Tú no eres parte del guion Capítulo 21
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Capítulo 21

Olivia

La sobremesa se alargó durante más de una hora. Y, sinceramente, no recordaba la última vez que me había divertido tanto en una comida.

Rachel tenía la capacidad de llenar cualquier silencio, y cuando no estaba hablando ella, estaba pinchando a Ethan.

Y cuando no pinchaba a Ethan, me hacía preguntas a mí.

Y cuando no hacía ninguna de las dos cosas, conseguía que los dos acabáramos riéndonos.

—Ahora entiendo por qué sobrevives tan bien a la presión.

Miré a Ethan.

—¿Por qué?

Rachel levantó una mano.

—Por mí.

—Qué humilde.

—Muchísimo.

—No me sorprende.

—Gracias, Olivia.

—No era un cumplido.

—Lo acepto igualmente.

Ethan soltó una risa, y durante unos segundos me limité a observarlos. Porque había algo increíblemente bonito en aquella relación. Algo sólido y real.

Ella lo quería con toda el alma, y él adoraba a su tía. Se veía en cada mirada, en cada gesto, en cada broma. Y una pequeña parte de mí sintió una punzada inesperada.

No de tristeza exactamente, más bien de nostalgia. De algo que nunca había tenido.

Rachel debió notar algo, porque me observó unos segundos y su expresión se suavizó un poco.

Entonces dio una palmada.

—¡Perfecto!

Los dos nos sobresaltamos.

—¿Qué pasa ahora? —preguntó Ethan.

—La playa.

—Oh, no.

—Oh, sí.

—Rachel...

—Hace calor.

—Estamos bien aquí.

—No.

—Sí.

—No.

Los señalé.

—Sois exactamente iguales.

—Lo sé —respondieron los dos al mismo tiempo.

Y aquello me hizo reír otra vez.

Rachel parecía encantada.

—Os vendrá bien.

—Rachel...

—Nada de excusas.

Se giró hacia mí.

—¿Te gusta el mar?

—Mucho.

—Perfecto.

—Pero no he traído traje de baño.

Rachel hizo un gesto despreocupado con la mano.

—Eso tiene solución.

—No hace falta.

—Claro que hace falta.

—De verdad.

—Tengo bikinis.

—Rachel...

—Y estoy segura de que uno te servirá.

Sentí que Ethan estaba disfrutando demasiado de aquella conversación. Muchísimo.

—No la animes.

—Yo no he dicho nada.

—Precisamente.

—Qué desconfiado eres.

Rachel ya se estaba levantando.

—Ven conmigo.

—Rachel...

—No acepto negativas.

—Empiezo a notar un patrón.

—Es una de mis mayores virtudes.

—Eso es discutible.

—No lo es.

Y antes de que pudiera seguir protestando, me llevó escaleras arriba.

Diez minutos después estaba sola en una habitación, mirándome en un espejo, y, sinceramente, aquello era absurdo.

Porque el bikini me quedaba perfecto, como si hubiera sido comprado para mí. Lo observé unos segundos, y después negué con la cabeza.

— Esta mujer da miedo .

Realmente daba miedo, porque aquello no podía ser casualidad.

Me estaba colocando el vestido por encima cuando escuché la puerta abrirse. Giré la cabeza automáticamente y me quedé inmóvil.

Ethan acababa de entrar, y se detuvo exactamente igual que yo.

Durante un segundo ninguno dijo nada, porque claramente ninguno esperaba encontrarse al otro allí.

—Oh.

—Oh.

Perfecto. Fantástico. Maravilloso. Mi dignidad acababa de abandonar la habitación.

—Lo siento.

Él levantó las manos inmediatamente.

—Pensaba que ya habíais terminado.

Intenté recomponerme, sin demasiado éxito.

—¿Por qué has entrado?

—Porque venía a buscar algo.

—¿Aquí?

—Sí.

—¿En la habitación de invitados?

Una sonrisa apareció lentamente en sus labios.

—No es la habitación de invitados.

Parpadeé.

—¿No?

—No.

—Entonces...

—Es mi habitación.

Me quedé mirándolo, y después cerré los ojos.

—Claro.

—Sí.

—Por supuesto.

—Mi tía es una celestina de mucho cuidado.

Aquello me hizo reír, porque era exactamente el tipo de cosa que Rachel haría. Y porque ahora todo tenía sentido. Absolutamente todo.

Ethan se acercó a un armario, sin prisas, con esa tranquilidad desesperante que parecía acompañarlo siempre. Y cuanto más se acercaba… Más consciente me volvía de su presencia.

De la cercanía, de sus ojos grises, de aquella sonrisa, de todo.

Mi corazón empezó a acelerarse otra vez, como el pequeño traidor que era.

—¿Qué? —preguntó.

—Nada.

—Mentira.

—¿Por qué siempre dices eso?

—Porque siempre es verdad.

Odiaba que tuviera razón. Muchísimo.

Él abrió un cajón buscando algo, y entonces sonrió para sí mismo.

—Ya lo veo.

—¿El qué?

Me miró de reojo, divertido.

—Nada.

—Ethan.

—Nada.

—Eso significa que sí es algo.

—Puede.

Fruncí el ceño.

—¿Qué pasa?

La sonrisa se amplió un poco más en sus labios.

—Que Rachel tenía razón.

—¿Sobre qué?

—Ese bikini te queda muy bien.

Noté cómo el calor me subía inmediatamente hasta las orejas.

—Ethan.

—¿Qué?

—No ayudas.

—Lo sé.

Y lo peor era que parecía encantado con ello, completamente encantado.

Encontró finalmente lo que buscaba, un bañador, y lo sostuvo en la mano.

—Aquí está.

Yo solté aire lentamente, sin darme cuenta de que había estado conteniendo la respiración otra vez.

Porque, sinceramente, aquello estaba empezando a resultar peligroso, muy peligroso.

—Vamos antes de que Rachel decida organizarnos una boda esta tarde.

La carcajada escapó de mis labios.

—No lo descartaría.

—Yo tampoco.

Y salió de la habitación sonriendo, dejándome sola, y completamente incapaz de decidir qué era peor.

Si Rachel, o Ethan.

Mi teléfono vibró en cuanto cerró la puerta. Ni siquiera necesité mirar el nombre.

Harper, por supuesto.

Harper siempre aparecía en el momento exacto.

Harper: ¿Qué tal con la tía Rachel? ¿Ya ha planeado la boda?

Resoplé.

Olivia: Eres idiota.

La respuesta llegó en segundos.

Harper: Todo lo idiota que quieras. Pero ese hombre no va a desaprovechar la oportunidad de empotrarte contra la pared en cuanto pueda.

Puse los ojos en blanco.

Olivia: Vete al infierno.

Harper: Solo si vienes conmigo.

Una carcajada escapó de mis labios, porque era imposible enfadarse con ella. Imposible.

Olivia: Vamos a la playa.

Pasaron exactamente tres segundos, después apareció su respuesta.

Harper: En cinco años os veo con dos niños y un perro. Qué bonito final para vuestra historia.

Cerré los ojos negando con la cabeza. Aquella mujer estaba completamente loca. Rematadamente loca.

Y además tenía una imaginación peligrosamente activa.

Olivia: Adiós, Harper.

Harper: Disfruta de la playa, futura señora Cole.

Olivia: ADIÓS.

Guardé el teléfono, todavía sonriendo, y mientras salía de la habitación, pensé que había dos personas en el mundo capaces de agotarme emocionalmente en menos de cinco minutos.

Rachel, y Harper.

Lo preocupante era que ambas parecían absolutamente convencidas de que algo estaba ocurriendo entre Ethan y yo.

Y todavía más preocupante era que cada vez me resultaba más difícil asegurar que estaban equivocadas.