TURN BACK THE TIME, BABE. VIII CAPÍTULO XVIII #2
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CAPÍTULO XVIII #2

Freddie era excepcionalmente educado y de unos modales exquisitos cuando se lo proponía.

Terriblemente sensible y considerado. Toda su familia se comportaba así.

Sus padres y su hermana. Era un verdadero caballero, algo bastante insólito dentro del mundo del rock.

Y por encima de todo quería asegurarse que sus amigos eran tratados como auténticos príncipes.

Recordaba muy bien cómo se sentía uno siendo amigo de Freddie.

Por mi parte, no pensaba que íbamos a recuperar aquella amistad especial que se truncó y ya no se había enderezado.

Tenía como objetivo claro encontrar el momento adecuado para conseguir que Freddie se fuera de Brasil con el tratamiento de antirretrovirales ya comenzado.

Desde el principio, Amandine me había parecido la elección casi lógica para ese empeño porque tenía su confianza pero pensándolo bien, la enfermedad que nos unía igual se demostraba un mejor punto de unión. O más bien de reunión.

Por supuesto echaba mucho de menos nuestra antigua camaradería que se había reforzado aunque aquello hubiera sido tan efímero.

La amistad de Freddie era algo adictivo.

Cuando te convertía en su amiga no te encontrabas preparada para perder su favor de repente, como me sucedió.

No me extrañaba nada que Eli entrara casi en fase de depresión cuando le perdía. La entendía muy bien.

No aspiraba a eso, sabía que no solo habíamos perdido nuestra relación sino que está lejos de mantenerse en un terrible estado de indiferencia había adquirido otro matiz más peligroso.

Pasé cerca de su habitación de camino a la mía y al ver la puerta medio abierta, por mi maldito defecto de la curiosidad me asomé. No esperaba encontrarme el rostro de Freddie tan cerca. Y enseguida supe que no le estaba yendo bien.

—¿Me estabas espiando, carrot cake?

Eran las primeras palabras que me dirigía desde que aterrizamos en Brasil. No eran muy bonitas, la verdad.

—¿Está todo bien? —pregunté con pretendida voz neutral que me salió fatal, sabiendo que no estaba nada bien de hecho.

—Parece ser que has venido a protegerme.

—He venido a hacer todo lo que Terry hace.

—¿Todo? ¿Serías capaz de sacarme en brazos de un sitio cuando me he pasado con el alcohol? ¿Harías eso por mí?

—Soy más fuerte de lo que parezco.

—Lo sé muy bien, lo he visto. ¿Por qué no te has ido con mi mujer? ¿Ya no sois las mejores amigas y cómplices de asesinato?

—Shhh, Freddie, baja la voz, maldita sea.

—Contesta.

—Sally está muerta.

—¿Fuiste tú quien le abriste la garganta?

Asentí echando un vistazo casi rutinario a la habitación.

Era pleno mediodía y la fiesta no se sabía si acababa de empezar o sencillamente no se había terminado aún.

Había muchas botellas casi todas vacías y alguna raya de coca a medio esnifar sobre una mesa de madera.

Estaba claro que Freddie no se encontraba en el mejor momento para razonar con él.

—Eres una mujer peligrosa, carrot cake. Quizás haya sido buena idea que ocupes el puesto de Terry y me protejas. Eh, eh. ¿Adónde te vas ahora?

—Freddie, no voy a hablar contigo en esas condiciones.

—¿Qué problema hay? De todos es sabido que los borrachos siempre dicen la verdad. Quizás tú también deberías tomar unos tragos y así podría conseguir que dijeras la verdad de una vez.

Posé mis ojos en él. Nuestras miradas podrían fundir metales. Me encaminé hacia la puerta entreabierta pero Freddie se adelantó cerrándola con llave y poniéndose delante.

—Freddie, esto no tiene ninguna gracia. Abre esa puerta.

—Es difícil tener a alguien encargado de protegerme y no fiarme de él en absoluto. Es algo que nunca me ha pasado antes.

—No voy a discutir con una persona borracha y drogada. Abre la puerta.

—Tendrás que conformarte con lo que hay. ¿Quieres meterme en cintura a estas alturas? Creo que no vas a poder, pelirroja. Aún puedo hablar sin balbucear.

Se apartó de la puerta un instante y me abalancé a descorrer el cierre pero con sorprendente rapidez me empujó contra la puerta. Veloz como un rayo afianzó mis muñecas por encima de la cabeza para frenar mis movimientos.

—¿Qué demonios estás haciendo? Suéltame.

Acercó su rostro al mío hasta que las puntas de nuestras narices se tocaron.

Mi respiración se volvió irregular. Olía a alcohol, a tabaco, y a su delicioso olor natural que me volvía absolutamente loca.

No podía evitarlo. Era como si mi rostro estuviera a muy pocos centímetros de una sartén chisporroteante y no me quedara otra arma que intentar soportar el calor como mejor pudiera.

—¿No es como se hace? Tú eres la experta. Cuando quieres obtener información y no hay manera de que te la den por las buenas, tienes que pasar a mayores, ¿verdad?

—¿De qué información hablas?

Estaba pensando que iba a empezar otra vez con el asunto del paradero del cuerpo de Nina.

—Quiero que me digas adonde ha ido mi mujer. Tú tienes que saberlo.

Sí, lo sabía muy bien. Está en 2021, Freddie. ¿Qué te parece eso? Era la misma peligrosa información que bajo ningún concepto iba a darle. Ni bajo amenaza de muerte.

—Esto no tiene ninguna gracia. Deja libre mis muñecas.

Lejos de obedecerme, se pegó aún más aprisionándome contra la puerta. Echó un vistazo al escote de mi ceñido top. El calor allí era tan insoportable que no había ninguna prenda que no me hiciera sudar a mares. Pero ahora estaba sudando por partida doble.

—Si quieres que pare solo tienes que decirme lo que quiero saber.

En aquellos momentos no sabía si Freddie en su sano juicio, completamente sobrio, se habría atrevido a montar esta escena de coacción que sabía que me iba a poner al límite.

Sin duda el alcohol y las drogas le habían desatado del todo pero en su mente siempre había estado esta singular forma de tortura.

La locura de aquella gira. El calor desquiciante, toda la cantidad de sustancias ilegales corriendo por sus venas, su desesperación...

Todo mezclado le convertía en una peligrosa bestia acorralada.

Muy alejada de su esencia natural. Y a mí en nada, en mucho menos que nada.

—No, por favor. Sabes que no te puedo decir nada.

—¿No puedes o no quieres?