Capítulo 8
La mano de Abril se cuela bajo la tela de los pantalones de Vanessa, sorteando con impaciencia el encaje de su ropa interior.
Sus dedos encuentran de inmediato la carne caliente y resbaladiza.
El coño de Vanessa está completamente empapado, los labios mayores hinchados y separados, latiendo para ella.
Abril roza con las yemas de los dedos los pliegues resbaladizos, los separa lentamente y desliza dos dedos por la abertura empapada, recogiendo la abundante humedad que ya chorrea por el interior de sus muslos.
Vanessa suelta un gemido contra la boca de Abril, y sus dedos se anclan con fuerza en el salpicadero.
—Joder, cómo me gustas Abril… —susurra Vanessa.
Abril sonríe con arrogancia y hunde los dedos con más profundidad. Su pulgar presiona el clítoris hinchado en círculos lentos, exactos, torturadores. Cada movimiento arranca un nuevo chorro de humedad que empapa la palma de su mano.
—Y mí me encanta lo mojada que estás —murmura Abril contra sus labios, mordiéndole el inferior con fuerza—. ¿Acaso también estabas fantaseando con que te folle en un coche?
Vanessa no puede responder con palabras. Su mente se ha reducido a las sensaciones que la embargan. Siente cómo los dedos de Abril la follan con ritmo; entrando hasta el fondo, abriéndola, explorando cada pliegue resbaladizo y sensible. El sonido de su coño se mezcla con sus respiraciones agitadas.
Pero Vanessa no es solo una receptora pasiva.
Con la mano que tiene libre, busca a tientas entre las piernas de Abril.
Su palma se cuela directamente dentro de la ropa interior de Abril, encontrando su coño igual de empapado.
Los dedos de Vanessa se deslizan con facilidad entre los pliegues ardientes, penetrándola con dos dedos de golpe.
Abril suelta un gruñido ronco contra su boca.
Abril sigue follándola y Vanessa explora el coño de Abril con avidez: frota su clítoris hinchado con el pulgar en círculos rápidos, introduce los dedos y los mueve en círculos.
El coche empieza a mecerse ligeramente sobre los amortiguadores, mientras los gemidos se vuelven más altos, y menos controlados.
Abril ataca su boca con un beso profundo y violento. Sus lenguas se enredan con hambre, mientras no dejan de follarse. Vanessa arquea la espalda, empuja las caderas hacia los dedos de Abril.
—Dios mío… más, por favor… —suplica entre jadeos entrecortados.
Abril obedece, empujando hasta el fondo, moviendo los dedos y frotando su clítoris hinchado sin piedad. Al mismo tiempo, Vanessa acelera el ritmo dentro de Abril, estirándola deliciosamente. Los gemidos de Abril se vuelven más graves y más animales.
Con un movimiento desesperado, Vanessa busca a tientas el botón del asiento y lo reclina por completo.
El respaldo cae hacia atrás. Abril no pierde ni un segundo: se sube encima de ella, y se pone a horcajadas.
Abril se quita la camisa, revelando sus pechos firmes y redondos, con los pezones duros como piedras y después termina de desnudarse.
Vanessa contempla el coño de Abril: completamente hinchado, brillante de excitación.
Un hilo grueso y transparente de humedad cuelga de sus labios menores.
Sin pensarlo, Vanessa extiende la mano y toca.
Sus dedos se deslizan con facilidad entre los pliegues ardientes y resbaladizos, sintiendo el calor abrasador y la suavidad extrema de la carne empapada.
—Estás deliciosa… —susurra Vanessa, casi sorprendida, mientras introduce los dedos hasta el fondo.
—Llevo así desde que te vi aparecer esta mañana —confiesa Abril, moviendo las caderas para follarse los dedos de Vanessa.
Abril se las arregla para desnudarla, baja la cabeza y atrapa uno de los pezones de Vanessa entre sus dientes, tirando suavemente mientras sus caderas se mueven contra la mano de la heredera.
El coche se mece con más fuerza. Los cristales comienzan a empañarse. Vanessa echa la cabeza hacia atrás, gimiendo sin vergüenza, mientras sus dedos entran y salen del coño de Abril con más fuerza y rapidez. Abril le muerde el cuello con fuerza, chupando la piel sensible.
—Quiero probarte —gruñe Abril de repente.
Se desliza hacia abajo con dificultad en el espacio reducido del coche. Baja y se encuentra con el coño de Vanessa. Abril separa sus muslos con las manos y hunde la cara entre ellos.
La lengua de Abril es implacable, la lame y le chupa los labios hinchados, penetra la abertura con la punta de su lengua y luego se concentra en el clítoris, succionándolo entre sus labios y azotándolo rápidamente con la lengua.
Al mismo tiempo, introduce dos dedos bien profundos y los folla con fuerza.
Vanessa agarra la cabeza de Abril con ambas manos, empujándola más contra su coño, moviendo las caderas contra su boca.
—Abril… ¡joder! Me voy a correr… —advierte Vanessa, rota de placer.
—Todavía no—ordena Abril, levantando la cara un segundo. Sus labios y barbilla brillan cubiertos de los jugos de Vanessa—. Primero quiero que me montes.
Las dos se incorporan y Abril se sienta en el asiento del copiloto, también reclinado, y atrae a Vanessa encima de ella, pero de espaldas.
Vanessa se sienta sobre su regazo, abre bien las piernas y siente cómo Abril guía su propia humedad.
Dos dedos gruesos la penetran desde atrás, estirándola.
Al mismo tiempo, Abril frota su coño empapado contra el culo firme de Vanessa, dejando un rastro caliente y resbaladizo.
Vanessa empieza a cabalgar los dedos con desesperación. Sus tetas rebotan con cada movimiento. Abril tiene una mano follándola sin piedad y la otra rodeándola para frotarle el clítoris hinchado.
—Mírate —susurra Abril al oído—. La perfecta Vanessa Almenara follándose mis dedos en un coche aparcado. ¿Qué diría tu madre si te viera así, tan mojada y desesperada, chorreando sobre el asiento?
El insulto surte efecto. Vanessa gime más alto, mueve las caderas con más fuerza. Sus jugos chorrean por la mano de Abril y bajan por sus propios muslos.
El roce es brutal, resbaladizo y perfecto. Vanessa echa una mano hacia atrás, mete los dedos en el coño de Abril y la folla sin pensárselo dos veces. Las dos gimen sin control, moviéndose cada vez más rápido.
—Estoy cerca… —jadea Vanessa, la voz quebrada.
—Córrete conmigo —exige Abril, mordiéndole el hombro—. Quiero sentir cómo te corres.
Los movimientos se vuelven erráticos y desesperados.
Vanessa siente el orgasmo subir como una ola.
Sus paredes internas se contraen violentamente alrededor de los dedos de Abril, apretándolos en espasmos fuertes y rítmicos.
Un chorro caliente de humedad sale de su coño, empapando la mano de Abril y sus propios muslos.
El grito de Vanessa es ahogado por la boca de Abril, que la besa con violencia mientras ella también llega al clímax.
Los espasmos duran casi un minuto, ola tras ola, hasta que quedan exhaustas, desplomadas una sobre la otra.
Abril besa el hombro sudoroso de Vanessa y le acaricia el pelo húmedo con ternura.
—Me encantas, que lo sepas —murmura Abril.
Vanessa, aún temblando con los últimos espasmos, gira la cabeza y la besa profundamente, aceptando por completo la dulce perdición que Abril representa.