Tú te lo pierdes Capítulo 16 #2
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Capítulo 16 #2

—Llevo años trabajando contigo, y no me malinterpretes, eres una excelente doctora, pero solo sueles entrar un par de veces al día a las fichas de tus pacientes.

Emma no tiene nada más que decir. Le pasa como esta mañana con Freddi: se le acaban las excusas y empieza a estar harta de todo esto, de perder el control de su vida.

—¿Cómo te sientes? —Emma nota el cambio de tono de su amiga y cómo pone su cálida mano sobre la suya—. Tuvo que ser muy duro volver a verla.

Emma ya no tiene dudas; abre la boca y lo vomita todo como lo hizo aquella tarde en ese Wetherspoon a dos calles de la escuela en la que ambas se estaban formando.

Le cuenta sobre la aparición de Dylan, cómo ella aceptó tratar a Sienna bajo sus condiciones, los sentimientos que afloraron nítidos, como si no hubieran pasado tantos años ni Sienna la hubiera engañado de esa manera.

La necesidad de estar cerca de la cantante, su investigación para conseguir el mejor centro de desintoxicación y cómo justo la noche anterior estuvo ahí sosteniéndole la mano mientras dormía después de sufrir un duro episodio por el síndrome de abstinencia.

También le cuenta que le había perdido la pista a Sienna porque ella evitaba enterarse de cualquier cosa que tuviera que ver con ella.

Sabía muy poco porque a veces escuchaba algunos comentarios aquí y allá; por eso la visita de Dylan la descolocó tanto.

—Joder, Emma, de verdad lo siento —la médica no está segura de exactamente qué, pero asiente igualmente—, aunque tengo el presentimiento de que eso no es todo lo que querías contarme.

—No… no sé qué hacer, Rach —la voz le sale débil y aprieta los labios—. Me duele aquí, ¿sabes? —se señala el pecho—, cuando no estoy cerca de ella. Ahora que he vuelto a verla, parece que mi mente se ha cansado de darme una tregua y lo único que tengo en la cabeza es a ella.

—¿Quieres volver con Sienna? —pregunta su amiga apretándole la mano.

Emma niega.

—Esa no es una opción, no después de cómo acabaron las cosas y todo lo que ella está viviendo. Ni siquiera sé si está con alguien; además, yo estoy con Freddi.

Emma lo dice con una convicción que falla por todas partes. Ella ni está segura de lo que dice, ni Rachel cree que sus palabras sean ciertas.

—¿Estás segura de que estás con Freddi? —pregunta Rachel, y Emma junta las cejas—.

Me refiero a si realmente tienes una relación sentimental con él, porque desde donde yo lo veo, y ahora sabiendo quién es Sienna, no has roto con él porque no ha aparecido un motivo que te empuje a hacerlo… hasta ahora.

—No voy a dejar a Freddi solo porque he vuelto a ver a mi exnovia —Emma lo dice enfadada y cruza los brazos con clara señal de defensa.

—No es lo que estoy diciendo, y voy a cambiar la pregunta a ver si me entiendes. ¿Quieres a Freddi lo suficiente como para seguir con él? ¿Vivir juntos, quizá algún día casaros sin importar nada más que vosotros dos?

«No».

La respuesta en la cabeza de Emma llega clara y contundente, pero no la verbaliza, aunque no haga falta, porque Rachel la mira como si ya la supiera.

—Hagas lo que hagas, me tienes a tu lado —Rachel sigue hablando porque sospecha que su amiga no tiene intenciones de contestar—.

Si tienes tan claro que, a pesar de que sigues teniendo sentimientos por ella, vas a continuar por el camino contrario, estoy aquí.

Si quieres seguir con Freddi porque es el hombre de tu vida, estoy aquí, y si quieres hacer todo lo contrario, también estoy aquí.

Soy tu chica para todo, ya lo sabes, y te sostendré todo lo que necesites cuando haga falta.

Solo… Emma, haz lo que realmente sientas, no lo que sea correcto ni esas tonterías que nos hace creer esta sociedad podrida.

Eres una cardióloga experimentada que ha visto morir a más gente de la que debería ser justo; personas que no han podido seguir amando o viajando, subiendo una montaña o simplemente leyendo un buen libro.

La vida es una sola, nena, y deberíamos poder disfrutar de lo que de verdad queremos.

Emma se muerde el interior de la mejilla, le duele el alma y el corazón le late con fuerza. Se aferra a la mano de su amiga y la mira con cariño, con ese que solo se permite tener con algunas personas y que sin duda Rachel merece.

—Doctora Grant, siento molestarla —Emma se gira cuando escucha una voz femenina a sus espaldas—, pero los familiares de la señora West quieren hablar con usted.

Emma asiente y gira el cuello para sonreírle a Rachel.

—A por ellos, Grant —dice su amiga, y Emma suelta una carcajada.

Cuando se levanta y camina hacia el pasillo de la planta, siente que su cuerpo está más ligero.

No se arrepiente de haberse guardado la identidad de Sienna todo este tiempo, pero ahora que ha soltado lo que ha estado experimentando desde que Dylan llegó hasta ella, puede confirmar que sí era necesario, al menos en ese momento.

El siguiente paso que tiene que dar es luchar contra su tonto corazón para que entienda que querer a Sienna no es una opción.