TURN BACK THE TIME, BABE. VIII CAPÍTULO XIII #2
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CAPÍTULO XIII #2

—Francesa presuntuosa sin un gramo de humildad.

¿Con qué me vas a matar? ¿Con la mirada?

¿Quieres intentar un cuerpo a cuerpo? Baja a la tierra.

Te triplico en fuerza. Podríamos haber formado un dúo formidable, tan letal.

Mi fuerza y tu mente malévola. ¿Imaginas la cantidad de incautos que podríamos haber engañado con nuestros rostros de ángeles?

Estaba harta de tanta cháchara de iluminada y sabía que la única manera de acabar con su charla era matarla. No iba a retroceder por el miedo pero el estar convencida de que esa era mi única salida, no debía volverme una imprudente.

En situación normal quizás la podía ganar en rapidez y agilidad, pesaba unos cuantos kilos menos que ella, pero mi problema es que después de todo este tiempo en situación ínfima, no solo estaba débil sino también bastante tocada físicamente.

Tenía serías dudas de que pudiera empuñar con la suficiente fuerza ni siquiera mi picahielos.

Mis dos muñecas las sentía sin fuerzas y cualquier movimiento me hacía ver las estrellas.

Tenía buenas armas contra ella, pero no la suficiente fortaleza.

Había adelgazado aún más y me dolía cada centímetro del cuerpo. ¿Qué opciones tenía?

—Oh, la chica del picahielos. ¿Vas a matarme con eso? No quiero ser cruel y menoscabar tu amor propio, pero permíteme decirte que dudo mucho que hayas siquiera picado hielo con él.

Enarbolé con la mayor firmeza que pude el picahielos y lo dirigí a su garganta. Sally me observó con la barbilla enhiesta y los ojos refulgiendo. No había miedo en ellos, solo locura. Notaba perfectamente su cuello tenso bajo la punta afilada.

—Si haces un solo movimiento te ensartaré —la advertí lo más convincentemente que supe.

—Tú sí que vas de farol, nombre bonito. Sabes tan bien como yo que no has matado a nadie antes.

Probablemente lo hayas hecho dentro de esa sucia cabecita tuya pero eso no tiene nada que ver con matar en realidad.

No es tan fácil. Tienes que hundirla con decisión en mi tráquea. ¿Te ves con el valor para ello?

No podía permitir que viera mi debilidad pero había pocos modos de ocultar mis lesiones.

El simple hecho de sostenerlo con fuerza contra su cuello me estaba suponiendo un dolor tan indecible que mis rodillas temblaban.

No de miedo sino de puro y llano tormento físico.

Deseaba matarla, con cada latido de mi corazón pero tristemente no me veía preparada para hacerlo bien.

No era una asesina profesional como Wish. Fuerte, fría y veloz como el rayo.

Me sorprendió pensar justo en aquel momento en ella. En todo el tiempo que había estado retenida la había dedicado un pensamiento. Y de pronto pensé que la necesitaba. Como jamás la había necesitado antes.

Era cuestión de tiempo que tuviera un descuido.

Quise hundir el fino punzón en su garganta pero no podía hacerlo como si estuviera poniendo una inyección intravenosa, debía hacerlo con decisión.

Reuní mis fuerzas y hundí la hoja en la piel y la sangre brotó en un delgado reguero.

La sonrisa enloquecida de Sally me estaba descentrando, tenía que darla una maldita estocada pero el pulso le tenía pésimo.

Se me iban las fuerzas, no era capaz de imprimir el golpe.

Sally se aprovechó sibilina de todo aquello y sin ningún esfuerzo agarró con toda la fuerza que yo no podía reunir, el picahielos de mi mano.

Tiró de los mechones de mi pelo arrastrándome de nuevo hasta la cama.

Me resistí como pude, lanzándola patadas y golpes que acababan aporreando el aire.

La fuerza de esa mujer no era normal en alguien de su tamaño y peso.

De dos sencillos zarpazos dominó del todo mi cuerpo en rebeldía.

Rasgó con suma facilidad mi sábana a modo de túnica y volvió a dejarme completamente desnuda.

Me di cuenta entonces que su principal objetivo por encima de cualquier otro era menoscabar mi autoestima y para ella dejarme desnuda era una de esas cosas sencillas que me tomaba como un ataque muy directo a mi propia libertad.

En ningún momento había tenido connotaciones sexuales por su parte aunque su mente podrida lo había utilizado para poner a prueba la libido de sus hombres y así aterrorizarme, añadir una tortura más.

Entre alaridos de furia conseguí dirigir mis uñas hasta su cara, hundiéndolas con saña.

Ya no eran ni con mucho mis bonitas uñas, se habían astillado en los últimos días pero habían crecido lo bastante para poder ser armas mortíferas a su modo.

La dejé la cara bien marcada llena de una profunda rabia.

—¿Quién es una gatita salvaje? —sonrió macabramente mientras afianzaba mis muñecas fuertemente con sus manos, por encima de mi cabeza.

Sabía perfectamente que ese era un punto delicado y empezó a estrujarlas.

Estaban en unas condiciones muy ínfimas y me iba a romper algún hueso si es que no lo había hecho ya.

Con mis piernas libres la daba patadas asegurándome que no pudiera aplacar mi cuerpo para volver a atarlo.

Si me volvía a atar iba a entrar en una crisis nerviosa.

—QUIETA DE UNA VEZ.

—SUÉLTAME.

Durante el forcejeo me las arreglé para desasirme lo justo y agarrar el machete.

La cogí totalmente desprevenida pegándola un tajo en lo alto del pómulo y tocando seriamente su párpado izquierdo.

Instintivamente se tapó el ojo para protegerlo, cogida por sorpresa y aproveché para saltar de la cama, de nuevo libre.

—Hija de puta. No lo harás una segunda vez, eso te lo aseguro.

Se acercó a mí amenazadoramente, sin quitarse la mano del ojo herido. La sangre de un rojo brillante manaba por entre sus dedos. Aún no había tenido oportunidad de ver claramente la magnitud de la herida que la había infligido pero la hoja era en extremo afilada.

—¿Quieres jugar? Vamos a jugar.

Trastabillé hacia atrás y sin previo aviso me lanzó un puñetazo que reventó mi labio superior y me hizo perder el equilibrio y caer al suelo.

El machete salió disparado y a gatas intenté hacerme con él pero me agarró por los tobillos arrastrándome de nuevo hacia ella.

Los tobillos eran otro punto muy sensible, los tenía muy magullados.

No tanto como las muñecas pero tampoco tenían buen aspecto.

Chillé de dolor intentando escapar de su agarre pero me asestó otro puñetazo en la boca del estomago que me dejó sin respiración durante unos segundos.

Pensaba que me asfixiaría. Sin tregua alguna, volvió a hundir su puño y empecé a toser lo cual era buena señal pero si seguía golpeándome, las pocas fuerzas que reservaba se irían a la mierda.

Intenté no perder de vista el machete que se había desplazado unos centímetros hacia la pared.

No podía hacerse con él o no habría salvación para mí.

—Sally James. Se ha acabado todo. Apártate ahora mismo de ella.

Aquella voz era inconfundible para mí, la reconocería entre un millón de voces más.

Con esa ronquera tan particular y su acento americano.

Entró en mi espacio sonoro con rotundidad y buena parte de mis dolores parecieron difuminarse con ese tono.

Era un tono de voz que en aquellos cruciales momentos tuvo la cualidad de sedarme al menos un poco.

Wish me había encontrado, Wish se encargaría de matarla.

Sally se volvió para mirarla pero no me soltó aún.

Yo me encontraba retorcida en el suelo y ni siquiera era capaz de incorporarme.

Tenía el estómago demasiado resentido por los recientes golpes.

Haciendo caso omiso de las órdenes de la americana, me empujó a un lado para hacerse con el machete.

No podía oponer resistencia, aún me era difícil respirar.

—Te doy dos segundos para que obedezcas mis órdenes, o empezaré reventándote el pie de un disparo. Tengo munición suficiente para pasármelo bien un rato —dijo la americana con firmeza.

—¿Qué opinas, Amandine? Una de las personas que más odias ha venido a sal... ¡¡AHHHHHH!!

En realidad Wish había sido magnánima, la había permitido más de dos segundos para soltarme y prometió lo dicho.

Con una puntería excepcional le disparó de llenó en el pie que tenía enredado contra mí.

Su sangre calentó mi tobillo maltrecho. No sabía cómo había logrado dispararla con tanta limpieza sin tocarme en absoluto.

No había sido ninguna exageración en torno a su persona.

La teniente Atkins era en extremo peligrosa.

—¿Qué es lo que estabas diciendo? Me interesaba...

La frialdad de Wish no era de este mundo.

Disparar a un perro rabioso con la intención solo de herirle no sabía si era buena idea pero al parecer la teniente se encontraba en su salsa.

Ella controlaba el tempo, no había duda.

Del mismo modo mortífero en que la voló el pie, podría haberla volado ya la tapa de los sesos a aquellas alturas.

Pero no parecía ser esa la intención de la pelirroja.

Y dentro de aquel maldito magma de estrés y dolor físico al límite, yo la secundaba.

Proporcionar una muerte rápida a Sally no podía entrar en su vocabulario.

Habían sido muchos años esperando este momento para que un disparo mortal la llevara de este mundo sin más dolor.

Debía pagar por todo el dolor que había perpetrado.

—Has venido porque yo te he proporcionado esa información. Si no hubiera seguido jugando con la francesa indefinidamente hasta doblegar su férrea voluntad.

—¿En serio? ¿De qué estamos hablando, Sally?

—El proceso de quitar el maquillaje a Amandine. De eso hablo.