor propio—. ¿Y por qué no lo ha hecho aún? Que yo sepa nadie tiene ni idea donde esta esa zorra.
—Ni siquiera lo ha intentado. No me he acercado a ella para tentarla. Pero si juegas conmigo, ratita presumida, me iré con el enemigo sin dudarlo y tú te lo perderás todo. Así que modera tu arrogancia.
—Dom, sabes que ella es una de las principales periodistas que apoya la teoría de que Farrokh es en verdad hijo de Roger. Lo sabías, ¿no?
—¿Tú no? Parece bastante obvio —replicó Dom, impasible. En este punto la francesa no dudó en absoluto. Era un hecho para ella. Farrokh era hijo de Roger. Sin ninguna sombra de duda.
—Lo que parece más bien obvio es que tu venganza te impide ver las cosas con claridad, cariño. Pero eh, yo no soy nadie para cuestionar esos sentimientos vengativos.
—¿No dices que Elideth saldrá de su agujero cuando salga esto en los periódicos?
—Estoy convencido de ello. Estoy deseándolo. Tengo tantas ganas de derrotar a Elideth como a esa zorra pelirroja. Necesita un escarmiento, es demasiado arrogante.
—La misoginia más cerval unida a los celos más irracionales que he visto nunca. Tal vez debería hacer un artículo sobre vosotros dos, ¿verdad?
Cheryl era muy buena provocando y su actitud siempre era temeraria. No la había elegido al azar para que formara parte de esta operación de acoso y derribo a Elideth.
—¿Cuándo aparecerá el artículo? —se impacientó Dom.
—No os quedará más remedio que ser pacientes. Me gusta ser concienzuda en mi trabajo y mis artículos descarados no vienen llovidos del cielo. Hay mucho trabajo detrás de ellos. Así que yo y solo yo decidiré cuándo saldrá publicada mi obra maestra.
Observé con detenimiento el rostro de aquella arrogante puta y supe que tendría que tragarme mi bilis.
Todo fuera por la causa. Llenaríamos de ignominia su nombre y cuando acabáramos con su reputación, ella misma correría a arrastrarse lo más lejos posible del ojo público como un gusano asustado.
Y Nina podría descansar en paz allá donde estuviera.
JIM
No se me daba bien cocinar pero si quería sobrevivir no me quedaba otra opción.
Después del trabajo llegaba a casa tan cansado después de estar horas y horas de pie, que solo me apetecía tumbarme en el sofá a ver la tele.
Había sido una jornada particularmente dura y tenía los pies hinchados y dolientes.
Estaba acariciando la idea de empezar a cocinarme un salteado de verduras o directamente ir a tomar un baño caliente para desestresarme. Luego quizás sería buena idea ponerme a cocinar. Tenía tanta hambre como cansancio. Decidir entre ponerme a hacer la cena o darme un baño. Patético.
No me arrepentía de haberlo dejado con Alexander.
Al final fue la mejor decisión. Nos habíamos convertido en dos educados compañeros de apartamento y eso no tenía que ver mucho con una relación amorosa.
Al menos como yo la entendía. Había sido muy afortunado por romper y seguir manteniendo nuestra amistad pero le echaba de menos justo ahora cuando no sabía qué hacer primero.
Si él estuviera conmigo me habría preparado el baño y la cena.
Sí, supongo que egoístamente aun le extrañaba.
En ese momento sonó el teléfono y dejé la sartén sobre la mesa.
A toda prisa salí al estrecho pasillo para coger el teléfono en el recibidor.
—¿Diga?
—Hola.
—Hola. ¿Quién eres?
La voz era bonita, aterciopelada como la de algún locutor de radio. No solía participar en ningún concurso radiofónico así que seguro que no me había tocado ningún premio.
—Adivina.
—Tengo la mente en blanco.
—Soy Freddie.
Sin duda alguna había dicho eso con tanta sencillez y candor, que ni siquiera era capaz de procesar lo que acababa de oír.
Nos habíamos visto hacía algo más de una semana y aunque al principio no podía hacer otra cosa que pensar en él, al final con mi pragmatismo habitual me convencí de que jamás iba a volver a llamarme.
De todos modos era algo que tenía asumido.
¿Por qué iba a llamar a alguien como yo?
—Hola, Freddie —intenté contestar con la máxima naturalidad pero mi corazón ya aporreaba en mi pecho. Pensé absurdamente que podría oír ese palpitar.
—No pareces muy entusiasmado con mi llamada. ¿Te pillo en mal momento?
—Hmmm. Sí... No... bueno, es que iba a hacerme la cena...
—Estupendo. Apártate de los fogones, te invito a que cenes en mi casa esta noche.
—Oh... pues...
—No te preocupes. Habrá más gente. Te lo pasarás bien, te lo garantizo.
¿Más gente? Eso es lo que me preocupaba.
Ya había visto un muestrario de los amigos de Freddie.
No tenía nada contra ellos pero aquella ocasión en Heaven me habían atravesado con sus miradas uno a uno.
No sabía si estaría preparado para una nueva sesión de miradas críticas. Llevaba mal ser el centro de atención.
—¿Y bien? ¿No dices nada?
—De acuerdo, iré. ¿Cuándo será la cena? Dime a qué hora debo presentarme.
—Ahora.
—¿Ahora? Es un poco pronto, ¿no?
—Me acabas de decir que ibas a hacerte la cena.
—Pero solo porque estoy reventado y necesitaba meter algo al estómago, darme un baño y meterme en la cama.
—Oh, vamos. No lo dirás en serio. Es viernes.