TURN BACK THE TIME, BABE. VIII CAPÍTULO VIII
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CAPÍTULO VIII

THE SWIFTNESS OF TIME

ELIDETH

Abrí la nevera y comí todo lo que encontré.

Desde encurtidos hasta pollo asado frío.

El hambre que me atenazaba siempre tras el viaje en el tiempo claramente se había redoblado y ahora tenía más sentido que nunca estando embarazada.

Me dormí sobre la mesa de la cocina con el último bocado.

Mi último pensamiento fue para el bebé. Lo primero que tenía que hacer era acudir al médico.

Debía asegurarme que el viaje en el tiempo no le había hecho ningún daño.

—Ash... cariño. ¿Te encuentras bien? ¿Por qué no te has acostado en el sillón o la cama?

—Porque no me dio tiempo —resumí con media sonrisa triste, enganchándome al cuello de mi padre que estaba recogiendo la orgía de platos de comida vacía—. Papi...

—Nos has dejado sin comida. Ni papi ni nada.

—Lo siento. El hambre que tenía no se puede explicar con palabras. Os he echado de menos.

—Y nosotros a ti. ¿Es bonito Tenerife? No has cogido mucho bronceado que se diga.

—¿Tenerife?

—Álex nos dijo que después de lo de tu aborto habías decidido ir hasta la isla a pasar unos días con unos amigos. Podrías habernos mandado una postal.

La red de mentiras por supuesto había tenido que ponerse en marcha después de mi huida en desbandada hacía la friolera de cuatro años y once meses.

En el tiempo actual solo habían pasado dieciocho días.

Un tiempo perfectamente plausible para pasar unas largas vacaciones de desconexión intentando recuperarme de mi traumática experiencia.

Álex fue bueno inventándose esa mentira propiciatoria.

—Es cierto. Debería haberlo hecho.

—¿Te encuentras bien?

—Sí, solo necesito dormir muchas horas porque si no me temo que colapsaré.

Mi prioridad número uno nada más llegar a 2021 era acudir a un ginecólogo y asegurarme que todo andaba bien.

Pero una vez que aterricé mis prioridades como siempre las marcaron mis efectos secundarios cada vez más exagerados.

Debía calmarlos y solo después de ello estaría lista para funcionar.

Mientras tanto solo era como un trapo muy ligero vapuleado por el viento.

Perdí la cuenta de cuánto tiempo me pasé durmiendo pero puede que fueran más de veinticuatro horas.

Me desperté y eché a un lado el edredón supervisando que todo fuera bien.

Tenía pánico a que de nuevo se repitiera un aborto.

Quería que este niño naciera a pesar de todas las dificultades y aunque alguna gente podría pensar que un aborto espontáneo quizás fuera lo mejor, no podía ni planteármelo.

Después del evidente shock y la preocupación, le deseaba mucho.

Era nuestro segundo hijo. Nuestro segundo milagro.

—Te ha despertado el olor a comida, ¿verdad?

—Mamá...

—¿No había comida en las islas Canarias que tuviste que asaltar nuestra nevera?

—Te he echado de menos —la di un largo abrazo mientras arropaba mi cabeza contra su pecho, besando mi pelo. Como hacía de niña. Sentir su calor casi me hizo llorar de felicidad.

—Mmm. No tanto. Hubiera estado bien una sencilla llamada o una postal.

—Lo siento. Quería desconectar e intentar olvidarme de aquello.

—Mi amor, estás cambiada. Es como... —enmarcó mi rostro con sus manos, escaneándome con la mirada. Quizás no era capaz de encontrar las palabras correctas. Sabía lo que ocurría.

—Como si hubiera envejecido, dilo.

—Puede. No sé —susurró algo aturdida barriendo con su pulgar mis mejillas, reflexiva. Todas mis experiencias durante la misión definitivamente debieron dejar una marca en mí—. ¿Cuáles son tus planes ahora?

—Necesito descansar.

—¿Más todavía? Cariño, vienes de Tenerife. ¿No te vas a incorporar a tu trabajo?

Rápidamente tuve que recordar cuál debía ser mi situación actual. Estaba trabajando en Londres, en el Evening Standard. Pero obviamente parecía tan alejado de mí, pero no para ellos.

—Me encuentro de baja. El asunto del aborto me afectó mucho y no encontraba las fuerzas. No podía rendir en mi puesto de trabajo.

La mentira era muy plausible pero me dolió decirla como si me hubiera atravesado con un cuchillo de parte a parte.

No podía decirles que estaba embarazada.

Según ellos hacía dieciocho días había tenido un aborto.

Era una locura plantearlos esto. No quería confundirlos porque como siempre, estaba obligada a ocultar el objetivo de mi misión.

—Tu padre y yo no sabíamos nada de eso. Últimamente no hay mucha comunicación. Ya sabes que puedes contarnos cualquier cosa.

—Lo sé. Perdóname. He estado tan deprimida...

—Precisamente por eso lo digo. Si no recurres a nosotros que somos tus padres, ¿qué sentido tenemos?

—No digas eso. Me partes el corazón. Sabes que os necesito pero no tengo ningún derecho a verter en vosotros mis problemas.

—Veo que aún llevas ese anillo. ¿Sigues con ese hombre que te dejó embarazada?

—Estamos dándonos un tiempo.

Dios mío, mi familia tenía la información que yo escogí darles en nuestra última reunión. Decidí hablarles de "Freddie" pero obviamente no ser demasiado explícita. Sin apellidos, sin apenas detalles. Y ahora decidía decirla que nos estábamos distanciando.

—¿Es que no te acompañó a las islas?

—No, era mejor idea estar separados.

—También era su hijo, cariño. No será un hombre casado, ¿verdad?

—Sí... Está casado conmigo.

—¿Qué? Ash, ¿cuándo demonios te has casado? ¿Cuándo fue? ¿Fue cuando te licenciaste y nos dijiste que te ibas a viajar por Europa tú sola? ¿Cuándo?

Necesitaba decirla algunas verdades sobre mí pero iban a estar cimentadas sobre mentiras de nuevo. No podía decirles toda mi verdad. Era un momento como otro cualquiera. Sí, decidí que ese fue el momento de mi boda secreta.

—Sí, fue entonces. Os mentí.

—¿Por qué lo hiciste?

—Porque supongo que fue un comportamiento impropio en mí y temía vuestro rechazo.

—¿Por qué íbamos a rechazarte? ¿Alguna vez te hemos censurado o...?

—No, mamá. Nunca lo habéis hecho pero tendríais mucho que rechazar en mí... Lo sé.

—¿Crees que porque podamos no estar de acuerdo con lo que hayas hecho íbamos a darte la espalda?

—Ya sé que no. Pero siento vergüenza de algunas cosas. Simplemente es eso.

Ya me estaba resultando duro aquel simulacro de verdad.

Aquella "confesión" camuflada que ocultaba un millón de confesiones que tenía vedadas.

Deseaba mucho compartir la noticia de mi embarazo con ella pero la tiranía del tiempo presente en contraposición con el pasado lo hacían inviable ahora.

Aunque se lo acabaría por comunicar porque había pocos modos de ocultar un embarazo.

—¿Te avergüenzas de ese hombre? ¿Del hombre con el que te casaste tan repentinamente?

—No, claro que no. No es perfecto pero yo tampoco. Nadie lo somos...

—¿Por qué nunca nos le presentaste? No somos los padres más modernos que existen pero no discriminamos a nadie.

—Prefería no hacerlo. No hay ninguna razón. No me sentía cómoda y él tampoco.

—¿Tampoco conoces a sus padres?

Otra mentira. ¿Cómo iba a decirla que adoraba a sus padres y que habían ejercido de mis segundos padres en tantas ocasiones?

—Tampoco. Mira mamá, sé que lo del aborto os impactó mucho y aún así no me pedisteis ninguna explicación.

Fue algo que siempre guardaré en mi corazón porque me enorgullecí mucho de ser vuestra hija pero al mismo tiempo, sentí que no os merecía en absoluto.

Perdonadme por no haber sido sincera con vosotros entonces pero...

—No pasa nada. Estabas en shock, no hay nada que reprocharte. Y aún te costará superarlo. Es una experiencia devastadora.

¿Cómo iba a decirle que desde aquel aborto me habían pasado un montón de cosas como un nuevo embarazo y el nacimiento de su primer nieto que iba a cumplir ya tres años? La estrella más rutilante de mi universo a la que me había visto obligada a dejar atrás. Tanto desaliento…

—Sí, lo superaré.

—Estoy segura. ¿Vamos a comer?

Me hubiera encantado que en esta ocasión mi madre me hubiera acompañado a la consulta del ginecólogo pero una vez más la misión gobernaba sobre mí. Al menos tendría a Álex a mi lado en ese trance. Como siempre era un alivio tener alguien con el cual hablar libremente.

—¿Cuándo piensas decírselo a Fooling? Tendrás que ofrecer tu informe en el foro secreto como siempre.

—Álex, todo a su tiempo. Lo primero es la consulta con el ginecólogo. Ahora no me importa nada más.

—¿Lo has pensado bien, Ash?

—¿A qué te refieres?

—A todo. Tu decisión ha sido muy drástica. Deberías haberte quedado en 1984.

—Ya te lo he explicado. La medicina obstétrica ha avanzado una barbaridad en estos treinta y siete años.

Una embarazada de mis características en 1984 no tendría los medios de los que se dispone ahora.

Soy una persona doblemente inmunodeprimida con el virus.

Necesito la tecnología de nuestra época.

No hay otra salida si quiero que este embarazo se logre.

—¿Y qué me dices de tu matrimonio? ¿Cómo se ha tomado Freddie que volvieras a huir? Puede que sea el final de todo.

—Confío en que no sea así. Pero en este momento crucial tengo que escoger y mi futuro bebé gana por goleada.

—¿Crees que si te hubieras quedado no habría habido una posibilidad de mejorar vuestra relación? Dices que Freddie estaba emocionado con la noticia.

—Freddie es muy complicado. Que le emocione volver a ser padre no significa que yo me haya convertido en alguien distinto para él.

Él ahora mismo tiene una relación con Winnie y no creo que vaya a cambiar.

Y bueno, va a empezar 1985 y ya sabes...

Creo que este es el mejor sitio en el que podría estar ahora mismo.

—Lo dices por la aparición de Jim Hutton.

—He estado temiendo el momento en que llegara ese sábado 23 de marzo de 1985 casi desde que esto empezó a complicarse y siempre pensaba cómo podría soportarlo.

Cómo podría soportar verme desbancada por alguien que estaba destinado a perdurar en su vida.

Bien, por suerte esa fecha me pillará aquí y me libraré de ese sufrimiento añadido.

—Estoy encantado de que estés aquí y poder verte embarazada, lo sabes muy bien. Pero has dejado tu felicidad en 1984 y yo quiero que seas feliz.

—No estaba siendo feliz, Álex. Lo sabes tan bien como yo. La misión nunca ha sido un juego...

—No estoy diciendo...

—Es difícil que puedas entenderlo, cariño. Tendrías que estar en mitad de ese caos salvaje para poder calibrarlo. La misión es un monstruo de muchas cabezas y resulta difícil domeñarla. Ha habido un gran fracaso y debemos intentar reponernos de él. No podemos tirar la toalla.

—Lo dices por vuestras tres infecciones.

—Sí, por eso y por muchas cosas más.