Tú te lo pierdes Capítulo 6
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Capítulo 6

Un mes después del primer «te quiero».

―Sienna, aquí, Sienna ―gritó un tipo demasiado grande con la cabeza rapada y una cámara fotográfica empuñada con fuerza.

Sienna levantó la mano para saludar, pero no se detuvo y subió al coche que la esperaba. No quería llegar tarde a la cena y esa entrevista en la radio se extendió más de lo que le habían asegurado.

Cold sun, warm lies ―su último sencillo― había subido muy rápido en las listas musicales, posicionándola en un inesperado número cinco en apenas una semana.

Sienna se estaba convirtiendo en la cantante del momento, tenía la agenda desbordada con toda clase de eventos y en unos meses comenzaría su primera gira por los Estados Unidos.

Todo había ocurrido tan rápido que le costaba creérselo, pero ella siempre había soñado con esto y sin duda alguna iba a disfrutarlo.

―Siento llegar tarde ―dijo cuando Emma abrió la puerta de su apartamento―. Lo de la radio acabó complicándose y el conductor se equivocó de calle al venir.

Emma sonrió porque le daba exactamente igual que Sienna llegara una hora después de lo acordado; lo que le importaba era que por fin estaba ahí frente a ella y la tendría por el resto de la noche.

La doctora Mitchell estiró el brazo y cerró los dedos en la tela de la camiseta gris de Sienna y la atrajo hacia ella con unas ganas que llevaba días intentando controlar.

―Te he echado de menos ―dijo Sienna pegada a la boca de Emma, que le contestó devolviéndole el beso con más fuerza.

La ropa acabó arrugada en el suelo del salón y la cena fría dentro del horno.

Esto era lo que pasaba entre ellas cada vez que se veían ―últimamente cada vez menos por los compromisos de Sienna y las guardias de Emma―: no podían despegarse la una de la otra, como si encontrarse en aquella fiesta de Chester Philip hubiera sido una especie de revelación del universo que les prometía estar juntas toda la vida.

―Pareces agotada ―le dijo Emma mientras trazaba con su dedo índice el contorno de los labios de Sienna.

Sienna tenía los ojos cerrados y suspiró al sentir la caricia.

―La preparación de la gira está siendo muy dura ―explicó la cantante, aun con los ojos cerrados―.

Los de la discográfica quieren otro sencillo antes del primer concierto, además de que Jason necesita que tenga al menos tres canciones escritas del siguiente disco lo antes posible para que puedan revisarlas e ir preparando lo necesario.

Emma no estaba familiarizada con el mundo musical, pero lo que sí sabía era que lo que le exigían a Sienna rayaba en lo inhumano.

No tenía ni idea de cómo se mantenía en pie porque sabía que pasaba las noches componiendo en su casa o metida en el estudio.

Durante el día, si no estaba ensayando, la discográfica la tenía en algún sitio dándola a conocer y, en cuanto tenía un rato libre, se lo dedicaba a Emma.

―Tienes que descansar ―le dijo Emma besándole los labios―. Si no, cuando venga la gira, no la aguantarás.

La gira. Esa que las mantendría separadas por varios meses y de la que ninguna de las dos había querido hablar demasiado.

Sin embargo, Sienna había planificado varios encuentros con Emma en ciudades cercanas en las que la cantante daría algunos espectáculos y, antes de marcharse al primer concierto, que sería en Denver, Sienna pasaría las navidades con Dylan y la familia de Emma.

Las semanas pasaron en un pestañeo violento.

Sienna tuvo al menos diez entrevistas distintas, asistió a desfiles de modas, inauguraciones y acabó las tres canciones que la discográfica le exigía.

Emma hacía jornadas extenuantes; especializarse en cardiología era lo que siempre había querido, pero jamás pensó que fuera tan duro.

De alguna manera, las dos buscaron un punto medio y, aunque había días que no se veían, a menudo Emma despertaba en los brazos de Sienna.

No hubo que hablarlo demasiado; simplemente un día la médica le dio una copia de la llave de su apartamento y Sienna empezó a colarse en su cama en plena madrugada cuando salía del estudio.

La relación era fácil, a pesar de que se llevaban ocho años de diferencia y venían de mundos completamente opuestos; Sienna hacía que todo fuera sencillo entre ellas y Emma se adaptó a la agotadora vida de la cantante sin ningún problema.

―¿Vais a hacerlo oficial? ―preguntó Susanne, la madre de Emma, la noche de Navidad, refiriéndose a su relación.

Sienna miró a Emma y entrelazó sus dedos con los de ella.

―De momento lo mantendremos entre nosotras porque, una vez sea oficial, la prensa no parará de seguir a Emma ―explicó Sienna―. Ya tiene suficiente con las horas que está en el hospital como para también aguantar a esos buitres.

Y así lo mantuvieron incluso cuando Sienna voló a Denver para su primer concierto y Emma estuvo detrás del escenario junto a ella.

La gira que estaba pautada para tres meses pasó a ser de cinco porque nadie, ni siquiera el mismo Jason Kelly, anticipó el éxito tan bestial de una Sienna Cole sobre el escenario.

―¿Cómo lo llevas? ―le preguntó una noche Claire cuando vio a su hermana absorta mirando la copa vacía en su mano.

Emma levantó la mirada y se mordió los labios.

―Está siendo más duro de lo que pensé ―confesó―. Tres meses eran difíciles, seis me parecen una tortura.

―¿Cuándo fue la última vez que os visteis?

―Hace tres semanas en Rhode Island ―dijo Emma, desviando la mirada, y Claire notó ese pequeño gesto que conocía muy bien.

―¿Qué es lo que te preocupa? ―Claire estiró su mano y la puso sobre el brazo de su hermana―. Desde un inicio sabíais que vuestra relación sería diferente y parecíais estar de acuerdo.

Emma asintió con lentitud, como si estuviera rebuscando en su memoria ese momento.

―Lo sé, pero esa noche en Rhode Island fue… no sé, diferente. Sienna parecía otra.

Claire frunció el ceño y ese gesto le quedó marcado a Emma en su memoria porque fue el mismo que vio tres semanas después cuando su hermana apareció en su apartamento un miércoles a las siete y media de la mañana.

―¿Qué pasa? ―preguntó Emma con el corazón latiéndole con fuerza―. ¿Están bien mamá y papá?

Claire de inmediato le aseguró que sí mientras entraba al salón y se sentaba en el sofá.

―¿No has visto las noticias? ―preguntó la hermana menor de Emma de repente.

Emma negó con la cabeza y se pasó la mano por el cabello para quitarse el flequillo de la cara. Aún seguía adormilada.

―Tuve guardia toda la noche. Llegué a casa hace apenas una hora.

Emma Mitchell no tenía ni la más remota idea de que esa mañana el universo le haría una muesca a su futuro.

Una marca que tendría de por vida y que, por muchos años que pasaran, siempre la vería en su piel porque cuando Claire le dijo que su novia, la muy famosa Sienna Cole, estaba en todos los tabloides del país porque la noche anterior había decidido hacer una fiesta en su habitación de hotel con dos modelos que acudieron a su concierto, el alma de Emma se rompió en tantos pedazos que nunca pudo encontrarlos todos para poder reconstruirse.

―Hubo una queja de otros huéspedes y el director del hotel intentó mediar con ella, pero estaba demasiado colocada como para entrar en razón, así que tuvieron que llamar a la policía ―le explicó Claire mientras Emma permanecía completamente petrificada―.

Alguien del hotel filtró la noticia y lo demás… bueno, es lo que han estado publicando.

Lo demás fueron las drogas y el alcohol en la habitación de hotel. La sonora orgía que había montado una Sienna completamente fuera de control y la sonrisa engreída con la que salió del hotel escoltada por su hermano y algún miembro de su banda.

Claire la dejó sola en su apartamento porque Emma insistió; necesitaba un momento con ella misma para poder comprender lo que había pasado.

Le costó asimilarlo porque Sienna era la chica más dulce del mundo, la que se acurrucaba a su lado en las madrugadas y la que le componía canciones solo para decirle cuánto la quería.

¿Esa Sienna podía engañarla con esa facilidad?

No, tendría alguna explicación y Emma esperaría a que Sienna le diera la suya.

El problema fue que se cansó de esperar. Sienna siguió de gira y durante unos días ni siquiera le mandó un mensaje a Emma. Parecía que de repente todo lo que habían vivido era una ilusión, no ocurrió y Emma se estaba volviendo loca.

La discusión que llegó una semana después fue uno de los momentos que a Emma le ha perseguido desde entonces. A la una y treinta y dos de la madrugada, se sobresaltó cuando escuchó que la puerta de su apartamento se abría y ella salió de la cama porque sabía de quién se trataba.

―Hola, Em ―le dijo Sienna, y a Emma le parecía otra chica completamente diferente a la que quería―. Te he echado de menos.

«Te he echado de menos».

Sienna le repetía esa frase cada vez que se veían, así solo hubieran estado separadas unas horas. Y esa madrugada la soltó como si nada, como si fuera parte de un puñado de frases sin ninguna importancia que Sienna Cole utilizaba con las mujeres.

Emma negó con la cabeza cuando Sienna se acercó con una caja pequeña en la mano que tenía un lazo color lila ―un color que desde entonces odiaría― y cuando dio dos pasos hacia atrás, el gesto de Sienna se endureció.

―¿Qué pasa? ―preguntó la cantante.

Y aunque Emma no quería gritar, lo hizo. De su boca salieron todas las preguntas que tenía atravesadas en el pecho desde que Claire apareció en su puerta y después de que Emma se pasara horas leyendo todo lo que decían sobre la famosa orgía de Sienna Cole en Jacksonville.

―¿De verdad tenemos que hablar de esto ahora? ―Los ojos de Sienna no paraban de moverse―. Estoy agotada, he venido directamente desde el aeropuerto y mañana por la noche vuelvo a irme. ¿Es mucho pedir que nos metamos en la cama ahora mismo?

Entonces Emma levantó más la voz porque no podía entender como Sienna trataba su infidelidad como algo tan insignificante.