CAPÍTULO XVIII
MY NEW EXPOSURE
WISHFUL-THINKING∞
Parecía ser que una vez había asesinado a Sally mi trabajo podía darse por concluido y Turn back the Time había terminado para mí.
Pero tenía la sensación de que ahora era cuando debía estar ahí más que nunca.
Elideth me había confiado el timón y en la medida de lo posible trabajar en equipo junto a Amandine.
Aún quedaba mucha misión por delante. No iba a abandonar la tarea.
Miami, antes de ponerse desesperadamente a encontrar una nueva jefa de prensa me ofreció el cargo.
Me eche a reír. Era difícil encontrar alguien como Elideth, que llevaba desempeñando a la perfección esa peliaguda tarea muchos años pero yo no estaba hecha para ello.
A la mínima oportunidad sería capaz de sacudir a cualquiera de esos periodistas indocumentados y ser amable y diplomática con ese gremio sería del todo imposible. Me saldría una úlcera.
Terry había pedido permiso para quedarse en Gran Bretaña porque su hijo tenía programada una operación de un hemangioma y quería estar junto a su familia. Por supuesto se le concedió y yo entraba a ocupar su puesto como personal de seguridad.
Rock in Rio se trataba de un gran hito en la historia de Queen y yo era la única de las tres miembros de Turn back the Time que iba a poder ser testigo de ello.
Amandine se había quedado en Feltham en casa de los Bulsara con Farrokh por expreso deseo de Freddie.
No quería someter a su hijo a un vuelo tan largo.
Aunque el niño ya estaba acostumbrado a los aviones, eran demasiadas horas y últimamente había estado con una infección de oídos así que prefería tenerle bien cuidado en casa.
Freddie partió de Múnich en un avión diferente a sus otros tres compañeros de banda. Se embarcó haciendo trasbordo en París con un nutrido séquito; Barbara Valentin, Mary Austin, Phoebe, Paul Prenter y yo misma. Ni rastro de Winnie.
Iban a ser cabeza de cartel dos shows con una semana de diferencia.
Abrirían el primero y tocarían en el último.
Se consideraba como el mayor festival de rock del mundo.
Duraría ocho días y en él participaban los artistas más importantes a nivel mundial: AC/DC, Def Leppard, Iron Maiden, Yes y Rod Stewart.
Queen tocaron su primer show el sábado 12 de enero así que llevaban en el país casi una semana.
A excepción de los habituales compromisos concediendo alguna entrevista, Freddie estuvo confinado en la suite presidencial del hotel Copacabana Beach, donde se solían alojar los presidentes estadounidenses.
Con unas vistas espectaculares pero como un pajarito en una jaula.
El cantante cada vez exigía tener más días libres entre actuación y actuación porque su voz tardaba en recuperar y siempre quería ofrecer excelencia.
Aunque no siempre era posible. No se cuidaba la voz más que cuando se le quebraba y una vez recuperada volvía a ponerla a prueba.
Se apuntaba que entre la gente que había pagado por verles y los que entraron sin pagar esa primera noche les vieron 470.
000 personas. Era algo abrumador que impresionaba.
Se llegó al rocódromo de la Barra da Tijuca en helicóptero, no había otro modo porque las carreteras de acceso llevaban días atascadas.
El show fue uno de los shows más perfectos que yo había podido ver incluso con todos aquellos fallos debido a ese chute de adrenalina salvaje.
La polémica que nadie buscaba llegó cuando Freddie salió al escenario para I Want to Break Free luciendo sus enormes tetas postizas como llevaba haciéndolo en el resto de los conciertos.
Según los periódicos como Record Mirror o The People, algunos brasileños iracundos lanzaron piedras y trozos de cemento al escenario en señal de protesta.
Era inevitable que les llegara algo de todo aquel arsenal y al final a Freddie le impactó un trozo de cartón contra la pierna.
Brian retrocedió hasta ponerse a la altura de la tarima junto a la batería de Roger, como haría un buen y previsor soldado.
El cantante sin embargo, estaba bastante encendido y desafió al público, provocándolos aún más.
Freddie se quitó sus tetas pero lo habría hecho de cualquier modo porque era parte de la interpretación.
Los periódicos se cebaron a base de bien con ese episodio totalmente anecdótico que no fue capaz de empañar un show prácticamente impecable.
En su estilo malicioso se atrevieron a escribir que Bruce Dickinson de Iron Maiden había visto a Freddie en el backstage con lágrimas en los ojos ante la reacción del público.
Yo estaba ahí y no hubo una sola lágrima así que una vez más fuimos testigos de la animadversión de la prensa contra el grupo.
Era algo muy insólito esa reacción en un país bastante moderno en comparación a otros en términos de identidad sexual y donde proliferaban los travestis.
Hubo voces que intentaron explicar la reacción airada de ese sector del público.
Al parecer en Sudamérica esa canción había sido adoptada como una especie de himno contra la dictadura y la falta de libertades.
Según Dave Hogan, fotógrafo de la revista You del Mail on Sunday, el percance no tenía nada que ver con el atuendo de mujer de Freddie.
Justo cuando salió a cantar I Want to Break Free vestido así, había una revolución dentro del público.
El escenario estaba tan alto que la gente de las primeras filas no veía nada.
Algunos intentaron auparse pero los guardias de seguridad les pisoteaban los dedos.
De modo que esa era la atmósfera justo cuando sonaron los primeros acordes de la canción.
Las piedras no iban dirigidas al grupo sino a los guardias de seguridad.
Pero en fin, la verdad hubiera estropeado un titular aparatoso y era mejor decir que Freddie fue apedreado por la multitud.
Después del concierto EMI había organizado una fiesta en honor de Queen en el hotel.
En la playa unos fans se habían reunido en torno a una vigilia iluminada por velas, mil quinientas velas formando la palabra "Queen".
Brian al ver ese despliegue no dudo en acercarse y hacerse unas fotos con los fans, encendiendo las últimas velas y se quedó a firmar autógrafos.
La fiesta estaba muy nutrida como siempre. Otras estrellas de rock, periodistas musicales y bellezas brasileñas paseándose alrededor de la piscina donde Brian al final decidió zambullirse totalmente vestido. Para entonces la mayoría estaban bastante "contentos" por decir algo.
Yo estaba de servicio así que solo nos podíamos permitir botellas de agua bien fría para sobrellevar como podíamos una humedad del noventa por ciento y unos ochenta y seis grados Fahrenheit.
Con una semana de parón entre shows, Freddie tenía mucho interés en explorar el local gay en la zona de clubes pero aquello se demostró una tarea complicada para todos los miembros de seguridad.
Se sucedía una histeria general allá donde apareciera, esto no era Múnich precisamente.
Estaba claro que no era buena idea salir del hotel así que las fiestas se trasladaban a su suite presidencial.
Paul estaba en su salsa consiguiendo chaperos a su amigo y las bacanales de alcohol, drogas y sexo se sucedían noche tras noche.
La estrella de esas veladas era un joven judío rubio de ojos azules llamado Patricio que había viajado desde Buenos Aires a Rio para probar suerte en la interpretación.
Pero enseguida se había visto arrastrado al mundo de la prostitución.
Cada noche los rostros variaban a excepción de Patricio que repitió en varias ocasiones a petición de Prenter y se deducía que también de Freddie.
No hacía falta ser un lince para saber en qué consistía todo.
Encuentros excitantes con una afamada estrella de rock que se encontraba muy aburrido todo el día en el hotel y simplemente tenía sexo como otra persona se pondría a abrir la nevera y arramplar con lo que había dentro.
Freddie no se encontraba en su mejor momento anímico (la ausencia de Winnie así parecía indicármelo) a pesar de que eso no se demostrara sobre un escenario.
No se demostraba nunca. El sexo casual era su particular droga de adormecimiento, su opio.
A través de él se calmaba y además dejaba que Paul se sintiera un poco el líder de todo.
Así que mantenía la balanza particular de las giras en perfecto equilibrio.
Y mientras tanto, Barbara Valentin, en su propia habitación, esperando su turno.
Una imagen un poco alejada de las fotos de ellos dos que aparecerían días después.
David Wigg también se encontraba allí y siempre recibía un trato especial de Freddie.
Le invitó a su habitación para tomar una copa junto a Mary y Barbara.
Luego decidieron salir a Alaska, la discoteca gay más popular de Rio entonces.
Estuvimos allí hasta pasadas las cuatro de la madrugada pero David quería ya retirarse para dormir algo y escribir su artículo.
Se acercó hasta Freddie y le dio dos besos para despedirse, como solían hacer.
—¿Dónde vas? —le preguntó Freddie extrañado.
—Voy a descansar. Iré andando hasta mi hotel, no queda lejos.
—¡No, de eso nada! —chasqueó los dedos como si fuera efectivamente una reina en busca de su lacayo de confianza y resultó que yo era ese lacayo, aunque curiosamente no nos habíamos dirigido la palabra en lo que llevábamos en Brasil—.
¡Arlene! Lleva a David hasta su hotel en mi coche y no le dejes solo en la calle.
Acompáñale hasta que se encuentre dentro del hotel.