CAPÍTULO XVI #2
No estaba refiriéndome a la soledad de alguien que opta por aislarse de todo y todos.
Me refiero a que cuando empezaran los primeros síntomas, yo sería el único que me enfrentaría a ello, nadie más podría adivinar mis molestias, mis cavilaciones, mis dudas.
Solo yo. Y estaba claro que a la muerte me encaminaría yo solo. Sin la ayuda de nadie.
La muerte no estaba en mis pensamientos de forma permanente.
En algún momento del día aparecía y solía echarla enseguida.
Pensar en eso era un gasto de energía muy inútil porque solo podía valer para abatirme y anular todas mis posibilidades.
Y yo tenía un montón de energía que dedicar a toda la gente que amaba y a mi música.
Pensar en la muerte no era una buena idea.
Cada una de las personas a las que había comunicado mi enfermedad tenía su propia lógica.
Lo ideal era que solo yo lo supiera. Hasta el mismo final de mis días.
Pero en la práctica las cosas siempre eran más difíciles.
Curiosamente la primera persona a la que se lo comuniqué fue a Joe, nos lo debíamos.
Luego fue el turno de Phoebe, mi leal amigo.
A él no podía ocultárselo estando conmigo las veinticuatro horas del día.
Luego estaba Mary con la que compartía todo y esta vez no iba a ser diferente.
Ya eran mucha más gente de lo que desearía pero era indispensable hacerlo así.
El grupo no tenía ni idea y no estaba en mis planes mas inmediatos decírselo. Siempre era lo mismo. Huir de la lástima y la compasión. Pero lo que habían hecho viniendo hasta Múnich para celebrar la Navidad junto a mí me dejó sin palabras.
Ellos mismos me obligaron a ser sincero porque hubiera sido injusto que pasados los años, cuando todo se precipitara hasta el desenlace final, vieran ellos mismos la enfermedad en mi rostro.
Se sentirían defraudados y quería demostrarles que su amistad era tan importante para mí como para contradecir mis más profundos deseos y confesarlos lo que iba a costarme un gran esfuerzo.
—Sin duda va a ser el single de las navidades. Era fácil de suponer —comentó Brian cogiendo la copa de las manos solícitas de Phoebe.
—Ojalá tenga mucho éxito. Es para recaudar fondos y la causa es más que justa —opinó Deaky, siempre tan ecuánime.
—Aunque nosotros signifiquemos tan poco para ellos —dijo sin complejos Roger.
—Así funciona el mundo de la música. Cuando dejas de estar de moda y vas cumpliendo años, ya te quieren un poco menos —opinó Freddie también con un poso evidente de resquemor.
—No seáis tan dramáticos. Creo que ya nos hemos lamido las heridas suficiente. Aún tenemos por delante la gira y está yendo muy bien —apuntó Deaky con su habitual asertividad.
—Vamos a parecer unos completos gilipollas sacando el single navideño como si pretendiéramos retarlos —opinó Roger.
—Rog, te aseguro que solo nosotros estamos hablando de nosotros mismos —dijo Brian—. El single está hecho y lo sacaremos porque somos Queen y nos apetece hacerlo. Somos los artistas más arrogantes del planeta, ¿no dicen eso?
—Vamos a darlos motivos para que sigan escribiendo de nosotros. ¿Eso es lo que quieres decir? —preguntó Roger.
—No, digo que nos emborrachemos esta noche —dijo alegremente Brian alzando su copa.
Todos chocamos las copas alegremente y tras dar el consabido trago al champán Cristal que había sacado solo para ellos, decidí que ese era el momento y no otro. No podía dilatarlo más.
—Chicos, antes de que todos acabemos reptando por el suelo con nuestros calzoncillos metidos por la cabeza y sin saber muy bien quiénes somos y adónde vamos, me gustaría deciros algo.
En cierto modo odiaba todo esto porque sabía que iba a joderlos la noche pero la decisión estaba tomada hacía mucho. Al día siguiente se marcharían y no nos veríamos hasta llegar a Brasil. Y una vez allí, iba a ser difícil encontrar un momento tan adecuado como este.
—¿Qué pasa, Freddie? Te has puesto muy serio —comentó Deaky.
—Me gustaría reírme a carcajadas al contároslo pero sería un poco raro. Incluso para mí.
—Dispara. No nos tengas con la intriga —metió presión Roger.
—Me hice la prueba del VIH y salí positivo.
Dar rodeos era ridículo. Lo mejor era soltarlo de forma breve y concisa. Por duro que sonara. Los tres se quedaron mirándose y mirándome con estupor y a Roger se le cayó la copa de las manos manchando la alfombra.
—Rog, te pasaré la factura ¿vale? Patoso...
—¿Te habías hecho alguna vez la prueba anteriormente? —preguntó Brian intentando no quedarse solo en mi impactante confesión, siempre queriendo saber más para poder comprender mejor. Aunque no había mucho que comprender, la verdad.
—Sí, hace dos años. Di negativo. Eli y yo dimos negativo.
—No tenía ni idea de que os la habíais hecho.
—No es algo que lo sepa mucha gente. Desafortunadamente ahora tanto Eli como yo somos positivos.
—¿Eli también? Dios mío —Roger se llevó una mano a la boca, espantado—. No puede ser.
—Sí, ambos somos seropositivos y además esperamos nuestro segundo hijo así que el futuro es bastante incierto.
Deaky, que no había abierto la boca desde que se lo comunicara se levantó de su sillón y se acercó a mí, dándome un abrazo tan fuerte que casi me hizo caer.
—Lo siento —murmuró contra mi oído entre lágrimas.
—Oh, Deaky. Ya está, reponte. Estoy bien.
—Siento llorar pero es que no me lo puedo creer. Tiene que haber algo que podamos hacer.
—Ya lo estáis haciendo.
Brian y Roger se unieron a Deaky y los cuatro nos quedamos unos momentos abrazados. Fue un instante no muy largo pero extraordinariamente intenso. No iban a hacerme llorar entre estos tres desalmados.
—Oh, muchachos —les susurré dando por finalizada la escena ñoña y observando uno a uno sus rostros. Había lágrimas en cada uno de sus rostros. Menos en el mío, por supuesto—. Ya está, ¿de acuerdo? No hablaremos de esta mierda más.
—Freddie, nos tienes para lo que sea. Cualquier cosa.
—Ya lo sé, tontorrones. Lo sé muy bien. Pero no quiero hablar de mi enfermedad y no quiero que se lo contéis a nadie. Ni a vuestras mujeres, ¿vale? Quiero que lo sepa cuanto menos gente sea posible.
—Cuenta con ello.
—El tiempo que me quede me apetece hacer muchas cosas. Antes de que haya el fundido a negro.
Deaky no pudo resistirse y volvió a abrazarse a mí entre sollozos. Era la primera vez que le había visto así. Era el auto control personificado pero la noticia le había afectado fatalmente y lloraba como un niño.
—No lo vamos a permitir —dijo al fin secándose la nariz a la manga—. No vamos permitir que haya ese fundido a negro.
NOTA DE LA AUTORA:
Como sabéis el tema de hacerse la prueba de VIH es algo que a finales de 1984, como la primera vez que Eli y Freddie se la hicieron conjuntamente dos años antes, aún no existía.
Empezó a haber una prueba propiamente dicha para detectar la enfermedad en 1985 y aún así era bastante falible.
De modo que la constatación de Joe sobre su propia infección años antes es también otra licencia literaria.
Pero era absolutamente necesaria para mi historia.
Y además, qué carajo, me encantan las licencias literarias.