¿Tú y yo en Irlanda? Capítulo 14
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Capítulo 14

—¿Tienes algo más que decirme? —le pregunté a Agustín.

Negó.

—Entonces nosotras nos vamos —comenté, bajando el tono de voz.

—Claro. Toma.

Bajé la mirada para ver la tarjeta que estaba ofreciéndome. La cogí y vi en ella su nombre y un número de teléfono.

—Puedes contactar conmigo llamando al hotel, pero así es más fácil y rápido. Para cuando quieras venir en estos días, con una respuesta.

—Vale —susurré.

Me guardé la tarjeta en un bolsillo de la falda, antes de ofrecerle la mano a Agustín.

Él aceptó mi gesto sonriéndome con cariño. Mis amigas también se despidieron de él.

Me giré hacia Mateo y Leo, quienes no habían dejado de observarnos con atención.

—Ya… ya nos veremos —les dije.

—Sí.

Mateo fue muy escueto, pero imaginé que tampoco sabía qué más decir. Ambos necesitábamos tiempo para asimilar lo que habíamos descubierto y para centrarnos en tomar la mejor decisión.

Durante unos largos segundos nos mantuvimos la mirada, hasta que yo pude desviar la mía con una sensación muy extraña.

Continué notando el peso de su mirada mientras caminaba por el salón, hacia la puerta, lo que me puso mucho más nerviosa.

Una vez en el pasillo, con la puerta de la sala cerrada, cogí una gran bocanada de aire y lo solté de golpe. Mis amigas me observaban en silencio, de la misma manera que continuaron cuando comencé a recorrer el pasillo.

—Imagino que lo único que quieres es irte —me dijo Sofi.

—Sí —le confirmé.

—Vale —suspiró—. Adiós al jardín y a tomar algo.

—Podrás hacerlo cuando quieras —comentó Noelia—. Ya has oído a Agustín, todos tendremos pase directo a su hotel. Para lo que sea —sonrió de oreja a oreja—. Por cierto, me ha encantado ese hombre.

—Se ve buena persona —opinó Sofi.

—Era el mejor amigo de Deirdre, por lo que no puede ser de otra manera. Es buena persona —dije convencida.

—¿Cómo estás, cariño? —quiso saber Noelia.

—No lo sé. Me parece todo tan irreal…

Sacudí la cabeza.

Llegamos a la recepción y no nos paramos cuando nos despedimos de la chica que había al otro lado del mostrador. Continuamos hasta la puerta principal y, en cuanto salimos del hotel, agradecí respirar al aire libre, a pesar del cambio de temperatura.

—¿Vamos a hablar de lo que ha pasado ahí dentro? —preguntó Sofi.

—Primero tenéis que contarme por qué os habéis sorprendido tanto al ver a esos hombres. Ellos también a vosotras.

—Es que parece de cachondeo —dijo Sofi, negando con la cabeza.

—El viernes, cuando terminaron los fuegos… —Empecé a contar, mientras avanzaba por el camino de piedra—. Y Alan y tú ibais hacia el restaurante para cenar, tuvimos un encontronazo con ellos.

—¿Qué dices? —preguntó sorprendida.

—Ya te he dicho que parece cachondeo —repitió Sofi—. Ahora sabemos sus nombres, antes no.

—Mateo me dio un pisotón y, después de hablar un poco, ellos se fueron y a Sofi se le ocurrió la brillante idea de seguirlos, porque nos pasó algo raro con ellos. En realidad, nos sucedió a los cuatro.

—¿Los seguisteis? —preguntó sorprendida Noelia.

—Sí —le confirmó Sofi, con una sonrisa pícara—. Pero no nos sirvió de nada.

Bufó y yo, puse los ojos en blanco.

—Joder… ¿Por eso llegasteis más tarde al restaurante?

Asentí.

—¿Qué has querido decir con que os pasó algo raro a los cuatro? —quiso saber Noelia, con el ceño ligeramente fruncido.

—Raro de narices y hoy lo he vuelto a sentir. ¿Tú también? —me preguntó Sofi.

—Yo también —le confirmé.

—Qué fuerte —dijo, pensativa.

—¿Qué es? ¡No me dejéis así! —rio, nerviosa.

Llegamos a la pequeña recepción de la entrada y la bordeamos. Nos encontramos con el hombre que nos había atendido al llegar y levantamos las manos hacia él.

—Veo que ha ido bien —nos dijo, sonriente.

Estaba apoyado en el marco de la puerta.

—No os habéis ido tan rápido —añadió.

—No sabría decir si ha ido bien o fatal —comenté.

—No le hagas caso —le dijo Sofi, riendo—. Mi amiga está bromeando. Es así ella. Todo ha ido genial.

Él nos hizo un guiño, o tal vez se lo hizo a Sofi. Sí, seguramente fue lo último, pero como no me paré a observarlo mucho.

Me despedí de él y solté un suspiro cuando Noelia le dijo que Agustín nos había dado pase libre para cuando quisiéramos, por lo que lo mismo volvíamos a vernos.

Yo seguro, ya que debía regresar cuando tomara una decisión.

Agobiada, aceleré los pasos para salir cuanto antes del terreno que abarcaba todo el hotel.

Cuando llegué al coche de Sofi, tuve que esperar a mis amigas. Me apoyé en la puerta del copiloto. Intenté poner en orden mis ideas, pero no conseguí una mierda. Me sentía saturada con los últimos acontecimientos.

—Eh.

Levanté la cabeza hacia Noelia, para verla sonreírme con cariño. Se puso a mi lado y me pasó un brazo por los hombros. En esa postura dejé caer la cabeza en ella.

—Sofi ya me ha dicho que era eso raro a lo que os habéis referido. Me lo ha dicho en el corto camino hasta aquí.

Asentí.

—Es curioso, pero no tiene mayor importancia. A mí me pasó una vez con una compañera de trabajo.

—¿Sí? —le pregunté.

—Sí —sonrió—. Cuando entró a trabajar en la empresa y nos vimos, ambas nos tiramos varios días intentando recordar si nos habíamos visto en algún otro momento fuera de la empresa —rio—. Joder, hasta nos obsesionamos.

—Llegaron a la conclusión de que nunca se vieron con anterioridad y lo dejaron estar —terminó Sofi—. Así que a esos hombres y a nosotras nos pasó, y a ti y a mí nos sigue pasando lo mismo. —Se encogió de hombros—. En ocasiones ocurren estas cosas raras. Son sensaciones que a saber de dónde vienen.

—Ahora mismo lo que menos me preocupa es eso. Me da exactamente igual —dije.

—Es que es muy fuerte —habló pensativa Noelia—. Si convives con Mateo durante un mes, serás la dueña de la mitad de una propiedad que fue de Deirdre —suspiró—. Y, por lo que he entendido, debe valer un dineral.

—Eso seguro —comentó Sofi—. Anda, montaros en el coche. Os invito a cenar.

—Id vosotras, yo voy a escribirle a mi hermano. Si me dice que no ha cenado, iré al hospital con la comida para los dos. Tiene una hora libre para cenar, a no ser que le salga alguna urgencia grave que tenga que atender corriendo.

—Joder —habló sorprendida Sofi—. Pensaba que sería más pronto. Son cerca de las ocho.

—Hemos estado bastante tiempo ahí —comentó Noelia—. No creo que Alan haya cenado. Le gusta alargarlo lo máximo posible porque si no, la noche se le hace muy larga.

Sofi y yo la miramos sonriendo con picardía.

—¿Qué? —nos preguntó ruborizada.

—Que no tenéis más tonterías en el cuerpo porque no sois más grandes —le contestó Sofi—. Sois tal para cual.

Puso los ojos en blanco, antes de rodear el coche e ir a la puerta del conductor. Sofi se montó y arrancó. Ese fue su aviso para que nos montáramos Noelia y yo.

—¿Aceptas un consejo? —le pregunté.

—Claro.

—Haz algo, Noe. Lo que sea, pero haz algo con mi hermano. No dejes pasar más el tiempo. No permitas que la distancia entre vosotros sea cada vez más grande, porque llegará un día en el que veas un abismo entre vosotros y te será imposible siquiera plantearte saltar.

A pesar de que quería mantenerse firme, para hacerme ver que no le afectaba, no pudo controlar que sus ojos brillaran de una manera muy especial, mientras tragaba varias veces el nudo de emociones que se le formó.

—No sirve de nada que continúes diciendo que no sientes nada por Alan, que lo que sucedió es pasado y está olvidado. No eres creíble. Ninguno de los dos lo sois, aunque os empeñéis en conseguirlo.

Noelia bajó la mirada al suelo y yo continué con lo último que iba a decirle sobre el tema, por el momento.

—Lo que no se cuida acaba muriendo en el olvido y el problema es que para cada persona es diferente, ya que todos tenemos nuestro ritmo para sanar y para vivir.

¿Qué pasará cuando mi hermano aparezca con una chica y nos la presente como su pareja?

¿Y cuándo quedemos todos juntos? Porque estará en todo su derecho de hacerlo.

—No lo sé —contestó susurrando.

—Solo pregúntate a qué estás esperando.

Me separé del coche y abrí la puerta.

—Ya lo sabes, pero te lo recuerdo —le dije, sonriendo de medio lado—.

Mi hermano hace un descanso más largo a medianoche, porque hay un cambio de turno y los que están de guardia aprovechan para descansar un poco más en condiciones.

Como ya conoces el camino para llegar hasta él, y a las personas que debes preguntar…

Le hice un guiño y me senté en el asiento del copiloto, sin darle tiempo a reaccionar.

Sofi asintió, sonriéndome de oreja a oreja. Había escuchado desde el principio la conversación, porque bajó las ventanillas para que saliera el calor.

Ninguna de las dos miramos a Noelia cuando se montó en la parte de atrás. Preferimos darle tiempo.

Mientras Sofi se alejaba de la zona del hotel, circulando por la carretera, yo saqué el móvil del bolso y entré en la aplicación de mensajes. Le escribí a mi hermano.

Diana: Holaaa… ¿Qué te parece cenar con tu hermana preferida? Es un planazo, ¡no me digas que no!

Diana: Estoy con las chicas. Ya hemos salido del hotel y Sofi me lleva a casa. Había pensado en encargar la comida en nuestro restaurante favorito e ir al hospital a cenar contigo.

Diana: Tengo muchas cosas que contarte. Algunas muy sorprendentes.

Diana: Estaré esperando tu respuesta, da igual que sea dentro de un rato o más tarde. Te quiero.