CAPÍTULO XIII #3
Esta vez sin aviso previo, Wish disparó a su rodilla.
Cogida por sorpresa y aullando de dolor, al fin me soltó.
Yo estaba más débil y tocada de lo que pensaba, al intentar ponerme en pie, los músculos resentidos de mi estómago mandaron latigazos de dolor por todo el cuerpo.
Me arrastré lo más rápido que pude hasta llegar al machete y hacerme con él. Era consciente de que no podía andar.
—Amandine, no te muevas de donde estás —me exhortó la pelirroja—. No hagas nada ¿de acuerdo? Buena chica.
Asentí limpiándome la nariz y los labios ensangrentados con la mano, y con la otra agarré el machete con fiereza.
Los movimientos de Sally con esos dos disparos en la pierna derecha, uno en el pie y otro en la rodilla la habían limitado bastante.
Supongo que ese era el objetivo de Wish.
Limitarla y proporcionarle sufrimiento. Si la mataba ahora, lo detendría todo. No estaba dentro de sus planes.
—Buena chica —murmuró Sally con amarga sonrisa—. Amandine buena chica. Es curioso que tú digas eso cuando ella alberga por ti los más tenebrosos sentimientos. Cuando ha perdido la cuenta de las veces que ha pensado en matarte. Es todo maquillaje y autocontrol.
Wish me echó una ojeada en profundidad y yo también a ella.
No había espacio para otra cosa que no fuera aquel extraño entendimiento mutuo.
Confiaba tanto en ella y era un sentimiento tan fuerte y verdadero que ninguna de las desviadas y malévolas palabras de Sally iba a hacerme dudar.
Confiar tu salvación a otra persona era algo que jamás había experimentado antes y no podía explicarse con palabras.
Iba mucho más allá de las simples palabras.
—¿Esa era tu intención mandándome aquí? ¿Que Amandine tuviera la oportunidad al fin de matarme? —preguntó Wish dando un par de pasos más hacia ella, sin dejar de apuntarla con la pistola.
—Hay cosas que el ser humano solo exorciza matando. Es frustrante ver como alguien intrínsecamente malo como esta mujer, sigue engañándose a sí misma. El único modo de canalizar el odio es matando.
—De modo que tu secuestro ha sido un intento de una especie de seminario para aleccionarla y llevarla por la buena senda. ¿Me estás diciendo eso? Se te ha ido un poco la mano, ¿no crees? Has sido una maestra un poco dura.
—Solo era un modo de acelerar su toma de decisiones. Por las malas es el único modo en que algunas personas acaban obedeciendo.
—Amandine nunca va a obedecer por las malas. No eres muy buena psicóloga, Sally.
Había mucha tensión en el ambiente y el comentario sarcástico de Wish dicho con evidente frialdad me hizo volver a posar mis ojos en ella, curiosa.
La mayor parte del tiempo el sarcasmo de la teniente cuando se dirigía a mí era para irritarme.
En aquella ocasión su comentario sobre mí tenía otro matiz que me alegró el corazón.
Fue una sensación tan extraña. Me conocía a la perfección y era como un modo de decir orgullosamente que nadie podía decirla a ella como era yo en realidad.
Tenía que admitirlo. La americana era una excelente observadora no solo del comportamiento sino de la mirada de la gente.
Y yo no me consideraba mala tampoco en ese terreno.
Así que ambas nos conocíamos muy bien y quizás nuestra fuerza principal consistiera en eso.
Ninguna Sally podría luchar contra eso. Ninguna Sally podía hacer creer a Wish que yo la había querido matar en alguna ocasión.
Y eso era un alivio para mí dentro de aquella locura.
Había muchas cosas que me ofrecían inseguridad aún.
—La libertad no es una quimera. Solo es mirarte al espejo y ver con claridad quién eres. Y estar dispuesto a todo, por extremo que parezca, para ser fiel a ti mismo.
—Según tú, Amandine debería aprovechar esta oportunidad de oro para agarrar ese machete y darme muerte.
—Sé que estaba a punto de conseguirlo con ella.
—¿Conseguir el qué?
—Conseguir que fuéramos una sola persona. Nuestra alma, nuestros instintos son idénticos.
Un nuevo disparo sin previo aviso alcanzó su mano derecha y su grito de sorpresa atravesó la noche.
Estaba claro que la intención de Wish aparte de su evidente sufrimiento lento hacia la muerte era inutilizarla para estorbar sus movimientos de ataque.
La parte derecha de su cuerpo se encontraba tocada y para una persona diestra como ella era un evidente hándicap.
Wish era una máquina precisa de matar pero Sally también e incluso con sus inconvenientes físicos seguía siendo sibilinamente peligrosa.
En una décima de segundo en la cual la pelirroja se giró para asegurarse de que me encontraba bien, Sally aprovechó para estirarse y agarrar el picahielos que había quedado en el suelo.
Sin apenas con tiempo para pestañear la asestó una estocada con él a la parte inferior de su pierna.
La pistola se le cayó al suelo y fui lo más rápido que pude a recuperarla.
Wish y Sally se enzarzaron en una pelea. Las fuerzas entre ellas estaban más o menos niveladas. Wish no tenía los balazos de Sally pero Sally tenía un arma y la americana se había quedado sin ella, solo disponía de su fortaleza física.
Cogí la pistola en mis manos pero Wish pareció leer mis pensamientos.
—Ni se te ocurra utilizarla. Solo custódiala como si te fuera la vida en ello. ¿Me estás oyendo?
—Sí, te oigo.
Era muy consciente de que intentar apuntar a Sally en medio de aquella lucha encarnizada entre ellas no estaba a mi alcance. No tenía ni idea de disparar y podía matar a Wish por equivocación.