Capítulo 38
Diana
—Antes de nada, quiero deciros que me alegro muchísimo de que por fin estemos en este punto —habló Agustín.
—¿En qué punto, exactamente? —le preguntó Mateo.
—¿Para qué ha llegado el momento? —quise saber yo.
—Veamos —carraspeó Agustín—. Agradezco que mi gran amiga Deirdre me facilitara la situación, porque es un poco lioso y complicado —suspiró.
—¿Deirdre?
—¿Qué tiene que ver mi abuela con lo que está pasando? —preguntó Mateo—. ¿Qué estás queriendo decir? Mi abuela no podía saber que…
—Ahora lo entenderéis, pero necesito saber si estáis preparados para verla.
—¿Cómo? —pregunté con voz aguda.
—Qué cojones… —susurró Mateo.
Estábamos sentados uno al lado del otro en el sofá y coloqué una mano sobre la suya, para que me sintiera más cerca.
Al notarme, Mateo giró la cabeza hacia mí y nos quedamos mirándonos fijamente desde cerca, como si nada más existiera.
—Sí. Estáis preparados —dijo Agustín, respondiéndose a sí mismo.
Mateo entrelazó nuestros dedos y se quedó con mi mano sobre sus piernas. De esa manera vimos cómo Agustín se sentaba en un sillón que quedaba a nuestra derecha y levantaba la mano hacia la pantalla del televisor.
—A partir de ahora, estad atentos —nos pidió, sonriéndonos.
Ni Mateo ni yo lo entendimos, pero confiamos en él y los tres miramos hacia la pantalla. Esta pasó de estar de color negro a tener una imagen fija.
Solté un jadeo y me llevé la mano libre al pecho. Mateo se puso tenso a mi lado y ambos presionamos la mano del otro.
—¿Qué…? —susurró Mateo.
—Tu abuela. O, mejor dicho, vuestra abuela, porque así lo sentía ella —se corrigió Agustín—. Era una mujer muy, pero que muy previsora. Ahí la tenéis, sana, alegre, con vitalidad… —Señaló su imagen parada en la pantalla—. Si hubiéramos sabido lo que sucedería…
Cerró los ojos unos segundos, afectado por su fallecimiento.
—Como he dicho, era una mujer a la que le gustaba tenerlo todo muy bien atado.
De ahí que, a pesar de su muerte repentina, tuviera al día toda la documentación de la herencia.
Este vídeo es una prueba de ello y aquí están todas las respuestas a vuestras dudas.
Escuchad y tomáoslo con calma. Y disfrutad de ella, una vez más.
Nos sonrió con cariño y tragué saliva.
Agradecí que Lily nos hubiera traído bebidas y de tener mi café con leche delante. Me incliné para coger la taza y le di un sorbo al café, el que tragué con dificultad.
—¿Ya? —nos preguntó Agustín.
Mateo y yo nos miramos. Él estaba igual de emocionado que yo. Asentimos cuando dirigimos la atención a la pantalla del televisor.
—He aquí la verdad de todo —susurró Agustín, antes de pulsar el botón del mando que accionó el vídeo.
La imagen se puso en movimiento y enseguida tuve la cara mojada por las lágrimas. Apreté más la mano de Mateo, necesitando su fuerza.
Como tantas veces había deseado, tenía a Deirdre frente a mí, aunque en una pantalla. Nos sonrió, fue como si estuviera en persona con nosotros y nos sonriera con su habitual cariño y comprensión.
Deirdre comenzó a hablar y el suelo desapareció bajo mis pies, como todo lo de mi alrededor. Lo único que quedó fue su voz, su imagen, y la sensación de que Mateo me sujetaba con fuerza.
«Hola, mis niños. Mis nietos queridos. Álainn y Mateo, no sabéis la ilusión y la paz que siento grabando este vídeo, porque si llega el día en el que yo no puedo hablar con vosotros para contaros la verdad, mi gran y querido amigo Agustín lo hará por mí, enseñándoos esta grabación.
Entonces significará que todo ha salido como mi corazón anhelaba.
No sé si viviré lo suficiente para poder agarraros de la mano y hablaros con la verdad por delante. Me siento fuerte, con energía, pero no sé cuándo será mi último día aquí. Por eso grabo este vídeo, porque todavía no es el momento y la espera no sé cómo irá.
No. Ahora mismo no estáis preparados para afrontar la realidad y hacerlo supondría que todo saliera mal. En este momento debéis continuar volando libres, haciendo vuestro camino. Tranquilos, que, si no sois vosotros, seré yo la que os una. Aunque la decisión final será vuestra, por supuesto.
Debéis estar muy perdidos con lo que está pasando, comenzando por vosotros mismos.
Voy a contaros dos historias que se desarrollaron en paralelo, al mismo tiempo. Dos historias que marcaron vuestro futuro, en cierta manera, y no os enterasteis. Y no sabéis cómo me alegro de ello.
Mi álainn… Si ya no estoy ahí con vosotros, imagino la sorpresa que te has llevado con lo de mi herencia. Mi niña, debía contar contigo y esa parte de la casa LadyDeirdre, es un pedacito de mí que te regalo con todo mi corazón. A mi nieto también, pero él lo espera.
No todo, claro. Una siempre debe tener una carta buena bajo la manga.
Voy al tema que os urge. Vuelvo a retomar lo de las dos historias en paralelo y al mismo tiempo.
Había una chica llamada Diana. Acababa de terminar de cursar el último máster en Irlanda y como la chica lo sacó con matrícula de honor, salió a celebrarlo con sus compañeros. Pero también con su mejor amiga.
Esta se llamaba Sofi y viajó desde España para estar al lado de su gran amiga. Celebraron el triunfo de Diana y a los dos días ambas regresaron a España, definitivamente. El tiempo de Diana en Irlanda se había terminado.
Quiso el destino, la casualidad, la coincidencia, o el azar, que esa noche de celebración, Diana y Sofi se encontraran con dos hombres muy apuestos y atractivos. Ni ellas ni ellos se acordarían después de los detalles más importantes. O eso creyeron, con la mente nublada por la resaca y el alcohol.
Yo, que vivía con Diana y con Sofi, ya que la última también se quedó en mi casa por unos días, os puedo asegurar que sí contaron cosas muy esclarecedoras, aunque sueltas. Tuve que ir montando el puzle poco a poco, recreando lo que sucedió.
Lo bueno es que esa noche terminó más que bien para Diana, Sofi y los dos chicos.
Cuál fue mi sorpresa cuando, a la mañana siguiente de la noche que salieron, con una gran resaca y con grandes lagunas en la mente, entre Diana y Sofi me dijeron varios nombres de sitios y me contaron que bebieron muchísimo.
También que, entre tanto alcohol, solo tuvieron claras dos cosas al despertarse.
Una, que tuvieron una noche de escándalo, con sexo de locura incluido, cada una con uno de los hombres. Y dos, que borrachos los cuatro, decidieron hacerse un tatuaje y dejar grabados en sus pieles el nombre de la pareja con la que pasaron la noche.
A Diana le tatuaron el nombre de Mateo. A Mateo a la inversa, dejando grabado el nombre de Diana para siempre en él. Para Leo, que así se llamaba el otro chico, fue exactamente igual. Le tatuaron el nombre de Sofi y a Sofi el de Leo.
Y así, con una noche de locura, entre risas, mucho alcohol, y sexo del bueno. Ojo, que esto último me lo dijeron ellos mismos. Pues con todo esto, marcaron sus destinos.
Yo en un principio no le di importancia, porque no podía saber quiénes eran los hombres de los que me hablaron. Porque, ¿cuántos Mateos y Leos puede haber en el mundo? No caí en que los tenía muy cerca de mí.
El caso fue que, mi nieto Mateo regresó a Irlanda, después de pasar años en Alemania, y la misma noche que las chicas, salió con su mejor amigo Leo a celebrar que estaba definitivamente en nuestro país.
Cuando Mateo vino a verme unos días después y una vez que me puso al día de cómo le había ido para finalizar en Alemania, salió el tema de la salida del mismo día que volvió.
¿Os podéis imaginar mi cara cuando escuché la misma historia de una salida de fiesta, pero desde otra perspectiva y con otras lagunas mentales? Oh, no pude creerme lo que oía en ese momento. Mi Mateo y mi álainn juntos y enredados.
Porque sí, Mateo se acordaba de la misma información que me dieron Diana y Sofi. Las probabilidades existen, pero cuando Mateo me dijo el bar de copas donde comenzó todo, cuando él me detalló cada sitio en el que estuvieron después, a pesar de lo borroso que lo recordaba.
Y, cuando mi nieto, con la confianza que siempre tuvimos, me dio los detalles superficiales de lo caliente que fue la noche al conocer a dos chicas, y que terminaron en un hotel, el mismo que Diana mencionó, después de cometer la locura de tatuarse los nombres de los otros, en un tatuador que encontraron abierto de madrugada…
Entonces sí cobró sentido lo de los nombres.
No hay que ser muy listo cuando todo coincide, queridos. No os pude hablar con claridad cuando lo descubrí porque Diana había retomado su vida en España y tú, Mateo, comenzaste a centrarte únicamente en la empresa de tu padre.
No era el momento y podía fracasar, ya que los dos teníais otras metas, más allá de pensar en una noche caliente y en las repercusiones de ella. De manera que decidí grabar este vídeo, el mismo día que vine de cambiar el testamento en el que te incluí, Diana.
Mientras grabo este video estoy pensando en ir mañana a hablar con mi querido amigo Agustín. Como he dicho él me ayudará con todo, como siempre, porque quiero contarle lo que descubrí sobre vosotros. Le haré ver este vídeo, conmigo a su lado, y entre los dos decidiremos qué hacer.
Debemos planearlo bien porque los años pasan y vosotros debíais cruzaros otra vez. Si no se da de la manera más natural posible, y Agustín y yo seguimos viviendo, nosotros nos encargaremos de forzar un encuentro entre vosotros.
No puedo dejar de pensar en la posibilidad de que me pase algo, ya que, por muy bien que esté ahora mismo, los años no perdonan. Agustín es unos años más joven que yo, por lo que me centraré solo en mí. Sé lo que quiero pedirle a mi amigo si yo falto y vosotros dos seguís sin encontraros.
Mi idea es la siguiente… En el caso de que se dé la situación de que yo fallezca, si después de un año y medio de mi muerte vosotros dos continuáis sin tener pareja y no estáis enamorados, entonces Agustín entrará en acción y llevará a cabo el plan que pensaremos juntos.
Os he dejado a ambos la casa LadyDeirdre. La propiedad irá a medias, sin la posibilidad de renunciar, porque si eso sucede, la otra parte no tendrá nada. Os veréis obligados a vivir juntos durante el tiempo suficiente para que el destino haga el resto. He pensado en un mes completo.
Si estáis viendo esto, como he dicho al inicio, significa que todo ha salido bien, como mi corazón anhelaba.
Vi el brillo en vuestras miradas, mientras me hablabais de la mujer y el hombre con el que estuvisteis aquella noche.
Noté el fuego que os calentaba todavía. Y fue muy curioso porque, a pesar de que no recordabais vuestras caras, las emociones fueron tan fuertes que me llevaron a actuar de esta manera. Y las sentí por ambas partes.
Ojalá que en vuestro presente estéis viviendo juntos. Ojalá que las paredes de mi querida casa hayan servido para uniros de nuevo. Ojalá que os hayáis visto los tatuajes y que todo haya saltado por los aires…
Ah, y por si os lo preguntáis, mi hija Amber y mi yerno Liam sabrán todo esto. Aún no, quiero hablarlo con calma con ellos, pero cuando lo haga, nos ayudarán a Agustín y a mí.
Os quiero y os querré durante toda la eternidad. Sed felices».
Cuando Agustín apagó el vídeo y la pantalla del televisor se quedó de nuevo negra, mi cara era un caos de lágrimas, mocos y ojos enrojecidos.
Pero Agustín y Mateo no estaban mucho mejor que yo.
Agustín se levantó y regresó ofreciéndome un pañuelo, el que acepté encantada y con urgencia.
Me limpié la cara y Mateo hizo lo mismo.
Cuando nos miramos, lo hicimos como un hombre y una mujer que habían descubierto toda la verdad, por asombrosa que fuera. Dos personas que se vieron de una manera diferente y que se sintieron más unidas que nunca.
Todo gracias a otras dos personas maravillosas que no se olvidaron de nosotros, en ningún momento.
Me levanté temblorosa del sofá y me lancé a los brazos de Agustín, quién ya estaba preparado para recibirme.
—Te dije que algún día lo entenderías todo —me susurró Agustín.
Lloré por Deirdre y lloré porque en la vida pasaban cosas asombrosas y maravillosas, de igual manera que dolorosas.
Mateo se unió a nuestro abrazo y así, agarrados los tres, lloramos por una mujer increíble que nos dejó demasiado rápido y de repente. Una mujer que nos cambió la vida a los tres y a muchas más personas, de diferentes maneras.