¿Tú y yo en Irlanda? Capítulo 27
69%

Capítulo 27

—Te dejo que hables tranquila —me dijo Blaine.

—Gracias.

Se fue sonriendo, para continuar con su trabajo por el jardín.

Descolgué rápido la llamada y me entró nostalgia al escuchar la voz de Noelia.

—¡Diana! ¿Cómo te va la vida por Irlanda? —me preguntó con mucho entusiasmo.

Solté una carcajada. Eso era lo que necesitaba para venirme arriba y olvidarme de tantas tonterías.

—No me ha dado tiempo a cambiar nada, desde que hablé con vosotros ayer por la tarde —le contesté con diversión—. Te recuerdo que he estado durmiendo la mayoría de las horas que han pasado.

—Ay, es que me da la sensación de que hace mucho que te fuiste —suspiró y sonreí—. Esta mañana he ido a tu piso, para dar una vuelta antes de irme al trabajo. Todo está bien.

—Estupendo.

Apreté los labios.

—¿Cómo ha empezado tu día? —le pregunté.

—Bien, mal, no lo sé —rio.

Fruncí el ceño, frenando el balanceo del columpio con los pies.

—¿Qué pasa? —quise saber, antes de beber un sorbo de café.

—¿No te extraña que te llame a esta hora?

—Mmm…

Me separé el teléfono de la oreja, para ver que eran cerca de las once de la mañana, por lo que en España era una menos.

—Ahí son casi las diez y estás a punto de salir del trabajo a desayunar. Te has adelantado un poco, pero no es raro.

—Eso sería un día cualquiera, hasta hoy.

—Noe, ¿qué pasa? —insistí.

—Acabo de dejar el trabajo.

—¿Qué? —grité, por la sorpresa.

—No me arrepiento, Diana.

—Eh, cariño, no te tomes a malas mi reacción. Pues claro que no tienes que arrepentirte. Ya sabes cuántas veces te hemos pedido Sofi y yo que dejaras ese puñetero trabajo. Me ha hecho muy feliz escuchar que por fin ha pasado, pero es que no me lo esperaba y todavía estoy digiriendo la sorpresa.

Reímos.

—No estoy triste —me dijo.

Sonreí.

—Genial.

—Y me he quedado muy a gusto —suspiró.

—¿Qué ha pasado para que hayas dado el paso? ¿Tu jefe o la otra idiota te han hecho algo?

—Mi jefe ha intentado ridiculizarme delante de mis compañeros, al poco de llegar.

—¿Qué dices? —Jadeé y apreté con fuerza la taza.

—No te preocupes. Me lo he tomado muy bien y con mucha calma —rio y escucharla de esa manera me tranquilizó—. Lo he enviado a la mierda con mucha clase y serenidad, tanta que ni siquiera se ha dado cuenta al principio.

Soltamos una carcajada.

—Que se joda. Él y la imbécil que tiene al lado —dije.

Me salió del alma porque su exjefe era un impresentable que te ponía muy fácil detestarlo. Trataba a todo el mundo fatal y solo le faltó encontrar a una mujer que encajaba perfectamente con él, con su maldad, para que todo empeorase. Esa mujer era ya una excompañera de Noelia, por suerte.

Dejar ese trabajo era un regalo para mi amiga, en muchos sentidos. Era lo mejor que podía haberle pasado.

—He perdido dinero, pero… —suspiró.

—Pero has ganado en salud. No pasa nada. ¿Ahora qué tienes en mente?

—Voy a tomarme un descanso.

—Más que merecido.

—Y después buscaré trabajo, que la hipoteca no se paga sola —rio.

—Puedes tomártelo sin prisas. Con la gran cantidad de dinero que diste al inicio, te quedó una cuota baja.

—Sí. Con el dinero que tengo ahorrado y como cobraré la prestación por desempleo, hasta que encuentre otro trabajo… tengo los dos años completos.

—Exacto, pero no gastarás ni una cuarta parte. Encontrarás algo mucho antes.

—Eso espero. —Bufó.

—Sabes que sí. Hablaré con Alfonso.

Mencioné a mi jefe.

—¿Tú crees que…?

—Si se lo pido, hará todo lo posible.

—Joder. Sería increíble trabajar en la misma empresa que tú, con Inés y Rocío.

Sonreí.

—Dejaré pasar unas semanas y hablaré con él.

—Gracias, cariño.

—No digas tonterías. ¿Lo sabe alguien más?

—No. Eres la primera. Acabo de salir de la empresa. He recogido mis cosas, me he despedido de todos los compañeros con los que tenía trato y me llevaba genial, y ahora estoy en una cafetería de la calle de atrás. Cuando tengan lo del despido, tendré que volver.

—Yo también estoy bebiéndome un café. Brindo por ti, por tu decisión y por lo bien que te va a ir a partir de ahora.

—Gracias.

Noté su emoción y cambié de tema.

—¿Qué tal con mi hermano? Ya sé que se os ve genial, como ayer en la videollamada, aunque no estuvierais juntos, pero quiero que me digas cómo te sientes tú.

—Me siento como si hubiera retrocedido en el tiempo. Vuelvo a ser adolescente, con las hormonas revolucionadas. Tengo muy feliz a tu hermano.

Soltamos una carcajada.

—Gracias por los detalles. No esperaba tanto. Me hubiera bastado con un: «Me siento genial. Es tal como nos ves. Lo quiero mucho y me hace muy feliz estar por fin con Alan».

Carraspeé, antes de que volviéramos a reír.

—Lo que yo te he dicho es más guay y revelador —me dijo entre risas.

—Pues sí. Resume muy bien cómo estáis. Me alegro muchísimo, Noe.

—Lo sé, cariño. Tendría que haber seguido tus consejos antes —suspiró—, pero supongo que para todo hay un momento.

—Sí. Las cosas suceden cuando tienen que suceder, ni antes ni después. Quién sabe, lo mismo si hubierais intentado estar juntos antes no hubierais estado tan preparados como ahora, y no os habría salido bien.

—Sí, pienso igual. Oye, ¿y tú qué tal con Mateo? ¿Al final lo viste anoche? O tal vez esta mañana, antes de que se fuera a trabajar… Joder, parecéis un matrimonio viviendo en la misma casa.

Soltó una carcajada y la escuché con la vista desenfocada en el agua de la piscina.

—Sinceramente, no sé cómo me va con él, Noe. Es difícil definir cómo son nuestros encuentros, cada vez que nos vemos.

—¿Por qué? Has sonado muy derrotista —habló extrañada.

—Eso es porque no he descansado bien —contesté riendo.

—Ah. ¿Por el cambio de cama?

—No.

Me quedé callada y miré hacia todos los lados, lo más disimuladamente posible, para asegurarme de que Blaine no estaba cerca. No lo vi, pero igualmente bajé el tono al hablar.

—¿Diana?

—Estoy aquí.

—¿Qué pasa? ¿Por qué susurras? —susurró ella.

Apreté los labios, conteniendo una carcajada.

—Hablo bajo porque no quiero que nadie se entere, aunque parece que estoy sola en el jardín.

—Ah, vale.

—No he descansado bien porque me costó mucho dormirme y encima he soñado con algo que me ha tenido alterada —suspiré—. Sí. Al final vi a Mateo. Fue por casualidad y muy raro, pero peor fue cuando estuve en mi habitación, tumbada ya en la cama, y comencé a escuchar sus gemidos y sonidos de placer.

Noelia soltó un jadeo, por la sorpresa.

—¿Qué narices…? ¿En serio? —me preguntó con voz aguda, olvidándose de hablar bajo.

Yo continué con el mismo tono.

—Lo escuché masturbarse mientras se duchaba. ¿Qué te parece? Fue un trauma para mí.

Bufé.

—¿Un trauma? —Soltó una carcajada—. No te lo crees ni tú. Lo que terminaste cachonda perdida y por eso te costó dormirte. Y me imagino perfectamente con qué has soñado. ¡Qué fuerte!

Volvió a reír.

—No me hace gracia —suspiré—. No puedo quitármelo de la cabeza. Cuando me doy cuenta, estoy pensando en eso.

—No me extraña, cariño. Mateo es un hombre impresionante y encima lo escuchaste de esa manera en su intimidad…

—Desde que me he puesto a trabajar no he conseguido avanzar. No he hecho casi nada. Es imposible que me concentre, por eso he salido al jardín a tomarme el café que me ha preparado Aven.

—¿Sigues sintiendo la sensación que tuviste al conocerla, como si os hubierais visto antes?

—No se me ha ido. Esa sensación está ahí, pero ya no pienso en ello. Me están pasando demasiadas cosas nuevas y muchas de ellas con Mateo, como para pararme a pensar en la tonta sensación esa. A saber, de qué nos vino. Paso, porque no tiene sentido y bastante tengo ya.

—Es lo mejor que puedes hacer, olvidarte de todo. Y tienes que tranquilizarte desde ya. No puedes permitir que la situación que estás viviendo te agobie tanto que te trastoque.

—¿Y cómo lo hago? Joder, cuando Mateo está en la casa estoy inquieta, por si nos cruzamos. Pero es que no es mejor cuando está fuera, ya que no puedo quitármelo de la cabeza con lo que pasó ayer.

Bufé, agobiada.

—Y a partir de hoy lo veré muy poco, e intuyo que habrá días que llegue tarde a propósito y no nos veamos. Ayer hizo una excepción porque estaban todos aquí para recibirme.

—Bueno, si decide llegar cada día cuando tú ya estás dormida, lo que me parecería muy mal por su parte, por cierto, pero si actúa de esa manera, tú podrás relajarte y será como si vivieras ahí sola, con Aven y Blaine. Busca el lado positivo.

—El problema es que no quería llevarme mal con él, Noe —susurré—. Quería terminar bien, sin tanta tensión cada vez que nos vemos. No sé por qué, pero sentía que era importante. Es el nieto de Deirdre y ella querría…

—Cariño —me interrumpió—. No es algo que puedas elegir tú. Cada persona decide cómo comportarse.

—Ya… Supongo que da igual.

—Deirdre, esté donde esté, se siente muy orgullosa de ti. Estoy muy segura de ello. Aceptaste lo que ella quería, estás viviendo en una de sus casas, te has ido de la tuya para estar un mes en Irlanda. Salga como salga la experiencia, tú has puesto todo de tu parte, cariño.

—Ojalá sea así, pero su nieto debe de dolerle y…

—Su nieto es mayorcito y es su problema si no asume lo que su abuela quería.

—No sé si se trata de eso —murmuré.

—Da igual, aquí lo importante es que tú remontes y que levantes ese ánimo. Tienes que conseguir trabajar como siempre y después ir a la ciudad, para visitarla y descubrirla. Te quiero bien arriba. ¿De acuerdo?

—Vale —sonreí—. Gracias. Os echo de mucho de menos.

—Ay —suspiró—. Y nosotros a ti. Ya verás cómo el tiempo pasa rápido. Estaremos juntos todos muy pronto.

—Sí.

—¿Hace buen tiempo?

—Se está genial —le contesté.

Levanté la mirada al cielo. No había ni una nube.

Comencé a balancearme de nuevo en el columpio, mientras me terminaba el café y continuaba hablando con Noelia, durante un buen rato más.

Ninguna de las dos tuvimos prisa por colgar y a ambas nos vino genial. Nos sentó de maravilla, porque lo necesitábamos por diferentes motivos.