CAPITULO III
FLEE FOR YOUR LIFE
ELIDETH
Wish y su taladrante dolor de cabeza post viaje en el tiempo me acompañaron en el avión de vuelta a Múnich. Mientras acariciaba distraídamente su sedosa melena pelirroja desparramada por mi regazo, rememoraba cada uno de mis pasos dados en las últimas horas.
En mi mente no había espacio para un nuevo hijo en aquellos momentos pero debería haberlo pensado bien antes de acostarme con él sin ningún tipo de medida anticonceptiva ni protección.
Sexo sin protección. En algunos momentos habíamos sido cautos pero la mayoría de ocasiones no utilizábamos condón. Y las últimas veces así había sido.
De modo que lo siguiente que hice nada más regresar a casa fue desempolvar mi alijo de pruebas rápidas de VIH y hacerme la prueba. Confiaba plenamente en que no saliera positiva y por tanto también confiaba en que Freddie siguiera libre del virus.
Esta vez me equivoqué. Esta vez jugar con fuego se cobró su precio. Y ahora era una embarazada seropositiva. Algo bastante peligroso.
Ser seropositiva era algo que en mi fuero interno, a pesar del enorme susto en 1977, pensaba que nunca me sucedería.
Pero era más bien una respuesta de autodefensa porque estaba claro que tener sexo con el Freddie pleno periodo Múnich a lo loco, me daba muchas posibilidades para ello.
Y ahí estaba, la descerebrada de Elideth infectada al final.
Después del susto inicial, me obligué a pensar con rapidez.
Estaba infectada y por tanto Freddie también, pero iba a impedir por todos los medios que mi segundo hijo también naciera con nuestro estigma.
Para que todo saliera bien era necesario regresar a mi época.
Sabía que podía medicarme con los antirretrovirales de 2021 pero llevar un embarazo de riesgo en 1984 ya era otro cantar.
El SIDA seguía siendo prácticamente un enigma.
No habían desarrollado ningún medicamento contra ello y solo recientemente era considerada una epidemia y focalizado el tipo de virus.
No iba a arriesgarme a que saliera algo mal.
Mi futuro hijo había pasado a ser mi prioridad.
Debía llevar la totalidad de mi embarazo en la época actual.
Me comuniqué con Fooling pero evité entrar aún en explicaciones sobre lo sucedido.
Estaba claro que tarde o temprano tendría que hacerlo pero lo que más necesitaba en aquellos momentos es que se pusiera en contacto con Wish y la hiciera volver.
La misión no se había terminado y si yo me iba necesitaba a Wish y Amandine ocupándose de todo.
Wish ocupándose de Sally y Amandine de Farrokh. Y entonces me podría ir en paz.
Pero no sin antes comunicárselo a Freddie.
El disco Mr. Bad Guy al final no iba a ser posible publicarlo en octubre. Las cosas se habían complicado un poco en el estudio y tendría que ver la luz avanzado 1985. Freddie se encontraba en Musicland y esperé pacientemente a que quedara liberado de la sesión.
—¿Podemos hablar?
Por la expresión en su rostro supe al instante que no se encontraba de muy buen humor así que iba a ser todo aún más complicado. Nos metimos en la sala de descanso al lado de la máquina de punch ball.
—¿Todo bien en la grabación?
—Sí, todo fenomenal.
—Entonces, ¿qué te pasa?
—¿Por qué me tiene que pasar algo?
—Oh, de acuerdo. No me digas nada si no quieres.
—Supongo que estás al tanto de los músicos a los que están llamando Bob Geldof y Midge Ure para grabar una canción navideña recaudando fondos para la hambruna en Etiopía.
—Sí, al parecer quieren ponerse a grabarla cuanto antes y publicarla unas semanas antes de Navidad.
—A nosotros no se nos ha tenido en cuenta.
—Puede que aún se pongan en contacto... Estás cosas llevan tiempo.
—No, no lo harán. El asunto Sun City y la multa del sindicato se ha pagado su precio. Fue un puto error ir allí.
—No le des vueltas a eso. Lo que se hizo ya no puede enmendarse. No podíamos prever las consecuencias.
Freddie estaba enfurruñado y con cierta razón.
Parecía que desde el "error" del vídeo I Want to Break Free, el grupo pasaba por sus horas más bajas.
La gira había sido un éxito pero no había habido parte americana por primera vez en su historia como grupo y a la larga iba en perjuicio de ellos.
El mercado americano suponía un gran trozo del pastel y parecía que se habían dado la espalda unos a otros.
Me hubiera gustado decirle que no le diera importancia a aquello porque en cuestión de unos meses ellos iban a ser las estrellas incuestionables de ese proyecto de caridad.
Pero no podía hacer eso. Me fastidiaba mucho tener que desaparecer de la misión justamente en ese momento delicado de la banda.
Porque se encontraban en una especie de encrucijada y nadie estaba muy seguro de lo que sucedería con ellos.
Freddie concentrado en su proyecto en solitario y los demás cada uno a lo suyo.
Para alguien que no pudiera ver el futuro como yo, la situación no pintaba muy bien.
Es más, las voces de separación y crisis entre ellos se multiplicaban.
—Puede que no nos hayan llamado porque somos unos putos racistas o puede que sencillamente se hayan olvidado de que siquiera existimos. Ya somos unos dinosaurios.
—Sois uno de los grupos más vendedores. Nadie se puede olvidar de vosotros.
—¿Entonces crees que nos consideran racistas o unos indeseables por habernos saltado la regla de tocar en un sitio con apartheid y encontrarnos en la lista negra de las Naciones Unidas?
—No creo que Geldof opine eso de vosotros en absoluto. No están todos los grupos ingleses incluidos.
—Sí lo están. Pero nosotros somos unos racistas y unos fracasados. Por eso no estamos incluidos.
—Yo no pienso lo mismo que tú.
Parecía que había escogido el mejor de los momentos para hablar con él de todo aquello. Pero no había tiempo que perder. Debía irme hoy mismo.
—¿De qué querías hablar?
Tragué saliva y le cogí la mano para darme fuerzas porque estaba muy nerviosa. Pero no podía escoger otro momento.
—Estoy embarazada.
El primer gesto evidente de Freddie fue su ceño fruncido. Le había cogido con la guardia bajada, supongo. Era lo último que se pensaba iba a salir de mis labios.
—¿Embarazada?
—Sí, ya sé que hemos sido unos completos irresponsables y que siempre pensamos todo demasiado tarde...
Freddie era el más imprevisible de los hombres y no me dejó terminar de hablar.
Sus ojos sufrieron un cambio drástico. Pasaron de ser dos fuegos virulentos e iracundos a dos esferas color chocolate con un brillo verdaderamente hermoso.
Colocando su gran mano en mi espalda empujó mi cuerpo contra él, pegando mi vientre al suyo.
Sin más me envolvió en sus brazos con la emoción bailando en ellos de una forma mágica y apretó sus labios con los míos.
Su reacción estaba siendo bastante distinta de cuando le comuniqué la llegada de Farrokh.
Nuestra situación no era la misma ahora pero tampoco nos encontrábamos en un gran momento.
En fin, su reacción fue un torbellino de sentimientos encontrados para mí.
Me dejó literalmente apabullada. Había realmente emoción en su mirada y en su forma de besarme y tocar mi vientre.
Esto iba a ser muy complicado y doloroso.
—No llores. Esta noticia me ha salvado el día. Qué va, me ha salvado la vida. Es maravilloso. ¿No lo crees? Vamos a ser padres de nuevo. ¿Por qué no estás contenta?
—No puedo estarlo.
—Ya sé que lo nuestro ha sido una gran montaña rusa y no hemos sido un matrimonio al uso pero ¿qué importa eso? Creo que no somos tan malos padres y no sé... me has hecho muy feliz hoy, mi amor. El hombre más feliz de la tierra —volvió a besarme lleno de alegría.
—Hay otras consideraciones, Freddie. Ojalá solo tuviera que preocuparme de que estamos condenados a separarnos del todo.
—No empieces otra vez con eso. Nosotros nunca nos vamos a separar y con otro hijo en camino... ni lo sueñes.
—Estoy infectada de VIH. Al descubrir que estaba embarazada me hice la prueba. Está confirmado. Soy seropositiva.
De pronto su rostro pegó un giro radical de nuevo.
—Debes hacerte la prueba pero con mi infección parece evidente que también estás infectado.
—No puede ser... he tomado precauciones.
—¿Estás seguro? ¿Has tenido cuidado con Winnie?
—No siempre pero... Joder, ¿es posible que me lo haya pegado él? Yo no sabía que él...
—Es posible. Pero ahora no es momento de buscar culpables. Tienes que confirmar que eres seropositivo.
—¿Eso significa que en un plazo de tiempo vamos a morir? ¿Y el bebé?
—Antes que de nosotros quiero que hablemos de nuestro bebé. Él no va a morir ni va a nacer con el virus. Ese va a ser mi empeño.
—Eso va a ser imposible porque está dentro de ti y...
—Yo lo voy a lograr.
—¿Cómo? Ni siquiera tenemos una medicación para esta mierda.
—Ya sé que hace mucho que no confías en mí pero ahora debes hacerlo. Tengo que irme...
—¿Irte adónde? Elideth, ¿vuelves de nuevo con tus huidas? ¿Por qué eres siempre tan cruel?
—No estoy siendo cruel. Necesito estar lo que dure el embarazo en otro sitio.
—Dime en qué maldito sitio. Lo que dices no tiene ningún sentido.
—Tiene todo el sentido del mundo, mi amor. No te lo puedo explicar. Me encantaría hacerlo pero no tengo tiempo que perder y sería injusto darte esa información ahora.
—¿Te das cuenta lo que nos estás haciendo? Ahora que descubro que esperamos nuestro segundo hijo y que ambos estamos infectados, decides huir una vez más y dejarme solo. ¿Cuántas veces has hecho eso? ¿Por qué siempre esperas a que esté vulnerable para dañarme así?
—No tengo modo de contradecir lo que estás diciendo.
—No vas a llevarte a Farrokh, ¿me estás oyendo? A él no me le vas a arrebatar.
—Es lógico que te sientas resentido pero me veo obligada a irme. No lo hago por gusto. Lo hago por nosotros, por nuestro futuro hijo.
—Haz lo que quieras. Pero si te vas ahora, debes saber que has cambiado todo brutalmente entre nosotros.
—No estoy haciendo lo que quiero, Freddie, sino lo que debo. Sabes que nunca te abandonaría si no es por un motivo mucho más importante que nosotros dos.
—Llevas abandonándome desde que nos conocemos. Pero te lo advierto, vas a pagar caro esta nueva huida.
—¿No crees que ya lo estamos pagando caro ambos con nuestra enfermedad? El resentimiento no servirá de nada.
—Pues entonces, ¿por qué siempre me estás retando? Ahora es cuando necesitamos estar unidos. Por nuestra infección, por nuestro nuevo hijo.
—Precisamente por eso debo irme, por esas cosas.
—¿Quieres decir que te separas de mí para estar más unidos que nunca? ¿Me estás tomando el pelo?
—Por favor, intenta ser razonable. Sabes muy bien lo que significas para mí.
—Ahí te equivocas. Nunca lo he sabido. Huye, Elideth. Huye una vez más. Pero si decides volver puede que todo haya cambiado. Y puede que ya sea demasiado tarde.