Capítulo 22
Abril y Vanessa irrumpen en la suite privada de la zona VIP del resort S'Estel con la respiración entrecortada y las manos incapaces de separarse.
La puerta se cierra de un golpe seco tras ellas, aislándolas del mundo exterior.
La habitación, amplia y lujosa, huele a madera, a jazmín fresco y al salitre que se cuela por las ventanas abiertas al mar.
La cama domina el espacio, con sábanas de seda blanca que brillan bajo la luz tenue de las lámparas.
Vanessa empuja a Abril contra la pared, y sus bocas se encuentran en un beso hambriento, profundo, donde sus lenguas se enredan con desesperación.
Los dedos de Abril buscan la ropa de Vanessa y poco a poco el de las dos caen en un caos desordenado.
Dejando un camino que va desde la puerta hasta la cama.
Vanessa muerde suavemente el cuello de Abril, justo debajo de la oreja, y un gemido ahogado escapa de la garganta de la organizadora.
Caen sobre el colchón y Vanessa toma el control inicial con una determinación feroz.
Atrapa las muñecas de Abril por encima de su cabeza, sujetándolas con una mano contra la almohada.
Su cuerpo, esbelto y ardiente, presiona contra el de ella.
—Esta noche eres mía —susurra Vanessa contra su boca, antes de bajar por su cuerpo dejando una línea de besos húmedos y calientes.
Besa el hueco de su garganta, desciende por el esternón, lame uno de sus pezones con devoción y lo succiona hasta que Abril se arquea con un jadeo.
Sigue bajando, besando el abdomen, deteniéndose en el ombligo para mordisquear su piel…
Abril respira agitada, con las caderas moviéndose ya por instinto.
Vanessa se arrodilla entre sus piernas abiertas, separándolas con las manos.
Contempla el coño de Abril, hinchado y brillante, y una sonrisa depredadora curva sus labios.
Sin previo aviso, baja la cabeza y pasa la lengua por toda la longitud de sus pliegues, recogiendo los fluidos que ya empapan su sexo.
Abril gime fuerte, enterrando las manos en las sábanas cuando Vanessa repite el movimiento, esta vez deteniéndose en el clítoris para succionarlo con ritmo lento y preciso.
Introduce dos dedos en su interior, y el sonido llena la habitación, mezclado con los gemidos de Abril, que se retuerce bajo ella.
—Vanessa… joder… —jadea Abril, arqueando la espalda con fuerza mientras el placer la invade en oleadas.
Vanessa no se detiene. Se la come con devoción, alternando succiones en el clítoris con movimientos circulares de la lengua y penetraciones profundas de sus dedos.
Siente cómo los músculos internos de Abril se contraen alrededor de ellos, cómo sus fluidos le cubren la barbilla y la mano.
Acelera el ritmo, succionando con más intensidad, y Abril entierra los dedos en su pelo, tirando sin control.
Sus caderas se mueven contra la boca de Vanessa, buscando más fricción y profundidad.
El orgasmo se acerca, implacable.
Pero Abril no quiere ser la única que pierda la cabeza.
Jadeando al límite, con el cuerpo cubierto de una fina capa de sudor, reúne fuerzas y tira del cuerpo de Vanessa hacia arriba.
Con una agilidad sorprendente, la gira sobre el colchón y se sitúa encima de ella.
Ahora es Abril quien domina la situación.
Baja la cabeza y besa a Vanessa con fiereza, mordiendo su labio inferior mientras una mano viaja entre sus piernas.
—Ahora me toca a mí —gruñe Abril contra su boca.
Separa los muslos de Vanessa y desliza dos dedos directamente en su coño empapado, sintiendo cómo la recibe con avidez.
Vanessa gime, arqueándose, y Abril comienza a follarla.
Se mueven juntas en un ritmo salvaje, buscando el contacto total.
Abril frota su propio coño contra el muslo de Vanessa mientras la penetra, creando una fricción deliciosa que las hace jadear al unísono.
Vanessa levanta las caderas, saliendo al encuentro de sus dedos, y entierra una mano en el pelo de Abril para atraerla en otro beso desesperado.
Sus cuerpos se deslizan, resbaladizos por el sudor y los fluidos.
Abril añade otro dedo, estirándola, y Vanessa grita de placer, con las uñas clavándose en la espalda de Abril.
—Más fuerte… —suplica Vanessa, con los ojos vidriosos de lujuria.
Abril obedece, moviéndose con más intensidad. Sus fluidos se mezclan. Vanessa desliza una mano entre ellas e introduce dos dedos en el coño de Abril mientras esta sigue cabalgándola.
El placer crece de forma imparable. Abril siente cómo el orgasmo se construye en su interior, un nudo ardiente que se expande poco a poco.
Vanessa está igual, jadeando su nombre entre gemidos ahogados.
Abril acelera el ritmo de sus caderas y de sus dedos, follando a Vanessa con fuerza mientras esta hace lo mismo con ella.
—Voy a correrme… —avisa Abril, con la voz rota.
—Y yo contigo —le responde Vanessa.
El clímax las golpea al mismo tiempo con una intensidad salvaje.
Abril se arquea, gritando el nombre de Vanessa mientras su coño se contrae violentamente alrededor de sus dedos, liberando un chorro de fluidos que empapa la mano de Vanessa y el muslo.
Vanessa sigue su ejemplo, corriéndose con fuerza, con los músculos internos apretando los dedos de Abril mientras su cuerpo se convulsiona bajo ella.
Ambas se estremecen, cabalgando las olas del orgasmo, frotándose sin control hasta que el placer las deja exhaustas y temblorosas.
Caen una sobre la otra, con sus respiraciones agitadas.
Abril besa el cuello de Vanessa, bajando el ritmo poco a poco.
Sus cuerpos siguen unidos, húmedos y calientes, negándose a separarse del todo.
Vanessa acaricia la espalda de Abril con dedos perezosos, trazando líneas invisibles sobre su piel enrojecida.
—Dios… —murmura Vanessa—. Nunca me parece suficiente…
Abril levanta la cabeza y la mira, una sonrisa satisfecha y tierna al mismo tiempo.
—Ni yo tampoco. Pero dame un minuto… o dos —bromea, echándose a reír.
Se quedan así varios minutos, recuperando el aliento, besándose lentamente, explorando con calma lo que antes fue pasión. La brisa marina entra por la ventana, refrescando sus pieles. Vanessa gira ligeramente y atrae a Abril contra su pecho, rodeándola con los brazos.
La noche es joven y la suite privada las protege del resto del mundo.
Hablan en susurros entre besos, compartiendo pensamientos que antes guardaban con recelo.
Pronto el deseo vuelve a encenderse. Esta vez es más pausado pero no menos intenso.
Vanessa se coloca sobre Abril, besando cada centímetro de su cuerpo con reverencia.
Lame sus pechos, succiona los pezones hasta dejarlos sensibles y rojos, y baja de nuevo entre sus piernas.
Esta vez usa solo la lengua, explorando los pliegues hinchados con lentitud tortuosa, saboreando los restos de su orgasmo anterior. Abril gime, separando más las piernas, ofreciéndose por completo.
Cuando Vanessa introduce la lengua en su entrada, Abril agarra las sábanas y empuja contra su boca. El placer regresa mientras Vanessa la devora con dedicación, hasta que Abril se corre de nuevo en su boca con un gemido largo y tembloroso.
Después, Abril toma el relevo. Coloca a Vanessa boca abajo y se tumba sobre ella, besando su nuca, bajando por la columna vertebral.
Separa sus nalgas y la lame desde atrás, saboreando cada pliegue, introduciendo la lengua en su coño mientras una mano busca su clítoris.
Vanessa se retuerce, empujando hacia atrás, perdida en las sensaciones.
Llegan al clímax otra vez, casi al mismo tiempo, con los cuerpos pegados y los dedos entrelazados.
—Mañana va a ser un día complicado —susurra Abril, girando la cabeza para besarla después de tumbarse a su lado.
—Lo sé —responde Vanessa, estrechándola más—. Pero lo enfrentaremos juntas.
Abril cierra los ojos, permitiéndose creer en ello. Mientras la respiración de Vanessa se vuelve pausada, Abril piensa que, por primera vez en mucho tiempo, el futuro —aunque incierto— ya no le parece tan aterrador.