27
Seis horas después, ambas parecían diez años más viejas.
El amanecer comenzaba a teñir de gris el horizonte cuando el coche avanzó por una carretera prácticamente vacía. Ninguna de las dos había hablado demasiado durante el trayecto. Había un cansancio tan profundo entre ellas que incluso las palabras parecían pesar demasiado.
Julia sujetaba el volante con ambas manos.
Miraba siempre hacia delante.
Clara observaba el paisaje desfilar al otro lado de la ventanilla mientras intentaba comprender en qué momento su vida había dejado de parecerse a una novela romántica para convertirse en algo completamente distinto. No era capaz. Cada vez que lo intentaba aparecían demasiadas imágenes .
―Los niños estarán despertándose dentro de poco ―murmuró Julia.
Fue la primera frase que pronunciaba en casi media hora.
Clara asintió.
―¿Qué les vas a decir?
―Todavía no lo sé.
La respuesta sonó agotada.
Y eso resultó mucho más doloroso que cualquier otra cosa. Porque de repente Clara recordó que Julia no era solamente Julia. Era una madre.
Una mujer que llevaba meses intentando sostener una familia que se había roto mucho antes de que nadie quisiera reconocerlo.
―Lo siento.
Julia soltó una pequeña carcajada.
Una carcajada vacía.
―Ya es un poco tarde para eso.
Volvió a hacerse el silencio.
Durante varios kilómetros ninguna habló.
Hasta que Clara giró la cabeza para mirarla.
Llevaba mucho tiempo queriendo formular aquella pregunta.
―¿Por qué me estás ayudando?
Julia no respondió enseguida.
Continuó conduciendo.
Pensando.
Como si estuviera buscando las palabras exactas.
―No lo sé.
―Sí lo sabes.
Julia suspiró .
Después bajó ligeramente la velocidad.
―Porque cuando alguien está completamente roto deja de pensar con claridad.
Clara no apartó la mirada.
―No es una respuesta.
―Es la única que tengo.
El coche siguió avanzando.
Finalmente Julia volvió a hablar.
―Y porque creo que tú también habrías mentido por mí.
Clara parpadeó.
―¿Qué?
―Lo que has oído.
Por primera vez desde que habían salido, Julia la miró directamente.
―Tú también lo habrías hecho ―Clara no respondió―. Lo sé porque te pareces más a mí de lo que crees.