Tú no eres parte del guion Capítulo 19
64%

Capítulo 19

Ethan

Me quedé observándolo sin escribir nada. Pensando. Porque la verdad era que yo también había necesitado aquella tarde.

Más de lo que había admitido. Más de lo que probablemente admitiría nunca.

Desde la muerte de mis padres había aprendido a depender de mí mismo. Del trabajo, de las rutinas, de los horarios. De las cosas que podía controlar.

Y Olivia… Olivia era exactamente lo contrario.

Imprevisible, espontánea y complicada. Y, aun así, cuando estaba con ella, las cosas parecían más simples.

Mi teléfono volvió a vibrar.

Olivia: ¿Sigues ahí?

Sonreí.

Ethan: Sí.

Olivia: Pensé que te habías cansado de mí.

Se me escapó una breve risa.

Ethan: Imposible.

El mensaje salió antes de que pudiera pensarlo demasiado. Y en cuanto lo envié, me quedé mirando la pantalla.

Porque aquello había sonado bastante más sincero de lo que pretendía. Mucho más.

Durante varios segundos no apareció ninguna respuesta, y por alguna razón eso me puso nervioso.

Hasta que finalmente llegó.

Olivia: Me alegra saberlo.

Leí aquella frase. Luego otra vez. Y una tercera. Porque había algo cálido en ella. Algo que me hizo imaginarla sonriendo mientras escribía.

Y aquella imagen resultó peligrosamente agradable. Muy peligrosamente agradable.

De repente pensé en lo que Chloe había dicho. En Rachel. En Daniel Blake. En todos los titulares sin sentido que había leído.

Y después pensé en Olivia. En la Olivia de verdad. No en la actriz. No en la celebridad. No en la mujer que aparecía en las portadas.

Solo en Olivia. La mujer que se escondía en librerías. La que discutía sobre poesía. La que parecía sentirse sola incluso rodeada de millones de personas.

Y me pregunté qué estaba buscando realmente. Porque quizá yo estaba complicándolo todo. Quizá no había ninguna historia romántica escondida. Quizá no había segundas intenciones.

Tal vez Olivia simplemente necesitaba algo que llevaba demasiado tiempo sin tener. Normalidad. Una amistad sincera. Una persona con la que pudiera hablar sin filtros. Sin periodistas. Sin cámaras. Sin expectativas.

Y si era eso, si era eso lo que buscaba Olivia, entonces tenía que tener cuidado. Porque cuanto más hablaba con ella, más difícil me resultaba fingir que para mí también era solo eso.

Una amistad. Algo sencillo. Algo fácil. Porque la realidad era mucho más incómoda.

La realidad era que llevaba desde el día anterior pensando en ella. En su sonrisa, en sus ojos, en la forma en que había pronunciado mi nombre. Y en cómo me había sentido cuando nos despedimos.

Y ninguna de aquellas cosas tenía absolutamente nada que ver con la amistad.

Mi teléfono vibró una vez más.

Olivia: Por cierto.

Ethan: ¿Sí?

Olivia: Rachel me ha enviado una solicitud en Instagram.

Cerré los ojos lentamente y suspiré, porque sabía exactamente lo que significaba. Y porque, de repente, tuve la certeza absoluta de que mi tía iba a convertir mi vida en un infierno.

La respuesta de Olivia llegó antes de que pudiera escribir nada.

Olivia: Creo que me ha adoptado antes del sábado.

Y por primera vez en toda la mañana olvidé por completo el trabajo. Y simplemente me eché a reír.

Porque Rachel acababa de empezar su propia guerra particular en Instagram, y el campo de batalla iba a ser Olivia Hart.

Perfecto. Absolutamente perfecto.

Volví a mirar el chat.

Ethan: Estoy empezando a pensar que deberíamos esconderte de mi tía.

Olivia: ¿Es una amenaza?

Ethan: Es una estrategia de supervivencia.

Olivia: Llego tarde.

Ethan: Siempre es tarde con Rachel.

Olivia: Me cae cada vez mejor.

Negué con la cabeza. Aquello era peligroso. Muy peligroso. Porque Rachel tenía la capacidad de convertir a cualquiera en su aliado en cuestión de minutos.

Incluso a personas que acababan de conocerla. Incluso a Olivia Hart.

Respiré hondo, y antes de pensarlo demasiado, escribí:

Ethan: Te advierto que, si te unes a ella, pierdo toda autoridad en mi propia familia.

La respuesta llegó casi al instante.

Olivia: Me parece que ya la has perdido.

Solté una carcajada, porque probablemente era cierto. Y lo peor era que no me importaba tanto como debería.

Me recliné en la silla y miré el correo abierto. Seguía allí, abandonado, ignorado. Como si fuera un problema de otra persona.

Suspiré y decidí que ya daba igual.

Lo cerré por completo y, por primera vez en horas, sentí la mente un poco más ligera.

El teléfono vibró otra vez.

Olivia: ¿Siempre eres así de dramático o solo cuando te manipulan tus tías?

Ethan: Solo los martes.

Olivia: Qué alivio. Hoy no es martes.

Ethan: Es peor. Hoy es día de Rachel.

Olivia: Suena a evento oficial.

Ethan: Lo es.

Olivia: Me gusta.

Y ahí estaba otra vez esa palabra. «Me gusta». Demasiado simple e inocente, pero muy eficaz.

Porque Olivia tenía una forma de decir las cosas que hacía que parecieran importantes incluso cuando no deberían serlo.

Me quedé mirando la pantalla unos segundos y entonces me di cuenta de algo. No había tensión, ni esfuerzo, ni siquiera había esa incomodidad típica de conocer a alguien nuevo.

Solo conversación, una fácil y fluida, como si nos conociéramos desde hacía más tiempo del que realmente era cierto.

Y eso no era normal, en absoluto.

El teléfono vibró de nuevo.

Olivia: Oye.

Ethan: ¿Sí?

Olivia: ¿Te molesta que te escriba tanto?

Parpadeé. Esa pregunta me pilló completamente desprevenido. Porque la respuesta era tan obvia que me resultó absurda.

Ethan: No.

Olivia: Has tardado en responder.

Me reí.

Ethan: Estaba pensando.

Olivia: Eso suena sospechoso.

Ethan: Es la verdad.

Olivia: ¿En qué pensabas?

Me quedé mirando la pantalla demasiado tiempo. Porque la respuesta correcta era demasiado complicada. Así que elegí una versión más sencilla.

Ethan: En que tienes razón, y Rachel te va a adoptar oficialmente antes del sábado.

Olivia: Eso no responde a mi pregunta.

Ethan: Evito preguntas peligrosas.

Olivia: Cobarde.

Solté una risa baja. Esa mujer tenía una precisión alarmante.

Ethan: ¿Siempre eres así de directa?

Olivia: Solo los martes.

Ethan: Hoy no es martes.

Olivia: Lo sé.

Ethan: Entonces no tienes excusa.

Olivia: No la necesito.

Me pasé la mano por el pelo intentando no pensar demasiado. Pero era demasiado tarde, porque ya estaba pensando.

En ella. En su forma de escribir, en su forma de preguntar, en su forma de aparecer en mi vida, como si siempre hubiera tenido un sitio reservado ahí.

Y eso era lo que me inquietaba. No su fama, ni su mundo, ni los titulares. Si no la facilidad y la naturalidad que tenía. Como si todo encajara demasiado bien para ser casualidad.

Mi teléfono vibró otra vez.

Olivia: Ethan.

Ethan: ¿Sí?

Olivia: Estás tardando mucho en contestar otra vez.

Sonreí.

Ethan: Estoy trabajando.

Olivia: Mentira.

Me reí, porque tenía razón.

Ethan: Me has pillado.

Olivia: Soy buena en eso.

Ethan: Empiezo a notar un patrón.

Olivia: Soy observadora.

Ethan: Eso es peligroso.

Olivia: Tú también eres peligroso.

Me quedé inmóvil leyendo aquella frase. Dos veces. Tres. Porque no sabía si era broma o algo más.

Decidí responder con cuidado.

Ethan: ¿En qué sentido?

La respuesta tardó un poco más. Y cuando llegó, fue más suave. Menos bromista y honesta.

Olivia: En el sentido de que me haces olvidar que estoy trabajando.

Aquello me golpeó de una forma extraña y directa. Porque no era una frase de coqueteo. Era algo más real.

Me apoyé en la mesa mirando el teléfono como si pudiera entenderlo mejor así. Y entonces respondí.

Ethan: Eso no es necesariamente bueno.

Olivia: Depende.

Ethan: ¿De qué?

Olivia: De si te gusta o no que pase.

Tragué saliva, porque esa pregunta era exactamente la que no quería contestar.

No porque no supiera la respuesta, sino porque sí la sabía. Demasiado bien.

Ethan: Aún no lo sé .

Mentira, una piadosa, pero mentira, al fin y al cabo.

Olivia tardó unos segundos y cuando volvió a escribir, lo hizo con un tono completamente distinto. Más ligero otra vez, como si hubiera decidido no empujar más.

Olivia: Vale. Entonces seguiré distrayéndote hasta que lo sepas.

Solté una risa corta negando con la cabeza. Esa mujer era incorregible.

Ethan: Eso suena como una amenaza.

Olivia: Es una promesa.

Me quedé mirando la pantalla y algo en el pecho se me apretó ligeramente, porque había algo en ella que no intentaba forzar nada, y tampoco lo exigía. Simplemente estaba ahí.

Y eso era precisamente lo que lo hacía más difícil.

Mi teléfono vibró una última vez.

Olivia: Tengo que volver al guion antes de que mi representante me mate.

Ethan: Haría bien en hacerlo.

Olivia: Sí, sí.

No la veía, pero podía imaginarla en ese momento volteando los ojos.

Olivia: Ethan.

Ethan: ¿Sí?

Olivia: Me alegro de haberte conocido.

Me quedé quieto, completamente quieto, leyendo aquellas palabras. Sin moverme. Sin respirar. Porque eran simples, directas y peligrosamente sinceras.

Finalmente, respondí.

Ethan: Yo también.

Y durante unos segundos no hubo nada más, solo el silencio del despacho y el eco de una conversación que no debería importarme tanto como me importaba.

Apoyé el teléfono sobre la mesa y miré hacia la ventana. Nueva York seguía ahí, imponente, inmensa e indiferente. Y aun así yo sentía que algo había cambiado.

Algo irreversible.  Porque por mucho que intentara convencerme de que Olivia solo buscaba una amistad, había una parte de mí que no se lo creía.

Y otra parte, la más peligrosa, que tampoco quería que fuera verdad.