TURN BACK THE TIME, BABE. VIII CAPÍTULO XV #3
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CAPÍTULO XV #3

—He venido a varias cosas. Sé que has estado bastante mal pero Arlene cada día me informaba de todo. Al parecer te has recuperado bastante rápido de ese infierno.

—Sí, esta mañana me quitaron los apósitos de muñecas y tobillos. Mira.

Le enseñé mis muñecas desnudas casi con extraño orgullo de soldado a salvo después de la batalla.

La izquierda tenía mejor aspecto. Pero en ambas solo me quedaba una discreta cicatriz que aún tardaría en desaparecer.

Si lo hacía. Rudi, con naturalidad, tomó cada una de mis muñecas y posó sus labios en ellas cubriéndolas de besos mientras le observaba como siempre con estupor.

Las oculté de nuevo con mis mangas extra largas y seguí comiendo la tarta.

—He de decir que he tenido mala conciencia —dijo ahora Rudi.

—¿Por qué?

—Porque todo se desencadenó cuando viniste a verme y yo...

—Tú no tienes la culpa de nada de lo que pasara por la mente de esa perturbada.

—Pero ella nos utilizó para...

—No quiero pensar en eso, Rudi. Estaba convencida de que te había hecho algo y ella se aprovechó de mi preocupación para arrastrarme hasta Viena y ahí capturarme. Pero nadie tiene la culpa. Bueno, sí. Acaso yo. Yo sí que no he dejado de culparme por ello.

—¿Tú?

—Sí, pero nada, es cosa mía. Da igual.

—No, no da igual. Dime lo que piensas.

—No quería que murieras porque habría sido... No quiero ni pensarlo.

Era difícil hacer entender a Rudi por qué su muerte habría sido desastrosa para mí. Habría sido un fracaso en la misión tan estrepitoso. Pero ya había pasado la línea de mi deber hacía tiempo, mis sentimientos eran una cuestión totalmente distinta y no tenían nada que ver con la misión.

—Pero ya está. Sally está muerta y mis miedos con respecto a ti ya no están, lo cual lo agradezco. Así cada uno puede escoger su propio camino y seguir en paz.

—No puedo evitar sentirme culpable. Mientras tú estabas en ese infierno yo...

—Tú estabas con Greta, ¿no?

—No. Bueno, sí.

—¿Sí o no?

—Estuvimos juntos unos días y...

—No hace falta que me lo expliques. Puedes verte con quién quieras.

—Yo estaba muy enfadado contigo.

—Y yo contigo.

—Ya sé que no es justificación pero Greta me llamo y volví a caer. No estuvo bien.

—Quizás esté bien para ti, Rudi. Puedes hacer lo que quieras con tu vida, no me debes ninguna explicación. Aunque...

—¿Qué? ¿Qué ocurre?

—No quiero inmiscuirme en tu vida amorosa pero no debería ser ella siempre tu elección a la desesperada.

—Ya no somos nada. Te lo prometo. Esta vez es la definitiva. Me siento culpable por haberme ido con ella y que eso impidiera que habláramos por teléfono como intentaste hacer. Quizás eso hubiera impedido tu secuestro.

—Todo pasa por algo en esta vida. Estoy convencida que todo lo que he sufrido no será en vano. Y no te culpabilices. Y ni se te ocurra sentirme lástima porque vamos a tener un puto y grave problema.

—No es lástima. ¿Por qué dices eso?

—Bien, eso espero.

—No voy a volver con ella. Nunca más. Fue un error.

—¿Fue un error o una venganza contra mí?

—Sé que fui terriblemente cruel en nuestra última conversación...

—En cualquier caso yo también aporté mi cantidad de crueldad. Estamos empates en eso.

—Tienes toda la razón. Estaba tan dolido por tu oferta de amistad que quise vengarme de ti de ese modo.

—¿Volviendo con una mujer con la que has sufrido lo indecible? ¿De verdad los hombres tenéis tan poca materia gris y tal exceso de testosterona?

—Touché —concedió con media sonrisa.

—Prométeme que no volverás jamás con esa mujer.

—Te lo prometo. Te lo juro. Solo existes tú para mí. Solo tú.

—Oh, no. Merde. No me has entendido. Quiero que me prometas que no volverás con ella porque es mala persona y no quiero que te haga sufrir.

Porque quiero que seas fiel a ti mismo y demuestres personalidad y sé que la tienes.

No lo hagas por mí. Hazlo por ti. Yo no soy nadie después de todo ¿verdad? Ni siquiera soy tu amiga.

—Lo siento. No pretendía ser tan mezquino contigo aquel día. Yo quería más que una amistad...

—Lo sé y ya te dije lo que podía ofrecerte.

—Después de las horas que pasamos en aquella habitación en Garden Lodge... No quiero denominarlo solo como un revolcón. Para mí fue mucho más. Hubo mucho más que sexo en esa cama llena de pétalos.

Carraspeé incómoda porque había rememorado hasta la saciedad en un obsesionante bucle cada una de nuestras caricias y besos y no quería traerlos a mi mente justo en aquellos momentos. Rudi notó mi incomodidad enseguida.

—Para mí es suficiente tu oferta. O sea, sería un completo imbécil si volviera a rechazar tu amistad por ver las cosas diferentes a ti. Acepto tu amistad.

—Y yo acepto la tuya.

Rudi tenía los ojos húmedos y nunca los había visto así, su bello color azul tenía un aspecto distinto, más pálido y era una preciosidad.

Impetuosamente entrelazó sus dedos con los míos y miré nuestras manos unidas con cierta inquietud, pero opté por no rechazarle.

Su roce no me era ajeno, después de todo.

Había sido el primer hombre en mi vida y tenía por seguro que el último también.

Solo de pensar en enamorarme de otro ya me mareaba.

L'amour romantique... simplement exténuant.