TURN BACK THE TIME, BABE. VIII CAPÍTULO XXII
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CAPÍTULO XXII

THERE’S NO TIME FOR US

ELIDETH

Farrokh estaba en mis pensamientos día y noche así que nada podía prepararme para aquel encuentro a través de Skype.

Solo se le podía haber ocurrido algo así a Wish.

Era descabellado, probablemente contraproducente pero en aquellos momentos no podía caber más qué alegría.

No me lo esperaba y fue como una caricia y al mismo tiempo un latigazo en mi corazón.

—Hola, mi amor. ¿Cómo estás?

—Bien. ¿Vas a venir?

Los niños no entendían de sutilezas e iban directos al grano pero lo más curioso es que estaba viéndome a través de una pantalla y no le afectaba lo más mínimo. Al parecer encajaba a la perfección con el propio universo de su imaginación.

—Ahora mismo no puedo pero pronto estaré contigo.

—¿Cuándo?

—Antes de lo que piensas. Estás muy alto y muy guapo. ¿Te comes todo lo que hay en el plato?

—Hmmm. Sí.

—¿Seguro?

—A veces.

—Eso me parecía. Tienes que comértelo todo para ser más alto y fuerte que primo Freddie.

—Soy más fuerte que él. Papá dice que soy más fuerte que él.

Eso no era del todo cierto, ¿pero quién iba a contradecir a estos dos?

—Dime qué vas a hacer hoy.

—Voy a ir al zoo.

—Eso es que te has portado muy bien.

—Didi me ha dicho que si soy bueno me comprará un helado doble de chocolate.

Helados en invierno. Herencia materna, supongo.

Me estaba costando mucho refrenar mis lágrimas porque verle era algo muy potente para mí pero no era suficiente, tenía la necesidad de repente de abrazarle y llevarme su olor conmigo.

Exactamente igual a cuando le di a luz en aquel avión y al fin pudimos oír su lloro.

Sonoro y vibrante. El sonido de la vida.

Era un modo de comunicación entre nosotros que nunca pensaba que iba a mantener pero ahí estábamos, utilizando la tecnología del siglo XXI en pleno 1985.

Verle y no poder tocarle era doloroso, claro que sí, pero insufló un soplo de aire fresco a mi vida en 2022.

Era donde debía estar pero no adonde pertenecía mi cuerpo y mi alma, sin duda.

—Mami, vas a venir enseguida.

—Sí, mi cielo. Y te daré un abrazo que durará horas y horas. Te echo mucho de menos.

—Y yo. Te quiero.

—Y yo, mi príncipe.

Farrokh puso sus labios en la pantalla y yo también y nos dimos el único beso que podíamos darnos. El niño no derramó una sola lágrima y eso me sorprendió y me hizo fuerte a mí. Si mi hijo de tres años me trasmitía esa maravillosa fuerza, ¿por qué iba a dudar de que mis pasos eran los correctos?

—No te olvides de mí.

—No, mami.

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—Feliz cumpleaños.

—Wish, ha sido el cumpleaños más bonito y más triste a la vez de toda mi vida. Muchas gracias, mi amor. ¿Cómo se te ha ocurrido?

—Tenía que hacerlo. Ya sé que no es lo ortodoxo ni lo más racional pero quiero que os sigáis viendo aunque sea de este modo peligroso.

—Tú lo has dicho, peligroso. ¿Hay algo que no sea peligroso en Turn back the Time?

—Amandine no quería que lo hiciera. Temía que Farrokh no pudiera asimilar muy bien verte desde una pantalla y que le podría perjudicar más que beneficiar.

—Ahí estáis siempre, cada una con una opinión diferente de las cosas. Wish mi pelirroja irracional con el corazón más grande del universo y Amandine siempre pendiente de que nada se descontrole e intentando proteger a Farrokh.

—Al final ya sabes que todo se descontrola así que ¿qué hay de malo en que una madre y su hijo se puedan comunicar si tenemos los medios para ello?

—Solo espero que no hayáis discutido mucho por mi culpa una vez más.

—Siempre vamos a discutir, ya lo sabes. Pero el tono ha cambiado mucho, existe un vínculo que antes no teníamos.

—¿Ya no perdéis las formas?

—No, ahora discrepamos pero no llegamos al insulto.

—La salvaste la vida. Es normal que algo haya cambiado a mejor. ¿Qué tal se encuentra ella?

—Creo que le llevará bastante tiempo recuperarse aunque intenta por todos los medios hacernos ver que está bien.

—¿Quién puede estar bien después de una experiencia así? Otro muerto a nuestras espaldas.

—Ese era nuestro otro objetivo, ¿no? Cazar y dar muerte a Sally. Quién nos iba a decir que Amandine sería la llave que abriera la puerta de esa loca.

—Igual que tú fuiste la llave para Killer.

—Al final hemos sido de ayuda para la misión. Y no nos hemos matado antes la una a la otra.

—¿No sientes un peso enorme después de cada muerte? Es decir, la misión está cumplida pero nos hemos cepillado a dos personas.

—Nuestros asesinatos están plenamente justificados. Yo estuve a punto de morir y Amandine también habría acabado pagándolo con su vida. Ellas o nosotras. Hemos hecho un bien a la humanidad barriendo esa basura a un lado.

—Creo que me he convertido en alguien muy peligroso. Alguien que ya no reconozco. Incluso a mis padres les cuesta reconocerme.

—Tú no has cambiado. Es esta endiablada misión la que nos obliga a cambiar. Nadie es perfecto. Todos cometemos errores. Pero tu esencia, la esencia que enamoró a Freddie sigue ahí.

—¿Qué tal Freddie? Dime que ya se está medicando contra el VIH.

—No me consta que haya empezado y Amandine no ha tenido mucho éxito con ello. Es complicado hacerle entender que tome algo de lo que nadie tiene ni idea y que debe mantener en secreto.

—No hay otro modo.

—Cuando regresábamos de Brasil en el avión me tocaba tomar mi pastilla diaria y Freddie estaba conmigo. Aproveché para confesarle mi enfermedad. Pensaba que si me veía con naturalidad tomar esa medicación y sabía que compartíamos ese maldito virus, eso podría empujarle a empezar el tratamiento.

—De modo que sabe que eres seropositiva.

—¿Crees que hice mal en confesárselo?

—No.

—Lo malo es que desconfía de lo que me tomo.

Él sabe que no hay nada aún para que los enfermos tomen y verme tomar esa pastilla le puso en guardia.

Cree que "el tratamiento experimental" del que le he hablado puede ser solo una fuente de ingresos para algún desaprensivo y que quizá me este perjudicando más que beneficiando.

—Freddie siempre está pensando en el bienestar de los demás, maldito sea. ¿Te das cuenta? ¿Por qué tiene ese corazón tan grande?

—Al final él estaba intentando disuadirme de que tomara la medicación en vez de lograr convencerlo de que él lo hiciera.

—¿Y si supiera que Joe lleva tomándola tiempo? ¿Eso no le empujaría a ello?

—Se supone que es alto secreto y Joe y Amandine comparten ese secreto, decirlo solo aumentaría las sospechas de Freddie cuando supiera que ha sido Amandine quien le ha proporcionado el medicamento.

—Veo la dificultad perfectamente.

—Freddie no va a tomar nada en lo que no confía y además, se le ha dicho que no puede desvelar a nadie la existencia de ese tratamiento.

—Sí, está con la mosca tras la oreja. Si demora en empezar, el virus se irá apoderando de él. No quiero ni pensarlo. Freddie está en vuestras manos.

—El, creo que el alud empieza a desprenderse y en breve va a correr ladera abajo.

—¿Qué quieres decir?

—Creo que ya es demasiado acuciante. No hay modo de seguir adelante sin decir la verdad. Mientras no le digas toda la verdad, Freddie no tomará ninguna medicación para salvarse.

—Pero yo no puedo hacerlo ahora. Si emprendo ese viaje para decirle todo y conseguir que se medique tendría que inmediatamente regresar de nuevo.

Según él lo ve como otra huida. Mis huidas cada vez las lleva peor y más sabiendo que estoy embarazada.

No puedo soltarle esa bomba y largarme. Sería demasiado. Nos hundiría definitivamente.

Wish tenía toda la razón. Parecía ser que la madeja de mentiras se había convertido en un alud tan grande que amenazaba con echar a rodar y arrollarnos.

Una vez más yo me encontraba atrapada en mis propias circunstancias.

Yo era quien debía decir la verdad a Freddie, nadie más que yo.

¿La verdad le iba a salvar la vida como decía Wish?

¿El explicarle todo iba a llevarle a tomar la pastilla que podía salvarle?

Era probable que así fuera pero yo no podía moverme de 2022. Debía dar a luz a nuestro hijo en mi época con todos los adelantos médicos para asegurar nuestro futuro. Su salvación iba a ser la verdad, pero la verdad aún debía esperar.

FREDDIE

Empezaba a instalarse la desazón dentro de mí de nuevo.

No quería renunciar ni a Barbara ni a Winnie.

Habían significado y seguían haciéndolo mucho en mi estancia en Múnich.

Pero a su modo me habían decepcionado y me costaba mantener una amistad con los cimientos de la decepción.

No solo estaba molesto con Barbara por el solo pensamiento de que me hubiera podido manipular para sus fines, había pocas cosas que me pusieran más nervioso que perder el control, sino por su forma de subestimar mi corazón.

¿Cómo podía pensar que me iba a quedar indiferente ante nada que tuviera que ver con Winnie?

Cada pequeña cosa me afectaba, él me solía convertir en un verdadero bebé a veces. Más frágil imposible.

Yo pensaba que Barbara era verdaderamente un alma gemela pero con estos últimos acontecimientos empezaba a dudarlo.

¿Y si se había enamorado de mí? Ella lo había dicho alguna que otra vez pero yo no solía hacer caso a esa frase cuando tenía estrellada la nariz contra la almohada.

¿Y si de verdad se hubiera enamorado de mí y esto ya no fuera un juego?

Parecía muy interesada en que dejara de ver a Winnie y era justamente lo que había hecho.

Dejar de verle. Lo que me explicaba sobre él era dolorosamente cierto, sus complejos le arrastrarían a actuar así conmigo una y otra vez.

No nos iba a separar la falta de comunicación sino todos esos lastres. El los suyos y yo los míos.

El alemán nunca iba a dar su brazo a torcer y pedirme perdón por su comportamiento antes de irme a Brasil y yo me moría por pedirle perdón a él pero sabía que eso no iba a arreglar las cosas entre nosotros. El sexo de reconciliación ya no era suficiente para mí.

Sus dientes dibujaron uno a uno los huesos de mi espina dorsal como solía y mordí la almohada mientras terminaba conmigo.

Sabía que no iba a servir de nada pero era mejor sentir su polla dentro de mí que nada en absoluto.

A veces el sexo era cuanto nos quedaba y sabía que esta vez cuando mandara a Phoebe con esa postal llena de incorrecciones en alemán y la rosa, iba a venir a mi territorio.

Era orgulloso pero no imbécil. O al menos no tan imbécil como él se consideraba en el fondo.

Levanté ligeramente el rostro de la almohada y le observé de soslayo.

Había conocido a muchos hombres distintos encima de una cama pero ninguno podía igualársele.

El periodo refractario en mi amante de fuego no existía.

Había llegado al orgasmo, había eyaculado y estaba listo para continuar.

La erección aún seguía ahí. Se quitó el preservativo y se puso otro dispuesto a seguir enseñándome las puertas del cielo al ritmo de sus caderas contra mi trasero.

—Voy a irme a Londres este fin de semana.

—Deshalb wolltest du unbedingt mich ficken.

—Intenta expresarte en inglés, no me voy a reír de ti. Entiendes todo lo que te digo o al menos te haces una idea. Yo no te entiendo nada.

—Ach, das erklärt vieles.

—Pero volveré a Múnich para dar los últimos toques al disco.

—Vuelves para el disco.

—Vuelvo para acabar el disco y por ti.

—No digas eso. No es cierto.

—Es cierto, mi amor. Múnich es una ciudad mucho mas interesante para mí contigo en ella. Sabes que sí.

—Quiero que me prometas que aunque te folles a medio Londres este fin de semana, nunca te quitarás mi anillo.

—Jamás me le quito. Sabes que significa mucho para mí.

—¿Por qué siempre vuelves a por mí?

—Lo sabes perfectamente.

—No lo sé. Dímelo.

—Porque eres mi macho alemán y no quiero renunciar a ti. Porque te quiero.

—Oh, Freddie. No digas eso.

—¿Por qué si es lo que siento?

—No me gusta que digas esa frase. Me da miedo.

—Eh, eso es nuevo. Eres una persona que tiene miedos entonces.

—Como cualquiera, supongo.

—Háblame de esos miedos.

—Tengo miedo de perder a la gente que quiero. Y sin duda sé que a ti te voy a acabar perdiendo.

—¿Por qué dices eso?

—No te quedarás a vivir en Múnich eternamente. Regresarás a Londres y entonces me olvidarás.

—Solo voy a pasar el fin de semana.

—No me refiero a ahora, me refiero a un futuro. Te he oído hablar con Phoebe de tu nueva casa en Kensington. ¿Estás haciendo una casa para seguir viviendo aquí?

—Esa casa lleva restaurándose desde hace cinco años, estamos dando los últimos toques y...

—Te acabarás trasladando allí.

—Sí, Farrokh empezará en breve su educación y elegiremos un buen colegio inglés para él.

—Creo que puede haber colegios alemanes muy buenos para él también, ¿no crees?

—No, amor. No lo creo.

—Ya sé que yo no soy el mejor ejemplo de persona bien educada. Sé las cuatro reglas y poco más y soy un maldito inculto pero...

—¿Por qué dices eso ahora? Yo no he hablado de ti y de tu currículum universitario.

—Tu hijo podría empezar su educación escolar en Múnich perfectamente y así no te tendrías que ir de aquí.

—Seguramente haya colegios fabulosos aquí que me encantarían para Farrokh y además podría sumar otro idioma más y sería magnífico pero...

—Pero tu destino es irte finalmente de aquí y dejarme.

—No... Winnie...

—Es lo normal. Eres un hombre casado con un hijo. Siempre todas tus decisiones acaban teniendo que ver con tu familia y yo no soy tu familia. Yo soy lo que acabas de decir, tu macho alemán.

—Podrías venirte a vivir conmigo a Londres.

—No voy a hacer eso, Freddie. Te lo digo ahora para que no te ofendas después. No me pienso mover de Múnich y de mi vida aquí.

—No te enfades, solo estamos hablando.

—No me enfado. Solo te aclaro las cosas.

—Ya lo hablaremos con más calma cuando regrese, ¿de acuerdo?