18
Lara Martinez
La llamada llegó a las ocho y doce de la mañana. Lara apenas llevaba diez minutos sentada en su despacho cuando el teléfono comenzó a vibrar sobre la mesa.
Ni siquiera había terminado el primer café. Miró la pantalla, eran del laboratorio forense.
Respondió inmediatamente.
―Martínez.
―Tenemos resultados.
La voz del forense sonaba cansada pero eso no era nada nuevo.
―Dime que son buenas todas las muestras cogidas.
―Depende de lo que consideres bueno.
Lara ya conocía ese tono.
Cuando los forenses respondían así era porque acababan de encontrar algo importante .
Se levantó de la silla.
―Habla.
―La víctima es un hombre.
Durante unos segundos no dijo nada.
Simplemente permaneció inmóvil. Mirando el despacho.
Escuchando el ruido lejano de la comisaría al otro lado de la puerta.
―¿Estáis seguros?
―Sí.
―¿Completamente?
―Lo suficiente como para apostarme el sueldo del mes. No, el sueldo de toda mi vida.
Lara apoyó una mano sobre la mesa.
De repente sintió que toda la investigación acababa de desplazarse varios metros hacia otro lugar.
―Explícamelo.
―La descomposición era extrema, pero hemos podido trabajar sobre determinadas estructuras óseas. Pelvis principalmente. También mandíbula. Además hemos recuperado tejido suficiente para análisis complementarios.
―¿Edad?
―Entre cuarenta y cincuenta años aproximadamente.
―¿Altura?
―Un metro setenta y cinco. Quizá algo más.
―¿Complexión?
―Difícil asegurarlo todavía, pero no era una persona especialmente pequeña.
Lara cerró los ojos .
Porque había una descripción que acababa de aparecer inmediatamente en su cabeza.
Nicolás Ferrer.
―¿Alguna causa de muerte?
―Todavía no.
―¿Nada?
―Todavía estamos trabajando en ello.
―Necesito algo más.
―Pues te doy algo más.
Lara esperó.
―Ese cuerpo no llegó a la bañera por su propio pie.
La inspectora abrió los ojos.
―¿Qué significa eso?
―Significa que hemos encontrado lesiones compatibles con manipulación post mortem.
―¿Lo movieron?
―Sí.
―¿Después de muerto?
―Eso parece.
La conversación continuó varios minutos más.
Cuando finalmente colgó, permaneció de pie junto a la mesa.
Pensaba en todos los posibles escenarios, era incapaz de tocar el café. No podía hacer nada. Simplemente pensaba
La puerta se abrió.
Velasco apareció con una carpeta bajo el brazo.
―Tienes cara de que alguien acaba de fastidiarnos la mañana.
Lara levantó la vista .
―Tenemos el sexo.
―¿Qué?
―La víctima es un hombre.
Velasco dejó la carpeta sobre la mesa.
―¿Estamos seguros?
―Es un hombre.
Durante varios segundos el inspector no reaccionó.
Parecía esperar alguna frase más.
Alguna aclaración.
Algo.
―¿Un hombre?
―Sí.
―Joder. Habrás pensado igual que yo en Nicolás.
―Exacto. Pero hay algo más, la forense me asegura que no llegó a la bañera por su propio pie, y Nicolás no era un hombre pequeño, con lo cual debe de haber hecho esto un hombre más fuerte que él o dos personas.
Velasco se dejó caer en la silla de enfrente.
―Entonces Clara deja de ser nuestra principal candidata.
―Como víctima sí.
―Pero sigue desaparecida.
―Correcto.
―Y el apartamento sigue alquilado a su nombre.
―Correcto.
―Y tenemos a un marido que denunció su desaparición.
―Correcto .
―Y ahora además tenemos un cadáver masculino.
―Correcto.
Velasco soltó aire.
―Pues vaya mierda.
Lara caminó hasta la pizarra donde tenían colocadas todas las fotografías.
La imagen de Clara, la de Matías, también Clara y Nicolás. Los informes, las fechas, los movimientos bancarios, los alquileres.
Todo parecía diferente ahora. Porque una única pieza acababa de cambiar de posición.
Y cuando una pieza cambiaba de posición, el resto del tablero también lo hacía.
Tomó la fotografía de Nicolás entre sus manos y la observó durante unos segundos. Después la colocó justo al lado de la imagen de la bañera.
―Ahora mismo es nuestra mayor revelación.
Velasco asintió lentamente.
―Edad compatible.
―Sí.
―Sexo compatible.
―Sí.
―Desaparecido.
―Sí.
―Última persona conocida que mantuvo relación con Clara.
―Sí.
―Y además nadie sabe dónde está desde hace días.
Lara cruzó los brazos .
―Hay algo más.
―¿Qué?
―Julia.
Velasco levantó una ceja.
―¿La mujer?
―Sí.
―¿Qué pasa con ella?
―No me gustó nada de nada sus respuestas.
―A mí tampoco.
―Demasiado tranquila como para que su marido la haya dejado.
―Pensé lo mismo.
Lara recordó aquella conversación.
La ausencia de miedo. La ausencia de urgencia de que el padre de sus hijos apareciese.
La forma en que hablaba de la desaparición de su marido. Como si estuviera enfadada.
No preocupada.
―Lleva más de dos semanas sin verlo.
―Y no denunció nada.
―Exacto.
―Porque pensaba que estaba con la amante, según ella.
―O porque sabe algo más.
Velasco se quedó callado.
La posibilidad quedó sobre ambos.
―¿Crees que podría haberlo matado ella?
Lara negó lentamente.
―No lo sé.
―Pero lo estás pensando .
―Lo estoy pensando solo en el posible caso de que sea Nicolás el hombre de nuestra bañera.
En ese momento llamaron a la puerta. Era uno de los agentes de apoyo.
―Inspectora.
―¿Sí?
―Han terminado de revisar el móvil recuperado en el apartamento.
Lara se giró inmediatamente.
―¿Y?
―Han conseguido extraer parte de la información.
―¿De quién es?
―Eso es precisamente lo interesante.
Lara sintió cómo el pulso se aceleraba.
―No juegues conmigo.
―El teléfono no pertenece a Nicolás Ferrer.
El silencio que siguió fue absoluto.
Velasco fue el primero en reaccionar.
―¿Estás seguro que no es suyo ni de Clara?
―Completamente.
―¿Cien por cien?
―Cien por cien.
―¿Vas a decir a quién pertenecía?
―Su nombre es Sergio Arenas.
―¿Quién es Sergio Arenas y por qué estaba su teléfono ahí?
―Pues eso es lo mejor de todo, Sergio era compañero de trabajo de Nicolás y su mujer…
―¿Era, ha muerto ?
―No nos hacemos con él por el momento, pero he dicho era porque hace aproximadamente dos meses fue destinado a otra oficina por petición de Julia, la mujer de Nicolás.
Lara y Velasco se miraron y salieron de allí sin decir palabra.