CAPÍTULO XVI
OH, MUCHACHOS
AMANDINE
Después de superar el "escollo" Rudi Dolezal me encontré más fuerte y con la sensación de poder volver a tomar las riendas de mi vida. Tenía ante mi dos grandes retos que confiaba en que me fueran quitando al austriaco de mis pensamientos.
Uno consistía en ser la mejor niñera que Farrokh pudiera desear para subsanar en lo posible la ausencia de su madre.
Durante este turbulento periodo el niño había pasado mucho tiempo junto a la familia Mack y había sido una excelente idea pero sentía que ahora mi cometido en la misión como niñera tenía más relevancia que nunca.
Debía convertirme en algo muy cercano a su madre sin extralimitarme nunca en mis esfuerzos.
Encontrar un equilibrio casi perfecto para que ese niño no sufriera por esa ausencia y nunca intentar desviar la conversación cuando la nombrara.
El objetivo no era que la olvidara, sino todo lo contrario.
Que la recordara sin que eso le dañara. Eso mantenía ocupados mis días.
Mi otro frente abierto era Freddie y resultaba una tarea complicada también.
Tener constancia que estaba infectado de ese maldito virus me enfureció y me llenó de tristeza pero no podía compartirlo con él porque de momento me había vedado esa información.
Lo veía como algo natural. Ya lo sabían unas cuantas personas y tenía todo el derecho a escoger su propio ritmo a la hora de confesar esa triste noticia.
Pero él era una inspiración constante. Nada indicaba que aquello hubiera trastocado su vida aunque sin duda lo había hecho. Su relación con los demás seguía siendo exactamente igual. Seguía igual de bromista, igual de detallista, igual de bondadoso, igual de gran artista.
Freddie no se podía permitir hundirse por ese revés, su máxima siempre era mirar hacia adelante. Y el trabajo era una de las vías a través de las cuales podía escaparse a ese mundo que a él le gustaba y le estimulaba. El mundo de la música.
Aunque era cierto que también eso le producía sus resquemores y sinsabores.
Brian y Roger habían escrito juntos un single navideño hacía unas semanas.
Era la primera vez que hacían algo parecido.
No era mala idea, la canción estaba bien pero justo entonces se estaba grabando el single que barrería las listas esas Navidades.
Do They Know It's Christmas? que habían grabado Band Aid en los estudios Sarm en Notting Hill.
No parecía a priori que su intención fuera competir con ellos, había sido pura casualidad.
Freddie añadió su parte vocal desde Alemania, no estuvo tan implicado como solía.
No planeaban ni siquiera hacer un video promocional de su single mientras que el single de Band Aid para recaudar dinero para la hambruna de Etiopía, se convertiría en el single que más rápido se había vendido en la historia de Reino Unido y para finales de año había vendido más de tres millones de copias.
Y el hecho de que ellos no hubieran sido tenidos en cuenta para participar aún les dolía bastante.
Freddie opinaba que aparte de la sombra de Sudáfrica que colgaba sobre ellos, había una razón que a él le obsesionaba y disgustaba.
Que ya no estaban de moda, que su presencia no se requería porque ya habían dado todo lo que se esperaba de ellos y ahora era momento de dejar paso a otras estrellas más mediáticas y jóvenes y ellos eran demasiado mayores.
El grupo no parecía encontrarse en muy buen momento con este panorama.
Se podía decir que estaban bastante hastiados.
Sin embargo, pasó algo sorprendente aquellas navidades de 1984. Freddie echaba de menos al grupo cuando trabajaba en los estudios y había llamado por teléfono a Roger para que se presentara y le hiciera el favor de añadir sus coros.
Ni que decir tiene que eso al batería le sabía muy dulce y halagaba muchísimo. Pero Roger aprovechó lo que él entendía como una llamada de socorro para sugerir a Brian y John que le acompañaran a Múnich.
Hasta ahí todo más o menos normal. Lo curioso es que habían venido a Múnich con la intención de pasar las fiestas allí y yo no podía dar crédito.
Era algo totalmente fuera de guion, ahí teníamos otro cambio más en la historia.
Pero esta vez ese cambio ni me enfureció ni me inquietó.
Simplemente me dejó atónita. Agradablemente, para variar.
Me di cuenta a la perfección lo que significaba Freddie para ellos.
El periodo navideño era una época en la que cada uno solía hacer sus planes.
Algunos en su hogar como John y Brian y otros como Roger que disfrutaba mucho yéndose a esquiar con su familia.
Pero en aquella ocasión todos a una decidieron que su hogar navideño iba a ser donde estuviera Freddie.
¿La razón? Estaba bastante clara. La huida de Elideth embarazada de su segundo hijo.
Sabían lo que eso había supuesto para el cantante y de forma totalmente espontánea habían decidido viajar hasta la capital bávara para mostrarle su apoyo.
Sabían lo que significaba para Freddie las navidades.
Era su periodo favorito y querían que fueran especiales.
Era un detalle magnífico porque todos habían venido con sus familias y eso era un montón de gente, toda la gente que él amaba.
Era como si le dijeran: "Múnich es muy divertido pero nosotros somos tu familia".
Fue algo que me dejó sin palabras porque inconscientemente, ninguno había recibido la noticia de la enfermedad de Freddie, hicieron algo notable con esa demostración de afecto incondicional.
—¿Ya me has perdonado por lo del jarrón? —pregunté a Freddie.
—Creo que es la quinta vez que me lo preguntas.
—Y tú nunca me respondes.
—Porque aún estoy muy cabreado contigo, es obvio.
—¿Winnie no consiguió arreglarlo?
—Aún es un proyecto por terminar.
—Te regalaré el jarrón más espectacular que hayas visto nunca como regalo de Navidad.
—No hace falta. Ven —dijo abriendo sus brazos con media sonrisa.
Me colé entre ellos rauda. Probablemente se trataba de uno de los mejores lugares en los que estar.
—Aunque debería ser Barbara quien te lo comprara. La culpa fue de ella.
—Barbara jura que fuiste tú.
—Por su culpa.
—¿Qué más da? Ya no hay solución.
—Barbara es odiosa. No sé qué ves en ella.
—Es un volcán escupiendo lava, lo admito. Pero también es tremendamente divertida. No te preocupes, no me divorciaré de Eli para casarme con ella.
—¿Es que estás pensando en divorciarte?
Sería lo más acertado que podía hacer pero dudaba mucho esa posibilidad.
Siempre se mostraba reacio a ello por muy grave que fueran sus crisis.
Siempre salían de ellas, y salían más fuertes.
Ante la perspectiva de una nueva paternidad parecía aún más improbable que diera ese paso.
Nos evitaría tantos problemas ese divorcio...
—¿Adónde la mando la demanda de divorcio? No se dónde está.
Era una de sus bromas ácidas que me encantaban.
Pero sin embargo se escondía tras ella ese poso inevitable de amargura.
Eran diez años de estar juntos con innumerables parones, separaciones y peleas pero se trataba de mucho tiempo para tomar esa decisión en un momento de ofuscación.
Por muy enfadado que estuviera con ella era una parte esencial de su vida.
—¿Y Winnie?
Eso me interesaba vivamente y no me refrené en preguntarle.
—Estamos enfadados.
—Pues deberíais hacer las paces.
—No sé. No me encuentro nada seguro de hacia donde va nuestra relación. Creo que deberíamos romper ahora, es el momento.
—¿Por qué? Él te hace feliz, ¿no?
—Últimamente no. Y no quiero echarle toda la culpa. Sé que soy un maldito controlador y que siempre le hago salirse de las casillas pero no creo que estemos hechos el uno para el otro.
—Dale una oportunidad. Creo que os necesitáis.
—¿Opinas que él es el hombre que me cambiara la vida?
—No lo sé, Freddie. Yo lo único que quiero es que seas feliz.
—Oh, cariño. A veces lo soy. No te preocupes tanto. Tengo a mis chicos todos aquí reunidos y aún no me lo puedo creer.
—Sí, ha sido increíble.
Freddie aún no me había confesado su enfermedad, ni a Wish tampoco.
Y eran las dos únicas personas en el universo que podíamos salvarle ahora mismo, curiosamente.
En aquellos momentos solo lo sabía Winnie, Phoebe, Joe y Mary.
Nadie más. Aunque parecían un montón de gente para él, eso seguro.
Sabía que tarde o temprano lo acabaría haciendo porque formaba parte de su casa y era una información que nos debía.
En aquellos difusos albores de la enfermedad todo era susceptible de ser contagioso.
Pero Freddie parecía tener muy claro cuáles eran las vías de contagio y los besos y los abrazos no eran una de ellos. Qué suerte la mía.
Mientras no me lo confesara yo no podría actuar y era bastante frustrante. Cada día más sin tratamiento era un fracaso.
—Ellos son tu otra familia, Freddie. No les dejes al margen de tus problemas. Lo cierto es que después de lo que han hecho se merecen que les abras el corazón de par en par.
—Oh, no creo que les interese mucho cómo me va con Winnie. En realidad creo que desean que Elideth vuelva enseguida y rompamos.
—No me refería a eso.
—¿A qué te refieres entonces?
—Sé que hay algo que te preocupa.
—Cariño, puede que haya un millón de cosas que me preocupan.
—Lo sé. Pero hay una por encima de las demás.
No se podía decir que no lo estaba intentando y sin embargo, sabía que no iba a haber suerte. No había escogido ese momento para confesarme su enfermedad. Solo él lo iba a elegir. Y confiaba en que decidiera hacerlo pronto.
FREDDIE
Una de las cosas que alguien debía tener claro cuando se enfrentaba a una enfermedad de la que indefectiblemente moriría, es que pasara lo que pasara era un asunto tuyo. Y debías enfrentarte a ello solo.