¿Tú y yo en Irlanda? Epílogo
100%

Epílogo

Diez años más tarde…

Mateo

La vida te enseña que no tienes el control sobre ella. En realidad, sobre nada.

Eso fue lo que pensé yo, muchos años atrás, cuando Agustín nos reveló a Diana y a mí la verdad que escondíamos ambos.

Oír a mi abuela y verla de nuevo, después de un tiempo sin ella, fue tan devastador emocionalmente como saber que Diana fue la chica con la que tuve sexo la noche que regresé a Irlanda, de Alemania, y que llevaba tatuado su nombre.

Sinceramente, en este último dato no caí, hasta que yo me encontré con el tatuaje de Diana y leí mi nombre en él. En ese instante mi cabeza encajó todo de golpe, o al menos comenzó a ir por el buen camino.

Uno hace cosas por impulsos, a veces sin acordarse después, como fue el caso de nuestros tatuajes, por lo borrachos que íbamos.

Y yo, con el paso del tiempo, dejé de pensar en ello e incluso de prestarle atención.

Llegó un momento en que cuando me veía el tatuaje me pasaba desapercibido, totalmente.

Tanto olvidé que tenía un tatuaje con el nombre de Diana, en el mismo sitio que se lo hizo ella, que cuando supe su nombre y, después de todo el tiempo que pasamos juntos Diana y yo, no llegué a pensar en la casualidad que era que quisiera estar con una mujer que tenía el mismo nombre que ya tenía tatuado en el pecho.

Fue normal que mi abuela al principio no nos relacionara. Ya lo dijo ella en el vídeo, con todos los Mateos que existían en el mundo…

Si me hubiera llamado Maitiú, que es la forma irlandesa de Mateo, o Matthew, que le daba un toque diferente… pero no, a mi madre le encantaba el nombre de Mateo, tal cual, y ese fue el que me puso cuando nací. Aunque no sonaba nada irlandés.

A mí nunca me había importado. Solo es un dato. Yo siempre he estado feliz con mi nombre.

Sobre lo que pasó diez años atrás… Diana se quedó en Irlanda viviendo conmigo, hasta cumplir el mes obligatorio. Después se fue, pero no porque quisiera olvidarse de todo y de mí.

Nada que ver. Diana regresó a España, a su piso, y estuvimos una temporada llevando la relación a distancia. Debo decir que para mí fue una mierda, un suplicio, porque no poder tocarla, olerla, o sentirla de todas las maneras posibles, terminó por afectarme en el carácter.

Diana se fue de España cuando llevábamos cuatro meses con muchos kilómetros entre nosotros. No dejó su trabajo ni su piso, mantuvo ambas cosas.

Su piso lo cuida su amiga Noelia, al igual que hace con el suyo, que está justo al lado. Noelia se fue de allí también hacía años, pero sigue teniendo su piso, como Diana.

Al piso de mi mujer íbamos cada vez que viajábamos a España, para disfrutar de unos días de descanso en los que era obligatorio visitar, aparte de nuestras personas cercanas, a Iván, un amigo de muchos años de mi mujer, su hermano y sus amigas.

Diana también hacía uso de su piso cuando iba a España entre semana por temas de trabajo, para reunirse con su jefe Alfonso.

El trabajo lo lleva a distancia. Cuando se vino a vivir conmigo, le preparé un despacho al que no le faltaba de nada. incluso unas vistas impresionantes. Ahí pasa sus horas de trabajo, con Alfonso encantado porque nunca quiso perderla.

Me quedó claro enseguida la relación tan especial que tenían. Iba mucho más allá que la de jefe y empleada. Nada que ver. Diana continúa trabajando bajo las órdenes de Alfonso y ambos son felices de esa manera.

Por mi parte, yo sigo en la empresa de mi padre, pero desde hace unos años estoy al mando. Mi padre no se ha jubilado, pero se ha quedado en un segundo plano, para darme paso a mí.

Yo estoy encantado, pero no por lo que representa, que también. Me refiero a que al tener más tiempo libre mi padre, no deja de ir de un lado al otro con mi madre. Disfrutan mucho y yo soy feliz viéndolos.

Mi padre ya me ha avisado de que, en un par de años más, se irá definitivamente de la empresa. Entonces sí que podrá descansar del todo y tomarse la vida de otra manera.

Cuando Diana se trasladó a vivir a Irlanda, vino directamente a mi casa de Dublín. Era lo más práctico para mí, por cercanía a mi trabajo. A pesar de que la ciudad de Naas no estaba lejos, tampoco estaba al lado, y el tiempo que perdía en la carretera podía aprovecharlo de otras maneras.

Se lo demostré a Diana la primera mañana que despertamos juntos en nuestra nueva casa.

De manera que nuestra casa principal es la que fue solo mía.

Se encuentra rozando las afueras de Dublín.

A la casa LadyDeirdre, la que estaba situada en Naas y nos vio resurgir de nuevo, para unirnos después como pareja gracias a mi abuela y a todos los demás, porque hasta Aven, Blaine, Sean y Lily estaban al tanto de lo que sucedía entre Diana y yo.

Como decía, a la casa LadyDeirdre raro era el fin de semana que no íbamos a pasarlo allí con la familia y amigos.

Diana y yo nos casamos un año y medio después, contando desde el día que volvió a pisar Irlanda por primera vez, después de bastante tiempo sin venir. Fue cuando Agustín la esperaba para llevarla por primera vez también, a la casa LadyDeirdre.

Elegimos que nuestra boda fuera un año y medio después para recordar a mi abuela, lo que nos llevaba también a Agustín. Ese fue el tiempo que nos dieron a Diana y a mí, antes de intentar unirnos.

Nuestra boda fue muy íntima y la celebramos en la gran propiedad de mis padres.

En ese día tan especial estuvieron con nosotros nuestros familiares más cercanos y Agustín, Sean, Lily, Blaine, Aven, Finn, mi amigo, y su pareja.

Como el resto de nuestros amigos íntimos.

Tampoco faltaron Inés y Rocío, dos compañeras de trabajo de Diana.

Vinieron con sus parejas. Y, por supuesto, Alfonso, el jefe de Diana, no se perdió un día tan especial como nuestra boda.

Me llevaba muy bien con él. Congeniamos al instante.

No, por si lo habéis pensado, Roisin no asistió a nuestra boda.

Pero no fue porque entre nosotros la situación terminara mal.

Nada que ver con la realidad. El motivo por el que Roisin no nos acompañó en nuestra boda fue porque hacía un año que vivía en Francia, con el hombre que llegó a Irlanda para robarle el corazón. Están casados.

Ian y Ciara, de siete y cinco años, respectivamente, llegaron a nuestras vidas para terminar de completárnoslas. Diana y yo habíamos formado una familia preciosa y estábamos completamente enamorados de ella.

Atenea seguía en nuestras vidas y de una manera mucho más presencial.

Sabía que el día llegaría, por lo que, en la casa familiar, la que fue mía, hacía tiempo que mandé construir un establo pequeño para ella.

Por lo de pequeño, me refiero a que era solo para un caballo, pero tenía espacio de sobra para que Atenea se moviera con total libertad.

Así que la teníamos en nuestra casa y las carreras quedaron muy en el pasado. Sin embargo, nuestros paseos tranquilos no nos los perdíamos. La conexión con mi yegua seguía siendo mágica y se había ampliado a toda mi familia.

Tenía en mente hacer una reforma rápida en el establo, agrandarlo porque en unos días llegaría otra yegua. Pero era una sorpresa para Diana, por su cumpleaños. Y sería una gran compañía para Atenea.

Mis padres y los de Diana se llevaban genial. Ellos llevaban ganado que se conocían de mucho antes, de las visitas que le hicieron los padres de Diana cuando mi mujer vivía con mi abuela, aquí en Irlanda.

La relación entre los cuatro era buenísima y pasaban muchos ratos juntos, ya que los padres de mi mujer venían muchas veces para estar con toda la familia.

Agustín, Sean, Lily, Blaine y Aven continúan en nuestras vidas, con tanta intensidad y cariño como siempre. Todos estaban de maravilla y eran parte de nuestra familia. Canguros no nos faltaban cuando lo necesitábamos.

Sobre el hermano de Diana, Alan… Mi cuñado continúa trabajando en el hospital, ya que siente pasión por su profesión.

Y Noelia trabaja en la misma empresa que mi mujer, ya que Alfonso la contrató después de la conversación que tuvo con Diana.

La relación de Alan y Noelia es muy sólida.

No tardaron en vivir juntos. Noelia se fue a la casa de Alan y allí comenzaron a formar una familia.

Están casados y tienen dos hijos, Lucía y César.

Sobre Leo y Sofi, después del descubrimiento que hicieron sobre sus tatuajes, y una vez pasada la impresión del momento, en cuanto Blaine los llevó del aeropuerto a la casa, junto a Alan y a Noelia, una vez que llegaron, desparecieron de la vista de todos.

Primero, quisieron ver con sus propios ojos los tatuajes.

Segundo y último, quisieron recordar viejos tiempos y sus cuerpos desnudos también se reconocieron.

No les hizo falta esperar, fueron al grano y aprovecharon cada segundo, ya que habían desperdiciado muchos.

Al cabo de unos meses, Sofi se vino a vivir a Irlanda con Leo, y al cabo de otros pocos, se casaron. Tienen una hija, Mariam.

Y así, conforme pasan los días, el tiempo y la vida, la unión de todos se hace más fuerte y la familia sigue aumentando.