Tú también mentirías (Lara Martínez 3) 13
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Lara Martinez

La declaración de Matías terminó poco antes de las nueve de la noche.

Cuando abandonó la sala de entrevistas, Lara se quedó observando la puerta cerrada durante unos segundos mientras jugueteaba con el bolígrafo entre los dedos.

A través del cristal pudo verlo alejarse por el pasillo acompañado por uno de los agentes.

Caminaba despacio, con las manos metidas en los bolsillos y la cabeza ligeramente inclinada hacia delante.

Velasco apareció a su lado con dos cafés de máquina.

―Toma, tienes cara de necesitarlo.

Lara aceptó el vaso sin apartar la vista del pasillo.

―Gracias.

―¿Y bien ?

Ella dio un pequeño sorbo antes de responder.

―No sé qué pensar de ese hombre.

―Eso tampoco es muy concreto.

―Ya lo sé.

Entraron en la sala de trabajo y Lara se dejó caer en una silla mientras abría la carpeta de Clara Rivas una vez más.

―Es que normalmente cuando hablas con el marido de una desaparecida encuentras algo. Lo que sea. Miedo, ansiedad, esperanza, desesperación... alguna emoción clara. Pero este tipo parece agotado. Como si llevase semanas esperando que alguien le dijera de una vez qué demonios ha ocurrido.

Velasco se sentó frente a ella.

―Quince días sin noticias de tu mujer tampoco ayudan.

―No es eso.

―¿Entonces qué?

Lara tardó unos segundos en responder.

―Tengo la sensación de que ya había empezado a asumir que no iba a volver. ¿Y sabes qué? Que este trabajo nos enseña algo, algo muy práctico, y es que la esperanza siempre es lo último que se pierde.

Velasco apoyó la espalda contra la silla.

―Puede que simplemente sea realista.

―Puede.

―O puede que sea culpable.

Lara negó lentamente.

―No lo veo realizando un asesinato, pero es posible que lo encargase.

―¿Tan claro lo tienes ?

―No. Pero cuando alguien miente durante una entrevista normalmente intenta controlar la conversación. Matías no lo ha hecho ni una sola vez. De hecho parecía más interesado en que nosotros le contáramos cosas que en protegerse a sí mismo.

Velasco tomó el expediente y empezó a pasar páginas.

―Bueno, de momento tampoco tenemos gran cosa. Un cadáver sin identificar, una mujer desaparecida y un apartamento alquilado por ella.

―Precisamente por eso necesitamos algo más.

Mientras hablaban, Velasco abrió el informe financiero que acababa de llegar desde la unidad económica. Al principio lo revisó sin demasiada atención, pero poco a poco su expresión empezó a cambiar.

―Espera un momento.

Lara levantó la vista.

―¿Qué pasa?

―Creo que tenemos algo interesante.

Ella se incorporó un poco.

―Habla.

Velasco giró la pantalla del ordenador para que pudiera verla.

―Mira esto.

Lara acercó la silla.

―Préstamo personal... quince mil euros...

―Tres meses antes de la desaparición.

―Ya. Eso lo sabíamos.

―Ahora mira quién lo aprobó .

Lara bajó la vista hasta la firma electrónica que aparecía en la documentación.

―Nicolás Ferrer.

El nombre no le dijo absolutamente nada.

―¿Y quién demonios es Nicolás Ferrer?

―Gestor bancario. Trabaja en la misma sucursal donde Clara pidió el dinero.

Lara continuó leyendo.

―¿Hay algo raro? Es lo más normal que quien te acepta un crédito trabaje allí y no en la panadería de en frente.

Velasco soltó una pequeña risa.

―Vale, sí, quizá no me he explicado bien. El informe de riesgos está adjuntado y es cuanto menos sorprendente.

Ella levantó una ceja.

―Cuenta.

Velasco señaló varios apartados del informe.

―Mira los ingresos. Son irregulares. Su actividad como escritora estaba cayendo en picado. Además había varios descubiertos recientes y ninguna garantía especialmente sólida de que pudiese devolver el crédito.

―¿Y?

―Y que cualquier comité de riesgos habría puesto pegas.

―Pero se lo concedieron.

―Exacto.

Lara permaneció unos segundos pensativa mientras releía la documentación.

―¿Estás diciendo que este tal Nicolás le hizo un favor ?

―Es una posibilidad.

―¿Y la otra?

―Que hubiera algún interés personal para hacerlo.

Aquello llamó inmediatamente la atención de Lara.

―¿Tenemos llamadas entre ellos?

―Todavía no hemos solicitado nada. Lo acabamos de ver.

―Ok, pues lo queremos todo, para ayer.

―Voy.

Velasco siguió revisando datos.

―Lo que sí tenemos es que el préstamo fue ingresado y utilizado casi de inmediato. Parte del dinero desapareció en efectivo durante las semanas siguientes.

―¿Cuánto?

―Varios miles de euros.

―Curioso.

Velasco asintió.

―Bastante.

Lara se levantó de la silla y empezó a caminar lentamente por la sala.

―Una escritora con problemas económicos pide un préstamo que probablemente no debería recibir. El gestor decide aprobarlo igualmente. Tres meses después ella desaparece y encontramos un cadáver en un apartamento que alquiló a su nombre.

―Cuando lo dices así suena peor.

―Pues aún es peor de lo que suena seguro.

Velasco sonrió .

―Entonces imagino que mañana visitamos el banco.

―No.

―¿No?

―Quiero hablar primero con Nicolás Ferrer.

―¿Directamente?

―Directamente.

―¿Y si no tiene nada que ver?

―Entonces perderemos una hora de nuestro tiempo.

―¿Y si sí tiene algo que ver?

Lara dejó la carpeta sobre la mesa.

―Entonces probablemente sea la última persona que conocemos y que tomó una decisión que fue importante para la vida de Clara Rivas.

Velasco estaba a punto de responder cuando un correo electrónico entró en el sistema y emitió un pequeño sonido desde el ordenador.

Los dos giraron la cabeza al mismo tiempo.

―¿Qué es eso?

Velasco abrió el mensaje.

―Criminalística.

Lara se acercó.

―¿Ya tienen algo?

El inspector leyó durante unos segundos y su expresión se volvió seria. Muy seria.

―Parece que sí.

―¿Qué han encontrado?

Velasco levantó la vista lentamente.

―Restos de sedantes.

―¿En el cuerpo ?

―Y en cantidades bastante altas.

Durante unos segundos ninguno de los dos habló.

Aquello cambiaba muchas cosas.

Porque una persona podía acabar en una bañera por accidente.

Podía sufrir una caída. Podía incluso morir por causas naturales.

Y había personas que cuando se encontraban un cadáver el pánico se apoderaba de ellas y trataban hacer algo estúpido, deshacerse del cuerpo.

Aunque no hayan tenido anda que ver con la muerte, la experiencia les decía que esas cosas ocurrían.

Pero cuando aparecían sedantes en grandes cantidades la lista de posibilidades empezaba a reducirse peligrosamente.

Lara observó de nuevo la fotografía del cadáver tomada en el apartamento. Luego miró el nombre de Clara Rivas. Y finalmente el de Nicolás Ferrer.

―Bien ―dijo mientras cogía su chaqueta―. Creo que mañana va a ser un día muy interesante.