TURN BACK THE TIME, BABE. VIII CAPÍTULO XXI #2
49%

CAPÍTULO XXI #2

Conocía muy bien a Freddie a estas alturas y estaba utilizando la frase "no has tenido ningún control" completamente con una intención.

Hacerle despertar. Me daba la sensación de que Barbara lo único que hacía era aletargarle, desviarle de su realidad.

Su realidad bajo mi punto de vista era Elideth.

—Barbara tampoco lo es y la necesito ahora que todos los demás me están fallando.

Freddie nos lanzó una mirada no asesina pero casi y se alejó. Supongo que aún no se acabaría de creer que aquellas dos mujeres le habían echado una bronca como si fuera un adolescente desorientado. Pero a veces eso era justamente lo que me parecía Freddie en aquella época.

—Freddie... —musitó Amandine como para sí, mordiéndose los labios, impotente—. Dios, nos hemos pasado un poco con él.

—Naaa, a veces es un poco malcriado. Hay que ponerle los pies en el suelo.

Amandine me echó una mirada con la ceja alzada y acabó sonriendo.

—No debí implicarme tanto solo porque no la soporto. Olvido que él la estima mucho y tiene que seguir formando parte de su vida. Gracias por apoyarme delante de él.

—Sí, ha sido un poco extraño. Aún no me acostumbro a nuestra nueva dinámica de actuación.

—Para mí significa mucho... que ambas intentemos ir en la misma dirección. Me hace sentir más segura.

FREDDIE

Los últimos toques del disco indicaban que por fin ya podíamos poner fecha al final de su grabación y podíamos fijarla sin miedo a volver a fallar una fecha de lanzamiento.

Había perdido la cuenta de las veces que Miami me pedía que me comprometiera con una fecha.

Y lo hacía pero siempre ocurría algo. Mi prioridad era Queen y todo quedaba relegado a un segundo plano, incluso mi magnífico álbum en solitario.

Y de ese modo se iba dilatando en el tiempo.

Pero esta vez y con la ayuda inestimable de Mack al que estaría eternamente agradecido no solo por ser mi productor favorito sino el mejor de los amigos, ya teníamos una fecha.

Hacía más de un mes que había regresado de los exitosos conciertos en Rio y me había centrado en el disco y en mi hijo principalmente.

Bueno, y en Barbara con la que compartía cada vez más tiempo en su apartamento tras abandonar el piso que compartía con Winnie encima del restaurante.

Una de mis canciones favoritas del disco era Love Me Like There's No Tomorrow y era algo lógico que una mujer como Barbara acabara inspirándome al menos una canción cuando habíamos pasado tantos momentos felices en estos años.

La idea del título me vino por la película de 1961 que ella había interpretado llamada originalmente Küss mich, als gäb's kein morgen.

Era mi película favorita de las suyas y no recordaba cuantas veces la habíamos visto juntos.

Lo hacíamos mucho, tumbarnos en el sofá o la cama a ver sobre todo películas antiguas, del viejo Hollywood.

Barbara aparecía al comienzo de la película inconsciente en una playa, solo con un mínimo bikini y se comía la pantalla a dentelladas aunque su partenaire masculino, el egipcio Alexander Sarruf, más conocido como Alexander D'Arcy también era un festival para los ojos.

Siete años antes de aparecer junto a Barbara, había trabajado con Marilyn Monroe en "Como casarse con un millonario" así que también era una gran estrella ya.

Ancho de hombros y de cuerpo atlético, negro pelo corto y bigote.

Pero a pesar de que era un hombre sexy y podía encender también mis sueños eróticos en un momento dado, la verdadera estrella de esa película era y sería por siempre mi rubia y exuberante Barbara Valentin.

Mi escena favorita era la de la bañera de espuma y la blusa plisada que llevaba justo después me recordaba aquella que Zandra Rhodes me diseñó en 1974.

La película fue incluida en la Berlinale y su paso por el festival dejó un mal sabor de boca en mi austriaca.

Según me había contado uno de los miembros del jurado la propuso su valioso voto y una entrada casi asegurada a Hollywood siempre y cuando se dejara hacer cuanto él quisiera hacerla.

Fue un episodio bastante escabroso del cual al parecer Worthington, el director, la salvó a tiempo.

Hollywood siempre la quedaría muy lejos.

Ese episodio triste y tortuoso dejó una tristeza permanente en ella. Ese tipo de tristeza que no mostraba con facilidad. Solo a veces. Raramente. Esa tristeza también era atrayente para mí. Eso la hacía una mujer más atractiva de un modo fascinante.

Tenía los pezones más grandes que yo había visto en mujer alguna y seguían fascinándome.

Intentar abarcarlos con mi boca era uno de los ejercicios más excitantes que se me ocurrían después de los momentos siempre tensos que suponían las mezclas finales de un disco.

Así que seguimos viendo a retazos la película y a ratos jugueteábamos sobre el sofá, totalmente desnudos. Lo pasábamos bomba.

—¿Recuerdas cuando fuimos a ver La historia interminable? Te cabreaste tanto —Barbara recordó dejando vagar sus dedos por mis cejas, pensativa.

—No me cabreé.

—Sí lo hiciste. Tuviste que tragarte toda la película con audio original en alemán y subtítulos en inglés.

—Solo me faltaba ponerme a leer mientras veo una película cuando me aburre soberanamente leer un maldito libro. Prefería no enterarme de nada.

—Te portaste muy bien. Ni siquiera te moviste de la butaca.

—Estoy muy bien enseñado.

—¿Quieres que te cuente un secreto?

—Solo si no vas a hacer daño a nadie contándolo.