Tú también mentirías (Lara Martínez 3) 20
69%

20

Durante todo el camino de vuelta al apartamento intentó convencerse de que aquella conversación había sido una pérdida de tiempo. Una estupidez. Un intento desesperado de un hombre despechado por sembrar dudas donde no las había.

Y aun así, cuanto más trataba de apartar a Sergio de su cabeza, más presente parecía estar ahí.

Porque Clara era escritora.

Y los escritores tenían una manía horrible, la de imaginar posibilidades. La de convertir una simple frase en una historia entera.

Cuando llegó al apartamento se obligó a trabajar. Abrió el portátil, revisó el capítulo que estaba escribiendo y corrigió varias páginas. Sin embargo, descubrió que llevaba diez minutos mirando la misma frase sin leer una sola palabra.

Está enamorado de una forma que no te gustaría descubrir .

Volvió a escuchar aquella frase dentro de su cabeza y la odió porque no debería afectarle de esa manera. Pero lo hacía.

Intentó recordar algún momento en el que Nicolás hubiera sido especialmente controlador. No encontró ninguno.

Intentó recordar alguna discusión, pero tampoco llevaban tanto tiempo como para haber discutido.

Y aun así, la semilla estaba plantada.

Cuando escuchó el coche llegar al exterior de la casa sintió un alivio absurdo.

Porque en cuanto Nicolás entrara por la puerta todo volvería a parecer ridículo.

La puerta se abrió pocos segundos después.

―¿Clara?

Ella levantó la vista y le sonrió.

Porque seguía sintiendo exactamente lo mismo al verlo.

Nicolás dejó las llaves sobre una cómoda y se acercó directamente hasta ella para besarla en la frente.

Un gesto sencillo.

―¿Llevas mucho trabajando?

―Todo el día ―mintió. Decidió ocultar que había estado tomándose un café con Sergio.

―Entonces necesitas descansar.

―Y tú necesitas afeitarte.

Nicolás se llevó una mano a la barba y soltó una carcajada.

―¿Tan mal está?

―Empieza a parecer que vives en la calle.

Ella se levantó de la silla .

―Pues la cena está casi lista.

―Eso sí que son buenas noticias.

Prepararon la mesa juntos, hablaron de cosas sin importancia como del libro que Clara estaba escribiendo, de una película que Clara quería ver. De cualquier tontería que les permitiera sentirse una pareja normal.

Pero mientras lo observaba moverse por la cocina, mientras lo veía abrir armarios o llenar dos copas de vino, las palabras de Sergio seguían apareciendo.

Como un mosquito imposible de matar. Y aquello la enfadaba.

Durante un rato la conversación fluyó con naturalidad.

Hasta que Nicolás dejó el tenedor sobre el plato.

―¿Qué has hecho hoy?

La pregunta era completamente normal. Absolutamente normal. Y aun así Clara notó algo. Una pequeña tensión. Quizá porque estaba demasiado pendiente.

―Trabajar.

―¿Todo el día?

―Casi.

―¿No has salido?

Clara levantó la vista.

―Un poco.

―¿A dónde?

Ahí estaba. Una pregunta sencilla. Pero por primera vez le sonó diferente.

―A tomar un café.

―¿Sola ?

―Sí.

Nicolás asintió.

Sin apartar la mirada.

―¿Y mañana?

―No lo sé todavía.

―¿No tienes planes?

―¿Debería tenerlos?

―Solo pregunto.

Clara bajó la vista hacia la copa.

Y durante unos segundos recordó a Sergio inclinándose sobre la mesa.

Él es posesivo.

Qué tontería.

Era una tontería.

Sin embargo, cuando volvió a levantar la cabeza descubrió que Nicolás seguía observándola.

Parecía estar esperando. Como si realmente quisiera saber la respuesta.

―Quizá salga a dar una vuelta.

―¿Con quién?

Clara lo miró con el ceño ligeramente fruncido.

―Lo siento ―se disculpó Nicolás.

―¿Por qué?

―No quería que sonara así.

Clara sonrió.

―¿Así cómo?

―Como un interrogatorio.

―No pasa nada ―respondió finalmente.

Y era verdad, no pasaba nada .

Pero aquella noche, mientras Nicolás dormía a su lado y ella permanecía despierta mirando el techo, descubrió que seguía pensando en Sergio.

Y quería quitarse de la mente esa estúpida pregunta que se hacía continuamente.

¿Qué hubiese hecho si él la hubiera besado?