CAPÍTULO XI
I’M NEVER GIVING IN
AMANDINE
Nos habíamos salvado por la campana pero Sally empezaba a mosquearse con el modo particular que Siegfried tenía de custodiarme. No creo que nacieran los celos en ella exactamente pero debíamos ser cautos si no queríamos que sus recelos mandarán al traste mis planes, nuestros planes.
Siegfried era alguien ciertamente complejo.
Una criatura criada en la violencia y la perversión que era incapaz de agredir y cuya mirada era pura como un arroyo de montaña.
Pero su vida siempre había transcurrido al otro lado de la ley, siendo el objeto de deseo de otras personas más fuertes que él.
Cambiar su mentalidad y hacerle entender que era tiempo de huir de eso resultaba una tarea complicada.
Él necesitaba alguien más fuerte que llevara el timón por él.
Él sabía de la naturaleza básicamente psicópata de Sally.
Ella le había salvado y la debía lealtad pero su salvación no había sido altruista.
Sigfried era ese tipo de muchacho sobre el cual uno podía ejercer el control con suma facilidad y eso era lo que Sally estaba buscando.
Y lo que al parecer deseaba hacer conmigo.
Pero yo no era Siegfried y ella lo sabía.
Por eso estaba jugando con mi equilibrio emocional y me estaba sobornando con Farrokh.
Para forzar mi aceptación a ser su lacaya.
En su afán voraz de destrucción su mente trastornada daba bastante pánico pero lo que más pánico me producía era el modo en que me analizaba.
Claramente era una desviación maligna de mi personalidad para justificar sus planes pero una pequeña semilla de verdad se ocultaba tras sus frases lapidarias.
Ella alegaba que yo odiaba a Farrokh pero lo utilizaba inmisericorde como coacción para que me rindiera.
Entonces, ¿a qué estaba jugando?¿Le odiaba o le amaba? ¿Ambas cosas acaso?
Allí atada dejando pasar las horas solo podía devanarme los sesos buscando siempre una salida. No estaba dispuesta a someterme a Sally. No estaba dispuesta a que Farrokh muriera por mi culpa y no estaba dispuesta a morir. ¿Pero qué es lo que me restaba por hacer?
Intentar escapar por mi cuenta se había demostrado difícil y arriesgado.
La opción que me quedaba era aliarme con Siegfried contra ella.
Él era claramente un muñeco roto al que podría manipular y el primer paso es que se abriera a mí.
Lo había conseguido con sorprendente facilidad.
Tal y como imaginaba su vida había sido un rosario de truculentos hechos y parecía dar vueltas una y otra vez por las espirales de la violencia.
Debía hacerle entender que era momento de encontrar la luz, que no podía seguir viviendo en las sombras.
Estaba resultando complicado pero no me daba por vencida.
Estaba dispuesta a tomarme el tiempo necesario para hacerle entender que su vida con Sally terminaría con sus huesos en la cárcel tarde o temprano.
Intentaba una y otra vez que considerara seriamente lo que le proponía.
Estaba siendo muy arriesgada porque podría chivárselo a Sally y estaría metida en un lío.
Pero mi obsesión era ganar tiempo para que a Farrokh no le pasara nada.
No iba a regalarla los oídos diciéndola que ya tenía una aliada en sus malévolos planes pero tampoco quería decirla un No rotundo por miedo a posibles represalias.
El tiempo seguía siendo una nebulosa. No podía imaginar cuántos días llevaba retenida.
Tampoco tenía modo de saber si Farrokh había sido secuestrado al mismo tiempo que yo.
El proceso por el cual había pasado en todo el periodo desde que había sido secuestrada era muy variable.
Demasiadas emociones negativas juntas. Terror, asco, humillación, ansiedad, desesperanza.
Al principio había sido prácticamente imposible conciliar el sueño, cargada de electricidad negativa como estaba.
Pero una vez la voz neutral y sedante de Siegfried escogió poner a leer ese libro del ruso, ese era el punto que indefectiblemente me inducía el sueño de forma natural.
Sin embargo, los ciclos de mi sueño se habían alterado considerablemente.
Yo estaba acostumbrada a dormir mínimo ocho horas seguidas pero ahora me conformaba con poder hacerlo un par de ellas.
Era curioso que alguien con el estómago tan delicado como yo tolerara la comida que me daban pero no aceptaba mucha cantidad y mi intestino con la forzada inactividad a la que me veía sometida me estaba dando mucha guerra.
Físicamente me encontraba bastante débil aunque las heridas que me había hecho al principio en muñecas y tobillos iban sanando poco a poco.
Sin embargo, la maldita obsesión de Sally por tenerme completamente desnuda para enfatizar mi vulnerabilidad ya empezaba a pagarse su precio.
La tos apareció y era bastante fea. Estaba claro que había cogido un buen catarro y era un milagro que no se hubiera manifestado hasta ahora.
—No te vas a morir de un simple resfriado. No seas tan dramática.
—Solo digo que me estoy muriendo de frío. Necesito taparme.
—Ni lo sueñes. Ya sabes cuándo te vas a poner ropa encima. Cuando me des el Sí, quiero.
—Dime cómo está Farrokh.
—No te voy a dar esa información.
—¿Me quieres seguir castigando porque me estoy tomando mi tiempo a la hora de vender mi alma al diablo?
—Ese es un modo de ver las cosas muy propio de la señorita Amandine Solís, recatada y auto controlada niñera a la que no le gustan los niños. ¿Puede haber algo más absurdo?
—Si no me gustan los niños, ¿por qué he dedicado toda mi adolescencia a ser au pair?
—¿Es que a las au pair tienen que gustarle los niños? Creía que lo que las gustaba de verdad era independizarse de sus padres durante unos meses y conocer a chicos. ¿No era tu caso?
No quería hablar de mí a aquel bicho inmundo. De todos modos, ella sabía perfectamente que yo no era la norma en casi nada. Tampoco era una au pair al uso. Como no era casi nada al uso.
—No se me puede clasificar a la primera.
—Oh, lo sé. Créeme. Eres el tipo de monstruito vapuleado que aún nadie ha comprendido del todo.
—Menos tú, ¿no es eso?
—Tu fealdad, Amandine. Enfréntate con valentía a tu fealdad y seremos grandes.
WISHFUL-THINKING∞
Había pasado una semana completa y mi paciencia ya estaba agotándose.
Esto ya no era creíble. Por muy enamorados que Rudi y Amandine estuvieran no me creía que hubieran cogido un avión y se hubieran largado a las islas Seychelles, por decir algo.
Estaba claro que después de mis sospechas iniciales le di crédito a las palabras de Joe y me pareció plausible que decidiera tomarse su tiempo con el austriaco.
Había rebasado con mucho el fin de semana loco de pasión pero tampoco había que ser alarmistas.
Sin embargo, transcurrida una semana no iba a dar más de plazo a la intimidad de los amantes.
Tenía que descubrir qué demonios estaba pasando.
Freddie había vuelto de Feltham donde había pasado unos días con sus padres y con Farrokh y volvía con el niño de vuelta a Múnich.
Ingrid había insistido en que el niño se quedara en su casa mientras Freddie se encontraba ocupado con el disco.
Pero el cantante ya estaba preguntando por Amandine y yo también la necesitaba para que gestionara el tema de los antirretrovirales.
—¿Sigues viendo normal esto? ¿Es que solo estoy preocupada yo? —le consulté a Joe.
—Para mí una semana fuera quizás no fuera suficiente. No sé el nivel de apasionamiento de Amandine.
—Cuando se trata de cumplir con su trabajo, nulo. Ya te lo digo yo. No me cuadra nada de esto. Ya le hemos dado un margen. Ahora necesito actuar.
Joe finalmente me dio los teléfonos de los domicilios de Rudi, de DoRo y de la televisión austriaca donde tenía el programa Ohne Maulkorb.
Así podría salir de dudas. Los resultados fueron nefastos porque no me cogían el teléfono en ninguna parte excepto en la televisión donde me comunicaron que había rodado el programa hacía dos días y no podían decirme más.
Ya había conseguido una barbaridad porque hoy en día con la protección de datos no me hubieran dado ningún tipo de información que se consideraba confidencial.
Seguí insistiendo en sus casas pero no había manera, nadie me cogía el teléfono.
Aquello empezaba a ser preocupante. Si les hubiera pasado algo, ya tendríamos noticias.
Otra opción es que esa loca idea de que pudieran haber cogido un avión para irse lejos fuera la solución del enigma.
Descartado que hubieran tenido algún tipo de accidente, y también descartado la improbable escapada romántica, ¿qué demonios me quedaba?
Pensaba y pensaba hasta que el cerebro se me freía.
En mi desesperación llegué a pensar que quizás Amandine hubiera cogido el móvil y se hubiera marchado a 2021.
Pero una vez más, descarté esa otra opción.
Ella no se iba a ir por una simple discusión o un ligero revés que hubiera surgido con Rudi.
Era un volcán en erupción cuando se enfadaba pero nunca llegaba tan lejos con sus rabietas. La misión significaba mucho para ella.
Llamaba y llamaba y nadie me respondía. Para colmo mi primera incursión en el consumo de antirretrovirales me estaba dejando un insomnio recurrente así que me planteé cortar de raíz mi ingesta a veces exagerada de café.
Cortar de forma radical ese hábito me alteró tanto que decidí limitarlo a una taza al día.
Eso me causó tal ansiedad que me abalanzaba sobre la cafetera y bebía litros.
Necesitaba claramente el asesoramiento de un médico, pero de un médico de 2021, obviamente.
Ya no me importaba tanto mi insomnio como si la ingesta desmedida de cafeína podía inhibir la efectividad de los fármacos que tomaba religiosamente como me habían indicado.
No podía estar viajando en el tiempo continuamente.
Eso quizás me debilitaría en extremo en mis actuales circunstancias.
De momento todo era un enigma en cuanto a mi salud y cómo reaccionaría al tratamiento.
Transcurridas ya dos semanas desde la partida de Amandine a Viena, ya tanto Joe como yo estábamos de acuerdo en que aquí olía a cuerno quemado.
Sally siempre estaba en mis pensamientos.
¿Se habría atrevido a matar a Rudi y Amandine?
No sabía por qué pero descartaba esa posibilidad.
Sentía que la francesa no había muerto o quizás solo fuera yo misma quien intentaba retenerla con vida.
Aún no del todo al cien por cien decidí que tenía que viajar hasta allí y dejarme de llamadas infructuosas.
Mi objetivo era Rudi Dolezal porque estaba segura que él significaría que encontraría a Amandine.
Confiaba en que estuvieran juntos y pudieran explicar este comportamiento porque mi preocupación ya era extrema.
El viaje en tren me sentó tan mal que tuve que entrar al baño a vomitar en varias ocasiones.
No estaba en mi mejor momento pero no podía seguir perdiendo el tiempo.
Tenía que descubrir lo que estaba sucediendo.
A duras penas llegue hasta DoRo producciones y tuve la suerte de tropezarme con Hannes Rossacher allí.
Después de una incursión de urgencia en el baño donde quise vomitar pero ya no salía nada de mi estómago, el director austriaco me informó que Rudi se había ido de fin de semana a Eisenstadt, donde vivían sus abuelos.
Aquel dato pareció animar la cada vez más lejana teoría de que quizás Rudi y Amandine habían sido tan radicales en su amor que ya le iba a presentar a sus abuelos. Yo misma cuando hablé no me encontraba nada segura de lo que decía ya.
—¿Se ha ido con Amandine?
—¿Amandine? —me preguntó Hannes extrañado.
—Amandine ha venido a visitar a Rudi a Viena hace unas dos semanas...
—¿Hace dos semanas? No estaba en Viena hace dos semanas. Al parecer se había ido a pasar unos días con Greta.
—¿Quién es Greta?
—Su novia...
—Dios, ¿y lo sabe eso Amandine?
—Yo no he visto a Amandine por aquí.
—¿Y Rudi tampoco la ha visto? ¿Te consta si ha habido un encuentro entre ambos?
—Él no me ha contado nada pero tampoco me lo cuenta todo. Solo hemos hablado de trabajo.
—Mierda, necesito hablar con Rudi para que me aclare algunas cosas. ¿Me puedes dar la dirección en Eisenstadt?
—Sí, claro. ¿Ocurre algo con Amandine?
—Espero que no.
Antes de alquilar un coche y presentarme allí, decidí hacer una parada en el hotel donde me alojaba.
Necesitaba una ducha, lavarme los dientes y cambiarme de ropa.
A pesar del frío intenso un sudor persistente perlaba mi piel.
No sabía a qué podía deberse. Si a mis malditos efectos secundarios o a mi preocupación creciente.
Ya no tenía nada claro y esa incertidumbre me estaba poniendo muy nerviosa.
—Señora Atkins, tiene cinco llamadas desde Múnich.
—¿Le ha dicho de parte de quién?
Era una pregunta absurda. Tenía que ser Joe, solo él sabía de mi viaje a Viena y a quien había dado el número del hotel. Me preguntaba qué sucedería ahora.