CAPÍTULO XII
A TOUR DE FORCE
AMANDINE
—¿Entonces estás totalmente convencido? —pregunté casi con ganas de gritar de alegría. De hecho si no estuviera completamente atada e incapaz de moverme, me hubiera puesto a saltar en la cama. Lo consideraba un triunfo. No esperaba conseguirlo.
No las tenía todas conmigo respecto a Siegfried.
Podía ser tan fácil de persuadir escogiendo las palabras adecuadas pero sin embargo, había un núcleo duro como el pedernal dentro de él.
Fruto de sus muchos sinsabores quizás. Mi intención era manipularle de algún modo para que nos uniéramos y acabáramos entre los dos con Sally o en el mejor de los casos pudiéramos huir tras previamente rescatar a Farrokh.
Era consciente de lo que le estaba proponiendo y sabía los infinitos riesgos a los que nos exponíamos pero ¿qué otra opción quedaba sino darlo todo?
Mi objetivo en la vida no era pasarlo tosiendo desnuda sobre una cama, atada de pies y manos y siendo ultrajada.
Era momento de dar un paso hacia adelante.
No importaba lo temerario y radical que pudiera ser.
No había sitio para medias tintas. Todo o nada.
—Shhh. Por favor. Vamos a hablar en susurros, ¿vale? Sally está con la mosca detrás de la oreja.
—¿Por qué? ¿Qué te ha dicho?
Siegfried se posicionó acostado encima de mí en la cama, lo más unidos posible para que sus labios quedaran pegados a mis oídos y los míos a los suyos.
De tal modo que parecíamos un par de amantes cuando solo éramos un par de cautivos intentando por todos los medios no ser escuchados en un solo tono por el enemigo.
—Lo noto. Ha cambiado ligeramente su actitud. Y debemos tener nuestras precauciones.
—De acuerdo. ¿Cómo vamos a hacerlo?
—Quita el plural.
—¿Qué ocurre? Pensaba...
—He pensado mucho en lo que hemos hablado. Sobre eso de la liberación. Creo que debes intentar escapar y te dejaré los medios para ello.
—¿No vamos a trabajar en equipo?
—Lo mejor es que cada uno lo intente por su lado. Yo voy a huir y dejo en tus manos tu intento.
—¿Me estás diciendo que vas a dejarme en la estacada? ¿No confías en mí? Si lo conseguimos no te voy a abandonar. Soy la persona más leal del mundo.
—No lo pongo en duda. Pero prefiero actuar por mi cuenta y no deber a nadie nada.
—A mí no me importa deberte mi vida, Siegfried. Has sido la única esperanza y consuelo que he tenido durante toda esta tortura.
—Agradezco tus palabras. Tú también has significado mucho para mí. Nunca soñé que la persona a la que tenía encargada la vigilancia iba a revolver mi conciencia. Tenías razón. Solo he sido un juguete para los demás y creo que valgo para algo más que eso.
—Vales muchísimo. Eres un gran hombre.
—Calla un momento...
—¿Qué?
—Shhh...—colocó la yema del dedo sobre mis labios, sellándolos. Pero enseguida la retiró—. No, falsa alarma. Creí oír un ruido. Escúchame con atención, Amandine. Te voy a dejar tu picahielos, ¿de acuerdo? Te le pongo debajo de la almohada...
—Pero estoy atada, ¿cómo voy a...?
—Las órdenes con las que empecé este trabajo fueron que debía vigilarte y en caso de ponerte rebelde, castigarte. Creo que he sido magnánimo contigo y...
—Sí, claro que sí. Y te lo agradezco.
—Una vez en este punto nos resta despedirnos y como se suele decir, cada mochuelo a su olivo.
No quiero alianzas. Eres una mujer valerosa, con un evidente coraje dadas las circunstancias.
Te veo capacitada para que lo puedas conseguir.
Te dejaré el picahielos y un machete. Es cuanto he podido reunir.
Observé atemorizada la impresionante arma que ocultaba bajo mi almohada junto a mi picahielos. Ahora tenía dos armas y ni una sola mano para usarlas. Parecía una broma pesada.
—¿Por qué no me desatas y lo hacemos todo juntos? Seremos más fuertes contra ella.
—Es mejor hacerlo así. No se me da bien trabajar en equipo.
—¿No te fías de mi?
—Tú no tienes nada de malo. Pero creo que tú y yo solo tenemos sentido si estamos metidos en esta ratonera. Fuera de ella, cada uno tenemos nuestra propia guerra.
—Dios, Siegfried. No te estoy pidiendo que nos casemos cuando huyamos de aquí. Solo una colaboración y si todo va bien volaremos cada uno en una dirección. Pero yo siempre te voy a recordar y lo haré con cariño.
—Yo también.
—¿Pero cómo voy a encontrar a Farrokh? Tú eres quien sabes dónde se encuentra encerrado. ¿Por qué me miras así? ¿Qué he dicho?
—Baja el tono...
—¿Está muerto? Por favor, ¿tampoco puedes darme esa información? Le ha matado, ¿verdad? ¿Le has matado tú? Dímelo. ¿Es por eso que te quieres desvincular de mí? Al final lo hiciste.
Mientras mis ojos casi se salían de las órbitas, todo lo estaba hablando yo. El no decía nada y cuando iba a explicarse, justo entonces, entró Sally.
—¿Qué demonios está pasando aquí? Siegfried...
—Estaba asegurando sus amarres... —aclaró llevando sus manos a mis muñecas y simulando que se encontraba afianzándolas.
—¿Metido entre sus piernas? —preguntó agarrándole del pelo y arrastrándole fuera de la cama.
—Por favor, Sally. Él no me ha hecho nada malo. Déjale.
—Ya lo sé que no es él. Siempre eres tú. ¿Por qué les vuelves así de locos? Hija de puta... ¿Quieres que le mate? ¿Eso es lo que quieres? Ese fue tu plan desde el principio, ¿eh?
La mirada enloquecida de aquel monstruo daba auténtico miedo. Era la mirada de alguien descontrolado. Empecé a temblar incontrolablemente sabiendo muy bien lo que podría desatarse ahora. Ahora él estaba en peligro.
—Siegfried no me ha hecho nada. El conflicto está entre nosotras dos. Déjale a un lado.
—De acuerdo.
Sally soltó del pelo a Siegfried al fin y con una sangre fría espantosa apunto a su bragueta y disparó. El muchacho quedó encogido en el suelo aullando de dolor y esperé con los ojos apretados el segundo disparo que le rematara. No podía soportar verle así. Pero ese disparo no sonó.
—¿Cuándo dejaste de ser perfecto? —le preguntó dándole un puntapié—. Mírale. ¿Estás orgullosa de lo que has hecho, criatura perversa? —me dirigió una mirada iracunda.
Tras unos minutos de agónicos chillidos, se calló del todo y pensé que había muerto.
—Yo no he hecho nada y Siegfried tampoco. ¿Cuándo vas a parar? ¿Cuándo vas a dejar de matar cruel y caprichosamente?
—No voy a volver a tocarle. Dejaré que se desangre.
Puede que no sea cuestión de minutos. Eres tú desde el principio la que dicta lo que hago.
Si hubieras dicho que Sí esto se habría evitado.
Pero eres más enrevesada de lo que pensaba.
Te interesaba seguir embaucándolo hasta que te le llevaste a la cama. Igual a cómo hiciste con Bruno.
—Sabes muy bien que Bruno casi me viola.
—Eso me quisiste hacer creer pero sabía muy bien tus intenciones. Por eso eres tan preciada para mí. Tu mente maligna necesita alguien como yo para poder hacer maravillas entre las dos. ¿Cuándo vas a entenderlo de una vez por todas?
—No.
—¿Qué acabas de decir?
—NO. HE DICHO QUE NO. JAMAS VOY A ALIARME CONTIGO.
—¿Esa es tu última palabra? Piénsalo bien.
—Haz lo que consideres necesario. Mátame si es lo que necesitas.
—¿Matarte? No seas ridícula. Lo que has pasado hasta ahora ha sido un juego de niños. Espero que seas igual de fuerte para soportar lo que te espera. Creo que ni una mente tan retorcida como tú se lo puede imaginar.
WISHFUL-THINKING∞
Arranqué la furgoneta Volkswagen T2 tras colocar bien extendido el mapa de carreteras en el asiento del copiloto.
Mi objetivo era llegar a Mödling y desde allí intentaría no perderme hasta llegar a la parte más septentrional de Föhrenberge.
Hacía tiempo que había anochecido y conducir por aquellos parajes iba a ser bastante complicado.
Hacía unos minutos había comenzado a nevar de nuevo y los copos dispersos se habían convertido en una suave y constante manta sobre el parabrisas que apenas daba abasto.
¿Alguien daba más? Me encontraba en mitad de una cellisca.
Cuando empuñé el teléfono para hablar con Fanelli nada me podía preparar para sus palabras.
El cocinero fue el que me había llamado al hotel.
Una misiva con matasellos de Mödling decía textualmente: Amandine necesita tu ayuda urgentemente.
Esa misiva solo podía ser obra de Sally.
Solo alguien tan retorcido como ella sería capaz de mandarme la dirección del lugar donde tenía secuestrada a la francesa.
Porque ya no me cabían más dudas. La tenía retenida.
Y aquella psicópata era la que estaba detrás de todo aquello.
Enseguida había tenido sospechas sobre los derroteros de la francesa pero llegué a considerar que era demasiado fatalista, siempre imaginando lo peor.
Por eso me incliné por la teoría de que Amandine se había dejado llevar por el amor.
Pero aquello nunca llegó a ser una teoría creíble para mí.
Amandine había quedado en regresar al día siguiente y no había vuelto.
Justo en ese momento debería haberme puesto en acción.
Sin embargo lo había dilatado nada menos que dos semanas y aquella misiva dirigida a mí me parecía una trampa de manual.
Me encaminaba al fin hacía lo que había estado ansiando tanto tiempo.
Liquidar a Sally. Pero puede que esta fuera una de sus escenificaciones y lo que quería era que me encontrara con el cadáver de Amandine.
Y por eso ella podía ofrecerme la oportunidad de luchar contra ella.
No tenía sentido para una mente racional pero sí para un cerebro enfermo.
Prefería tener todo el rato la imagen de la francesa muerta para blindarme.
Para que Wish estuviera en modo cien por cien asesina porque no quería que ningún otro sentimiento entorpeciera mi instinto homicida.
Era una herramienta de auto convencimiento en lo que estaba a punto de perpetrar porque no podía permitirme actuar con el corazón.
Si Amandine había acabado por ser una de sus víctimas no me lo perdonaría mientras viviera. No podría lidiar con esa muerte.
¿Pero de qué me habría servido haberme dejado guiar por mi fino instinto y acudir a Viena a por ella si no la habría encontrado por ningún lado?
Cuando hice el viaje pensaba que Rudi me sacaría de todas las dudas pero cuando Hannes me aseguró que el director no había estado en Viena la semana pasada y no solo eso, sino que se había ido con su novia, llegué a pensar que Amandine podría haber cometido alguna locura.
No pensaba que se iba a tirar por un puente si descubría que su adorado austriaco no la guardaba fidelidad pero sí que quizás decidiera darse un respiro en Turn back the Time.
Que quizás hubiera vuelto a 2021 para huir de sí misma porque habían cambiado demasiadas cosas dentro de ella y no debía estar llevándolo especialmente bien.
Ser consciente de que estaba demasiado enamorada de alguien. Alguien obviamente prohibido.
Por supuesto, eran todo suposiciones que se venían enseguida abajo por ser poco creíbles.
La francesa era imprevisible pero había ciertas pautas de comportamiento que dudaba fuera a cambiar.
Al menos a corto plazo. El compromiso de la francesa con la misión hacía tiempo que no me dejaba ninguna duda y nadie como yo sabía el miedo que le daba regresar a su época.
No ya por lo incierto del viaje, ese miedo lo teníamos todas.
El miedo nacía de sus sentimientos una vez volviera a aterrizar en su círculo de confort, el sitio donde más libre podía sentirse.
Sería algo muy doloroso y casi imposible para ella romper de nuevo con todo eso, no podría separarse de su familia.
Y eso al mismo tiempo heriría profundamente su autoestima como agente del tiempo no solo para salvar la vida de Freddie sino para evitar que siguiera cambiando.
Dejar esa tarea inconclusa no creo que asomara en sus pensamientos por negras que viera las cosas.
Lo único que me restaba era coger la dirección que me había dado Hannes e intentar aclarar este misterio con Rudi. ¿Qué había pasado en realidad? ¿Se habían llegado a encontrar? Y en esas estaba cuando las llamadas propiciatorias de Joe al hotel me mostraron el verdadero camino.
Una caravana Fletwood Prowler color crema con una franja azul remolcada por un Volkswagen Scirocco color gris oscuro.
No era la mayor experta en marcas de roulottes y coches y menos en los años ochenta pero esperaba que no fuera difícil encontrarla entre la espesura de los pinos umbrella.
Tenía como única pista que se encontraba cerca de Schwarzer Turm y se trataba de una de las zonas más altas.
Confiaba en que la furgoneta no me dejara tirada porque no había tenido la precaución de buscar una gasolinera donde repostar y estaba a medio depósito. Y no hacía más que dar vueltas.
No había al menos ni rastro de mi sensación de fatiga.
Podía seguir conduciendo sin que mi visión se viera afectada y parecía que todos esos malditos efectos secundarios de los antirretrovirales acababan de desaparecer como por ensalmo.
Sabía que no habían desaparecido. Era solo que mi cerebro estaba ocupado por completo en esto y no podía haber nada más que eso.
Mis molestias habían pasado a segundo plano.
Paré la furgoneta para sacar la botella de agua de la guantera pegando un largo trago engullí la pastilla que me tocaba tomar justo a aquella hora.
Las once de la noche. Era algo que no se me podía olvidar bajo ningún concepto y que el doctor insistió en que procurara hacerlo con puntualidad.
Aún no me acostumbraba a ello. Aún no había asimilado del todo mi enfermedad.
Y a pesar de que mi enfermedad había sido prácticamente mi único pensamiento junto a la enfermedad de Eli, la sola perspectiva de acercarme por fin a mi otro objetivo en la misión me producía un peculiar cosquilleo, un cosquilleo muy mío antes de entrar en acción.
Era la adrenalina. Era lo que sucedía antes de dejar bien claro quién era la teniente Atkins y a lo que había venido aquí.